viernes, 11 de diciembre de 2020

EL SOBERANO ORDENA

 



    La democracia, antes que un ordenamiento jurídico, es-ha de ser un espíritu, una actitud ético- cultural. Por ello una comunidad política, antes que a través de una simple información, debe cultivarla mediante una genuina educación. Las omisiones suelen pagarse con regímenes autoritarios y dictatoriales.

    Nuestra historia republicana ofrece ejemplos. Tiempos de convivencia democrática degeneraron en nominalismos que vaciaron a aquélla de substancia. La anti política resultó efecto y se convirtió en causa también de fragilidad republicana. La democracia -alguna vez escribí sobre el tema- es una planta que es preciso regar, podar, abonar; porque como un ser vivo, requiere cuidado. No se la puede  abandonar a su suerte ni abusar de ella. En la década de los 90´ me parece que se jugó demasiado con la destitución del Presidente y la improvisación de candidatos.

    La grave y creciente crisis del país en las dos últimas décadas tiene su causa principal en que el Régimen quiere imponer un estado totalitario. Denuncia reiterada desde hace años por el Episcopado venezolano. Baste una reciente: “el régimen se consolida como un gobierno totalitario, justificando que no se puede entregar el poder a alguien que piense distinto” (Exhortación 10 de julio 2020). Pocos venezolanos, también entre los líderes políticos, han sabido (¿querido?) identificar al que tienen enfrente, considerándolo en términos sólo de autocracia competitiva y otros maquillados. El Socialismo del SSXXI y su Plan de la Patria no han disimulado sus intenciones, ni disfrazado el tipo de sociedad que buscan construir. De la Constitución hacia abajo, todo lo subordinan a su “Revolución” de línea marxista, que condimentan con narcorrupción y otros ingredientes de explotación y dominación. La trágica condición de la gente no quita el sueño a la Nomenklatura.

    Antes de cualquier otro elemento de reflexión quisiera subrayar mi convicción esperanzada de un horizonte democrático para el país. Dios creó al ser humano para la libertad y ésta, de un modo u otro, abre caminos de liberación en la historia, a pesar de las contradicciones e inconsecuencias de un hombre, que es, no sólo limitado y frágil, sino también pecador, hasta que llegue al término de su peregrinar, la plenitud del Reino de Dios. Los “mil años del Tercer Reich” se dieron sólo en la perversa fantasía de Hitler, y la irreversible Revolución de Octubre se derrumbó con la Caída de un Muro. Omnipotente y eterno es sólo Dios.

Venezuela acaba de presenciar la gran farsa del 6D, cuyo resultado había sido “profetizado” por el Ministro de la Defensa. Para los conocedores de la naturaleza del Régimen no constituían ningún secreto las artimañas para asegurar los resultados. ¿Vicios del proceso? Innumerables. Ejemplos: integración monopólica del CNE, instrumentalización del TSJ y de la FA, espada de Damocles de la ANC, expropiación de partidos y símbolos, diputados y líderes opositores en exilio o prisión (en casos, con torturas), chantaje con cajas de alimentos y utensilios del hogar, hegemonía comunicacional, amenazas a empleados. Con todo, el absentismo masivo fue también deslegitimador patente del proceso. Por lo demás, era previsible por la magnitud de las carencias y del malestar de la población.

    Sobre consulta popular he venido hablando de ello desde bien antes del famoso 16J, como apelación necesaria y con plena justificación constitucional. Porque si la instancia máxima de decisión en una comunidad política es el soberano, como lo establece claramente nuestra Carta Magna (CRBV 5), al mismo se debe acudir, especialmente en momentos de gravísima crisis nacional -como la actual venezolana-, para definir el camino a seguir hacia una solución consistente. El soberano tiene, en cuanto tal, un poder que es originario y, por tanto, también supraconstitucional. Por ello las preguntas de la Consulta Popular que está en marcha se encabezan así: “¿Ordena usted?” “¿Rechaza usted?” No se pide una opinión, sino un mandato del soberano.

    La ilegitimidad de la llamada “elección” del 6D es manifiesta. Ahora esperamos que el soberano, hacia la tarde del próximo 12, festividad de Nuestra Señora de Guadalupe, haya inaugurado el camino para salir del desastre global en que el Socialismo del Siglo XXI ha sumido este país.  

 

   

 

 

   

jueves, 26 de noviembre de 2020

CONSULTA POPULAR


     El 20 mayo 2018 hubo “elecciones presidenciales” en el país. La Conferencia Episcopal Venezolana, congregada en su 110º Asamblea General, publicó una exhortación (11 julio) en la cual expresó que dicho acto electoral, “a pesar de todas las voces -entre ellas la nuestra- que advertían su ilegitimidad, su extemporaneidad y sus graves defectos de forma, sólo sirvió para prolongar el mandato del actual gobernante”.

    Los Obispos agregaron: “La altísima abstención, inédita en un proceso electoral presidencial, es un mensaje silencioso de rechazo, dirigido a quienes pretender imponer una ideología de corte totalitario, contra el parecer de la mayoría de la población”.

    En el mismo documento se afirmó algo, que conserva plena vigencia en vísperas de viciadas elecciones parlamentarias manejadas por el Régimen: “Desde el Ejecutivo Nacional, la ilegítima Asamblea Nacional Constituyente y el Consejo Nacional Electoral se pretende conculcar uno de los derechos más sagrados del pueblo venezolano: la elemental libertad para elegir a sus gobernantes en justa competencia electoral, con autoridades imparciales, sin manipulaciones ni favoritismos. Mientras existan presos políticos, y adversarios a quienes se les niega su derecho a postularse, no habrá proceso electoral libre y soberano”. Se subraya esta consecuencia: “Vivimos un régimen de facto, sin respeto a las garantías previstas en la Constitución y a los más altos principios de dignidad del pueblo”.

    Con respecto al evento electoral del próximo 6 de diciembre, el mismo Episcopado, en exhortación del 15 de octubre pasado, puso de relieve que dicho acto tiende a agravar la situación política nacional y está plagado de vicios, añadiendo que “aún deben realizarse las elecciones presidenciales” por haber sido ilegítimas las de 2018; de allí la necesidad de convocar unas auténticas elecciones parlamentarias y presidenciales “con condiciones de libertad e igualdad para todos los participantes, y con acompañamiento y seguimiento de organismos internacionales plurales”. Los obispos insistieron en que “las diversas organizaciones civiles, las universidades, los gremios, las academias, los empresarios y los trabajadores, las comunidades de los pueblos originarios y los jóvenes deben hacer esfuerzos en conjunto para restablecer los derechos democráticos de la nación”. A este planteamiento de los representantes de la Iglesia responde la Consulta Popular en marcha.

    Esta Consulta fue propuesta por la sociedad civil y aprobada por la Asamblea Nacional; se realizará en la primera quincena de este diciembre, reviste particular urgencia y tiene pleno fundamento constitucional ¿Hay algo más obligante y oportuno en el presente desastre nacional, que preguntarle al soberano, quien tiene poder propio, originario y constituyente (CRBV 5), qué ordena para comenzar la reconstrucción de este país? En situaciones como la presente es a él, y no simplemente al Gobierno, a partidos políticos u otras organizaciones, a quien le corresponde señalar el rumbo a seguir. La Consulta Popular será instrumento muy apto para un cambio positivo nacional (la que se tuvo en 2016 fue buena iniciativa, pero incompleta, pues, entre otras cosas, no se cobró; además, vivir de modo creativo es insistir sabiamente en objetivos válidos, máxime en escenarios cambiantes).  

    Frente a la dictadura militar de signo comunista, que busca a través del 6D imponer un Estado socialista, comunal, inconstitucional e inmoral, la Consulta Popular constituye un paso de primer orden hacia una Venezuela digna y próspera.

    Nos merecemos los venezolanos un 2021 sin presos políticos, sin torturados, sin muertos por hambre o deficiencia sanitaria, sin com-patriotas ex-patriados (5 millones por el momento), sin opresiva militarización  y expansiva “narcorrupción”. Nos merecemos un futuro con servicios públicos que funcionen, con un bolívar que valga algo, con luz y combustible básicos, con educación y comunicación libres; con un ambiente de emprendimiento, progreso compartido, desarrollo integral, alegría y esperanza, democracia y calidad ético-espiritual.

V    enezuela debe entrar ya al Siglo XXI después de la pesadilla involutiva de dos décadas. Ha de ser compromiso de todos. Dios primero.  


 


jueves, 12 de noviembre de 2020

GRITO ANTE EL 6D

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    Para el título escribí primero palabra y luego la cambié por grito, para subrayar la gravedad y la urgencia de aquella, en la encrucijada histórica que significa el próximo diciembre con sus proyectadas elecciones y consulta popular, por cierto, bajo una “espada de Damocles” de las más que posibles consecuencias sanitarias y sociales.  

    1.Lo que está en juego. Basta ser medianamente suspicaz para saber que el 6D no es simplemente elección parlamentaria. Es eso y a) su marco tramposo, fraudulento, que el Episcopado venezolano denunció ya en parte el pasado 15 de octubre, b) la omnipotente Asamblea Nacional Constituyente (ANC) que la acompaña y c) el Socialismo del Siglo XXI y el Plan de la Patria que la enmarcan. El resultado “está ya cantado” por el Ministro de la Defensa, siguiendo el guión de la pretensión de invencibilidad del Régimen, que no puede incluir una derrota. El 6D está pensado como prefacio de la aceleración del Estado Comunal y una reestructuración centralizante del poder militar comunista.

    2. Proyecto totalitario. En lo social se pueden distinguir tres ámbitos: económico, político, ético-cultural. En los fascismos o en las tiranías, dictaduras, autocracias competitivas y regímenes semejantes, el gobierno busca fundamentalmente el control político, pero lo demás, sólo parcialmente y en función de éste o de intereses circunstanciales. Un totalitarismo (del latín totum, todo) busca el control completo de los tres ámbitos. Ejemplos: nazismo, comunismo. Modelo cercano: Cuba. El Episcopado Venezolano repetitivamente ha denunciado el proyecto totalitario del Régimen, con calificativos, entre otros, de empobrecedor, militarista, represor, injusto, inhumano, así como de causante principal de la grave crisis del país (ver, por ejemplo, documentos de: 12.7.16, 5.5.17, 13.1.17, 12.1.18, 19.3.18, 10.1.20, 10.7.20). Ya en 19.10.07 había declarado como “moralmente inaceptable” la propuesta de reforma constitucional hacia un Estado Socialista de corte marxista-leninista.

    3. Error de interpretación. Importantes sectores de la sociedad civil y de los partidos opositores han errado en la exacta interpretación y calificación del Régimen y de allí, en buena medida, lo inútil, equivocado o contraproducente de ciertas estrategias, tácticas y actuaciones. A veces, hasta con pudor, se lo ha calificado sólo de populista, autocrático, dictatorial ¡Ojalá este Régimen siguiese un curso sólo dictatorial y no totalitario! Ese error de una gran parte de la disidencia ha facilitado dispersión de fuerzas, antropofagia suicida, pérdida de tiempo y de recursos.

    4. Consulta vinculante. Algunos hemos venido insistiendo, desde hace tiempo, en la necesidad y obligación de que en la presente situación de gravísima crisis nacional se le pregunte al soberano (CRBV 5) qué quiere para solucionarla, dado que él es el único poder originario y por ello constituyente, permaneciendo supra constitucional. Pregunta hacia una respuesta -hechas en la actual pandemia, por vía predominantemente digital, virtual-, las cuales no deben ser pura opinión, sino expreso mandato. (No pocos dicen que eso ya se hizo el 16J, pero éste tuvo otro escenario y ha quedado bien atrás; además, falló en aspectos substanciales como el no haberse “cobrado”. Insistir es vivir). La Asamblea Nacional ha acogido la Consulta, ya en preparación. El tiempo es corto y vuela, pero organizando bien el trabajo y conjugando esfuerzos, se puede motivar y movilizar una proporción notable de la gran mayoría ciudadana, la cual adversa al Régimen. Para ello, las preguntas que se hagan han de ser pocas, simples, claras, fundamentales, con miras a respuestas generadoras de un cambio efectivo, factible, rápido;  deben versar, por tanto, sobre 1) el cese inmediato del Presidente  y de la ANC ilegitimados en su ejercicio, 2) la designación de quien inmediatamente presida y forme nuevo gobierno,  pudiendo ser el actual Presidente encargado y reconocido internacionalmente; 3) la organización de elecciones presidenciales y parlamentarias en el lapso de 1 año; 4) la supervisión internacional (ONU, OEA, UE) en todas las fases del proceso electoral.

    Es hora de gran lucidez y generosidad para sacar adelante el país. De unión afectiva y efectiva que dé prioridad al bien común y atienda a la trascendencia histórica del momento. Dios grande y misericordioso, por su Espíritu, nos ilumine, anime y proteja ante este desafío de salvación nacional.

 

 

 

    

 


jueves, 15 de octubre de 2020

PODER ABSOLUTO

   
 
Decisiones como la Ley Antibloqueo, en la línea de una concentración y absolutización del poder, invitan a una reflexión sobre lo que ello implica en degradación humanista e idolatría política.

    El Decálogo establece como primer mandamiento el de reconocer y amar a un Dios uno y único. Afirmación que encontramos ya en el libro del Éxodo (34, 28). Exige la confesión de un claro monoteísmo, que excluye la pluralidad de divinidades y toda forma de idolatría.

    A Dios se le reconoce, así, como creador y providente, que trasciende el mundo, pero que también está presente y actuante, como Señor, en la historia de los seres humanos libres.  Se lo acepta como el Absoluto, el Ser por excelencia, incondicionado, al tiempo que razón, fuente y sentido de toda la creación. Se lo asume igualmente como principio y fundamento últimos de moralidad, como juez supremo y digno de adoración; y destinatario de un culto que no es simple admiración, veneración y alabanza, sino adoración (latría), exclusiva y excluyente.

    El ser humano histórico, abierto a la infinitud de la verdad (conocimiento) y del bien (lo apetecible), goza de una libertad que, sin embargo, no sólo es limitada y frágil, sino también éticamente vulnerable (pecadora). Experimenta, en consecuencia su relación con el Absoluto en muy diversas formas y, por ello, la historia registra, al respecto, una vasta gama de expresiones, ya explícitas, ya implícitas: desde la negación expresa (ateísmo confeso) hasta concepciones de tipo panteísta, pasando por formas politeístas y deidades locales. En siglos más recientes se han buscado substitutos de Dios de variada índole, absolutizando, entre otros, la razón (Diosa Razón en la Revolución Francesa), el desarrollo científico-tecnológico (radicalismos evolucionista y positivista), la sociedad misma (utopía marxista). Totalitarismos del pasado siglo llegaron a prácticas divinizaciones de raza, nación o clase y sus correspondientes “encarnaciones” en líderes supremos inapelables. Las absolutizaciones son, sin embargo, de vieja data; la historia de las civilizaciones antiguas nos habla de sacralización de reyes; y la del cristianismo primitivo registra martirios de creyentes, que no quisieron adorar a emperadores.

    La absolutización tanto de proyectos como de seres humanos no eleva a éstos, sino que los degrada. Recordemos la enseñanza de alguien que vivió en carne propia los totalitarismos nazi y comunista: “La raíz del totalitarismo moderno hay que verla (…) en la negación de la dignidad trascendente de la persona humana, imagen visible de Dios invisible y, precisamente por esto, sujeto natural de derechos que nadie puede violar: ni el individuo, el grupo, la case social, ni la nación ni el Estado. No puede tampoco la mayoría de un cuerpo social, poniéndose en contra de la minoría, marginándola, explotándola o incluso intentando destruirla” (Encíclica Centesimus Annus, 44).

    Hablar de totalitarismo en Venezuela significa referirse, no a un objetivo logrado, pero sí en construcción, a saber: el Socialismo del Siglo XXI-Plan de la Patria. En efecto, éstos implican una progresiva absolutización de proyectos, normas, estructuras, que se le imponen a la ciudadanía y frente a las cuales no hay apelación, porque el poder se concentra progresivamente en una clase dirigente y, más en concreto, en un “presidente”, que pretende saberlo y decidirlo todo (omnisciente y omnipotente). Ilustrativa al respecto es la reciente Ley Antibloqueo. Estado de derecho, división de poderes, derechos humanos, todo se relativiza frente a esa pretensión absolutista. Consignas como Revolución o muerte y otras semejantes simbolizan la referida tendencia hacia la sacralización del poder político, que usurpa la soberanía del pueblo y la traslada al Régimen (partido, jefe).

    Dada esta orientación totalitaria (absolutizante, idolátrica) de la actual dictadura militar comunista, se explica por qué la disidencia y la oposición a la misma no se funda en solas razones políticas, sino también religiosas.

    Dios es el supremo defensor del ser humano, garantía total de la dignidad y los derechos de éste, creado para participar en el plan global divino de comunión humano-divina e interhumana.

 

 

 

 

 

 

 

jueves, 1 de octubre de 2020

CONSTITUCIÓN REBELDE, SOBERANO GOLPISTA


    No cabe la menor duda de que la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV) vigente es un instrumento político, que no sólo legitima, sino también exige rebeldía frente al actual Régimen SSXXI. Constituye una herramienta de resistencia frente a la opresión, al tiempo que un impulso de liberación democrática.

    Oficialmente se la denominaba como “la mejor constitución del mundo”, exhibiéndola y difundiéndola como símbolo revolucionario y camino hacia un país solidario y próspero. La verdad es que, sin ser un texto perfecto, se la puede calificar de apta, aceptable para su circunstancia temporal, así como fácilmente abierta a necesarias adaptaciones y mejoras. A propósito de esto, es preciso subrayar que los venezolanos hemos de estar siempre en guardia frente a la tentación nominalista de pretender cambiar nuestra historia, cambiando sólo constituciones.

    Es de lamentar que la exhibición mediática de la Carta Magna no ha estado acompañada de una pedagogía favorecedora de su conocimiento y aprecio, de manera que sirva al soberano (CRBV 5) de brújula efectiva para la organización y funcionamiento macro y micro del Estado y, en general, de la política. La educación nacional no ha propiciado la formación “moral y cívica” de la población, la cual, por tanto, ha quedado a merced de jefes y no de líderes, de populismos fáciles y no de planificaciones responsables. No se ha educado para una real participación desde las bases populares, y por eso la orientación de lo público ha sido tarea casi sólo de cúpulas gubernamentales o partidistas. No hemos tenido una escuela generadora de democracia participativa. El gobierno, en la línea del tradicional estatismo socialista, ha favorecido más bien la concentración del poder y un estilo militarista en el manejo de la sociedad civil.

    El espíritu y la letra de la CRBV se sitúan en las antípodas del Régimen militar comunista, totalitario y corrupto, que gobierna el país. Una ligera hojeada del texto constitucional basta para percibir el divorcio existente entre éste y la conducción oficial de la nación. No extraña entonces que la apelación de los ciudadanos a la Constitución constituya un acto de rebeldía frente a un poder, que se considera indiscutible y omnipotente.

    El tema de las “condiciones electorales” para el 6 de diciembre ejemplifica bien la contradicción entre el Régimen y la Constitución. Una de las más conocidas parábolas enseñadas por Jesús, la del rico Epulón y el mendigo Lázaro (Lc 16, 19-31), resulta aquí bastante ilustrativa.  Mientras el autosuficiente Epulón banqueteaba, el pobre Lázaro se tenía que conformar con las migajas que caían de la mesa de aquél. El Ejecutivo, que se estima todopoderoso y dispone de la fuerza del poder (FA, policías y colectivos armados, junto a los poderes judicial, ciudadano y electoral sumisos)- ha organizado su “banquete electoral”, bajo condiciones leoninas favorables al Régimen. La ciudadanía, mayoritariamente disidente, aparece como un mendigo al cual se le dejan caer, como regalo o limosna, unas condiciones miserables de participación. El Régimen, como un esclavista, se cree dueño de los ciudadanos y les establece arbitrariamente un marco de ilusoria participación en un proceso amañado. Y el síndrome de Estocolmo está logrando que muchos, en actitud mendicante, rueguen se les conceda, ciertas “condiciones mínimas” electorales, migajas de libertad ¡Algo realmente vergonzoso y humillante para un pueblo constitucionalmente identificado como “soberano”!  

    ¡Las condiciones para un proceso electoral están muy claras en la CRBV, desde su Preámbulo y sus Principios Fundamentales, en los cuales se encuentra ya la raíz y la substancia del protagonismo ciudadano! Allí aparece de modo diáfano la contradicción entre la Constitución y el proyecto totalitario militar socialista.

    El título del presente artículo sintetiza la referida contradicción. Revela cómo apelar hoy en Venezuela a la CRBV es un acto de rebeldía contra el Régimen. Un gesto insurreccional. El soberano consciente y responsable resulta entonces ser reseñado como golpista.

 


jueves, 17 de septiembre de 2020

SOMOS INEVITABLEMENTE POLÍTICOS

 

    Hablamos de la Venezuela de los 90´ como de un período muy marcado por la “anti política”. Fue un tiempo de insurrecciones militares, de fragmentación de los partidos tradicionales y de criticismo frente al quehacer del liderazgo gubernamental y político partidista. Y como los vacíos los llena siempre alguien, emergieron medios comunicacionales, reuniones de notables, caudillos populistas, entre otros, como alternativas de poder. 

   Un sólido punto de partida en reflexiones sobre temas como éste es la necesidad e inevitabilidad de ciertas realidades y, en el presente caso, de la política. Así, a quien muy seguro afirme “yo no me meto en política” podría argüírsele: usted no tiene necesidad de meterse, porque ya está metido ¿La razón? Quiérase o no, el ser humano es esencial y estructuralmente un ser político. Afirmación ésta, que es bastante antigua, como lo destacan las primeras líneas de la Política de Aristóteles.

   Dios creó a los humanos (racionales y libres) como seres-para-los-demás, relacionales, sociales. En realidad, antes que a individuos, creó a la humanidad, como conjunto para el compartir. Lo cual tiene su explicación teológica, en cuando Dios no es una persona solitaria, sino comunión, divinidad una y única (monoteísmo)en trinidad de personas. Esta afirmación es la central e identificante del cristianismo, que define a Dios como compartir, amor (ver 1Jn 4,8). Esto permite entender cuál es el mandamiento máximo, que declaró Jesús y por dónde va en definitiva la moral y la espiritualidad evangélicas. Muy ilustrativo e interpelante al respecto es la narración del Juicio Final, que el mismo Señor hace, y que tendrá como criterio el afecto y solidaridad con el prójimo, especialmente el más necesitado. Dicho Juicio será, pudiéramos decir, substancialmente “político”.

   El relacionamiento humano se comienza a tejer desde la sociedad más original e inmediata, la familia, que es y ha de ser la primera escuela de comunión. Desde allí se van organizando conjuntos y comunidades más amplios y variados, hacia la constitución de una sociedad política (polis) más vasta y estructurada, que constituye el Estado. Éste, por consiguiente, no emerge artificiosamente, ni debe configurar una unidad monopólica, absorbente. Es y ha de ser encuentro y articulación de convivencias con sus particulares acentos culturales.

    Somos entonces sociales, políticos, miembros de la polis, por nuestra condición humana misma y, por tanto, necesaria e ineludiblemente. Robinson Crusoe aparece entonces como una fantasía deshumanizada. El quid del asunto es asumir nuestra vocación y condición política de modo responsable, proactivo, solidario, con la mirada puesta en el bien común. En este sentido se puede decir que uno no es o se vuelve apolítico, sino que es o se vuelve político malo, miope, irresponsable, inconsciente ¿Resultado? Otros harán el trabajo por mí y necesariamente aprovecharé o sufriré las consecuencias. Aquí se puede aplicar también aquella sentencia tradicional de que negar la filosofía es hacer ya filosofía. Negar la politicidad es afirmarla.

   Aquí en Venezuela hace años se expulsó de la escuela la educación moral y cívica. Y ya en los comienzos mismos de este régimen, se eliminó el Programa Educación Religiosa Escolar (ERE), que proveía también de elementos básicos de formación ciudadana. No es difícil adivinar las consecuencias.

   ¿Por qué hemos llegado a la presente tragedia nacional? Parte importante de la respuesta es: no se formó a los venezolanos para la política. Para ser buenos políticos, protagonistas cívicos y no simple masa de mítines, portadores de carnet o criticones del gobierno y de los líderes partidistas. Debo confesar que la Iglesia no puede lavarse las manos en este asunto, porque no supo aprovechar la riqueza de la Doctrina Social de la Iglesia para la formación de las nuevas generaciones, ya desde la más tierna infancia. Y para proporcionar al país líderes políticos católicos integrales.

    Pero la hora no es para lamentaciones, sino para conversiones y compromisos. Hemos de tomar en serio la política, la inevitabilidad de nuestro ser político, para formarnos y formar en el servicio de la polis, ya en el campo de la sociedad civil, ya también en el ámbito de lo político-partidista.

viernes, 4 de septiembre de 2020

VIRUS REVELADOR


    La presente pandemia, dramática, puede revelarnos o desvelarnos verdades de plena positividad y provecho. Es una lección existencial, que es preciso aprovechar.

    Conócete a ti mismo es una muy manejada sentencia proveniente del más antiguo pensamiento griego, que se esculpió sobre el arquitrabe del templo de Delfos. Este autoconocimiento identifica al ser humano entre los demás vivientes, al tiempo que le plantea sumos desafíos.  

    Un tal conocimiento, para ser genuino, ha de entrañar búsqueda seria de la verdad. Y es condición insubstituible para un auténtico y firme desarrollo personal y social. Aquí viene bien a propósito lo dicho por Jesús: “la verdad los hará libres” (Jn 8, 32). Sobre la falsedad y el engaño no puede pensarse un progreso humano consistente, el cual, en última instancia, resulta de un ejercicio y entrecruce de libertades. Si hay un don, virtud o atributo que reciba los mayores elogios en la Escritura Santa es el de la sabiduría, que es el conocimiento y autoconocimiento en su mayor hondura y amplitud. A ella se opone lo que se conceptúa como vanidad, que es ligereza, error, mentira tanto en el juzgar como en el querer.

    La Biblia relato de una mentira-error-mala escogencia de consecuencias desastrosas no sólo para las víctimas inmediatas, sino para la toda la humanidad (Génesis 3). Lo que se exhibió y escogió como seguro de auto realización humana resultó ser terrible frustración. El diabólico “serán como dioses” se convirtió en descalabramiento de los engañados. La libertad humana quedó herida, de lo cual muy pronto se verán las consecuencias en la tragedia de Caín y Abel (Genesis 4).

En los últimos siglos han surgido engañosos mesianismos temporales con sus paraísos terrestres, los cuales a la postre han resultado inevitablemente frustrantes. Ejemplos, la divinización de la razón con el Iluminismo, el endiosamiento científico con el Positivismo, la idolatría de una raza con el Nazismo, la absolutización de un “hombre nuevo” con el Comunismo. Dos guerras mundiales, entre otros, fueron argumentos dolorosos suficientes para desbaratar tantas autosuficiencias humanas. El superhombre termina a la postre deshumanizando.

Ilusiones y fantasías engañosas no son, con todo, sólo reliquias del pasado. Acompañan lamentablemente al ser humano en su peregrinaje histórico, claroscuro siempre, hasta que llegue a su término y plenitud mediante una liberación definitiva, que será, fundamentalmente, don divino. El ser humano en devenir es libre, pero con una libertad no sólo frágil, sino también pecadora; y la historia -urdimbre de biografías- lo manifiesta en su conjunto, que comprende desde lo más bello y santo hasta lo más bajo y monstruoso. De allí la necesidad de una constante conversión humana y una permanente asistencia y sanación divinas.

    El ser humano fue creado, en cuanto inteligente y libre, como “ser para progresar”, cuidando, transformando y disfrutando lo creado. Pero ha de estar siempre en guardia para no disolverse en lo que tiene que manejar. Pues de constructor puede para en autodestructivo, de “ser para el otro” en egoísta dominador y de creyente sensato en ateo libertino.

    La actual pandemia es una realidad dolorosa, que es necesario superar con sabiduría y solidaridad. Pero también constituye una oportunidad para crecer como personas y comunidad humana, en relación fraterna con el prójimo y filial con Dios. Ahondando en realismo y humildad, sabiendo que somos grandes, pero también pequeños y vulnerables; “seres para la muerte”, mas con vocación de eternidad. En una palabra, valiosos, pero no absolutos.

    Este terrible virus despliega una lección de la cual hay mucho que aprender. Sobre todo, en materia de un actuar sólido, trascendente, que concrete el mandamiento máximo evangélico, el amor; y de un real ubicarse, pues, micróbicos, giramos en un pequeño globo espacial, en el cual hemos de saber vivir y convivir. Y también soñar, pero con los pies en tierra. La pandemia es una de esos acontecimientos en los cuales sabiamente debemos situarnos en el inmediato entorno familiar y vecinal, enmarcándolo, sin embargo, en el más amplio, cósmico. Somos mortales, temporales, abiertos a lo eterno. La verdad nos hará libres.