jueves, 5 de julio de 2018

RÉGIMEN DESEABLE Y OBLIGANTE



Tres actos del drama nacional (que no es tragedia a la griega, pues tiene futuro positivo por construir): inventario, lamentación, solución.

Primero: inventario de los factores del drama. No es difícil hacerlo. Lo sufrimos en carne viva, particularmente  por tres notables hipercarencias: nutrición, salud, seguridad.  ¿Causa fundamental?  La Conferencia Episcopal Venezolana la  ha identificado de modo claro: “el empeño del Gobierno de imponer el sistema totalitario recogido en el Plan de la Patria (llamado Socialismo del Siglo XXI)”. No cualquier socialismo  sino el “real”, comunista.

Segundo: lamentación, sufrimiento, dolor, rabia, protesta. Tres hechos  sobresalen  como emblemáticos: manifestaciones de calle con su cortejo de asesinados, consulta del 16 de Julio y  abstención del 20 de mayo. El despoblamiento del país por el éxodo forzado es síntesis  de esta segunda parte.

Tercero: solución.  A todos los venezolanos nos toca escribirla y  escenificarla cuanto antes: cambio de Régimen (no sólo de Presidente). Los Obispos  en su Exhortación  de enero  pasado lo precisaron: recuperación por parte del soberano de su poder originario, usurpado por el Gobierno.  Protagonizar este “cambio de rumbo” del país es el ineludible e  imperativo y se nos plantea  con urgencia a todos los venezolanos. A todos,  con peculiar énfasis al  liderazgo de los  sectores e instituciones de la sociedad civil  y al  de las organizaciones  político-partidistas.  Es un deber religioso (respetar la dignidad de los hijos de Dios), moral (acatar   los derechos humanos fundamentales) y constitucional (obedecer a la Carta Magna, CRBV 2, 5, 333, 350…) ¿Medios y modos? Los más eficaces y menos onerosos para la ciudadanía.      

 ¿Cuál debe ser el horizonte de acción en este tercer acto del drama? A continuación retomo un “decálogo” de  líneas y orientaciones fundamentales a este propósito, que obviamente han de concretarse en planes y programas concretos. El nuevo Régimen debe:

1.       Priorizar la urgente atención humanitaria y garantizar la alimentación, la salud  y la seguridad básicas de la población (CRBV 43-55.83.86).

  1. Restablecer el estado de derecho y para ello una verdadera independencia de poderes (CRBV 136).
  2. Establecer políticas económicas que promuevan  la producción y el libre emprendimiento  con amplia participación, responsabilidad social y  solidaridad; y en esta misma línea, favorecer la libre asociación de los trabajadores (CRBV 112).
  3. Actuar una política petrolera-minera  eficiente, orientada  a la superación del modelo rentista y  a la diversificación de la economía, cuidando con esmero del ambiente (CRBV 127).
  4. Garantizar el pleno ejercicio del pluralismo democrático (CRBV 2.6).
  5. Promover una educación de calidad humana y científico-técnica, ajustándose a las necesidades del país y al pluralismo cultural, contando con los diversos actores educativos y atendiendo debidamente a los docentes (CRBV 102-104).
  6. Garantizar la libertad de información y comunicación en perspectiva de responsabilidad social , así como convertir los medios  del Estado en genuino servicio público, con administración especial y apertura pluralista (CRBV 6.57-58).
  7. Actuar la descentralización, regionalización y municipalización del poder público, propiciando la mayor participación ciudadana y la subsidiaridad (CRBV 4.6).
  8. Restablecer la Fuerza Armada como institución sin militancia política  al servicio de la nación según lo establecido por  la Constitución (CRBV 328.330).
  9. Promover la elevación moral y espiritual de los venezolanos  retomando la educación moral y cívica, así como abriendo de nuevo espacio a la  educación religiosa escolar  (CRBV 59).
Al tocar lo correspondiente al Gobierno  y a los derechos de la gente  hay que insistir simultáneamente en los deberes ciudadanos. Exigir exigiéndose, pues no carece totalmente de fundamento la afirmación de que cada pueblo tiene el gobierno que se merece.  El Régimen deseable y obligante ha de ser obra de todos. Y con urgencia.





jueves, 21 de junio de 2018

MAL Y MALIGNIDAD



Hay una marcada diferencia entre hacer el mal y actuar malignamente. O lo que es lo mismo: entre maldad y malignidad.

Algunos ejemplos puede ser ilustrativos: un empleado comete ocasionalmente una estafa. Es una acción mala. El  asaltante de una casa tortura a  miembros de la familia para saber dónde ésta guarda el dinero. Es una malignidad. Un gobierno manda a la policía a disolver una manifestación pacífica a planazos y con gases lacrimógenos. Hace mal. El mismo  gobierno encarcela sistemáticamente a  opositores, los veja  y maltrata para amedrentar toda disidencia. Es malignidad. Un régimen descuida el sistema de salud causando de tal modo gravedades y muertes, así como por erradas políticas económicas dificulta la producción de alimentos generando  escasez y carestía de los mismos. Hace mal. El mismo régimen para atornillarse en el poder impide la ayuda humanitaria, y para mantener sumisa a la población partidiza la distribución de alimentos. Procede malignamente.

Una cosa es hacer el mal y otra muy distinta regodearse en hacerlo (perversidad).
 Para hacer el mal basta abrir la puerta a la pasión o la irracionalidad, a una espontaneidad irresponsable. La malignidad implica planificación y poner en funcionamiento integrado inteligencia, habilidades y medios aptos; se tiene entonces una opacidad de la conciencia, que obstaculiza el reconocimiento de lo malo y, consiguientemente, una conversión. Algo parecido a lo que Jesús advierte  acerca de los pecados contra el Espíritu Santo (Mateo 12, 31).

En su exhortación de enero pasado, el Episcopado venezolano afirmó lo siguiente: “Las políticas del gobierno han llevado a los ciudadanos a una gran dependencia de los organismos del Estado (…) Las medidas que el gobierno implementa para dar  alimento al pueblo son insuficientes y tienden a crear mendicidad y mayor dependencia. Por otra parte, las políticas sociales y económicas están infectadas del morbo de la corrupción (…)  han dado como resultado aumento de la pobreza, desempleo, carencia de bienes básicos, descontento y desesperanza general”.

El país, enfermo, se está muriendo no simplemente porque lo traten mal, sino porque lo   maltratan con malignidad. Ello  obliga moralmente y con urgencia a un cambio de tratante y de tratamiento.
El régimen actual está procediendo malignamente de manera sistemática; en efecto:
-niega a los venezolanos recibir ayuda humanitaria que  muchos países  están ofreciendo e impide a Caritas Venezolana distribuir gratuitamente medicinas donadas por múltiples  organizaciones internacionales;
-conduce la población a la miseria con su política de estatización en el marco de un proyecto totalitario; causa también  la muerte de numerosos compatriotas por la culpable  escasez-carestía de  medicamentos y el abandono de  servicios de salud,
-genera el despoblamiento del país con los millones de venezolanos obligados a emigrar por el empobrecimiento masivo generado por el gobierno y sus prácticas opresivas;
-impide el libre ejercicio de los partidos políticos de oposición y encarcela injustamente a quienes disienten de la línea oficial dictatorial; igualmente mantiene un sistema carcelario con normas injustas, hacinamiento inhumano y aplicación regular de torturas:
-somete al Poder Judicial, a los órganos del Poder Ciudadano  y al Consejo Nacional Electoral  al diktat de las determinaciones del Ejecutivo.     
-viola mediante la hegemonía ideológico-política de los medios del Estado y el control indebido de los no oficiales el derecho fundamental  ciudadano a  la  libre comunicación;
-provoca un ambiente de inseguridad y violencia nacional por el mantenimiento de grupos armados oficialistas y la actuación arbitraria de los cuerpos de seguridad.
El inventario podría, desgraciadamente, continuar. No debe, sin embargo desalentar. Los venezolanos superaremos esta gravísima crisis, con la unión activa de la sociedad civil y las agrupaciones político-partidistas; el estimulante recuerdo de experiencias democráticas; la convicción de que el futuro pertenece a la justicia y la libertad. Y, sobre todo, con  la fe en Dios Padre Todopoderoso.


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sábado, 9 de junio de 2018

PARA SALIR DEL DESASTRE




Que estamos en un desastre, es tan  evidente como sufrido; por ello no requiere mucha argumentación probatoria. Baste pensar en el empobrecimiento de la gran mayoría de los venezolanos y el cierre de la tenaza totalitaria tan  acelerados.

¿Por qué ha llegado  Venezuela a este desastre? Es pregunta frecuente en el extranjero ante el colapso de un país que ha contado con  ingentes recursos en múltiples  campos y no ha experimentado en este siglo guerras civiles o con otros,  como tampoco epidemias graves  o  catástrofes naturales de alcance nacional.

Individuar fallas es fácil, identificar  causas no tanto, pero es tarea indispensable para la búsqueda de soluciones. Ahora bien,  con respecto a la gravísima crisis  nacional la Conferencia Episcopal Venezolana ha sido clara  y repetitiva en precisar como causa generadora principal: el propósito del actual Régimen de imponer al país un sistema socialista-hacia-el-comunismo, no sólo moralmente ilegítimo e inconstitucional, sino también históricamente fracasado. La superación del desastre nacional pasa entonces, ineludiblemente, por   la substitución de dicho Régimen para el establecimiento de otro, de signo humanista, democrático, pacífico, solidario y productivo. Nuestra Constitución, particularmente en su Preámbulo y Principios, señala el camino hacia una República que sea “casa común” acogedora y grata para los venezolanos

Ahora bien, edificar de esa “casa común” exige un serio trabajo en los varios campos de la convivencia social: económico, político y ético-espiritual. Para lograr así: una economía productiva y solidaria; una política orientada hacia la libertad responsable y el pluralismo participativo; una ciudadanía de calidad moral y espiritual. Y, por supuesto, un relacionamiento ecológico que garantice sustentabilidad.  

¿Por qué Venezuela ha llegado al presente desastre? Los creyentes utilizamos la categoría “pecado”, de orden típicamente moral-religiosa, la cual, por tanto, no aparece en las ciencias físicas y semejantes, como tampoco en las sociales. El pecado es abuso egoísta de la libertad, que descalabra a la persona, rompe la sana convivencia y enemista  con Dios. Ya desde el Génesis la Biblia habla del pecado y sus consecuencias individuales y comunitarias. Es la raíz de los males humanos. Pensemos, para no ir más lejos, en los efectos sociales de los llamados “pecados capitales”: de la avaricia e insolidaridad en la economía, de la soberbia y envidia en la política, de la deshonestidad y superficialidad en la  cultura.

Cuando Bolívar subrayó moral y  luces como primeras necesidades,  no andaba descarriado. Apuntaba al más específico y positivo horizonte del ser humano: una inteligencia nutrida y desarrollada junto a una voluntad libre dirigida hacia el bien. Sin gente responsable, honrada, justa, solidaria, de rectitud ética y altura espiritual no se puede pensar en una genuina “nueva sociedad”. Por cierto sobre “hombre nuevo” leemos en  la Carta de san Pablo a los Efesios (4,24-32) algunas características y exigencias  válidas no sólo para los cristianos.

El país urge ciertamente un cambio rápido de Régimen, para poder superar la gravísima crisis. Pero no bastan los cambios estructurales. La economía, la política y la cultura, no se hacen solas, con instrumental puramente  científico o técnico. Son obra del ser humano, que les da su sentido y finalidad, ya encaminándolas hacia el bien, ya, desgraciadamente, hacia  el mal. Al desastre, sembrado desde antes del ´99, no se ha llegado simplemente por conocimientos deficientes o procedimientos técnicamente inapropiados, sino, principalmente, por corruptelas y vicios que han deteriorado el espíritu de personas y grupos sociales.
Ya en la tragedia griega se expresó algo como: ¿Qué son las torres y los navíos si no hay hombres en ellos? Para salir del desastre se impone un cambio estructural (sistemas y procedimientos), pero acompañado de una “conversión” ético-espiritual de los venezolanos, especialmente de quienes tienen funciones de conducción.


jueves, 24 de mayo de 2018

¿QUÉ ORDENAS, PUEBLO SOBERANO?


Acusación grave de los Obispos en documento de su Asamblea de enero pasado: “el Gobierno usurpó al pueblo su poder originario”. Esto nos recuerda el artículo 5 de la Constitución: “La soberanía reside intransferiblemente en el pueblo (…) Los órganos del Estado emanan de la soberanía popular y a ella están sometidos”. Es un primer principio político de las sociedades democráticas y pilar fundamental del estado de derecho.

El soberano (ciudadanía, comunidad política en su sentido más englobante)  tiene en un país  el poder originario supremo, constituyente y supra constitucional, generador, que permanece  tal  a través y en medio de las delegaciones y  formas  de ejercicio que quiera establecer. El soberano es, por tanto, la referencia última e  inapelable en la estructuración y  manejo de la polis.

Expuse lo anterior en este mismo diario el pasado 18 de marzo. La denuncia de los Obispos  se refería en ese momento a la “la suspensión del referéndum revocatorio y la creación de la Asamblea Nacional Constituyente” y agregaban: “Los resultados los está padeciendo el mismo pueblo que ve empeorar día tras día su situación. No habrá solución de los problemas del país hasta tanto el pueblo no recupere totalmente el ejercicio de su poder”. Y señalaban como ejemplo de solución la consulta prevista en el Artículo 71 de nuestra Constitución.

La referida denuncia debe aplicarse ahora a las  votaciones (no elecciones) presidenciales del 20 Mayo (a las cuales se han añadido otras para pasarlas por debajo de la mesa) fraudulentamente adelantadas y realizadas. Esto agrava la crisis nacional y evidencia el propósito del Régimen, que no es salir  del  desastre del país, sino  radicalizar  el poder  de la actual Dictadura Militar Comunista.  La instrumentación de esa burla al soberano estuvo a cargo del Consejo Nacional Electoral del PSUV, con la activa participación del Alto Mando de la Fuerza Armada,  convertida en  el sostén clave, por no decir único, del Régimen.

Interés de éste no era que hubiese elecciones, sino asegurarse una cantidad de  votos para enmascarar lo ilegítimo y dar forma jurídica a lo anticonstitucional. Cabe repetir: no es lo mismo votar que elegir. Votar es, en sí, un acto simplemente producido por un ser humano (actus hominis), como son las piruetas de un sonámbulo, las agresiones de un demente, la confesión bajo tortura o el voto forzado  por  amenaza. Elegir es algo distinto: una opción hecha en  libertad, don primerísimo otorgado por Dios al ser humano  y, por consiguiente, un acto personal (actus humanus). El obrar con libertad responsable es un derecho inseparable de la dignidad de la persona humana, creada por Dios a su imagen y semejanza; de allí lo bueno del sistema democrático, que “asegura la participación de los ciudadanos en la opciones políticas y garantiza a los gobernados la posibilidad de elegir y controlar a  sus propios gobernantes, o bien de sustituirlos oportunamente de manera pacífica” (Juan Pablo II en la encíclica Centesimus Annus, 46 ).
El pueblo de Venezuela, con su notable abstención y los votos en contra de la reelección, no se reconoce en la votación del 20 Mayo. Urge, por tanto, que el  soberano recobre el ejercicio de su poder y ordene  según el  Artículo 71 de la CRBV qué  hacer en concreto  para que no se siga destruyendo al país, sino que se lo enrumbe hacia una convivencia democrática, pluralista, solidaria  y productiva. Me adhiero a la propuesta de que se organice en tal sentido una inmediata y genuina consulta (referendo) al soberano, asegurando su autenticidad y el respeto a sus resultados. Corresponde a organizaciones de la sociedad civil y  partidos políticos precisar el modus operandi, que ha de incluir un efectivo respaldo de los organismos internacionales como la OEA y la ONU. Preguntas ineludibles al soberano en esa consulta: 1) ¿Acepta la imposición del socialismo comunista? 2) ¿Ordena la inmediata implementación de una ayuda humanitaria?      

Urge, por tanto, la unión de la sociedad civil y los partidos políticos hacia un gran movimiento para la liberación, la paz y el progreso de nuestra Venezuela.
¿Qué ordenas, pueblo soberano, para salir de la actual debacle nacional?

jueves, 10 de mayo de 2018

AMAESTRAMIENTO DEL VENEZOLANO




No hay nada más peligroso que enseñar a la gente a pensar con la propia cabeza. Es algo que me gusta repetir sobre todo en tiempos como el presente venezolano, en que se  está imponiendo un régimen de sumisión.

Amaestramiento es un término que tiene como sinónimo amansamiento. Es lo que se hace con caballos indómitos para convertirlos  en animales domésticos. En estos menesteres se procede eficazmente a través de reflejos condicionados, es decir con respuestas provocadas por procesos de condicionamiento. Iván Petrovich Pavlov es bastante conocido por sus investigaciones en este campo. El amaestramiento produce resultados admirables en animales, lo cual se puede comprobar fácilmente en los circos.

Hay regímenes que para alcanzar sus fines de dominación se convierten en expertos domesticadores. Con el uso de la razón y una voluntad perversamente orientada logran amansar individuos y pueblos, convirtiéndolos en siervos sumisos. Para ello aprovechan los progresos de la ciencia y la tecnología.
En las antípodas del amaestramiento se ubica la educación (que no es mera información), la cual busca perfeccionar el conocimiento, pero, sobre todo, la elevación ética y espiritual de las personas. La educación es herramienta privilegiada de desarrollo cultural, de humanización. Educación viene del latín educo,  que significa, ya hacer crecer, alimentar, ya también  sacar, hacer salir. En este  último sentido se ubicaría la denominada mayéutica socrática, la cual busca ayudar a que el espíritu del otro dé a luz la solución a la cuestión propuesta. El educador actuaría como un partero; o como el escultor, que no introduce la forma en el mármol, sino que actúa para que del mármol emerjan figuras, como  Los  Prisioneros de Miguel Ángel. La educación no impone; ayuda  a que el otro, ser inteligente, libre y social, crezca integralmente. La educación convoca a la inteligencia y  la voluntad, asumiendo también el sentido, para el desarrollo de la persona desde ella misma.
Instrumento privilegiado de los sistemas totalitarios para el amaestramiento de las personas y las comunidades es la hegemonía comunicacional. Con ésta se busca uniformar el pensamiento de los ciudadanos, lograr un pensamiento único  que refleje el diktat del Jefe (Fuhrer, Duce, Líder, Presidente…). A través del control directo, de la autocensura y otros procedimientos se informa y forma con miras a que la gente se amolde a la ideología y praxis del régimen. La hegemonía comunicacional (a través del control, entre otros, de los “medios de comunicación” e institutos educativos) va acompañada del monopolio económico, de la acción policíaca de cárcel y tortura, así como de una política de amedrentamiento (temor y terror).

El proyecto oficial del Socialismo del Siglo XXI va en esta dirección de amaestramiento del pueblo venezolano. Se pretende modelar a éste según los postulados del socialismo comunista. De allí, entre otros, el cerco a las universidades autónomas y las innumerables e interminables cadenas presidenciales. Se intenta que el “síndrome de Estocolmo” contagie a toda la ciudadanía para tener un rebaño bien domesticado.

Felizmente –y es motivo de esperanza- el ser humano ha sido creado por Dios como sujeto consciente, libre y dialogal. Esto hace que ninguna fuerza humana pueda extinguir definitivamente el libre albedrío y el pluralismo en la convivencia. Un régimen dictatorial o totalitario puede imponerse un tiempo y otro tiempo más, pero la historia es, por fortuna, inclemente, pues los muros tarde o temprano se desploman. La URSS copó casi un siglo pero no existe más; y el  castro comunismo tiene su duración contada y la tapa de la olla de presión terminará por levantarse.
No hay que ilusionarse, sin embargo, con la idea de que el cambio de régimen asegurará automáticamente una genuina educación. Ésta constituye un desafío permanente, también en las democracias, hacia una cultura de vida, solidaridad, paz y crecimiento ético y espiritual.

jueves, 26 de abril de 2018

CRIMEN DE LESA HUMANIDAD




Siguiendo patrones reconocidos como el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional y exigencias básicas del ser humano, no cabe duda de que el Régimen imperante en Venezuela comete un crimen de lesa humanidad al sojuzgar le libre comunicación de los ciudadanos.

Antonio Pasquali dice que  el derecho a la comunicación  “pertenece al grupo de derechos humanos primigenios y orgánicos” (18 ensayos sobre comunicaciones, 45). Para tan distinguido investigador del fenómeno de la comunicación ésta no se restringe al campo de los medios de comunicación antiguos o novísimos, sino que  constituye un hecho que trasciende lo instrumental y lo sectorial. No se reduce, por tanto, a lo que cubren ciertos reclamos como el de “libertad de expresión” y “derecho a la información”. La comunicación es algo más y sobre esto sirvan las siguientes reflexiones.

El término comunicación en su más amplia y verdadera extensión es algo que va allá de lo que ordinariamente se entiende por comunicación social (expresión, por cierto, tautológica porque toda comunicación es social), es decir,  la que se teje con determinados instrumentos como la prensa o las redes. Tiene, en efecto, un sentido englobante del relacionamiento humano. Toca la estructura misma de la persona, que es ser-para-los-demás-,  relación, lo que justifica   la afirmación de que “vivir es comunicarse”.

En este sentido Pasquali llega a manifestar lo siguiente: “disponemos de un sólido asidero gnoseológico para asumir que todo lo humano puede e incluso debiera ser pensado, inter alia, en clave comunicacional” (Comunicación mundo, 7). Advierte, sin embargo, que esta lectura  relacional del espíritu y de la praxis humana está apenas en sus albores. La cultura  -particularmente en estos tiempos de cambio epocal- ha de ser interpretada desde el ángulo conceptual de la comunicación. Cultura es comunicación.
Lo anterior no debe sonar extraño a oídos acostumbrados a la identificación aristotélica del hombre como “animal político” (constituido para vivir y convivir en polis, ciudad) traducible fácilmente en “ser social”. Del Concilio Vaticano II es la siguiente reflexión antropológica: “la índole social del hombre demuestra que el desarrollo de la persona humana y el crecimiento de la propia sociedad están mutuamente condicionados” de modo que el ser  humano, “por su misma naturaleza, tiene absoluta necesidad de la vida social” (GS 25).

A los creyentes lo social y comunicacional les resulta familiar pues consideran al ser humano como creado a imagen y semejanza de un Dios que es relación interpersonal, comunicación, amor (Trinidad). La comunicación no es, algo adjetivo, añadido, accidental, sino que entra en lo estructural mismo de la persona. La comunicación teje así la sociedad, edifica la cultura, construye la ciudad, las cuales tienen como ámbitos o campos entrelazados lo económico, lo político y lo ético-espiritual (o ético-cultural).
Se entiende así por qué están íntimamente unidos el derecho a la comunicación y el derecho a la vida reconocido éste en el artículo 3 de la Declaración Universal de  Derechos Humanos. Otros artículos de la misma, como los del 17 al 19, explicitan otros derechos (de religión, opinión, expresión, reunión), que implican o son comunicación

Los regímenes totalitarios,  como el que pretende instaurar el SSXXI en Venezuela, buscan la hegemonía comunicacional de una sociedad o un país; se proponen subyugar los MCS viejos y nuevos, pero también monopolizar todo lo referente al comunicarse integral (relacionamiento religioso, proceso educativo, agrupación profesional y política, intercambio académico, expresión artística, etc.).  Por eso son regímenes anti-vida y sus procedimientos calificables como crímenes de lesa humanidad. Aplastar la libre comunicación de  un pueblo, integrado por seres humanos creados para convivir en  libertad, es violación masiva de su derecho a la vida.
Comunicarse es vivir. Derecho a la comunicación es derecho a la vida.

jueves, 12 de abril de 2018

FE Y POLÍTICA



La antipolítica tiene sus tiempos favorables y sus activos defensores. Los años 90´ venezolanos le fueron  propicios, y entonces, pero también hora, ha contado con decididos propulsores. Actuaciones de líderes políticos han alimentado el fuego.

Se suele citar una frase de Louis Mc Henry Howe, dicha en la  Universidad de Columbia, por los años 30 siglo pasado: “Nadie puede adoptar la política como profesión y seguir siendo honrado”. Felizmente estamos celebrando el centenario del nacimiento de Arístides Calvani (19. 1. 1918), cuya existencia y labor constituyen una poderosa refutación de dicha sentencia. El entendió y practicó la política como una tarea noble,  servicio de amor al prójimo, testimonio evangelizador y camino de santidad. Cristiano  existencial y operativamente en su vida familiar y social,  su participación eclesial y su praxis política.

Hay una sentencia  de origen aristotélico, aplicable, por cierto, a varios campos. En latín suena  así: si non est philosophandum, philosophandum est, es decir ¿No hay que filosofar? ¡Eso ya es filosofar (en efecto,  fijar fronteras últimas al conocimiento humano es tarea propia de la filosofía). Aplíquese esto a la ética y  la política. Negarlas o anatematizarlas implica aceptarlas (la amoralidad y la antipolítica son  moralidad y política al revés). En cuanto a la política, ésta se ocupa de la organización de la convivencia dentro de un Estado de Derecho, roles y límites del Estado y del sector privado, normas que garanticen, entre otros, los derechos humanos. A la política se  la maneja bien o mal, pero, en todo caso, se tiene que manejar. Se manejará con capacidad, honradez, espíritu de servicio. O como  simple mercado, show y circo. La apoliticidad es un hacer política por otras vías.

 “Animal político”, así definió Aristóteles al ser humano. Se tiene que reconocer entonces la necesidad e inevitabilidad de la política. El ser humano debe formarse, por consiguiente para actuar en ella  como Dios quiere.

Las anteriores consideraciones permiten abordar sobre terreno firme la relación Iglesia y política, cristianos y política, fe y política, así como otras cuestiones relacionadas.
Hay dos enseñanzas bíblicas sumamente iluminadoras en esta materia, que el evangelista Mateo pone en boca de Jesús mismo: a) el relato del Juicio Final ((25, 31-46), donde establece como criterio de juicio/condenación la solidaridad fraterna;  y b) lo que dice en su Sermón de la Montaña sobre la relación culto-vida: “Si, pues, al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelve y presentas  tu ofrenda” (Mt 5, 23-24). Todo esto coincide con lo que dice Juan en su Primera Carta: “quien no ama   a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve” (1 Jn 4, 20). “Por el amor seremos juzgados” solía decir Madre Teresa. Dios y prójimo están inseparablemente unidos. Esto no quiere decir relegar o rebajar a Dios, sino saberlo ubica bien. adorándolo y sirviéndolo en el prójimo. No se minusvalora religión y culto, pero sí se los relativizar respecto del bien del prójimo.

 El Presidente de la República dijo hace poco que se debía evitar meter la política en el discurso de la Semana Santa. Eso está en la línea de los que desean una religión-sacristía, una fe intimista, un culto espectáculo, un evangelio alienante, una Iglesia extraterrestre.

Claro, es preciso distinguir tres acepciones de “política”: l. lo concerniente al bien de la “polis” como son, por ejemplo, los derechos humanos, en lo cual la Iglesia toda debe comprometerse; 2. el ejercicio del poder  y 3. la política partidista, que no le  competen a la  jerarquía eclesiástica, aunque respecto de los cuales sí debe decir una palabra moral y religiosa cuando sea necesario.
No olvidemos, sin embargo que los miembros de la Iglesia  son en su casi totalidad laicos. Y éstos sí deben asumir su responsabilidad en lo político en 1. 2. y 3, buscando inculturar allí los valores humano-cristianos del evangelio.   

La mala política nos ha llevado al desastre. Una buena política recuperará este país y lo llevará adelante. Ciertamente un desafío, especialmente para los laicos católicos.