Aunque alguna vez el tono o la explicitación no hayan sido lo suficientemente expresivos, eso no mengua la línea dominante crítica y la denuncia persistente de la representación oficial de la Iglesia con respecto al régimen gobernante de nuestro país en todo el presente siglo-milenio. El Episcopado ha utilizado calificativos que hasta ni políticos ni politólogos se han atrevido a emplear.
Prueba de lo anterior es lo dicho por la Conferencia Episcopal Venezolano
en “Carta fraterna” de su CXIII Asamblea Extraordinaria (12 enero 2020),
publicada en Compañeros de camino, 2008-2021, serie que recoge la
documentación del Episcopado: “Para quienes hoy están al frente del gobierno,
lo que cuenta no es el bien común sino el interés desmedido de riqueza y poder
hegemónico, capaz de resquebrajar todo intento de vivir en auténtica
democracia. Vivimos en un régimen totalitario e inhumano en el que se persigue
la disidencia política con tortura, represión violenta y asesinatos, a esto se añade
la presencia de grupos irregulares bajo la mirada complaciente de las
autoridades civiles y militares, la explotación irregular de recursos mineros
que destruyen amplias extensiones del territorio venezolano, el narcotráfico y
la trata de personas”.
La palabra episcopal no se ha quedado en denuncias; ha formulado propuestas.
Ha planteado repetidas veces la necesidad de una refundación del país,
precisando aspectos concretos de la necesaria reconstrucción, tanto
en lo económico, como en lo político y lo ético cultural. Ha insistido en la
participación y corresponsabilidad de todos los ciudadanos para la realización
de esta obligante tarea, que exige la toma de “conciencia del protagonismo de
todos los miembros del pueblo venezolano, único y verdadero sujeto social de su
ser y quehacer” (Exhortación 12 de julio 2021).
Lo pasado es fundamentalmente material de archivo y consulta. El presente
es la realidad con que contamos y con la cual hemos edificar, desde ya, el
proyecto nacional deseable y obligante. En relación a éste subrayaré cinco
puntos del último mensaje del Episcopado, a raíz de su asamblea de febrero
pasado, explicitando la numeración correspondiente:
1.” Una sociedad se reconcilia y se reconstruye, no con héroes, sino con
personas libres, responsables, capaces de convivir dignamente y de construir un
futuro lleno de esperanza” (10).
2. La soberanía, que reside intransferiblemente en el pueblo (11), se vio
desconocida el 28 de julio 2024. “Los hechos del tres de enero de este año (…) muchos
estiman que abren caminos para lograr la democratización” (No. 12). “En función
de garantizar la soberanía y la autodeterminación sobre nuestro destino (…) necesitamos:
reconstruir la institucionalidad democrática; restituir la independencia de los
poderes públicos; contar con un Tribunal Supremo de Justicia y un Consejo
Nacional Electoral creíbles y que garanticen elecciones libres y justas (…) En
este proceso debemos participar todos los venezolanos que estamos aquí y los
que están fuera” (No. 14).
3. “Una vez más, solicitamos la plena liberación de todos los presos
políticos o detenidos por causas injustas” (No. 17).
4. “Un aspecto fundamental (…) debe ser la superación del empobrecimiento que
hoy azota a un porcentaje mayoritario de la población, y que es una de las
causas del inmenso y doloroso éxodo de muchísimos compatriotas. En este sentido,
es imperativo que los recursos que se reciban por la reactivación de la
industria petrolera se destinen a mejorar la calidad de los salarios y a
implementar programas sociales” (No. 19).
5. “Como Iglesia católica, nos comprometemos a que nuestras diócesis,
parroquias, comunidades, instituciones educativas y sociales, sean espacios de encuentro,
escucha y acompañamiento, que generen signos claros y creíbles de fraternidad y
reconciliación” (No. 20).
La Iglesia plantea con carácter de urgencia la reconstitucionalización (democratización,
estado de derecho) del país; lo hace dentro de su misión de ser signo e
instrumento de efectiva comunión también ciudadana. La interpelación es de
Jesús el Señor “(…) toda ciudad o casa dividida contra sí misma no podrá
subsistir” (Mateo 12, 25).
No hay comentarios:
Publicar un comentario