A ciertos animales se les amaestra para
obtener determinados comportamientos. Es un aprendizaje que se teje con
instintos, sensibilidad, reflejos. Ofrece resultados a menudo sorprendentes.
Educación es un término que se utiliza para un conocimiento de
tipo superior, característico de los seres humanos, en el cual se conjugan
facultades espirituales como la inteligencia y la voluntad, jugando un papel de
primer plano la libertad y emergiendo con fuerza valores como convicción y
responsabilidad.
La etimología permite ahondar en lo relativo
a educación. Clave aquí es el término
educación proveniente del verbo latino
educere , que significa ayudar a salir, contribuir a que surja algo. Un
ejemplo patente de educción es el surgimiento de una estatua en un bloque de
mármol por la acción del escultor. Pensemos en el Moisés de Miguel Ángel, figura que no es impuesta o introducida en la piedra, sino que brota desde
ésta mediante la intervención del artista.
Este proceso eductivo se corresponde con la mayéutica, el método del
filósofo Sócrates para el encuentro de la verdad con la ayuda de un maestro, el
cual es colaborador en el proceso de dar a luz el conocimiento. No se trata entonces
de una imposición de la verdad desde fuera, sino de contribuir a su alumbramiento.
Pensemos en la genuina formación en valores del ámbito social como son la
responsabilidad, la solidaridad, la reconciliación.
No resulta forzado percibir lo beneficioso de aplicar estos principios y
criterios en lo tocante a una formación para el ejercicio de la ciudadanía, la
democracia, la soberanía.
Lo sucedido en las últimas décadas en nuestro país muestra de modo patente los
vacíos y contradicciones experimentados en materia de educación para una
auténtica convivencia ciudadana. Ya hacia finales del siglo pasado se
creyó que la democracia venezolana tenía un seguro de vida y no se necesitaba nutrirla,
protegerla y renovarla con una adecuada pedagogía moral y cívica; ello condujo a
una hipertrofia de las dirigencias
partidistas pretendidamente autosuficientes,
las cuales descuidaron la formación y el fomento del protagonismo de las bases.
Y todo lo que va de este siglo la nación ha sufrido la imposición desde el poder
de un pensamiento único, portador de la ideología del Socialismo del Siglo XXI
de corte totalitario, que ha exaltado al pueblo pero instruyéndolo sólo para obedecer
y convertirlo en soberano amaestrado. Un líder máximo autoidentificado
como ¨el pueblo¨, interpretando la
decisión de aquél como opción de éste.
La autosuficiencia de las cúpulas va siempre acompañada de la minusvaloración
de la ciudadanía a la que aquellas dicen representar y servir. En lo tocante al
modelo socialista que se ha tratado de imponer en Venezuela en estas
últimas décadas se ha inflado lo comunal pero en un sentido nominalista, pues la
participación, como resultado de una
centralización rígida del poder, se ha entendido en sentido descendente impositivo
y no ascendente de subsidiaridad y corresponsabilidad.
La necesaria reconstrucción nacional, si alguna cosa ha de implicar es la
de una educación de la ciudadanía en lo fundamental para una convivencia democrática,
utilizando para ello el amplio sistema educativo y la rica gama de medios de comunicación.
Urge una efectiva alfabetización ciudadana. Dos de los elementos básicos para
esa formación deberían ser el texto de la Constitución (CRBV),
acentuando, entre otros, su Preámbulo y los Principios Fundamentales,
así como la Declaración Universal
de los Derechos Humanos, ONU 1948 (explicitando siempre que derechos y deberes
son las dos caras de una misma moneda).
El soberano ha de saber de qué y para qué es soberano. El ciudadano, acostumbrado
a ser simple ejecutor de políticas, ha de formarse y ser formado para convertirse
en efectivo autor de su polis. Un protagonismo que interpela de modo
especial a los creyentes. El Concilio Plenario de Venezuela fue claro al
respecto: ¨ Los cristianos no pueden decir que aman, si ese amor no pasa por lo
cotidiano de la vida y atraviesa toda la compleja organización social,
política, económica y cultural¨ (3, 90).