Hablar de una nueva sociedad es referirse a una sociedad deseable, que responda a las varias exigencias del ser humano como persona y en su convivencia ciudadana. Dada la condición histórica del hombre, en continuo devenir, no se puede pensar en una estructura política definitiva, terminal, sino en una configuración siempre abierta a un ulterior desarrollo. El movimiento puede pensare aquí entonces como en dinámica asintótica, como proceso hacia un término siempre en cercanía.
perezdoc1810
viernes, 24 de julio de 2026
PROPUESTA DE NUEVA SOCIEDAD
sábado, 11 de julio de 2026
¡ABAJO CADENAS!
La cercanía del 5 de Julio invita a una reflexión sobre libertad y esclavitud.
León XIV en su reciente encíclica Magnifica Humanitas (MH) aborda el tema propósito de la salvaguarda de la persona humana en estos tiempos de inteligencia artificial. Esto evidencia que esclavizar no es sólo una mancha del pasado, sino amenaza permanente durante el peregrina humano.
Con notable retraso la sociedad y la Iglesia condenaron esa terrible práctica, aceptada en Venezuela hasta la época de los Monagas en el XIX, siglo en que el flagelo encontró de parte de la Iglesia, “una condena formal, absoluta y universal” en particular con el Papa León XIII (ver MH 176). Es bien significativo que desde tiempos remotos la esclavitud había sido institucionalizada, como lo demuestra la estructura triádica social de los griegos: ciudadanos/otros (extranjeros, comerciantes, artesanos/-esclavos.
Lamentablemente la vergonzosa realidad humana de la esclavitud no se restringió a un ordenamiento formal, estamental, de la sociedad; se trataba, en efecto, de un relacionamiento inhumano manifestado de múltiples maneras y reflejo de la condición,no sólo débil e imperfecta, sino también pecadora, malvada, del ser humano. El filósofo Hobbes (+1679) llegó hasta formular la agresiva definición del “homo homini lupus” (el hombre, lobo para el prójimo), tratamiento extendido desde la relación persona-a-persona hasta lo macropolítico. El egoísmo humano está tentado siempre de apetencias esclavistas, cuya manifestación ha asumido en nuestro tiempo también el ominoso aparataje de redes, carteles y asociaciones mafiosas del más diverso género, que se tejen con la gerencia de trata de personas y comercio de órganos, para no hablar de los mercados de armas y una “normalización” de la guerra.
La interpretación cristiana de la historia no es una panglosiana evasión del conlicto, pero tampoco la de una interpretación trágica de cierre de horizontes. Desde el Génesis la historia se muestra como tensión, lucha entre el egoísmo y la comunión. La victoria total y definitiva de Cristo se entiende como horizonte de un peregrinaje histórico, que junto a lo mejor va inventariando también una crónica de lo peor.
En el ámbito político y ético-cultural se puede hablar de tendendencias, mentalidades, ideologías esclavizantes. Éstas se podrían ejemplificar fácil y dolorosamente en la contemporaneidad con los totalitarismos nazi-fascista y comunista, de los cuales el Holocausto y los gulags quedaron como símbolos máximamente expresivos.
Pero lo de esclavitud no se reduce a sus manifestaciones más aparatosas como las mencionadas; tiene formas más sutiles y maquillajes de imposición que la presentan como inofensiva y hasta conveniente. La manipulación y el dominio inhumanos se revisten de atractivos mediante mecanismos populistas, argumentos de necesidad y conveniencia. La esclavización tiende a transformarse en ambiente, que envuelve y transforma de modo sutil a personas y grupos sociales. El documento pontificio arriba citado Sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial ofrece al respecto advertencias de suma importancia. Esclavizar es una tentación omnipresente: en personas y colectividades, ciudadanos y estados. Concierne a todos los ámbitos sociales; económico, político y ético-cultural.
Bajando a tierra y circunstanciando ideas en lo acaecido en Venezuela durante este siglo y milenio podemos identificar hechos y tendencias manifiestamente esclavistas de parte oficial. Símbolos patentes son la hegemonía comunicacional, los presos políticos, el estatismo económico, el silencionamiento del soberano y el monopolio ideológico educativo. Todo ello contradiciendo preceptos constitucionales, exigencias del estado de derecho y requerimientos básicos de derechos humanos. No sin razón el Episcopado Venezolano calificó en repetidas ocasiones al régimen del Socialismo del Siglo XXI como proyecto de corte totalitario.
Liberar de la esclavitud, llamado del himno patrio, es una consigna que tiene sentido en la Venezuela actual, desafiada para constituirse como nación genuinamente democrática.
domingo, 28 de junio de 2026
DEMOCRACIA Y ECOLOGÍA
Lo ecológico en un
tema emergente de primera importancia en materia de compromiso personal y
social. Y de tal magnitud que ha llegado a sugerirse su incorporación como complemento del título mismo de la Doctrina
Social de la Iglesia .
Hay situaciones
dramáticas en que este binomio resalta con carácter de urgencia. Es el caso de
la devastación ambiental y antropológica producida por la criminal voracidad
minera en el Sur del Orinoco en un escenario nacional de quiebre democrático.
Se revelan allí en Guayana, de modo patente, las dañinas consecuencias del
maltrato ecológico con el deterioro y muerte también de humanos explotados y
explotadores. Aquí se aplica aquella advertencia de Jesús: “Pues ¿de qué le
servirá al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? (Mt 16, 26).
La democracia
ecológica o ecología democrática exige variadas cosas de las cuales podrían
mencionarse las siguientes: legislación favorable a la protección del
ambiente con una administración que asegure su aplicación; educación ambiental
en los varios niveles pedagógicos;
servicios o secciones ad hoc en
las más diversas entidades (gubernamentales, partidos políticos, instituciones
sociales y religiosas); promoción del cuido ambiental en las familias y las
organizaciones vecinales. Todo ello tendiente a la promoción de una cultura
ambiental.
miércoles, 17 de junio de 2026
Democracia y verdad
“La verdad los hará libres”. (Jn 8,32).Frase lapidaria de
Jesucristo.
Con respecto a la verdad conviene recordar varias de sus significaciones: 1)
concordancia de lo que lse
dice con la realidad de las cosas,como cuando expreso
“llueve” y està lloviendo; 2) correspondencia de lo que se afirma con lo que se
piensa, lo contrario es
la mentira; 3) acuerdo de la cosa con su denominación,como
cuando se recalca que una joya es oro de verdad.Tenemos entonces un triple sentido de
verdad: lógico,ético y ontológico. En la ordinaria comunicacion no es raro combinarlos. La citada frase del Señor
envuelve esos distintos significados, así como los envolvieron la tentación y el pecado
originales de que habla el Génesis( 3). Jesús, por cierto, calificó al demonio como padre de
mentira (Jn 8,44 ).
La inteligencia y la
voluntad,facultades fundamentales del espíritu humano,no
se dan en el peregrinar
histórico en estado puro por razones antropológicas e históricas
(pensemos en los condicionamientos de la corporeidad terrena y en la congénita
concupiscencia). Los pecados capitales, comenzando por la soberbia y
la avaricia,
constituyen amenazas permanentes.
jueves, 14 de mayo de 2026
AMOR COMO VALOR SUPREMO
Se ha solido identificar de tanto en tanto el fin de la historia con
acontecimientos tremendos o maravillosos. Algo de eso se fantasea actualmente con
motivo de los saltos en el campo tecnológico comunicacional y muy concretamente
con la denominada inteligencia artificial. De ésta, no poco estamos
viendo y lo demás está por verse. Aunque cabe pensar que el devenir humano continuará
siendo por un largo futuro una abundosa caja de sorpresas.
La originalidad del ser humano radica en su condición de inteligente, poseedor
de un conocimiento espiritual, que supera las limitaciones de lo material y
sensible, a pesar de las exageradas interpretaciones que de éste han formulado
pensadores empiristas como Hume. La capacidad de “leer en profundidad” -así se
traduce el vocablo latino intellectus - acompañada por otra facultad que
es la voluntad, constituye al hombre como persona. Lo volitivo es tendencia
hacia lo que el conocimiento presenta como apetecible, como bueno. El
ser humano no se queda, por tanto, en la mera contemplación de la realidad,
sino que tiende a su fruición en base a opciones. En ello se fundamenta el ser libre,
capaz de decidir. Al animal lo guían sus
instintos, la persona se autodetermina por decisiones. Esto entraña un valor de inmensurable
riqueza; pero también una tentación, por el peligro de escoger lo malo y dañino
bajo la apariencia de bien. Pero la
libertad en su definición positiva, antes que decisión ante alternativas,
entraña la posibilidad de adherirse a un bien, en lo cual consiste la
perfección personal. La libertad no se reduce a voluntarismo, pues tiene, como
norte y plenitud, lo bueno en su apertura infinita.
La dinámica personal no se queda, pues, en una simple adhesión o fruición
de cosas, ni aun en el relacionamiento funcional o utilitario entre personas, sino
que tiende al encuentro o compartir interpersonal. Éste significa
una genuina comunión de libertades. Los pecados capitales, comenzando
por la soberbia y la avaricia, constituyen entonces un desvío del camino humano
hacia su verdadera perfección. Por cierto que el Papa Pablo VI formuló el
concepto de civilización del amor como sinónimo de una nueva sociedad,
de la deseable convivencia humana, la cual entraña, más allá de leyes o estructuras
justas, una co-existencia solidaria, servicial, fraterna.
En la Biblia aparecen tres cartas de Juan, discípulo del Señor Jesucristo.
En la primera de ellas encontramos la siguiente frase de un contenido sumamente
rico y profundo: “Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es Amor” (1
Jn 4, 8). Conjuga dos principios de máxima profundidad, uno cognoscitivo,
epistemológico, y otro entitativo, ontológico, que tienen, como connatural
acompañante o consecuencia, el precepto
ético primario y radical del amor. De la riqueza encerrada en aquella sentencia
valga enunciar ahora una tríada de expresiones.
Una primera sería lo que sirve para valorar la inteligencia artificial.
El devenir humano no se juega sólo o principalmente en lo intelectivo, sino en
la orientación de la voluntad, en la decisión libre. No en simples logros o
selecciones, sino en selecciones y adhesiones.
Una segunda es lo que ayuda a orientar la socialidad humana en el
ámbito económico, político o ético-cultural, en lo científico, técnico y
tecnológico. El norte definitivo a seguir es el encuentro, la comunión
de personas y comunidades, más allá de simples convergencias y acuerdos.
Una tercera indica por dónde va una auténtica espiritualidad y
religiosidad. Ya para los judíos y luego para los cristianos la revelación divina
puso bien en claro que por encima de ofrendas, sacrificios rituales,
observancias legales, debía prevalecer el cuido de los más débiles, el trato mutuo
respetuoso y fraterno, la apertura del corazón a Dios y al prójimo.
En situaciones como la actual venezolana esto tiene aplicaciones muy
concretas a la hora de formular propuestas, así como de jerarquizar
orientaciones y decisiones, superando interpretaciones reductoramente
economicistas y soluciones estrictamente políticas. Lo cultural, y dentro de
ello lo ético espiritual, ha de jugar un papel primordial.
viernes, 8 de mayo de 2026
TRIADA PRIORITARIA NACIONAL
Prioridad es una necesidad que ocupa un primer plano en el orden operativo. Constituye, por tanto, una tarea que interpela con especial urgencia. Una buena planificación exige una adecuada selección en lo tocante a prioridades.
Personalmente me gusta pensar y trabajar con tríadas. Ayuda a precisar y
jerarquizar ideas y prácticas. Entre los pensadores Hegel destaca por su
sistematización triádica. Desde el punto de vista de la reflexión y la acción
cristianas no tiene nada de extraño lo relativo a tríadas, ya que centro y eje la
fe es la afirmación de Dios creador y salvador como Trinidad, comunión, amor.
El Papa Francisco en su encíclica ecológica Laudato Si´, citando a San
Buenaventura subraya: “cada criatura lleva en sí una estructura específicamente
trinitaria tan real que podría contemplarse fácilmente si la mirada humana no
fuera tan parcial, oscura y frágil” (LS 239).
Volcando los ojos a nuestra situación de crisis global nacional y a los
imperativos que se plantean para la reconstrucción del país, podría
estructurarse una tríada de prioridades a la hora de jerarquizar decisiones. En
la línea de búsqueda de soluciones no resulta extravagante que Washington haya planteado
formal y oficialmente su intervención en forma también triádica.
Antes de formular una trilogía de prioridades para la recuperación nacional
no podría menos de manifestar extrañeza ante el planteamiento, que no raramente
se hace, de subrayar lo económico como el primer ámbito de atención. No porque lo económico no juegue un papel
fundamental en el funcionamiento social (marxista y liberales coinciden en
esto), sino porque después de 25 años de progresivo deterioro del país, no hay
duda de que el daño ha tenido su raíz fundamental en el proyecto
ideológico-político de corte totalitario del llamado Socialismo del Siglo
XXI. Causante principal de la crisis no ha sido un mal manejo técnico de la
economía, sino una concepción homoneizante y hegemónica de la convivencia
social, dentro de la cual ha entrado en juego la centralización económica,
conjugada con factores ético-culturales como el pecado capital de la avaricia y
una generalizada corrupción administrativa.
En lo tocante prioridades respecto de la urgente reconstrucción nacional,
pueden señalarse las siguientes:
1.
Desmonte
de la represión o, en
positivo, restablecimiento del estado de derecho, de la vigencia de la Constitución,
del clima de libertad y respeto de los derechos humanos; esto implica, entre
otros, la libertad incondicionada de todos los presos políticos, civiles y
militares, así como el poner término a la hegemonía comunicacional.
2.
Agenda electoral, reestructurando
organismos como el CNE y el TSJ, fijando fechas para el proceso, estableciendo mecanismos
y garantías de transparencia (registro de votantes, veeduría internacional).
3.
Regreso de exiliados
o, en otros términos, reintegración abierta a la cuarta parte de la población venezolana
(¡!), hoy ex patriada.
Hablar adecuadamente de prioridades se lo entiende, obviamente, en el marco situacional de un país que sufre una patente contradicción: riqueza en potencial económico (petróleo, minas, tierras…) junto a un pueblo viviendo mayoritariamente en pobreza y con fuertes índices de miseria. Y de una nación que exige particular cuidado de su educación y de una pedagogía ciudadana hacia la corresponsabilidad y la solidaridad.
Cambiar cosas importa, pero, todavía más, cambiar personas y comunidades en orden a una calidad de vida moral y espiritual. No pocas veces se restringe el llamado al cambio ético a lo relativo a corrupción administrativa e irrespeto a los derechos humanos; pero no se pone la debida atención a la formación de personas y comunidades en la positividad de valores como gratuidad social, fraterna convivencia y calidad de vida. En esto tienen particular responsabilidad las instituciones religiosas, que se contraen con frecuencia a lo íntimo personal, sin extender la mirada al relacionamiento interpersonal y la comunión social también en perspectiva trascendente. Los cristianos, que creemos en un Dios Trinidad, amor, tenemos en esto una vocación-misión muy especial.
lunes, 20 de abril de 2026
TRANSICIÓN A LA VENEZUELA IRREMPRASABLE
Aunque alguna vez el tono o la explicitación no hayan sido lo suficientemente expresivos, eso no mengua la línea dominante crítica y la denuncia persistente de la representación oficial de la Iglesia con respecto al régimen gobernante de nuestro país en todo el presente siglo-milenio. El Episcopado ha utilizado calificativos que hasta ni políticos ni politólogos se han atrevido a emplear.
Prueba de lo anterior es lo dicho por la Conferencia Episcopal Venezolano
en “Carta fraterna” de su CXIII Asamblea Extraordinaria (12 enero 2020),
publicada en Compañeros de camino, 2008-2021, serie que recoge la
documentación del Episcopado: “Para quienes hoy están al frente del gobierno,
lo que cuenta no es el bien común sino el interés desmedido de riqueza y poder
hegemónico, capaz de resquebrajar todo intento de vivir en auténtica
democracia. Vivimos en un régimen totalitario e inhumano en el que se persigue
la disidencia política con tortura, represión violenta y asesinatos, a esto se añade
la presencia de grupos irregulares bajo la mirada complaciente de las
autoridades civiles y militares, la explotación irregular de recursos mineros
que destruyen amplias extensiones del territorio venezolano, el narcotráfico y
la trata de personas”.
La palabra episcopal no se ha quedado en denuncias; ha formulado propuestas.
Ha planteado repetidas veces la necesidad de una refundación del país,
precisando aspectos concretos de la necesaria reconstrucción, tanto
en lo económico, como en lo político y lo ético cultural. Ha insistido en la
participación y corresponsabilidad de todos los ciudadanos para la realización
de esta obligante tarea, que exige la toma de “conciencia del protagonismo de
todos los miembros del pueblo venezolano, único y verdadero sujeto social de su
ser y quehacer” (Exhortación 12 de julio 2021).
Lo pasado es fundamentalmente material de archivo y consulta. El presente
es la realidad con que contamos y con la cual hemos edificar, desde ya, el
proyecto nacional deseable y obligante. En relación a éste subrayaré cinco
puntos del último mensaje del Episcopado, a raíz de su asamblea de febrero
pasado, explicitando la numeración correspondiente:
1.” Una sociedad se reconcilia y se reconstruye, no con héroes, sino con
personas libres, responsables, capaces de convivir dignamente y de construir un
futuro lleno de esperanza” (10).
2. La soberanía, que reside intransferiblemente en el pueblo (11), se vio
desconocida el 28 de julio 2024. “Los hechos del tres de enero de este año (…) muchos
estiman que abren caminos para lograr la democratización” (No. 12). “En función
de garantizar la soberanía y la autodeterminación sobre nuestro destino (…) necesitamos:
reconstruir la institucionalidad democrática; restituir la independencia de los
poderes públicos; contar con un Tribunal Supremo de Justicia y un Consejo
Nacional Electoral creíbles y que garanticen elecciones libres y justas (…) En
este proceso debemos participar todos los venezolanos que estamos aquí y los
que están fuera” (No. 14).
3. “Una vez más, solicitamos la plena liberación de todos los presos
políticos o detenidos por causas injustas” (No. 17).
4. “Un aspecto fundamental (…) debe ser la superación del empobrecimiento que
hoy azota a un porcentaje mayoritario de la población, y que es una de las
causas del inmenso y doloroso éxodo de muchísimos compatriotas. En este sentido,
es imperativo que los recursos que se reciban por la reactivación de la
industria petrolera se destinen a mejorar la calidad de los salarios y a
implementar programas sociales” (No. 19).
5. “Como Iglesia católica, nos comprometemos a que nuestras diócesis,
parroquias, comunidades, instituciones educativas y sociales, sean espacios de encuentro,
escucha y acompañamiento, que generen signos claros y creíbles de fraternidad y
reconciliación” (No. 20).
La Iglesia plantea con carácter de urgencia la reconstitucionalización (democratización,
estado de derecho) del país; lo hace dentro de su misión de ser signo e
instrumento de efectiva comunión también ciudadana. La interpelación es de
Jesús el Señor “(…) toda ciudad o casa dividida contra sí misma no podrá
subsistir” (Mateo 12, 25).
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