domingo, 28 de junio de 2026

DEMOCRACIA Y ECOLOGÍA

 

    Lo ecológico en un tema emergente de primera importancia en materia de compromiso personal y social. Y de tal magnitud que ha llegado a sugerirse su incorporación como  complemento del título mismo de la Doctrina Social de la Iglesia . 

     Un documento de sumo valor en este campo constituye la encíclica del Papa Francisco Laudato Si´(24. 5. 2015,en que, de modo sistemático e integral, aborda desde la razón y  la fe, esta problemática en su multiforme dimensión, económica, política y ético-espiritual cultural. Llega hasta ampliar el término comunión, de raigambre típíca interpersonal, para identificar también el relacionamiento humano con el ambiente inmediato y cósmico. El Papa León XIV ha puesto igualmente de relieve la vasta comprensión de lo ambiental en su reciente documento Magnifica Humanitas, donde habla de una ecología de la comunicación, particularmente por los nuevos retos que pone la inteligencia articial.

     Democracia es un un vocablo de muy amplio sentido. De una significación inicialmente restringida a poder del pueblo, se ha ampliado para comprender también todo lo que implica servicio, participación, interés, bien, de la comunidad humana. Por ello la elección de gobernantes y la conformación de partidos políticos conforman sólo aspectos, muy importantes por lo demás, de una sociedad democrática. Es en este marco en que cabe hablar de la relación democracia- ecología.

 

Hay situaciones dramáticas en que este binomio resalta con carácter de urgencia. Es el caso de la devastación ambiental y antropológica producida por la criminal voracidad minera en el Sur del Orinoco en un escenario nacional de quiebre democrático. Se revelan allí en Guayana, de modo patente, las dañinas consecuencias del maltrato ecológico con el deterioro y muerte también de humanos explotados y explotadores. Aquí se aplica aquella advertencia de Jesús: “Pues ¿de qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? (Mt 16, 26).

     Ahora bien, al cuido ambiental no se lo debe ver y manejar desde el solo ángulo de la mala praxis, sino, sobre todo, en perspectiva positiva del aprecio y mejoramiento; y no apenas, en lo conocido de aire, vegetación o contaminantes, sino también en otros aspectos como el urbanístico y el relacional de la convivencia. Abundan, en efecto, los depósitos de gente en aglomeraciones humanas sin lugares de encuentro y esparcimiento en marcos ambientales amigables. Más que las personas interesan los metros cuadrados comercializables y el aprovechamiento pragmático del espacio. Un genuino humanismo en seres in-corporados exige una correspondiente planificación urbanística  en perspectiva ecológica.

         Recuerdo con satisfacción y agradecimiento que en la escuela primaria de mi pueblo andino nos enseñaron tres consejos: no matar pajaritos, no desgajar plantas y ayudar a los ancianos a pasar la calle. Eso en tiempos en que de ecología no se conocía ni la palabra. Ello me invita siempre a remachar la necesidad de una educación ambiental en su sentido más amplio, como parte de una formación social y cívica, la cual en un tiempo existió, para luego desaparecer sin dolientes.

 

La democracia ecológica o ecología democrática exige variadas cosas de las cuales podrían mencionarse las siguientes: legislación favorable a la protección del ambiente con una administración que asegure su aplicación; educación ambiental en los varios niveles  pedagógicos; servicios o secciones  ad hoc en las más diversas entidades (gubernamentales, partidos políticos, instituciones sociales y religiosas); promoción del cuido ambiental en las familias y las organizaciones vecinales. Todo ello tendiente a la promoción de una cultura ambiental.

     La democracia a más de sistema de organización política constituye un ambiente. No se reduce, por tanto a estructuras y procedimientos, sino que está llamada a conformar una atmósfera como compartir de libertades hacia el bien común de la polis. Ello exige el reconocimiento de las personas con su dignidad y derechos;  delicadeza y  solidaridad; sano pluralismo y efectiva participación. Y, por supuesto, una indeclinable lucha contra  males como corrupción administrativa, manipulación del prójimo, populismo, hegemonía partidista y  totalitarismos francos o maquillados.

     La democracia como  delicada planta requiere afectuoso cuido.

 

 

     

 

 

 

 

miércoles, 17 de junio de 2026

Democracia y verdad

 

“La verdad los hará libres”. (Jn 8,32).Frase lapidaria de Jesucristo.

 

    Con respecto a la verdad conviene recordar varias de sus significaciones: 1) concordancia de lo que lse dice con la realidad de las cosas,como cuando expreso “llueve” y està lloviendo; 2) correspondencia de lo que se afirma con lo que se piensa, lo contrario es la mentira; 3) acuerdo de la cosa con su denominación,como cuando se recalca que una joya es oro de verdad.Tenemos entonces un triple sentido de verdad: lógico,ético y ontológico. En la ordinaria comunicacion no es raro combinarlos. La  citada frase del Señor envuelve esos distintos significados, así como los envolvieron la tentación y el pecado originales de que habla el Génesis( 3). Jesús, por cierto, calificó al demonio como padre de mentira (Jn 8,44 ).

     Lo anterior nos enseña que la consistencia  de una sociedad y el bien de la humanidad  han de tener como norte la verdad. Las faltas contra ésta y particularmente la mentira, que algunas vecese toma la forma de cinismo, es fuente de opresiones y esclavitudes.

     El binomio verdad-libertad tiene una aplicación inmediata en la relación democracia-verdad. Resulta muy oportuna la enseñanza del Papá León XIV en su encíclica Magnífica Humanitas: La búsqueda de la verdad es un elemento esencial para la democracia, que es en sí misma un instrumento de participación en el bien común. Cuando la pregunta sobre lo que es verdadero pierde interés y se impone un pragmatismo que se conforma con lo que parece útil o eficaz, la vida democrática se debilita. Esta, en efecto, no se sustenta únicamente en normas y procedimientos, sino, ante todo, en una relación leal con los hechos y en una orientación real hacia el bien de las personas y del conjunto de la sociedad. El desinterés por la verdad conduce lenta pero inexorablemente hacia el totalitarismo (MH 134)

     Factor sobresaliente en el desastre nacional, ha sido la ausencia de la verdad, particularmente en su sentido ético. De modo especial con el cinismo del asi llamado Socialismo del Siglo XXI, pero también con un pragmatismo empobrecedor en los años precedentes. Resulta indispensable para una reconstrucción del país reeducar en materia de transparencia, coherencia,sinceridad y  otras virtudes fundamentales.Ejemplos patentes de faltas contra la verdad han sido la Constitución reducida a pura letra,la imposición ideológica con la hegemonía comunicacional, la disfrazada exhibición de graves violaciones de derechos humanos. Podrían añadirse las falsas promesas y la distorsión de los resultados electorales.

 

La inteligencia y la voluntad,facultades fundamentales del espíritu humano,no se dan en el peregrinar histórico en estado puro por razones antropológicas e históricas (pensemos en los condicionamientos de la corporeidad terrena y en la congénita concupiscencia). Los pecados capitales, comenzando por la soberbia y la avaricia, constituyen amenazas permanentes.

     La convivencia democrática, tejido de decisiones económicas, politicas y culturales,  es obra de humanos concretos, ciudadanos limitados en su entender y expuestos en su decidir. “Veo y apruebo lo mejor, pero sigo lo peor” es una sentencia que un antiguo tocayo romamo  plasmó en Las metamorfosis. Una vision cristiana enriquece lo que en este campo se puede decir y y se debe realizar en perspectiva humanista. Sinceridad,rectitud, humildad, servicio, son, entre otras, virtudes de los ciudadanos que quieren construir el bien común y el futuro deseable de la polis, como “nueva sociedad”, “civilizacion del amor”.

      Una educación ciudadana es, indispensable  para una genuina democracia. La política exige discreción, reserva, sinceridad, comportamientos que exigen la marginación de la mentira y mucho más, del cinismo. La formación cívica ha de favorecer un espíritu critico y y una gran aprecio a la libertad, la justicia y la fraternidad.

     La democracia es una planta muy delicada,que es preciso cuidar porque no tiene seguro de vida.Se deteriora con la falsedad y la inautenticidad de los gobernantes , asi como con el escepticismo e indiferencia de los ciudadanos. La primera escuela de la verdad es la familia, la cual en Venezuela es sumamente frágil. Es preciso recuperar y fortalecer el valor y la dignidad de la política, considerada lamentablemente por no pocos como ámbito de egoista promoción e hipocresía.

     Una sociedad de contextura y vocación democráticas exige una búsqueda esforzada y un incansable cuido de la verdad en su triple sentido. Procurando abrevar y fortalecerse en la fuente divina de la verdad.