jueves, 12 de abril de 2018

FE Y POLÍTICA



La antipolítica tiene sus tiempos favorables y sus activos defensores. Los años 90´ venezolanos le fueron  propicios, y entonces, pero también hora, ha contado con decididos propulsores. Actuaciones de líderes políticos han alimentado el fuego.

Se suele citar una frase de Louis Mc Henry Howe, dicha en la  Universidad de Columbia, por los años 30 siglo pasado: “Nadie puede adoptar la política como profesión y seguir siendo honrado”. Felizmente estamos celebrando el centenario del nacimiento de Arístides Calvani (19. 1. 1918), cuya existencia y labor constituyen una poderosa refutación de dicha sentencia. El entendió y practicó la política como una tarea noble,  servicio de amor al prójimo, testimonio evangelizador y camino de santidad. Cristiano  existencial y operativamente en su vida familiar y social,  su participación eclesial y su praxis política.

Hay una sentencia  de origen aristotélico, aplicable, por cierto, a varios campos. En latín suena  así: si non est philosophandum, philosophandum est, es decir ¿No hay que filosofar? ¡Eso ya es filosofar (en efecto,  fijar fronteras últimas al conocimiento humano es tarea propia de la filosofía). Aplíquese esto a la ética y  la política. Negarlas o anatematizarlas implica aceptarlas (la amoralidad y la antipolítica son  moralidad y política al revés). En cuanto a la política, ésta se ocupa de la organización de la convivencia dentro de un Estado de Derecho, roles y límites del Estado y del sector privado, normas que garanticen, entre otros, los derechos humanos. A la política se  la maneja bien o mal, pero, en todo caso, se tiene que manejar. Se manejará con capacidad, honradez, espíritu de servicio. O como  simple mercado, show y circo. La apoliticidad es un hacer política por otras vías.

 “Animal político”, así definió Aristóteles al ser humano. Se tiene que reconocer entonces la necesidad e inevitabilidad de la política. El ser humano debe formarse, por consiguiente para actuar en ella  como Dios quiere.

Las anteriores consideraciones permiten abordar sobre terreno firme la relación Iglesia y política, cristianos y política, fe y política, así como otras cuestiones relacionadas.
Hay dos enseñanzas bíblicas sumamente iluminadoras en esta materia, que el evangelista Mateo pone en boca de Jesús mismo: a) el relato del Juicio Final ((25, 31-46), donde establece como criterio de juicio/condenación la solidaridad fraterna;  y b) lo que dice en su Sermón de la Montaña sobre la relación culto-vida: “Si, pues, al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelve y presentas  tu ofrenda” (Mt 5, 23-24). Todo esto coincide con lo que dice Juan en su Primera Carta: “quien no ama   a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve” (1 Jn 4, 20). “Por el amor seremos juzgados” solía decir Madre Teresa. Dios y prójimo están inseparablemente unidos. Esto no quiere decir relegar o rebajar a Dios, sino saberlo ubica bien. adorándolo y sirviéndolo en el prójimo. No se minusvalora religión y culto, pero sí se los relativizar respecto del bien del prójimo.

 El Presidente de la República dijo hace poco que se debía evitar meter la política en el discurso de la Semana Santa. Eso está en la línea de los que desean una religión-sacristía, una fe intimista, un culto espectáculo, un evangelio alienante, una Iglesia extraterrestre.

Claro, es preciso distinguir tres acepciones de “política”: l. lo concerniente al bien de la “polis” como son, por ejemplo, los derechos humanos, en lo cual la Iglesia toda debe comprometerse; 2. el ejercicio del poder  y 3. la política partidista, que no le  competen a la  jerarquía eclesiástica, aunque respecto de los cuales sí debe decir una palabra moral y religiosa cuando sea necesario.
No olvidemos, sin embargo que los miembros de la Iglesia  son en su casi totalidad laicos. Y éstos sí deben asumir su responsabilidad en lo político en 1. 2. y 3, buscando inculturar allí los valores humano-cristianos del evangelio.   

La mala política nos ha llevado al desastre. Una buena política recuperará este país y lo llevará adelante. Ciertamente un desafío, especialmente para los laicos católicos.  

jueves, 15 de marzo de 2018

UNIRSE PARA CAMBIAR


El reciente encuentro en el Aula Magna de la Universidad Central de representantes de la sociedad civil organizada y la ulterior formación de un Frente, tendientes ambos a un cambio del Régimen, se sitúan en la línea de lo que planteado repetidamente por la Conferencia Episcopal Venezolana y ratificado en el documento de su Asamblea Plenaria el pasado 12 de enero.
Para el Episcopado está claro: “Con la suspensión del referéndum revocatorio y la creación de la Asamblea Nacional Constituyente el Gobierno usurpó al pueblo su poder originario”. Por consiguiente “No habrá una verdadera solución de los problemas del país hasta tanto el pueblo no recupere totalmente el ejercicio de su poder”. El pueblo debe asumir “su vocación de sujeto social (…) Es el pueblo organizado quien tiene la última palabra. En unión con la mayoría de los venezolanos anhelamos que la dirigencia política y la sociedad civil presenten un proyecto de país creíble y realizable”.
Un año antes en  comunicado conjunto de pastores y  laicos  se había dicho: “el pueblo clama por un cambio profundo de la orientación política del país, que sea producto de la decisión del pueblo soberano (CRBV 5): o el Socialismo del Siglo XXI, ausente de la Constitución, o el sistema democrático establecido en la Constitución”.
Los Obispos llaman, pues,  a la sociedad civil (de la cual forman parte) a  organizarse, para que junto con los partidos, logren el cambio urgente que el país necesita.
A continuación ofrezco un sencillo aporte en varios ítems con miras a la consolidación de una auténtica unión para realizar el cambio.

1.     La indispensable unidad hacia el cambio debe ser amplia y abierta; ha de  escuchar e integrar en lo posible a movimientos, grupos y personas tendientes al mismo fin por  medios distintos pero integrables en un proyecto común, en cuanto razonables y éticamente fundamentados. Pluralismo no es anarquía, ni unidad monolitismo.

2.     Es preciso unir al No un Sí. Al rechazo a  las amañadas  votaciones (falsas elecciones) debe acompañar una lúcida estrategia y acciones eficaces para lograr-forzar un verdadero cambio. Esta abstención activa (AA) tenga presente que la Constitución no se encierra en lo electoral pues establece también otros caminos para la salud y el restablecimiento de la democracia, como referendo, desobediencia civil, resistencia, rebeldía (CRBV 71, 333, 350…).

3.     Conditio sine qua non para ir a elecciones  (que no se reducen a votaciones): la disolución de la espuria Asamblea Nacional Constituyente y la invalidación de sus actos. La  ANC, “máquina infernal”, es horca y guillotina contra toda disidencia y la institucionalidad democrática, por su pretensión de poder constituyente absoluto. Un referendo (CRBV 71) es  instrumento apto para poner las cosas en su sitio.


4.     El Canal Humanitario debe ser insistencia y propósito continuos, así como la búsqueda de una solución consistente a la emergencia social. Los hambrientos, los enfermos en grave peligro, los presos políticos, los forzados al destierro, entre otros, requieren atención inmediata ¿Qué son crímenes de lesa humanidad?

5.     La Fuerza Armada debe ser interpelada seriamente por la ciudadanía acerca de su fidelidad constitucional. Recibe oficialmente armas no para aprovecharse del poder y sostener dictaduras y totalitarismos, sino para respaldar al pueblo, que hoy reclama libertad y justicia. Debe merecer lo de Nacional y justificar su referencia a Bolívar. El Alto Mando es máximamente responsable al respecto.

6.      La anti política y el descrédito de los partidos no surgen por generación espontánea. La gente común es más inteligente y crítica de lo que los líderes piensan; éstos deben encontrarse con los representantes de la sociedad civil organizada para  edificar la Venezuela deseable, evitando el carnaval de egos, los manejos subrepticios y el mercado de alianzas. Términos criollos como guaraleo y quiquirijuiqui indican lo que se  debe evitar.
En todos estos estos ajetreos por el cambio hay una exigencia de Bolívar, que de muletilla protocolar ha de convertirse en brújula de compromiso. La crisis actual es socio-económica-política-cultural, pero, más en profundidad,  ético-religiosa. “Moral y luces son....”.

jueves, 15 de febrero de 2018

CRIMEN HORRENDO: EXPATRIACIÓN MASIVA




Recordemos un relato del evangelista Mateo (2, 13-15): la expatriación de Jesús ante el peligro de ser asesinado. El rey Herodes, celoso de todo competidor de  su poder, mandó matar a muchos niños esperando que entre ellos cayese también el Mesías. José y María huyeron de noche, llevando consigo al pequeño, y se refugiaron en Egipto. Calificaron entonces como los primeros exiliados cristianos.

Jesús quiso así compartir la condición humana -abundosa en claroscuros y contradicciones, exaltaciones y miserias-, menos en el pecado. Asumió nuestra naturaleza para liberarla del mal y reconducirla a la unión con Dios y fraterna.

Hoy Venezuela, otrora nación próspera y acogedora de migrantes en búsqueda de tierras sin guerras ni escaseces y generosas en convivencia fraterna y trabajo productivo, se ha convertido hoy en país invivible. En efecto, a la opresión política se unen el desastre económico y una mortandad culpable, y a la ausencia del estado de derecho se juntan la corrupción desenfrenada y un narcotráfico impune. Por ello Venezuela padece hoy un severo despoblamiento. Millones de compatriotas han tenido que irse y se están yendo, en su inmensa mayoría en búsqueda ansiosa de trabajo y seguridad, salud y paz; dentro de ellos identificamos muchos rostros doloridos de familiares, amigos y conocidos nuestros, cuya ausencia sentimos y su regreso anhelamos.

Ni catástrofes naturales  ni factores extranjeros han forzado el destierro,  sino –lo suelen precisar los Obispos- la voluntad oficial de imponer a los venezolanos un proyecto dictatorial totalitario comunista, fracasado históricamente y maquillado ahora lingüística y estratégicamente. Ese proyecto, que ha conducido al grave deterioro nacional en los más diversos órdenes,  es una tenaza que van cerrando el Alto Mando de la Fuerza Armada Nacional mediante su participación y apoyo clave, y  el Partido gubernamental PSUV, acompañado por cuerpos paramilitares y asistencia castro cubana,  mediante su Diktat  político-ideológico.

El que Venezuela esté sometida hoy a un acelerado despoblamiento constituye un crimen horrendo, que conjuga la violación de múltiples  derechos humanos. Basta una lectura rápida de la Declaración Universal de 1948 para percibir cómo la actual expatriación masiva es efecto de muy diversos delitos por parte de la “nueva clase” detentadora del poder.

Cada persona –sujeto consciente, libre y social, hijo de Dios- vale tanto como cualquiera otra. Pero entre los expatriados merecen destacarse algunas categorías particularmente significativas como  jóvenes, docentes, profesionales,  gente especializada.
Lo deseado y propiciado por este tipo de regímenes es que se vayan todos los ciudadanos que piensan con la propia cabeza, se defienden solos y organizan su vida con libertad responsable; eso les facilita el  manipular  a su antojo a una población empobrecida, omni dependiente y sumisa. Manejar esclavos no exige mayor inteligencia ni imaginación.
Este Régimen está expatriando venezolanos mientras reparte el país a neo colonizadores ideológica y crematísticamente afines, aunque geográfica, histórica o culturalmente lejanos.
Este crimen de despoblamiento expatriador, junto con otros, debe ser detenido y sancionado por el pueblo soberano (CRBV 5) en un ejercicio de su poder originario (CRBV 71 por ejemplo), que ponga punto final a ilegitimidades, inconstitucionalidades y violaciones de derechos humanos. Urge para ello consolidar un gran movimiento o frente democrático nacional, que permita al soberano decidir, él mismo y no ya a través de individualidades o grupos,  qué quiere para este país.
Un venezolano del siglo pasado, Juan Antonio Pérez Bonalde (1846-1892), universal y andariego, conocedor de exilios, romántico de espíritu y de pluma,  escribió un poema de antología venezolana, cuyo título podría ser el de uno de los derechos humanos fundamentales: “Vuelta a la patria”. En el presente caso, poder regresar a Venezuela, como hogar común, libre y pluralista, solidario y fraterno, pacífico y próspero.
El cambio político que urge el país acabará con el crimen horrendo de la expatriación masiva y nos consolidará como nación vivible y deseable. Con unión interna y armonía internacional.  

jueves, 1 de febrero de 2018

GOBIERNO AMO O SERVIDOR



La democracia se auto identifica como poder del pueblo. Se somete regularmente a una evaluación por parte del mandante, quien divide los poderes públicos para controlar la gestión que  éstos   realizan en su nombre y dispone de diversos mecanismos para asegurar que el gobierno obedezca  al bien común y a la mejor atención a la ciudadanía.

Por eso la democracia no interpreta a la oposición como carga a soportar ni, muchos menos, como mal a eliminar, sino que procura una positiva interrelación gobierno-oposición con miras al progreso compartido de la nación. El principio de alternabilidad (Ver CRBV 6) favorece consensos y  la planificación abierta a una sana  continuidad administrativa, al tiempo que previene ante tentaciones de sectarismos, corruptelas y arbitrariedades.

En las antípodas de una genuina democracia se sitúa el Régimen que impera hoy sobre Venezuela. Éste surgió, por cierto, en momentos de crisis nacional por el narcisismo de los partidos y su reducción a “cogollos” e individualidades, el descuido de la educación social y política ciudadana, una gran indiferencia de la sociedad civil frente a lo público conjugada con la ambición de ciertos grupos empresariales y comunicacionales de dirigir de facto el Estado desde enclaves particulares. Surgido en medio de anhelos de cambio, el Régimen, sin embargo, agudizó males existentes e introdujo otros y peores. Uno de éstos y generador de muchos: la idea de que el Presidente y su Partido son los dueños del país (población y cosas), que pueden hacer con éste lo que quieran, considerándose poder absoluto frente a una población de meros súbditos, cuya suerte poco importa. Por ello problemas gravísimos como hambre, desnutrición infantil, muerte por falta de medicamentos  y apta atención sanitaria, prisión y tortura de presos políticos,  poco cuentan al lado del atornillamiento en el poder por parte del Presidente, su Fuerza Armada y el círculo de ideólogos y funcionarios. El doloroso éxodo de millones de venezolanos no perturba el sueño a la Nomenklatura, más aún lo favorece, porque así se aleja gente crítica e independiente.

Muestra patente del  afán dominador de este Régimen es su fraudulenta Asamblea Nacional Constituyente, que pretende ser poder absoluto y   usurpa el poder originario del pueblo soberano, como lo han denunciado repetidamente los obispos. Por ello las decisiones de la ANC, incluida la relativa a las elecciones presidenciales apresuradas, que éstos acaban de rechazar (29 de enero) son ilegítimas. El soberano debe retomar, por tanto, con urgencia, su protagonismo.

Un mensaje muy iluminador en lo concerniente al poder dejó el Señor Jesús, quien nació, creció y murió en una Palestina sometida a la máxima potencia imperial de entonces, que emperadores como Augusto y Tiberio gobernaban con poder absoluto divinizado y una serie de autoridades locales manejaban con el respaldo militar de las legiones y  contingentes auxiliares. Siendo Jesús todavía niño se registraron dos matanzas ilustrativas al respecto: la de unos cuantos  inocentes por el rey Herodes y la de los dos mil judíos crucificados en las  afueras de Jerusalén por orden de Varo,  gobernador de Siria. Por eso Jesús al percibir que discípulos suyos se peleaban por liderazgos de mando les amonestó: “Ustedes saben que los jefes de las naciones las gobiernan como señores y los grandes las oprimen. No debe suceder así entre ustedes, sino el que el que quiera ser grande entre ustedes, deberá ser su servidor (…) como el Hijo del hombre, que no ha venido a ser servido sino a servir” (Mt 20, 25-28). Otra enseñanza política la dio Jesús y por cierto al prefecto Poncio Pilato, quien le dijera poder disponer a su arbitrio de la vida-muerte del Señor: “No tendrías sobre mí ningún poder si no te hubiera sido dado desde arriba” (19, 9-11). El poder de los seres humanos no es absoluto. Sólo el creador de éstos con su dignidad y derechos inalienables tiene el poder absoluto. Por eso Dios es la garantía y la defensa supremas frente a los abusos del poder humano. 
Este  Gobierno-amo del pueblo debe ceder el paso a un Gobierno-servidor de la gente.     


jueves, 18 de enero de 2018

¡DESPIERTA Y REACCIONA YA!



Lema de la segunda visita de san Juan Pablo II a Venezuela en 1996 fue: ¡Despierta y reacciona, es el momento! Los Obispos de Venezuela acaban de subrayar en su más reciente mensaje (12.1. 2018) que ese lema “resuena en esta hora aciaga de la vida nacional”.    

“Hora aciaga”. Es decir, infausta, desgraciada, infeliz. Momento triste, doloroso, insoportable. ¿Qué han hecho de Venezuela quienes detentan el poder con pretensiones totalitarias y de eternidad? Un país hambreado, enfermo, oprimido, aislado, improductivo, en vías de paralización, víctima de la inseguridad y el vandalismo, forzado a emigrar. Regido por una nomenklatura prepotente, cuya única preocupación perceptible es la conservación del poder por cualquier medio y con una ideología (socialista-comunista) teñida de narco-corrupción y culto sincrético, cuyos líderes pretenden también definir el credo y la  praxis cristianos.

El Episcopado ha vuelto a denunciar a la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) como inconstitucional e ilegítima y plantea otra vez la reestructuración del Consejo Nacional Electoral “para que cumpla con la imparcialidad que le pide la Constitución vigente”.

Los Obispos destacan en esta oportunidad que ante la suspensión del referéndum revocatorio, la creación de la ANC y las “dificultades de entendimiento cada vez más graves entre el gobierno y la oposición política, a falta de un punto de apoyo  común que se respete en la realidad, como debería ser la Constitución vigente”, el pueblo  debe asumir el ejercicio de “su poder originario”. Citan al respecto el Art. 71 de la Constitución, según el cual “Las materias de especial trascendencia nacional podrán ser sometidas a referendo consultivo” también a solicitud del diez por ciento del electorado; y precisan como materia actual de consulta que  el pueblo señale “el rumbo que quiere dar a la nación”. A propósito de rumbo, pocas líneas antes el mismo Episcopado ha recordado que la raíz de los problemas del país “está en la implantación de un proyecto político totalitario, empobrecedor, rentista y centralizado (léase Socialismo del Siglo XXI-Plan de la Patria) que el gobierno se empeña en mantener”.     

Los Obispos claman ante la debacle nacional: es el momento,  la hora.  Lo cual equivale a decir: “basta ya”, “es intolerable”, “se acabó el tiempo”. Se hace obligante y urgente ahora despertar, reaccionar –“levántate y anda” (cfr. Mc 2, 9)-, actuar como protagonistas de una tarea que nos desafía como humanos, creyentes, cristianos. Se trata de sacar al país del desastre y encaminarlo hacia una Venezuela deseable, hogar común de todos y para todos.

El criterio del Juicio Final que Jesús mismo establece según el evangelio de san Mateo (25,   31-46) debe aplicarse aquí: ayudar al prójimo (país) sometido a penurias de muy diverso tipo (hambre, enfermedad, prisión…) y  urgido de una conjugada y efectiva acción solidaria. El Señor dice que, según la respuesta, seremos objeto de bendición o maldición. No hay lugar para el conformismo, la pasividad y menos para la indiferencia.

¿Caminos de recuperación? “Este momento requiere-dicen los Obispos- de una gran dosis de esperanza junto a acciones concretas”. Vuelven a subrayar lo indispensable de un canal humanitario, que el propio pueblo doliente debe exigir masivamente, al tiempo que señalan la contribución que está prestando la Iglesia junto a otras instituciones y organizaciones. Recalcan la necesidad de un “cambio de rumbo” debido al fracaso del Gobierno en su servicio a la nación; de un cronograma electoral y de condiciones positivas para las elecciones, según lo pedido también recientemente por el Papa Francisco; de la liberación de los centenares de presos políticos. Con respecto a diálogo y negociación, la Conferencia Episcopal  exige que deben darse “en condiciones distintas  de las que hasta ahora se han establecido”.

Despertar y reaccionar ya. Lo imponen un humanismo fundamental y un cristianismo básico. Y también normas constitucionales muy precisas (cfr. CRBV, Artículos 333 y 350), las cuales obligan a todos los ciudadanos, comenzando por los portadores de armas de la República.

¡DESPIERTA Y REACCIONA YA!



Lema de la segunda visita de san Juan Pablo II a Venezuela en 1996 fue: ¡Despierta y reacciona, es el momento! Los Obispos de Venezuela acaban de subrayar en su más reciente mensaje (12.1. 2018) que ese lema “resuena en esta hora aciaga de la vida nacional”.    

“Hora aciaga”. Es decir, infausta, desgraciada, infeliz. Momento triste, doloroso, insoportable. ¿Qué han hecho de Venezuela quienes detentan el poder con pretensiones totalitarias y de eternidad? Un país hambreado, enfermo, oprimido, aislado, improductivo, en vías de paralización, víctima de la inseguridad y el vandalismo, forzado a emigrar. Regido por una nomenklatura prepotente, cuya única preocupación perceptible es la conservación del poder por cualquier medio y con una ideología (socialista-comunista) teñida de narco-corrupción y culto sincrético, cuyos líderes pretenden también definir el credo y la  praxis cristianos.

El Episcopado ha vuelto a denunciar a la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) como inconstitucional e ilegítima y plantea otra vez la reestructuración del Consejo Nacional Electoral “para que cumpla con la imparcialidad que le pide la Constitución vigente”.

Los Obispos destacan en esta oportunidad que ante la suspensión del referéndum revocatorio, la creación de la ANC y las “dificultades de entendimiento cada vez más graves entre el gobierno y la oposición política, a falta de un punto de apoyo  común que se respete en la realidad, como debería ser la Constitución vigente”, el pueblo  debe asumir el ejercicio de “su poder originario”. Citan al respecto el Art. 71 de la Constitución, según el cual “Las materias de especial trascendencia nacional podrán ser sometidas a referendo consultivo” también a solicitud del diez por ciento del electorado; y precisan como materia actual de consulta que  el pueblo señale “el rumbo que quiere dar a la nación”. A propósito de rumbo, pocas líneas antes el mismo Episcopado ha recordado que la raíz de los problemas del país “está en la implantación de un proyecto político totalitario, empobrecedor, rentista y centralizado (léase Socialismo del Siglo XXI-Plan de la Patria) que el gobierno se empeña en mantener”.     

Los Obispos claman ante la debacle nacional: es el momento,  la hora.  Lo cual equivale a decir: “basta ya”, “es intolerable”, “se acabó el tiempo”. Se hace obligante y urgente ahora despertar, reaccionar –“levántate y anda” (cfr. Mc 2, 9)-, actuar como protagonistas de una tarea que nos desafía como humanos, creyentes, cristianos. Se trata de sacar al país del desastre y encaminarlo hacia una Venezuela deseable, hogar común de todos y para todos.

El criterio del Juicio Final que Jesús mismo establece según el evangelio de san Mateo (25,   31-46) debe aplicarse aquí: ayudar al prójimo (país) sometido a penurias de muy diverso tipo (hambre, enfermedad, prisión…) y  urgido de una conjugada y efectiva acción solidaria. El Señor dice que, según la respuesta, seremos objeto de bendición o maldición. No hay lugar para el conformismo, la pasividad y menos para la indiferencia.

¿Caminos de recuperación? “Este momento requiere-dicen los Obispos- de una gran dosis de esperanza junto a acciones concretas”. Vuelven a subrayar lo indispensable de un canal humanitario, que el propio pueblo doliente debe exigir masivamente, al tiempo que señalan la contribución que está prestando la Iglesia junto a otras instituciones y organizaciones. Recalcan la necesidad de un “cambio de rumbo” debido al fracaso del Gobierno en su servicio a la nación; de un cronograma electoral y de condiciones positivas para las elecciones, según lo pedido también recientemente por el Papa Francisco; de la liberación de los centenares de presos políticos. Con respecto a diálogo y negociación, la Conferencia Episcopal  exige que deben darse “en condiciones distintas  de las que hasta ahora se han establecido”.

Despertar y reaccionar ya. Lo imponen un humanismo fundamental y un cristianismo básico. Y también normas constitucionales muy precisas (cfr. CRBV, Artículos 333 y 350), las cuales obligan a todos los ciudadanos, comenzando por los portadores de armas de la República.

jueves, 4 de enero de 2018

IGLESIA ANTE URGENTE CAMBIO NACIONAL


La Conferencia Episcopal Venezolana tiene Asamblea Plenaria Ordinaria la próxima semana. Justo al inicio de un año crucial para el país, por el desastre global en que éste se encuentra sumido y, sobre todo, por la magnitud del cambio que se debe realizar.
Hace exactamente un año, al concluir su Asamblea, el Episcopado en su exhortación pastoral Jesucristo luz y camino para Venezuela (13.1.2017) planteó denuncias, reflexiones y propuestas a propósito de la situación nacional, la cuales, no sólo conservan actualidad, sino que aparecen hoy con muchísima mayor vigencia, gravedad y urgencia. En efecto, el país en 2017 aceleró su patente retroceso en los ámbitos económico, político y cultural. Sin alcanzar a matar, afortunadamente, las convicciones, anhelos y propósitos positivos de tantos compatriotas humanistas y creyentes. Y, por supuesto, sin poder cortar la asistencia de Dios, que es misericordia, sabiduría y amor.
A.-  He aquí lo básico de la referida exhortación. Los Obispos
l. Asumen el clamor popular “por un cambio de la orientación política del país que sea producto de la decisión del pueblo soberano (CRBV 5): o por el Socialismo del Siglo XXI, ausente de la Constitución, o el sistema democrático establecido en la Constitución”
2. Reafirman: “La causa fundamental” de la gravísima crisis nacional “es el empeño del Gobierno de imponer el sistema recogido en el Plan de la Patria (llamado Socialismo del Siglo XXI), a pesar de que el sistema socialista marxista ha fracasado en todos los países en que se ha instaurado, dejando una estela de color y pobreza”.
3. Destacan entre  las acciones para superar la crisis: “reactivar el aparato productivo, garantizar la vigencia del Estado de Derecho, reconstituir el tejido social fracturado, valorar la ética personal, familiar y comunitaria, fomentar la honestidad y la responsabilidad en la vida pública”.
4. Piden “Ante la desesperanza reinante, que paraliza la dinámica de toda buena y oportuna iniciativa (…) lograr puntos de encuentro que favorezcan la articulación de los diversos sectores en un proyecto común de país” a las  de agrupaciones políticas, confesiones religiosas, gremios y asociaciones, institutos educativos y medios de comunicación.
5. Reiteran ante el “infructuoso diálogo” cuyo “resultado fue decepcionante, a causa principalmente, del incumplimiento, por parte del Gobierno, de los acuerdos a que se había llegado en la reunión del 30 de octubre de 2016”, “las condiciones para continuar el diálogo señaladas por el Secretario de Estado Vaticano, el Cardenal Pietro  Parolín”, a saber: aliviar la crisis de abastecimiento, calendario electoral, reconocer la Asamblea Nacional, liberación de los presos políticos.
6. Urgen, a al Estado venezolano, ante la gravísima situación en materia alimentaria y de salud, a respuestas inmediatas y a la aceptación de ayuda internacional, al tiempo que  ponen a disposición la infraestructura organizativa de la Iglesia (Caritas y otros organismos), en colaboración con otras instituciones e iniciativas privadas.
7. Se invitan junto a los demás cristianos a ser sal de la tierra y luz del mundo (Mt 5, 13-14), a “anunciar al Dios de la vida y revertir la cultura de  muerte en cultura de vida”. Exhortan a todos  los venezolanos a “ser protagonistas del presente y del futuro de nuestro querido país” y no simples espectadores  frente al mal.
B.  A un año de distancia, añado ahora sólo un par de breves comentarios.
1. El cambio político que los Obispos plantean, implica un referéndum sobre el régimen-sistema “socialista”, que va más allá de una simple elección presidencial; exige reconstituir el Consejo Nacional Electoral, desmantelar la ilegítima Asamblea Nacional Constituyente y  asegurar las condiciones para la manifestación libre del soberano. También abre la puerta  a la convocatoria de una genuina Asamblea Constituyente.
2. Cobra particular urgencia el llamado a tomar medidas humanitarias ante el colapso alimentario y de salud de la población.

Con la ayuda de Dios hay que ir a  la causa principal de la crisis. No bastan arreglos cosméticos, ni paños calientes. Ni carnaval de perniles.