viernes, 6 de diciembre de 2019

CORRUPCIÓN CREATIVA



La biografía de la corrupción ofrece un material abundante, pues cubre toda la historia de la humanidad, dado que ésta es pecadora desde el inicio, como leemos en el libro del Génesis. Y si la corrupción es amplia en su extensión, es de una gran riqueza en comprensión. En su vasto escenario se despliegan de modo impresionante la inteligencia, la imaginación, la creatividad y la innovación humanas.

La corrupción, fenómeno multiforme, se ejemplifica en el trueque que hizo la dirigencia sacerdotal de Israel con el apóstol Judas:  un inocente profeta galileo por treinta monedas contantes y sonantes. Jesús, que vino a salvarnos del mal uso de la libertad y comunicarnos vida nueva, sufrió en su persona las consecuencias de uno de los primeros pecados capitales, la   avaricia. En los libros del Antiguo Testamento encontramos casos patentes de trampas -aun en los patriarcas Abraham y Jacob- al igual que una repetitiva condena de faltas morales como sobornos, balanzas fraudulentas y falsos testimonios.

El pecado no es, por cierto, un tema que aparece en los libros de economía y política, como tampoco en los de tecnología, ya que no son su lugar propio, pero sí se manifiesta muy activo en quienes administran bienes, manejan la res pública y utilizan los maravillosos inventos comunicacionales.
La corrupción administrativa y política está hoy sobre el tapete de la actualidad nacional. Pero ¿Cuándo no lo ha estado? Antes de hacer memoria resulta pertinente, sin embargo, reflexionar acerca de la admonición del Señor Jesús a los acusadores de una mujer sorprendida en flagrancia: “Aquél de ustedes que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra” (Jn 8, 7).

Los Obispos de Venezuela en 1904 -por entonces eran sólo una media docena- en una Instrucción Pastoral dirigida al clero y demás fieles del país, dicen en el capítulo titulado “De la obligación de extirpar los vicios” algo que parece escrito en estos finales de 2019: “De semejante perturbación del criterio moral proceden los fraudes y latrocinios y otros horrendos crímenes contra la justicia que mancillan las conciencias y llevan la miseria a infinitos hogares” (No. 667). 

Abuso del lector citando in extenso lo que denunciaron entonces los Obispos porque nos debe servir para la urgente reconstrucción nacional: “Lamentamos aquí el robo no sólo en una forma ordinaria y vulgar (…) sino muy particularmente en la forma que llamaríamos decente si pudiera caberle tal epíteto a tan fea iniquidad. Nos referimos, en efecto, a ese género de fraude ya tan generalizado que consiste en apropiarse con harta facilidad lo ajeno por medio de ganancias exageradas en negociaciones ilícitas: nos referimos a la lepra del peculado, que corroe todo el organismo nacional, siendo ya principio aceptado por la casi universalidad de los criterios que defraudar el erario público no es pecado; por lo cual ya nadie se contenta con los proventos legítimos de su empleo, sino que cada uno se sirve del suyo para aumentar por medios reprobables sus recursos y fortuna, o para dilapidar mayores sumas de dinero en las exigencia del lujo y la satisfacción de todos los apetitos de la sensualidad: nos referimos a los contratos escandalosos (…) ya casi no se conceptúa como robo sino la obra brutal y grosera del ratero o del salteador, mientras el campo vastísimo de las otras especies de latrocinio, de donde proviene el mayor desequilibrio moral y material de los pueblos, está completamente abierto a la humana codicia (…) no hay remisión posible para los pecados de que tratamos si a la penitencia no se agrega la restitución”(Instrucción  667). No sobra subrayar que la corrupción se da tanto en lo público y como en lo privado.

Para reconstruir el país no basta el cambio de dirección política. Se requiere, junto a medidas contraloras y judiciales efectivas, un cambio moral y cultural. La corrupción ha penetrado hasta los tuétanos. Se roba desde las alcabalas de guardias y policías, hasta los altos mandos de las empresas, pasando por notarías, alcaldías y servicios públicos. Por eso la Venezuela de las mayores reservas petroleras del mundo está en lo   que en criollo llamamos “la carraplana”. Pero ¡ánimo!, saldremos adelante con nuestro esfuerzo y el favor de Dios.

       



viernes, 22 de noviembre de 2019

ECOLOGÍA INTEGRAL




Lo ecológico está sobre el tapete de la actualidad. Por su propia positividad, pero también y, sobre todo, por las amenazas y los daños que sufre. Es más antiguo que el ser humano, quien sólo recientemente ha venido tomando viva conciencia de su estrecha interrelación y mutua dependencia.
La reunión internacional (sínodo) de obispos celebrada hace pocos días (6-27 octubre) en Roma sobre la Amazonía ha sido expresión patente de que la suerte del ser humano en el planeta no puede pensarse abstrayendo de la referida vinculación.
La reunión de Roma ha asumido con alegría y esperanza un nuevo paradigma: “la ecología integral, el cuidado de la casa común y la defensa de la Amazonía”, según leemos en su Documento Final. Éste recoge y concreta la preocupación del Papa Francisco, expuesta en su encíclica Laudato Si´ (24 mayo 2015).
El Papa introduce el término ecología integral, que amplía la comprensión del vocablo ambiente y permite profundizar en la definición del hombre como ser en el mundo. La etimología nos ayuda a entender mejor el tema. Ecología proviene de dos substantivos griegos, a saber: oikos, que significa casa, habitación, y logos, que entre sus muchas traducciones registra las de palabra, razón, explicación. Eso de casa nos suena a hogar, ámbito familiar, lugar de encuentro y vida. De aquí el dañino error de interpretar ese oikos como una naturaleza extraña a nosotros y objeto de pura y simple utilización pragmática, o de escueta explotación crematística en la línea de un paradigma tecnocrático.
La integralidad de lo ecológico subraya la intrínseca relación entre ecología y justicia social, entre cuidado de la naturaleza y solidaridad humana, especialmente con los más necesitados. En lo ambiental se integra así lo relativo a los derechos (deberes) humanos, a la construcción de una convivencia amigable y de una nueva sociedad fraterna, que propicie el “buen vivir” de toda la comunidad humana. La praxis ecológica no sólo ha de evitar la devastación forestal y la contaminación del aire, sino también una planificación urbanística deshumanizante y la concepción de la ciudad como simple escenario físico aceptable. Se tiene que combatir la degradación ambiental y la destrucción de la naturaleza, sí, pero, sobre todo, de modo positivo, posibilitar un entorno que favorezca el desarrollo cultural (comunicacional, educativo, ético, espiritual) de los animales racionales.
Si el ser humano trata bien la naturaleza, ésta se portará del mismo modo con él. Tal es la voluntad de Dios creador. La mala conducta ecológica va contra el querer divino. Por ello se comienza a usar en la Iglesia el término “pecado ecológico” ¿Quién no advierte entonces la inmoralidad de empresas como el Arco Minero y la tranquila aceptación de vecindarios urbanos inhóspitos y violentos, que impiden una digna con-vivencia.
En perspectiva cristiana se plantea, consiguientemente, la necesidad de una “conversión ecológica”, es decir, de un cambio profundo en la interpretación de lo ambiental, incluyendo a éste entre los quehaceres de la misión de la Iglesia (evangelización), unido estrechamente a lo social. Habrá entonces que constituir servicios pastorales ambientales en las comunidades eclesiales grandes y pequeñas, así como se tienen los de catequesis y liturgia. 
Para los cristianos el Dios -que es uno y único- no es una individualidad solitaria, sino Trinidad, tejido relacional, comunión. Creó a los seres humanos, a su imagen y semejanza (sociales), para que formen fraternidad y entren en comunión con Él.  Y a la humanidad la tejió en un hábitat, que es ya un conjunto de interrelaciones, para constituir así una “comunión universal”. El Papa Francisco ha inventado este término -ampliando el significado de comunión, de por sí restringida a lo personal- para calificar la íntima unión Dios Unitrino-hombre-naturaleza. Esto revela que la Trinidad no se queda en dogma abstracto, sino que es realidad iluminadora del hermoso sentido de toda la creación.
Una nueva sociedad se hace impensable sin el cultivo de una ecología integral, para lo cual resulta   imprescindible una conversión ecológica.

      



  

viernes, 8 de noviembre de 2019

LA VENEZUELA DE CIDIOS




En los dos últimos siglos la humanidad ha experimentado varias especies de cidio. Dolorosa continuación de una serie iniciada al inicio mismo de la historia con el fratricidio cometido por Caín (Génesis 4). El sufijo cidio se entronca en el verbo latino occido u obcido, que significa golpear fuertemente, atormentar, matar. Así lo que se está haciendo hoy en el Arco Minero de nuestra Guayana es un brutal ecocidio.

Un cidio, que trágicamente se ha reeditado en nuestro tiempo es el genocidio. Este término incorpora otro también latino, genus, que se traduce por género, familia, con particular referencia a lo humano. Genocidio es, según el Diccionario de la Real Academia Española: “Exterminio o eliminación sistemática de un grupo social por motivos de raza, de religión o de política”.  El comienzo del siglo XX, caracterizado por el gran salto científico-tecnológico, registró algo, que manifiesta la marcha desigual entre el progreso del saber-saber hacer y el ético-cultural de la humanidad: el genocidio armenio. Éste fue copiado y ampliado por otras matanzas, entre las cuales sobresalen las de los nazis (pensemos en el Holocausto) y los comunistas (hambruna ucraniana, gulags y revolución cultural china).

Los genocidios, satisfagan o no las precisiones de su definición legal internacional, se distinguen por el volumen masivo de muertes y sacrificios humanos, así como por su sistematicidad y culpabilidad.  Comprenden así también las multitudinarias migraciones forzadas, el causar intencional o irresponsablemente el hambre y las enfermedades de un pueblo, al igual que el actuar una opresión generalizada acompañada no sólo de encarcelamientos injustos sino también de torturas.

Si las cosas son así, resulta evidente el carácter genocida del Régimen del Socialismo Siglo XXI, que se viene agravando en todo el transcurrir de este siglo y este milenio. Expresión patente de esa política genocida es el creciente éxodo forzado de la población, que está alcanzando ya la quinta parte de los venezolanos. Ante esto, más que formular una denuncia en organismos internacionales, se impone un elevar un grito que conmueva los oídos de los humanos de todo el planeta ¿Qué pasaría si esto sucediese, por ejemplo, en Argentina o España, en Suecia o Francia?

Los venezolanos que tengamos en el corazón un mínimo de humanidad debemos unir fuerzas para superar esta tragedia nacional y encaminar el país hacia una convivencia digna de hijos de Dios y de seres humanos. No podemos esperar a que de nuestro país quede un cuerpo esquelético y una nación descerebrada. Ante una catástrofe de estas dimensiones no nos paralicemos en diferencias tribales, en cenáculos de turbias negociaciones, ni en suicidas cálculos partidistas. Quienes están en el ámbito oficialista, por cualesquiera motivos, entiendan que Dios y el país sufriente les reclaman abrir compuertas a un gran encuentro en mutua comprensión y fraternidad. La unión reclama en estos momentos sincera conversión, espíritu de paz y actitud de reconciliación.

La Iglesia en Venezuela, a través de la Conferencia Episcopal, ha sido muy clara en su posición en favor del cambio político hacia una genuina convivencia democrática, que promueva un efectivo progreso en este país. Los obispos han asumido la parte que les corresponde, pero es a los laicos, que componen la casi totalidad de la Iglesia, a quienes corresponde, por propia vocación, comprometerse en actuar dicho paso en perspectiva de los valores humano-cristianos del Evangelio. En este sentido resulta muy oportuno el comunicado que acaba de publicar el Consejo Nacional de Laicos (03.11.2019), a raíz de su Asamblea Anual. En él leemos lo siguiente a propósito de la actual grave crisis:     
“Esta catástrofe no tiene otra salida que un cambio urgente del régimen que inicie una transición a la democracia (..).Todos unidos hemos de trabajar por  la reconstrucción y el progreso de Venezuela (…) Reclamamos el derecho de dirimir nuestras diferencias por medio del ejercicio de nuestra soberanía ciudadana, a través de procesos electorales en condiciones de igualdad, transparencia e imparcialidad, en arreglo a nuestra legislación y con la necesaria supervisión de organismos internacionales como la ONU, la OEA y la Unión Europea”.
Urge pasar del cidio a la recuperación y progreso del genus (pueblo) venezolano.



domingo, 27 de octubre de 2019

ASISTENCIA, PROMOCION, CAMBIO.




Cuando se habla de compromiso social del cristiano y de la Iglesia como conjunto se pueden distinguir tres niveles o formas, que son aplicables también a la acción de toda persona o institución, independientemente de convicciones o confesiones. Se trata de la siguiente tríada: asistencia, promoción y cambio sociales.
Aquí en Venezuela se  podría dar nombres de venezolanos a esos modos de compromiso social: en lo asistencial, Padre  Santiago Machado y Madre Emilia de San José, fundadores de la primera congregación religiosa nacida en Venezuela, Hermanitas de los Pobres de Maiquetía; en lo promocional, Padres Emilio Blaslov y José María Vélaz -compatriotas por adopción-, fundadores, respectivamente,  de la  Asociación de Promoción de la Educación Popular (APEP)  y Fe y Alegría; en materia de cambio social, Dr. Arístides Calvani, fundador del IFEDEC (Instituto Internacional de Formación Demócrata Cristiana).
La asistencia social atiende a personas en situación de particular carencia en alimentación, salud, alojamiento y otras necesidades básicas. Una vez Jesús con ocasión de cierto homenaje que se le rindió, dijo a sus discípulos: “pobres tendrán siempre con ustedes” (Mt 26, 11). En toda sociedad habrá prójimos que, no obstante todos los servicios que aquélla pueda ofrecer, requerirán en una u otra forma, una especial ayuda material o espiritual. Es lo que llevó a la Madre Teresa a los barrios de Calcuta y lo que hoy ofrecen los albergues de misericordia y ollas solidarias. L´abbé Pierre, que en la inmediata postguerra iba al encuentro de menesterosos en los arrabales de París, una vez les dijo a ciertos críticos sociales, que él no iba a esperar la modificación de leyes en el Parlamento francés para dar de comer a un hambriento que le alargaba la mano. Cáritas es bastante experta en estos menesteres asistenciales. En Venezuela, el estado desastroso en que se encuentra el país urge una particular intervención de sentido humanitario.
La promoción social responde a la necesidad de procurar que la gente salga de sus necesidades por medios propios, a través de la formación y las oportunidades de trabajo que se le ofrezcan. Es el “enseñar a pescar”.  En este campo los salesianos y el Instituto Venezolano de Capacitación de la Iglesia (INVECAPI) tienen muchas historias que contar.   
Lo relacionado con el cambio social nos introduce de lleno en la esfera política y cultural. Se trata de macro restructuraciones con miras a una “nueva sociedad”, a la altura de la dignidad del ser humano y sus derechos fundamentales. Es el campo de reconstrucción  del tejido social en perspectiva de la justicia y la solidaridad, la libertad y la paz, el desarrollo y la liberación integrales. No se trata sólo de superar marginaciones y exclusiones, sino de edificar una convivencia de progreso compartido, de genuino pluralismo, de calidad ético-cultural. El hablar de “nueva sociedad” no significa pensar en una organización perfecta como final de la historia, sino en una realidad humana siempre perfectible. Los creyentes no nos ilusionamos con sujetos y estructuras ideales -paraísos terrenos- sino que pensamos en personas y sociedades que tienden a la verdad y al bien, pero que están siempre tentadas y amenazadas por los “pecados capitales”. EL progreso socio-ético-cultural de la humanidad no marcha al mismo paso que el científico-tecnológico
Teniendo presente lo anterior, resulta obvio que la crisis actual del país debe ser abordada desde los varios ángulos que plantea una antropología integral. Al desastre hemos llegado por fallas económicas, políticas y ético-culturales y la solución no puede abstraerse de una tal complejidad. Es así como un cambio del actual régimen con su proyecto comunista es indispensable, pero no significa la solución de la problemática nacional, que es pluridimensional. La recomposición de la economía y la reinstitucionalización de la libertad y la igualdad políticas deben ir acompañadas de una reeducación en otros valores superiores, que son del orden de la ética y la espiritualidad. Ya en la tragedia griega se tuvo la persuasión de que poco valen las naves y los castillos si no hay seres humanos en ellos.

jueves, 10 de octubre de 2019

COMUNIÓN ECOLÓGICA




En estos mismos días están comenzando los trabajos del Sínodo para la Amazonía, una muy importante reunión del Papa con un buen número de obispos, particularmente de los países inmediatamente concernidos, como es el caso también de Venezuela. El tener un encuentro así no es para la Iglesia algo secundario, sino que entra de lleno en su misión evangelizadora, como veremos a continuación.
Comunión se define ordinariamente como participación en lo común, trato familiar y comunicación de unas personas con otras. Dice unidad, pero con un toque de mayor hondura, intimidad. Es una noción de carácter relacional interpersonal, existencial, con obvia gama de acentos e intensidad. Se la podría considerar como el telos o finalidad de la comunicación humana.
En el lenguaje bíblico el término correspondiente griego es koinonía, que en la Primera Carta de Juan se aplica al ser mismo de Dios (que es Trinidad), así como a la unión de los creyentes con la divinidad y entre sí (ver 1 Jn 1-3). Es un vocablo que se convierte en categoría englobante de todo lo que comprende la buena nueva cristiana. Comunión es así el eje articulador del mensaje cristiano, ya doctrinal, ya práctico, proponiéndolo como un conjunto armónico y no simple agregado de doctrinas y prácticas. Es lo que se suele entender cuando se define comunión como línea teológico-pastoral del referido mensaje, con sus elementos tanto teóricos como operativos. Ejemplo: comunión es Dios mismo (Trinidad); su plan creador y salvador es comunional; la Iglesia es signo e instrumento de la unidad humano-divina a interhumana según lo afirmó el Concilio Vaticano II (ver LG 1); el mandamiento máximo subrayado por Jesús es el amor (sinónimo de comunión).
El 14 de mayo de 2015 el Papa Francisco publicó una encíclica con el sugestivo título de Laudato Si´, tomado del Cántico de las criaturas del Poverello de Asís- “sobre el cuidado de la casa común”, lo ecológico en su sentido más hondo y completo. El documento toca los temas de crisis ecológica, sus raíces y causas; interpretación cristiana del ambiente; ecología integral; responsabilidad, educación y espiritualidad ecológicas. La misión de la Iglesia es la evangelización y uno de los objetivos específicos o dimensiones de ésta es el cuido ecológico integral. Afirmación bien comprometedora.
Hay un término novedoso que utiliza el Papa Francisco en su encíclica y es el de “comunión universal” (Laudato Si´ 220). Lo explica: “Para el creyente, el mundo no se contempla desde fuera sino desde dentro, reconociendo los lazos con que el Padre nos ha unido a todos los seres” (Ibid.). El Papa subraya la necesidad de una conversión ecológica, es decir, de un cambio en profundidad en el modo de interpretar el ambiente y relacionarse con él. De tal manera amplía la comprensión de comunión -que, en sentido estricto, significa interpersonalidad-, para expresar la relación del ser humano con su ambiente. Así, con las demás criaturas estamos llamados a tejer un relacionamiento comunional, amistoso, fraterno ¡Cómo aparecen entonces inhumanas y anticristianas la depredación en el Arco Minero al sur del Orinoco y la culpable degradación ambiental que se viene dando a nivel global!  
Lo ecológico entra ahora con pleno derecho en la Doctrina Social de la Iglesia, la cual para algunos debería denominarse en adelante Doctrina Social y Ecológica de la Iglesia.
Comunión, entonces, como noción englobante o línea teológico-pastoral del mensaje (doctrinal y práctico) cristiano, se aplica también al nexo ser humano-ecología. Lo comunional califica, por consiguiente, no sólo el relacionamiento humano-divino y el interhumano, sino también el humano-ambiental, para configurar lo que el Papa Francisco llama una comunión un universal. Es la razón por la que el oportuno Sínodo para la Amazonia, actualmente en curso, con sus facetas económicas, políticas y ético-culturales y religiosas, ha de considerarse con pleno derecho una tarea eclesial obligante e ineludible.   


sábado, 28 de septiembre de 2019

NO ESTAMOS EN DICTADURA






Venezuela no es una dictadura”. Lo ha declarado quien ejerce la presidencia de facto del país. Y es verdad. Desgraciadamente. Porque lo que tenemos es algo peor: un totalitarismo en progresiva ejecución.


Al tocar este tema es indispensable definir bien los términos que entran en cuestión. Y ayuda ilustrándolos con algunos modelos concretos.


En una sociedad se pueden distinguir tres ámbitos de vida o praxis ciudadana: el económico, referente al tener; el político, al poder; el cultural (o, mejor, ético-cultural) al ser, en su más hondo sentido (educación, comunicación, arte, moral, religión…). Economía, política y cultura son términos que identifican respectiva y sintéticamente dichos campos. Es obvio que la vida social constituye un tejido en que esa trilogía se entremezcla, por la unidad misma de la persona humana y de la convivencia que ésta integra; no se da, así, una actividad económica en estado puro, pues la economía no se hace a sí misma, sino que es el ser humano (completo) el que organiza su tener en la polis  ineludiblemente desde su condición ética. Santo Tomás de Aquino decía algo parecido al respecto: no es el intelecto el que entiende, la voluntad la que quiere y el sentido el que siente, sino el hombre, que por el entendimiento entiende, por la voluntad quiere y por el sentido siente. De allí la complejidad de la actividad humana.

La dictadura es un régimen que busca básicamente el control político de una nación, aunque, según lo dicho, en alguna forma interviene también en cuestiones económicas y culturales. Modelos   tenemos en Pinochet y Pérez Jiménez. Me gusta mostrar esto con el ejemplo siguiente. En tiempos de dictadura el señor X tiene una finca en el interior del país; está descontento con el gobierno y entonces dice “yo no me voy a meter para nada en política, sino que me voy para mi finca y punto”. En principio no será molestado, a menos que a un personero del régimen le guste precisamente esa finca y lo fuerce a dejarla; o algo por el estilo. 


El totalitarismo es algo muy peor. Entraña una voluntad de  control  total del ser humano: no sólo de lo político, sino también de lo económico y, lo que es más profundo y grave, de lo ético-cultural. Ejemplos patentes los ofrecen el nazismo y el comunismo. El Estado se convierte en un ídolo al cual se le ha de sacrificar todo y rendir reverencia (estatolatría). De allí el connatural culto a la personalidad (big brother, padre), característico de esos sistemas: Hitler, Stalin (podemos agregar otros difuntos como Fidel y Hugo). A la cúpula totalitaria, más allá de bienes materiales y poder político, le interesa las mentes de los súbditos (pensamiento, conciencia, valoración ética). De allí que buscan construir un correspondiente hombre nuevo. El totalitarismo es como una religión al revés, con su doctrina y dogmas, culto, paraíso, ser supremo... Hannah Arendt dejó abundante material sobre el tema.

Lo anterior explica el firme rechazo del Episcopado venezolano a la propuesta de reforma constitucional en 2007, tendiente a la instauración en nuestro país de un Estado Socialista; aquélla fue negada, pero introducida luego por los caminos verdes del Socialismo del Siglo XXI y un Plan de la Patria, que ahora ha sido renovado) En esa ocasión el Episcopado fue tajante: “Un modelo de Estado socialista, marxista-leninista, estatista, es contrario al pensamiento del Libertador Simón Bolívar (…), y también contrario a la naturaleza personal del ser humano y de la visión cristiana del hombre, porque establece el dominio absoluto del Estado sobre la persona (…) La proposición de un Estado socialista es contraria a principios fundamentales de la actual Constitución, y a una recta concepción de la persona y del Estado”.

Identificar al que se tiene en frente es fundamental para una adecuada respuesta y una certera estrategia. En la oposición interna y el apoyo externo no es lo que precisamente ha abundado, y de allí tantos errores y fracasos.


El Régimen SSXXI actual es mucho peor que una dictadura. Los creyentes y demócratas debemos estar claros en esta materia. Se juega la suerte del país.

jueves, 12 de septiembre de 2019

LÓGICA DEL SSXXI



La lógica es una secuencia de afirmaciones en la cual, si está bien  hilada, se concluye necesariamente algo, sin importar que sea verdadero o falso. Es, por tanto, un instrumento-encadenamiento meramente formal; una estructura que se puede llenar con cualquier contenido. No guarda así ninguna dependencia de la moral ni de imperativo científicos o éticos. Su andamiaje no puede recibir propiamente otro juicio que el de coherencia interna o no.
Dada lo anterior, un régimen político, por ejemplo, puede ser al mismo tiempo humanamente brutal y rigurosamente lógico. Los campos de concentración y los gulags eran, en sana lógica, fruto esperable del nazismo y el comunismo, pues  des-humanizaban a ciertos sectores sociales por razones raciales o revolucionarias. Negada la condición humana, se desploman inevitablemente los derechos derivados de la misma. De allí lo capital y determinante de los puntos de partida, o sea de las premisas. Igual se diga de los criterios, la perspectiva y los fundamentos que se asuman en un determinado campo.
Algo semejante puede decirse de los términos eficiencia, eficacia, utilidad y otros por el estilo, junto a los correspondientes adjetivos. Normalmente se los aplica en un sentido positivo, pero de por sí son neutrales. Es así como el Socialismo del Siglo XXI desde una ótica “revolucionaria” ha sido muy eficaz,  pero en el sentido de empobrecer, oprimir y destruir el país. Aquí cabe introducir el tema de la neolengua.
Ante de proseguir esta reflexión resulta oportuno traer aquí una ilustrativa comparación hecha por Jesús: “La lámpara de tu cuerpo es el ojo. Cuando tu ojo está sano, también todo tu cuerpo está luminoso; pero cuando está malo. También tu cuerpo está a oscuras” (Lc 11, 34).
A propósito de neolengua no sobra recordar que las palabras son convenciones para expresar ideas y representar realidades. Los diccionarios lo ponen en evidencia, al igual que la variedad de lenguas. En este contexto se hace fácil comprender el término neolengua y la vigilancia  que es preciso guardar frente a ella. Un ejemplo concreto: la Ley contra el odio, que el régimen socialista maneja a discreción. El vocablo odio expresa en el uso ordinario un fuerte sentimiento de disgusto, antipatía, aversión, rechazo hacia alguien o hacia alguna cosa, junto al deseo de cambiarla o eliminarla. Ordinariamente tiene una connotación negativa al aplicarse a rechazos indebidos y culpables, como cuando se habla de odio racial o religioso. En el caso de la citada Ley resulta muy significativa su procedencia de un régimen que oprime a los ciudadanos, hegemoniza la comunicación, encarcela y tortura a los disidentes, empuja la emigración forzada, condiciona servicios alimentarios a la presentación de un carnet sectario, restringe el uso de “pueblo” y “popular” a un sector ideológico-partidista. Y pare de contar. La aprobaron y aplican quienes han hecho del odio una brutal herramienta de poder.
Este régimen, que tiene como biblia el SSXXI y su Plan de la Patria es sumamente eficaz y lógico en en su proceder dictatorial totalitario, que está conduciendo a Venezuela a un abismo cada vez más profundo. Es la lógica aplicada por Hitler, Stalin y Fidel y difundida por el Foro de Sao Paulo. Una lógica hábilmente acompañada por una neolengua encubridora, falaz, cínica, a los ojos y oídos de quienes profesan un genuino humanismo.
Han dicho algunos, y con razón, que en Venezuela tenemos no un mal gobierno, sino un gobierno malo. Yo agregaría maligno. Expropia haciendas y fábricas y -lo que es peor- busca expropiar mentes y conciencias. La resistencia democrática humanista debe comenzar por estar consciente del proyecto totalitario oficial, de su lógica y neolengua, teniendo presente que las amenazas más profundas a un pueblo vienen, no de lo económico y político, sino de lo ético-cultural. Es decir, del ámbito donde se amasan los valores, se forman las conciencias, y se fundamentan los proyectos.