jueves, 14 de enero de 2021

TRIADA PARA UNA NUEVA SOCIEDAD

    

        Uno de los primeros documentos del Concilio Plenario de Venezuela tuvo como título La contribución de la Iglesia a la gestación de una nueva sociedad y es una especie de síntesis de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) aplicada a nuestra realidad nacional.

     El término nueva sociedad -tiene como sinónimo, a partir de Pablo VI, civilización del amor- significa una convivencia humana construida en base a los valores del evangelio y que exige una permanente y coherente actualización. Como conjunto teórico-práctico no tiene una identidad confesional (sociedad cristiana) pues está abierta al más amplio diálogo y protagonismo, buscando responder substancialmente a valores humanos fundados en una antropología integral, como son verdad, libertad, justicia, solidaridad, fraternidad y paz.

      Una interpretación cristiana del ser humano no se encierra en una concepción individualista, ya que como persona -ser para la comunicación y la comunión-, entraña un ineludible dinamismo social. Por ello, el referido Concilio afirma: “Una de las grandes tareas de la Iglesia en nuestro país, consiste en la construcción de una sociedad más justa, más digna, más humana, más cristiana y más solidaria. Esta tarea exige la efectividad del amor. Los cristianos no pueden decir que aman, si ese amor no pasa por lo cotidiano de la vida y atraviesa toda la compleja organización social, política, económica y cultural” (Contribución de la Iglesia…, 90). Una nueva sociedad ha de ser, por ende, abierta, en corresponsable pluralismo, genuinamente democrática.

    La DSI agrupa principios, criterios y orientaciones para la acción, aptos para animar diversos proyectos societarios; no se identifica con una determinada “ideología” o estructura, sino que puede inspirar realizaciones de diversos tiempos y espacios culturales. Ahora bien, si el contribuir a la construcción de una nueva sociedad, implica a toda la Iglesia, interpela de modo propio y peculiar a los laicos, para quienes la inmersión y compromiso en la polis es su sello distintivo.

        Dentro de la DSI se destaca una tríada en estrecha interrelación y sumamente generadora respecto de una nueva sociedad: solidaridad, participación y subsidiaridad. Trío llamado a ejercer un papel transformador desde el ámbito más íntimo de la familia y del vecindario, hasta el más vasto de la comunidad internacional; postula, por tanto, un lugar especial en la educación formal e informal, en estrecha conjunción con la referente a la social y cívica, así como con la relativa valores éticos y espirituales.

       Juan Pablo II definió solidaridad como “la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común” (Sollicitudo rei socialis 38). Es consecuencia de la igualdad y socialidad del ser humano, de su intrínseca relacionalidad y horizonte de comunión. Al inicio del Génesis se destaca ya el carácter y la vocación de solidaridad, la cual implica un permanente esfuerzo de liberación de todo egoísmo individual y grupal, de toda injusta desigualdad y tendencia segregacionista o excluyente; y, en positivo, la afirmación de todo paso hacia lo que significa comprensión, diálogo, encuentro, corresponsabilidad, fraternidad. El “otro” se interpreta como “otro yo”.

La participación es consecuencia de la solidaridad y de la corresponsabilidad que compete al ser humano en cuanto libre y protagonista en el mundo. Es derecho y deber. Ha de manifestarse desde lo societario más inmediato hasta lo más vastos y complejos societarios en los varios campos de la economía, la política y la cultura. Valoriza y promueve a toda persona y constituye un antídoto contra hegemonías, monopolios, liderazgos absorbentes y estructuras opresivas de organización social.

        La subsidiaridad favorece la corresponsabilidad en el tejido social. Ella “exige que las personas, las familias y las comunidades pequeñas o menores, conserven su capacidad de acción, ordenándola al bien común, y que el Estado y las diversas ramas de éste, realicen sólo lo que aquellas no estén en capacidad de ejecutar” (Concilio Plenario..., Contribución..., 106). Una práctica acertada de la subsidiaridad favorece la participación, la descentralización, el federalismo, la iniciativa de la sociedad civil, la eficacia oficial, al tiempo que previene contra el burocratismo y gigantismo estatales.

    Una sociedad solidaria, participativa y de subsidiaridad se sitúa en las antípodas de los regímenes tiránicos, dictatoriales y totalitarios. Favorece una democracia realmente participativa y una sociedad protagónica. Promueve un liderazgo multiplicador.

 

   

 

 

 

 

 


viernes, 25 de diciembre de 2020

¡SOBERANO, ELIGE!

     Con diciembre vinieron, por una parte, el evento de votación del 6 – calificado oficialmente de “elección” - el cual, según lo había advertido el Episcopado venezolano en Mensaje del pasado 15 de octubre: “lejos de contribuir a la solución democrática de la situación política que hoy vivimos, tiende a agravarla y no ayudará a resolver los verdaderos problemas del pueblo”.  Por la otra, la Consulta Popular con preguntas dirigidas al “soberano”, a fin de que éste decidiese sobre la continuidad o no del Régimen y el camino a seguir. Expresión dual de un país profundamente dividido.

    En efecto, en repetidas oportunidades me he referido a la Venezuela actual como un país esquizofrénico: dualidad de imágenes y de poderes, vías paralelas o contrapuestas que neutralizan la marcha positiva de la nación y la descalifican en el concierto internacional.

    Los Obispos de Venezuela no se han quedado en medias tintas a la hora del análisis de la situación y de propuestas para salir del desastre: de modo reiterado han denunciado causas y ofrecido respuestas, no soluciones que no les corresponde. Valga al respecto una cita de lo dicho en documento de julio 2019 y reproducido en otro del 10 de enero de este año: “Ante la realidad de un gobierno ilegítimo y fallido, Venezuela clama a gritos un cambio de rumbo, una vuelta a la Constitución. Ese cambio exige la salida de quien ejerce el poder de forma ilegítima y la elección en el menor tiempo posible de un nuevo presidente de la República. Para que sea realmente libre y responda a la voluntad del pueblo soberano, dicha elección postula algunas condiciones indispensables tales como: un nuevo Consejo Electoral imparcial, la actualización del Registro Electoral, el voto de los venezolanos en el exterior y una supervisión de organismos internacionales…igualmente el cese de la Asamblea Nacional Constituyente”.

    Las tres preguntas de la reciente Consulta Popular han ido en esa dirección reconstitucionalizadora y redemocratizante. El núcleo y horizonte de las mismas ha sido: realización de elecciones presidenciales y parlamentarias libres.

Como una idea fija he venido recalcando que, especialmente en situaciones de gravísima crisis nacional como la que confrontamos, el único que debe y puede definir el rumbo del país es el “soberano” (CRBV 5). No una persona, un partido, un grupo, otro Estado o determinada institución. El pueblo todo, con su poder constitucional, supraconstitucional, originario, es el llamado a definir, de modo libre e imperativo, el rumbo y la suerte de la nación. Añadiría que esto adquiere especial relieve cuando el tejido ético-político-jurídico nacional aparece enmarañado y en determinados problemas dificulta o imposibilita el llegar a consensos respecto de lo constitucional/inconstitucional, legal/ilegal, legítimo/ilegítimo. Sin olvidar que el foro se vuelve un batiburrillo cuando “la Revolución” pretende establecerse como norma suprema (norma normans) de ese tejido, columna vertebral de la conciencia cívica y de la convivencia social.

    ¿Puede entonces escandalizar, extrañar, sorprender que se apele al “soberano” cuando éste es el único a quien le compete tener la última palabra en situaciones como la presente venezolana? ¿No se corresponde una elección por parte del soberano (a diferencia de lo ocurrido el pasado día 6 y por eso ampliamente desconocida) con lo que la comunidad internacional espera como salida pacífica, constructiva, constitucional, democrática, a la crisis que sufre nuestro desvencijado y comatoso país?

    Esto es lo que todo el Episcopado nacional suscribió el 15 de octubre 2020 y que en estos momentos cobra trascendental relieve, constituyendo un ineludible desafío histórico: “La voluntad mayoritaria del pueblo venezolano es dilucidar su futuro político a través de la vía electoral. Esto implica una convocatoria a una auténticas elecciones parlamentarias y elecciones presidenciales con condiciones de libertad a igualdad para todos los participantes, y con acompañamiento y seguimiento de organismos plurales”.

    Este planteamiento lo hizo el Episcopado, no en perspectiva primariamente política, sino, fundamentalmente, ético-religiosa, plenamente enmarcada en su misión evangelizadora.

    El entrante 2021 debemos enfrentarlo y configurarlo como el año inicial del proceso de reencuentro, reconciliación y reconstrucción nacionales; como el despegue efectivo hacia la liberación y desarrollo integral de este país, que Dios nos ha regalado con un gran potencial, físico y ante todo humano, para ponerlo al mejor servicio de nuestro pueblo y de la solidaridad y la paz de la comunidad internacional.

    Uno clava un clavo. No una tabla. El clavo a clavar en este 2021 venezolano es: elecciones presidenciales y parlamentarias libres, bajo supervisión internacional.

 

   

 

 

 

viernes, 11 de diciembre de 2020

EL SOBERANO ORDENA

 



    La democracia, antes que un ordenamiento jurídico, es-ha de ser un espíritu, una actitud ético- cultural. Por ello una comunidad política, antes que a través de una simple información, debe cultivarla mediante una genuina educación. Las omisiones suelen pagarse con regímenes autoritarios y dictatoriales.

    Nuestra historia republicana ofrece ejemplos. Tiempos de convivencia democrática degeneraron en nominalismos que vaciaron a aquélla de substancia. La anti política resultó efecto y se convirtió en causa también de fragilidad republicana. La democracia -alguna vez escribí sobre el tema- es una planta que es preciso regar, podar, abonar; porque como un ser vivo, requiere cuidado. No se la puede  abandonar a su suerte ni abusar de ella. En la década de los 90´ me parece que se jugó demasiado con la destitución del Presidente y la improvisación de candidatos.

    La grave y creciente crisis del país en las dos últimas décadas tiene su causa principal en que el Régimen quiere imponer un estado totalitario. Denuncia reiterada desde hace años por el Episcopado venezolano. Baste una reciente: “el régimen se consolida como un gobierno totalitario, justificando que no se puede entregar el poder a alguien que piense distinto” (Exhortación 10 de julio 2020). Pocos venezolanos, también entre los líderes políticos, han sabido (¿querido?) identificar al que tienen enfrente, considerándolo en términos sólo de autocracia competitiva y otros maquillados. El Socialismo del SSXXI y su Plan de la Patria no han disimulado sus intenciones, ni disfrazado el tipo de sociedad que buscan construir. De la Constitución hacia abajo, todo lo subordinan a su “Revolución” de línea marxista, que condimentan con narcorrupción y otros ingredientes de explotación y dominación. La trágica condición de la gente no quita el sueño a la Nomenklatura.

    Antes de cualquier otro elemento de reflexión quisiera subrayar mi convicción esperanzada de un horizonte democrático para el país. Dios creó al ser humano para la libertad y ésta, de un modo u otro, abre caminos de liberación en la historia, a pesar de las contradicciones e inconsecuencias de un hombre, que es, no sólo limitado y frágil, sino también pecador, hasta que llegue al término de su peregrinar, la plenitud del Reino de Dios. Los “mil años del Tercer Reich” se dieron sólo en la perversa fantasía de Hitler, y la irreversible Revolución de Octubre se derrumbó con la Caída de un Muro. Omnipotente y eterno es sólo Dios.

Venezuela acaba de presenciar la gran farsa del 6D, cuyo resultado había sido “profetizado” por el Ministro de la Defensa. Para los conocedores de la naturaleza del Régimen no constituían ningún secreto las artimañas para asegurar los resultados. ¿Vicios del proceso? Innumerables. Ejemplos: integración monopólica del CNE, instrumentalización del TSJ y de la FA, espada de Damocles de la ANC, expropiación de partidos y símbolos, diputados y líderes opositores en exilio o prisión (en casos, con torturas), chantaje con cajas de alimentos y utensilios del hogar, hegemonía comunicacional, amenazas a empleados. Con todo, el absentismo masivo fue también deslegitimador patente del proceso. Por lo demás, era previsible por la magnitud de las carencias y del malestar de la población.

    Sobre consulta popular he venido hablando de ello desde bien antes del famoso 16J, como apelación necesaria y con plena justificación constitucional. Porque si la instancia máxima de decisión en una comunidad política es el soberano, como lo establece claramente nuestra Carta Magna (CRBV 5), al mismo se debe acudir, especialmente en momentos de gravísima crisis nacional -como la actual venezolana-, para definir el camino a seguir hacia una solución consistente. El soberano tiene, en cuanto tal, un poder que es originario y, por tanto, también supraconstitucional. Por ello las preguntas de la Consulta Popular que está en marcha se encabezan así: “¿Ordena usted?” “¿Rechaza usted?” No se pide una opinión, sino un mandato del soberano.

    La ilegitimidad de la llamada “elección” del 6D es manifiesta. Ahora esperamos que el soberano, hacia la tarde del próximo 12, festividad de Nuestra Señora de Guadalupe, haya inaugurado el camino para salir del desastre global en que el Socialismo del Siglo XXI ha sumido este país.  

 

   

 

 

   

jueves, 26 de noviembre de 2020

CONSULTA POPULAR


     El 20 mayo 2018 hubo “elecciones presidenciales” en el país. La Conferencia Episcopal Venezolana, congregada en su 110º Asamblea General, publicó una exhortación (11 julio) en la cual expresó que dicho acto electoral, “a pesar de todas las voces -entre ellas la nuestra- que advertían su ilegitimidad, su extemporaneidad y sus graves defectos de forma, sólo sirvió para prolongar el mandato del actual gobernante”.

    Los Obispos agregaron: “La altísima abstención, inédita en un proceso electoral presidencial, es un mensaje silencioso de rechazo, dirigido a quienes pretender imponer una ideología de corte totalitario, contra el parecer de la mayoría de la población”.

    En el mismo documento se afirmó algo, que conserva plena vigencia en vísperas de viciadas elecciones parlamentarias manejadas por el Régimen: “Desde el Ejecutivo Nacional, la ilegítima Asamblea Nacional Constituyente y el Consejo Nacional Electoral se pretende conculcar uno de los derechos más sagrados del pueblo venezolano: la elemental libertad para elegir a sus gobernantes en justa competencia electoral, con autoridades imparciales, sin manipulaciones ni favoritismos. Mientras existan presos políticos, y adversarios a quienes se les niega su derecho a postularse, no habrá proceso electoral libre y soberano”. Se subraya esta consecuencia: “Vivimos un régimen de facto, sin respeto a las garantías previstas en la Constitución y a los más altos principios de dignidad del pueblo”.

    Con respecto al evento electoral del próximo 6 de diciembre, el mismo Episcopado, en exhortación del 15 de octubre pasado, puso de relieve que dicho acto tiende a agravar la situación política nacional y está plagado de vicios, añadiendo que “aún deben realizarse las elecciones presidenciales” por haber sido ilegítimas las de 2018; de allí la necesidad de convocar unas auténticas elecciones parlamentarias y presidenciales “con condiciones de libertad e igualdad para todos los participantes, y con acompañamiento y seguimiento de organismos internacionales plurales”. Los obispos insistieron en que “las diversas organizaciones civiles, las universidades, los gremios, las academias, los empresarios y los trabajadores, las comunidades de los pueblos originarios y los jóvenes deben hacer esfuerzos en conjunto para restablecer los derechos democráticos de la nación”. A este planteamiento de los representantes de la Iglesia responde la Consulta Popular en marcha.

    Esta Consulta fue propuesta por la sociedad civil y aprobada por la Asamblea Nacional; se realizará en la primera quincena de este diciembre, reviste particular urgencia y tiene pleno fundamento constitucional ¿Hay algo más obligante y oportuno en el presente desastre nacional, que preguntarle al soberano, quien tiene poder propio, originario y constituyente (CRBV 5), qué ordena para comenzar la reconstrucción de este país? En situaciones como la presente es a él, y no simplemente al Gobierno, a partidos políticos u otras organizaciones, a quien le corresponde señalar el rumbo a seguir. La Consulta Popular será instrumento muy apto para un cambio positivo nacional (la que se tuvo en 2016 fue buena iniciativa, pero incompleta, pues, entre otras cosas, no se cobró; además, vivir de modo creativo es insistir sabiamente en objetivos válidos, máxime en escenarios cambiantes).  

    Frente a la dictadura militar de signo comunista, que busca a través del 6D imponer un Estado socialista, comunal, inconstitucional e inmoral, la Consulta Popular constituye un paso de primer orden hacia una Venezuela digna y próspera.

    Nos merecemos los venezolanos un 2021 sin presos políticos, sin torturados, sin muertos por hambre o deficiencia sanitaria, sin com-patriotas ex-patriados (5 millones por el momento), sin opresiva militarización  y expansiva “narcorrupción”. Nos merecemos un futuro con servicios públicos que funcionen, con un bolívar que valga algo, con luz y combustible básicos, con educación y comunicación libres; con un ambiente de emprendimiento, progreso compartido, desarrollo integral, alegría y esperanza, democracia y calidad ético-espiritual.

V    enezuela debe entrar ya al Siglo XXI después de la pesadilla involutiva de dos décadas. Ha de ser compromiso de todos. Dios primero.  


 


jueves, 12 de noviembre de 2020

GRITO ANTE EL 6D

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    Para el título escribí primero palabra y luego la cambié por grito, para subrayar la gravedad y la urgencia de aquella, en la encrucijada histórica que significa el próximo diciembre con sus proyectadas elecciones y consulta popular, por cierto, bajo una “espada de Damocles” de las más que posibles consecuencias sanitarias y sociales.  

    1.Lo que está en juego. Basta ser medianamente suspicaz para saber que el 6D no es simplemente elección parlamentaria. Es eso y a) su marco tramposo, fraudulento, que el Episcopado venezolano denunció ya en parte el pasado 15 de octubre, b) la omnipotente Asamblea Nacional Constituyente (ANC) que la acompaña y c) el Socialismo del Siglo XXI y el Plan de la Patria que la enmarcan. El resultado “está ya cantado” por el Ministro de la Defensa, siguiendo el guión de la pretensión de invencibilidad del Régimen, que no puede incluir una derrota. El 6D está pensado como prefacio de la aceleración del Estado Comunal y una reestructuración centralizante del poder militar comunista.

    2. Proyecto totalitario. En lo social se pueden distinguir tres ámbitos: económico, político, ético-cultural. En los fascismos o en las tiranías, dictaduras, autocracias competitivas y regímenes semejantes, el gobierno busca fundamentalmente el control político, pero lo demás, sólo parcialmente y en función de éste o de intereses circunstanciales. Un totalitarismo (del latín totum, todo) busca el control completo de los tres ámbitos. Ejemplos: nazismo, comunismo. Modelo cercano: Cuba. El Episcopado Venezolano repetitivamente ha denunciado el proyecto totalitario del Régimen, con calificativos, entre otros, de empobrecedor, militarista, represor, injusto, inhumano, así como de causante principal de la grave crisis del país (ver, por ejemplo, documentos de: 12.7.16, 5.5.17, 13.1.17, 12.1.18, 19.3.18, 10.1.20, 10.7.20). Ya en 19.10.07 había declarado como “moralmente inaceptable” la propuesta de reforma constitucional hacia un Estado Socialista de corte marxista-leninista.

    3. Error de interpretación. Importantes sectores de la sociedad civil y de los partidos opositores han errado en la exacta interpretación y calificación del Régimen y de allí, en buena medida, lo inútil, equivocado o contraproducente de ciertas estrategias, tácticas y actuaciones. A veces, hasta con pudor, se lo ha calificado sólo de populista, autocrático, dictatorial ¡Ojalá este Régimen siguiese un curso sólo dictatorial y no totalitario! Ese error de una gran parte de la disidencia ha facilitado dispersión de fuerzas, antropofagia suicida, pérdida de tiempo y de recursos.

    4. Consulta vinculante. Algunos hemos venido insistiendo, desde hace tiempo, en la necesidad y obligación de que en la presente situación de gravísima crisis nacional se le pregunte al soberano (CRBV 5) qué quiere para solucionarla, dado que él es el único poder originario y por ello constituyente, permaneciendo supra constitucional. Pregunta hacia una respuesta -hechas en la actual pandemia, por vía predominantemente digital, virtual-, las cuales no deben ser pura opinión, sino expreso mandato. (No pocos dicen que eso ya se hizo el 16J, pero éste tuvo otro escenario y ha quedado bien atrás; además, falló en aspectos substanciales como el no haberse “cobrado”. Insistir es vivir). La Asamblea Nacional ha acogido la Consulta, ya en preparación. El tiempo es corto y vuela, pero organizando bien el trabajo y conjugando esfuerzos, se puede motivar y movilizar una proporción notable de la gran mayoría ciudadana, la cual adversa al Régimen. Para ello, las preguntas que se hagan han de ser pocas, simples, claras, fundamentales, con miras a respuestas generadoras de un cambio efectivo, factible, rápido;  deben versar, por tanto, sobre 1) el cese inmediato del Presidente  y de la ANC ilegitimados en su ejercicio, 2) la designación de quien inmediatamente presida y forme nuevo gobierno,  pudiendo ser el actual Presidente encargado y reconocido internacionalmente; 3) la organización de elecciones presidenciales y parlamentarias en el lapso de 1 año; 4) la supervisión internacional (ONU, OEA, UE) en todas las fases del proceso electoral.

    Es hora de gran lucidez y generosidad para sacar adelante el país. De unión afectiva y efectiva que dé prioridad al bien común y atienda a la trascendencia histórica del momento. Dios grande y misericordioso, por su Espíritu, nos ilumine, anime y proteja ante este desafío de salvación nacional.

 

 

 

    

 


jueves, 15 de octubre de 2020

PODER ABSOLUTO

   
 
Decisiones como la Ley Antibloqueo, en la línea de una concentración y absolutización del poder, invitan a una reflexión sobre lo que ello implica en degradación humanista e idolatría política.

    El Decálogo establece como primer mandamiento el de reconocer y amar a un Dios uno y único. Afirmación que encontramos ya en el libro del Éxodo (34, 28). Exige la confesión de un claro monoteísmo, que excluye la pluralidad de divinidades y toda forma de idolatría.

    A Dios se le reconoce, así, como creador y providente, que trasciende el mundo, pero que también está presente y actuante, como Señor, en la historia de los seres humanos libres.  Se lo acepta como el Absoluto, el Ser por excelencia, incondicionado, al tiempo que razón, fuente y sentido de toda la creación. Se lo asume igualmente como principio y fundamento últimos de moralidad, como juez supremo y digno de adoración; y destinatario de un culto que no es simple admiración, veneración y alabanza, sino adoración (latría), exclusiva y excluyente.

    El ser humano histórico, abierto a la infinitud de la verdad (conocimiento) y del bien (lo apetecible), goza de una libertad que, sin embargo, no sólo es limitada y frágil, sino también éticamente vulnerable (pecadora). Experimenta, en consecuencia su relación con el Absoluto en muy diversas formas y, por ello, la historia registra, al respecto, una vasta gama de expresiones, ya explícitas, ya implícitas: desde la negación expresa (ateísmo confeso) hasta concepciones de tipo panteísta, pasando por formas politeístas y deidades locales. En siglos más recientes se han buscado substitutos de Dios de variada índole, absolutizando, entre otros, la razón (Diosa Razón en la Revolución Francesa), el desarrollo científico-tecnológico (radicalismos evolucionista y positivista), la sociedad misma (utopía marxista). Totalitarismos del pasado siglo llegaron a prácticas divinizaciones de raza, nación o clase y sus correspondientes “encarnaciones” en líderes supremos inapelables. Las absolutizaciones son, sin embargo, de vieja data; la historia de las civilizaciones antiguas nos habla de sacralización de reyes; y la del cristianismo primitivo registra martirios de creyentes, que no quisieron adorar a emperadores.

    La absolutización tanto de proyectos como de seres humanos no eleva a éstos, sino que los degrada. Recordemos la enseñanza de alguien que vivió en carne propia los totalitarismos nazi y comunista: “La raíz del totalitarismo moderno hay que verla (…) en la negación de la dignidad trascendente de la persona humana, imagen visible de Dios invisible y, precisamente por esto, sujeto natural de derechos que nadie puede violar: ni el individuo, el grupo, la case social, ni la nación ni el Estado. No puede tampoco la mayoría de un cuerpo social, poniéndose en contra de la minoría, marginándola, explotándola o incluso intentando destruirla” (Encíclica Centesimus Annus, 44).

    Hablar de totalitarismo en Venezuela significa referirse, no a un objetivo logrado, pero sí en construcción, a saber: el Socialismo del Siglo XXI-Plan de la Patria. En efecto, éstos implican una progresiva absolutización de proyectos, normas, estructuras, que se le imponen a la ciudadanía y frente a las cuales no hay apelación, porque el poder se concentra progresivamente en una clase dirigente y, más en concreto, en un “presidente”, que pretende saberlo y decidirlo todo (omnisciente y omnipotente). Ilustrativa al respecto es la reciente Ley Antibloqueo. Estado de derecho, división de poderes, derechos humanos, todo se relativiza frente a esa pretensión absolutista. Consignas como Revolución o muerte y otras semejantes simbolizan la referida tendencia hacia la sacralización del poder político, que usurpa la soberanía del pueblo y la traslada al Régimen (partido, jefe).

    Dada esta orientación totalitaria (absolutizante, idolátrica) de la actual dictadura militar comunista, se explica por qué la disidencia y la oposición a la misma no se funda en solas razones políticas, sino también religiosas.

    Dios es el supremo defensor del ser humano, garantía total de la dignidad y los derechos de éste, creado para participar en el plan global divino de comunión humano-divina e interhumana.

 

 

 

 

 

 

 

jueves, 1 de octubre de 2020

CONSTITUCIÓN REBELDE, SOBERANO GOLPISTA


    No cabe la menor duda de que la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV) vigente es un instrumento político, que no sólo legitima, sino también exige rebeldía frente al actual Régimen SSXXI. Constituye una herramienta de resistencia frente a la opresión, al tiempo que un impulso de liberación democrática.

    Oficialmente se la denominaba como “la mejor constitución del mundo”, exhibiéndola y difundiéndola como símbolo revolucionario y camino hacia un país solidario y próspero. La verdad es que, sin ser un texto perfecto, se la puede calificar de apta, aceptable para su circunstancia temporal, así como fácilmente abierta a necesarias adaptaciones y mejoras. A propósito de esto, es preciso subrayar que los venezolanos hemos de estar siempre en guardia frente a la tentación nominalista de pretender cambiar nuestra historia, cambiando sólo constituciones.

    Es de lamentar que la exhibición mediática de la Carta Magna no ha estado acompañada de una pedagogía favorecedora de su conocimiento y aprecio, de manera que sirva al soberano (CRBV 5) de brújula efectiva para la organización y funcionamiento macro y micro del Estado y, en general, de la política. La educación nacional no ha propiciado la formación “moral y cívica” de la población, la cual, por tanto, ha quedado a merced de jefes y no de líderes, de populismos fáciles y no de planificaciones responsables. No se ha educado para una real participación desde las bases populares, y por eso la orientación de lo público ha sido tarea casi sólo de cúpulas gubernamentales o partidistas. No hemos tenido una escuela generadora de democracia participativa. El gobierno, en la línea del tradicional estatismo socialista, ha favorecido más bien la concentración del poder y un estilo militarista en el manejo de la sociedad civil.

    El espíritu y la letra de la CRBV se sitúan en las antípodas del Régimen militar comunista, totalitario y corrupto, que gobierna el país. Una ligera hojeada del texto constitucional basta para percibir el divorcio existente entre éste y la conducción oficial de la nación. No extraña entonces que la apelación de los ciudadanos a la Constitución constituya un acto de rebeldía frente a un poder, que se considera indiscutible y omnipotente.

    El tema de las “condiciones electorales” para el 6 de diciembre ejemplifica bien la contradicción entre el Régimen y la Constitución. Una de las más conocidas parábolas enseñadas por Jesús, la del rico Epulón y el mendigo Lázaro (Lc 16, 19-31), resulta aquí bastante ilustrativa.  Mientras el autosuficiente Epulón banqueteaba, el pobre Lázaro se tenía que conformar con las migajas que caían de la mesa de aquél. El Ejecutivo, que se estima todopoderoso y dispone de la fuerza del poder (FA, policías y colectivos armados, junto a los poderes judicial, ciudadano y electoral sumisos)- ha organizado su “banquete electoral”, bajo condiciones leoninas favorables al Régimen. La ciudadanía, mayoritariamente disidente, aparece como un mendigo al cual se le dejan caer, como regalo o limosna, unas condiciones miserables de participación. El Régimen, como un esclavista, se cree dueño de los ciudadanos y les establece arbitrariamente un marco de ilusoria participación en un proceso amañado. Y el síndrome de Estocolmo está logrando que muchos, en actitud mendicante, rueguen se les conceda, ciertas “condiciones mínimas” electorales, migajas de libertad ¡Algo realmente vergonzoso y humillante para un pueblo constitucionalmente identificado como “soberano”!  

    ¡Las condiciones para un proceso electoral están muy claras en la CRBV, desde su Preámbulo y sus Principios Fundamentales, en los cuales se encuentra ya la raíz y la substancia del protagonismo ciudadano! Allí aparece de modo diáfano la contradicción entre la Constitución y el proyecto totalitario militar socialista.

    El título del presente artículo sintetiza la referida contradicción. Revela cómo apelar hoy en Venezuela a la CRBV es un acto de rebeldía contra el Régimen. Un gesto insurreccional. El soberano consciente y responsable resulta entonces ser reseñado como golpista.