domingo, 4 de diciembre de 2022

EL ROSTRO DE DIOS

 



    De entrada conviene aclarar cierta equivocidad. Se habla, por ejemplo, del Dios cristiano, judío o musulmán; en realidad, no se trata de entes distintos (politeísmo), sino de perspectivas de interpretación. La expresión correcta sería, no Dios “cristiano” sino Dios revelado por Cristo o según la revelación cristiana.

    Sobre la temática divina -tan antigua como la presencia del ser humano en la historia- el filósofo Leibniz (1646-1716) escribió una obra a la cual tituló Teodicea (en griego significa defensa de Dios), para responder -desde lo que estimaba la sola razón- a objeciones respecto de la realidad del Ser supremo y afirmar su existencia y naturaleza. (Estrictamente hablando podemos decir que Dios no necesita defensores, sino adoradores y amigos obedientes).

    El Concilio Vaticano II, la más saliente asamblea reflexiva y operativa de la Iglesia del siglo pasado, encaró el problema del ateísmo, teórico y práctico, “como uno de los fenómenos más graves de nuestro tiempo” (Gaudium et Spes, 19). Del olvido, la indiferencia y negación de Dios el Concilio explicitó raíces, razones y formas, dentro de lo cual no omitió la culpa también de los creyentes. Sin embargo, insistió especialmente en que la afirmación de Dios, antes que restar fuerza a la dignidad y la potencialidad del ser humano, las fortalece, recordando además lo dicho por san Agustín: “nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti” (Confesiones I, 1).

    El escenario contemporáneo del problema de Dios ofrece cambios significativos. Sobre el tapete no dominan tanto el planteamiento frío y neutro del iluminismo y de los radicalismos racionalistas e idealistas, el cientismo reductor positivista, los fantasiosos superhombres y paraísos terrestres, seguidos de desencantados existencialismos. Las tentaciones mayores ahora son el libertinismo, la cultura hegemónica de la diversión y el consumo, las ideologías desintegradoras de lo humano hacia nihilismos autodestructivos, el encierro en humanismos sin ventanas trascendentes,  la rendición ante macro poderes de un globalismo dominador.

    Hoy el desarrollo de una teodicea debe acompañarse de una genuina antropodicea, en cuanto la afirmación de Dios ha de ir unida a una auténtica y sólida defensa del ser humano, en la línea de lo sostenido por el escritor cristiano Ireneo de Lyon (+203): la gloria de Dios es el que el ser humano crezca.

    Esta perspectiva positiva de la relación humano-divina (“religatio”) requiere recalcar y desarrollar dos aspectos. El primero es la condición comunional (relacional, interpersonal, amorosa) de Dios y el segundo el carácter de imagen y semejanza de la creatura humana.

    Con respecto a lo primero, el aporte de la revelación cristiana es clave. En efecto, no sólo entiende  a Dios como persona, (ser inteligente, “queriente”, libre,  poder supremo), sino que lo define como Unitrino, compartir, diálogo, amor.  La perfección de lo personal no consiste en simple desarrollo auto referencial, solitario, sino que va en línea solidaria, comunicacional, participativa, comunional. La definición “Dios es amor” (1Jn 4, 8) da la clave para entender el conjunto del ser y su dinamismo.

    Con respecto a lo segundo el Génesis en su primer capítulo plantea la creación del ser humano a imagen y semejanza de Dios (1, 2). Este reflejo divino explica primariamente la condición comunional, social, de aquél.  El “ser para el otro”, que es el hombre, juega su suerte, histórica y post temporal, no como un yo cerrado, sino en apertura, en conjunción inter humana y humano-divina. “Ser social” será juzgado según su solidaridad histórica. Es el mensaje fuerte de Mateo 25, 31-46, que identifica la cara del prójimo como el rostro de Dios visibilizado en Cristo. Esto es necesario  remacharlo en una cultura superficialmente muy comunicativa, pero altamente egoísta (solipsista).

    Hoy se está generando un fuerte movimiento tendiente a recuperar y difundir el triángulo equilátero como símbolo cristiano de la Trinidad divina. No podemos menos de saludarlo y subrayar su oportunidad y conveniencia. Ello potenciará sin duda el reconocimiento de Dios como amor y del ser humano como ser para la comunión.

 

 

 

 

sábado, 19 de noviembre de 2022

MOTIVOS PARA DIALOGAR

         Ser para la comunicación: medular definición del animal político creado por Dios para manejar la polis, cuya construcción y perfección le encarga. El ser humano ha sido lanzado pues a la historia como dialogante. La poética intuición del recordado Italo Pizzolante respondía a la causalidad omnipresente de diálogo: todo puede motivar el compartir de los humanos.

    Ahora bien, la antropología bíblica -ya el Génesis lo atestigua con su narración cargada de imágenes y mitos- revela, junto a la naturaleza relacional del ser humano, el escenario dramático histórico: el hombre con su libertad no sólo construye puentes, sino que también genera rupturas, ya directamente con su creador (desobediencia), ya con quien éste le ha dado como proximus y representante.  Adán y Caín con sus pecados (cierre egoísta, insolidaridad, beligerancia) inauguran el lado oscuro de la historia, llamada de por sí a formar un tejido de progresiva unidad como reflejo de la trinidad creadora.

    La grave crisis nacional que nos viene golpeando por más de dos décadas es, radicalmente, una falta de reconocimiento mutuo entre los venezolanos. Una ruptura de unidad.  Nuestra Constitución identifica y subraya a Venezuela como un pueblo y una nación, una república y un estado. Pero ¿qué exhibe la Venezuela real? El Régimen con su Socialismo del Siglo XXI la divide y enfrenta, la manipula y empobrece; la descuartiza. Ejemplos: la hemorragia forzada de compatriotas por el globo va por ocho millones; cárcel, tortura y hostigamiento de opositores y disidentes depende del dueño de la granja. Cuando Dios preguntó a Caín por su hermano Abel, el fratricida respondió: “No sé ¿Soy acaso el guarda de mi hermano?” (Gn 4, 9).

    La denuncia del Episcopado ha sido permanente. Retomemos lo dicho hace una docena de años: “El mayor problema y la causa de esta crisis general (…) es la decisión del Gobierno Nacional y de los otros órganos del Poder Público de imponer un sistema político-económico de corte socialista ma4rxista o comunista. Este sistema es totalitario y centralista, establece el control del Estado sobre todos los aspectos de la vida de los ciudadanos y de las instituciones públicas y privadas. Además atenta contra la libertad y los derechos de las personas y asociaciones y ha conducido a la opresión y a la ruina a todos los países donde se ha aplicado” (Exhortación 12. 01.2015).

    Por algo el Episcopado ha planteado la urgencia de refundar la nación. Tarea pluridimensional, económica, política, ético-cultural. Refundar implica ante todo cortar el actual “nudo gordiano” de inconstitucionalidades, ilegalidades e ilegitimidades que caracterizan el país, restablecer el estado de derecho y la convivencia democrática. Urge prioritariamente otro timonel para Venezuela y posibilitar la decisión completamente libre del soberano (CRBV 5) para redefinir lo fundamental del rumbo republicano.

    La crisis - ¡cubre ya todo este siglo y este milenio! - planteó ya hace años la necesidad de un diálogo (dirigentes de gobierno, oposición, otros sectores). La Iglesia, comenzando por el Papa, lo estimuló, también con participación vaticana. Pero el diálogo no pasó de algunos encuentros y de mucha demagogia y comedia. Y el oficialismo lo ha venido manejando ulteriormente como un instrumento, juguete o payaso para entretener a la nación, silenciando ilusiones, cuando las cosas parecen ponerse serias, con desparpajos como el de “la revolución ha venido para quedarse”.

    El diálogo fue creado con el ser humano, no solamente para superar crisis y resolver problemas, sino, principalmente, para el bien-estar y progreso en convivencia. Tiene un sentido originariamente positivo y proactivo -la Biblia presenta la vida eterna como diálogo beatificante-. Democracia es polis dialogal. Por ello el diálogo exige una educación y un clima correspondientes marcados por valores como: verdad, libertad, respeto y aprecio mutuos, comprensión, bien común sobre intereses grupales o individuales. Fair play de autenticidad y transparencia.

    Se ha de dialogar no sólo para que el enfermo no muera sino para que su salud se fortalezca. Una “nueva sociedad” es un conjunto humano en apertura permanente de diálogo y comunión. Los Motivos de Pizzolante invitan a una generosa creatividad.

 

domingo, 6 de noviembre de 2022

DE PREPOTENCIA A CONVIVENCIA

    No raras veces las faltas contra la estética son peores que las transgresiones en materia ética. Sucede con exhibiciones del poder político, cuando de modo descarado se violan normas constitucionales y se ejerce con desfachatez la represión particularmente en tiempos electorales.

    Estos días el tema de elecciones se incrementa y con él la realización de primarias. Pues bien, justo en este momento se viene dando un cierre abundante de emisoras radiales no oficiales y un incremento de actos persecutorios del régimen contra defensores de derechos humanos y políticos disidentes. (Uno tiene conocimiento directo de casos dolorosos de ensañamiento contra personas y sus entornos familiares).

    Es manifiesto el acogotamiento de sectores sociales con medidas empobrecedoras que afectan de modo patente a educadores y pensionados, dignos de un delicado tratamiento por la trascendencia de su labor o lo vulnerable de su condición.  Junto a ello se perciben los privilegios de la “nueva clase” frente a las estrecheces de la gente común, denunciados por el yugoeslavo Milovan Djilas con respecto a la oligarquía comunista de la postguerra.

    Contra la estética es también el ufanarse gubernamental de un crecimiento económico argumentando en base a la multiplicación de casinos y bodegones así como de altamente publicitados espectáculos, mientras el un país se desangra con desesperada emigración en un marco internacional cada vez más estrecho y aun hostil.

    Junto a lo estético, la desfachatez en el ejercicio arbitrario del poder lastima algo más grave, el ámbito ético, al golpear la moral y espiritualidad de la población. Hay una serie de disposiciones, actitudes y comportamientos que resultan seriamente afectados. Pensemos en la autoestima y la libertad, la participación y la responsabilidad, la paz y la esperanza. La psicología es ciencia que puede aplicarse malévolamente para humillar, cerrar horizontes, masificar, instrumentalizar, entristecer, desesperar a las personas, para empequeñecerlas y dominarlas. Los daños al alma son peores que los materiales a los cuerpos.  

    Los obispos de Venezuela, en el marco de su servicio pastoral han venido haciendo un seguimiento de la situación y ofreciendo orientaciones a la comunidad eclesial y al país en general. Su palabra ha sido de anuncio, pero también de denuncia de aquellas cosas que obstruyen el buen relacionamiento con Dios y con el prójimo. Han sido directos y claros en la identificación de la gravísima crisis nacional, así como de la causa principal de la misma, que radica en el tipo de proyecto político ideológico socialista comunista que con sus mixturas y contradicciones se trata de imponer, sin importar los costos humanos y el sufrimiento que traiga al pueblo venezolano.

    Ante la situación de deterioro general el Episcopado planteó el año pasado (Exhortación del 12. 7.2021) la necesidad de una “refundación de la nación”, de reedificar el país. Para ello urgió la necesidad de la solidaridad y la unión: “Estamos conscientes de que sólo si unimos esfuerzos y voluntades podremos sacar el país adelante (…) Sólo tomando conciencia del protagonismo de todos los miembros del pueblo venezolano, único y verdadero sujeto social de su ser y su quehacer, podemos alcanzar la meta tan deseada por la inmensa mayoría del pueblo: reconstruir nuestra nación”.

    Estamos prontos a iniciar otro año del nuevo del siglo y milenio. Como seres libres no podemos aceptar un fatalismo histórico. Como creyentes y seres racionales tenemos el reto de construir una convivencia nacional fraterna, corrigiendo rumbos y abriendo horizontes deseables. Es un desafío a los venezolanos a doscientos años de la llamada Independencia. Sector oficial y sociedad civil, gente de diversas confesiones e ideologías estamos llamados y obligados como un solo soberano a reconstruir el país para ésta y las futuras generaciones. No estamos condenados a ser una nación despedazada interiormente, fracasada materialmente e indigente espiritualmente. Tenemos derecho y obligación a una Venezuela digna, libre, productiva, solidaria. Es mandato divino y ha de ser compromiso nuestro.

 

 


viernes, 21 de octubre de 2022

¿DÓNDE ESTÁ TU HERMANO?

     Los números no tienen color, calor, ni sustancia. Pero como se dice que son fríos, dentro de esta frialdad podemos recordar que los 7.1 millones y más de venezolanos emigrados forzados, doblan la población criolla a la caída de Gómez en 1936, e igualan la nacional a la caída de Pérez Jiménez en 1958. Una cifra superior a la de habitantes de varios países latinoamericanos y la de muchos del concierto internacional ¿1 venezolano fuera por cada 4 dentro?

    Los números cobran vida cuando se “encarnan” en seres humanos concretos. Entonces son 7.1 millones de compatriotas de carne y hueso, dispersos y rondando por los varios puntos cardinales del globo. Insertos en árboles genealógicos concretos, con relaciones familiares precisas y situaciones frecuentemente dramáticas y no pocas veces trágicas. Allí hay nombres y apellidos de niños abandonados, ancianos en soledad, muchachas expuestas, hogares descuartizados, jóvenes narcoatrapados; ilusiones truncadas, estudios interrumpidos, enfermedades agravadas, muertes aceleradas; parejas rotas y uniones fugaces.

    Inventariar daños materiales, perjuicios económicos, es relativamente fácil; no sucede lo mismo con pérdidas y destrozos antropológicos en profundidad. Es aquí donde se toca la autoestima, el sentido de la vida, la conciencia de auto realización. Es alegría o tristeza respecto de una habitación o empleo, de un emprendimiento o documento. Justificar una existencia e identificar una razón de vivir.  

    Junto a los aspectos negativos individuales y familiares de esta emigración forzada es menester anotar en el inventario del éxodo los daños sociales, económicos, políticos y ético-culturales de Venezuela como conjunto, el lamentable impacto habido en la educación y la asistencia social y, en general, en los servicios públicos a todos los niveles; el debilitamiento institucional de la sociedad civil y el acrecentamiento del simple poder de facto en el sector oficial. 

    Recordar el lado oscuro de la expatriación no significa ignorar logros parciales y elementos positivos dentro del maremágnum de la dispersión. Estos, con todo, no impiden calificar el conjunto como tragedia nacional y escándalo internacional, los cuales desafían gravemente a la conciencia y el compromiso humanos contemporáneos.  

    Un factor muy dañino en situaciones como la que estamos considerando es el síndrome de Estocolmo, que lleva a aclimatarse en situaciones y procedimientos inaceptables; las víctimas se van progresivamente familiarizando con violaciones de derechos humanos, tenidas inicialmente por in soportables.

    A propósito de este desangramiento de Venezuela viene muy a propósito hacer a los principales personeros militares y civiles del presente régimen Socialismo del Siglo XXI, la pregunta que Dios hizo al fratricida Caín, en lo que el Génesis narra como inicios de la historia humana: “¿Dónde está tu hermano Abel?” (Gn 4, 9).  Porque los millones de venezolanos que han salido a buscar otras tierras no lo han hecho por una catástrofe natural, un conflicto bélico o una calamidad semejante. El Episcopado venezolano ha sido claro y preciso al denunciar la causa: “En los últimos tiempos Venezuela se ha convertido en una especie de tierra extraña para todos. Con inmensas riquezas y potencialidades, la nación se ha venido a menos, debido a la pretensión de implantar un sistema totalitario, injusto, ineficiente, manipulador, donde el juego de mantenerse en el poder a costa del sufrimiento del pueblo, es la consigna. Junto a esto, además de ir eliminando las capacidades de la producción de bienes y servicios, ha aumentado la pobreza, la indefensión y la desesperanza de los ciudadanos (…) Esto ha conducido a que un considerable número de personas decidan irse del país en búsqueda de nuevos horizontes” (Presidencia de la Conferencia Episcopal Venezolana, Mensaje del 19 de marzo 2018).

    Porque la destrucción es global y el mal profundo el Episcopado ha urgido repetidas veces la urgencia de una refundación nacional. Ésta exige como condición fundamental nuestro reconocimiento mutuo como personas portadoras todas de una común dignidad y derechos humanos irrenunciables, participantes de una soberanía de carácter originario; sujetos éticos, libres y responsables. Y en perspectiva creyente: hijos de un mismo Padre celestial.

    ¡Sí!  ¡Dios nos ha puesto como guardas de nuestros hermanos compatriotas!

 

 

lunes, 10 de octubre de 2022

MEMORIA APARA AVANZAR

     Hay una tentación siempre amenazante y frecuente en Venezuela, la de proyectar futuros sobre vacíos de memoria histórica. 

    Condición fundamental del ser humano creado por Dios es su historicidad, la cual, siendo tiempo humano de libertad y no simple secuencia de hechos, comporta duración riesgosa, desafío permanente hacia compromisos éticos. La historia genera memoria -tanto individual como colectiva- que, si bien, está sujeta al olvido, es en sí imborrable. Estamos llamados a mejorar nuestro pasado y proyectar un futuro mejor mediante un presente más sensato y positivo. Pero “lo escrito, escrito está”. De sabios y prudentes es saber manejar y aprovechar el camino recorrido. El “eliminarlo” en casos es onerosa enfermedad y el ignorarlo priva de experiencias necesarias hacia un futuro realista y consistente. Eso sí, la limitación y pecaminosidad humanas no hacen fácil la tarea de recordar y recordar bien.

    Falla notable venezolana ha sido el no haber utilizado bien nuestra memoria, en especial por parte de quienes ha tenido manos mayores responsabilidades en los distintos ámbitos de la vida social. Un ejemplo bastante ilustrativo es la escasa o predominantemente negativa valoración del pasado colonial, casi como si la genealogía patria hubiese comenzado el 19 de abril hace sólo dos siglos; en esto Simón Bolívar pudo haber sentado mejores precedentes; gente como Mario Briceño Iragorri ha dejado, sin embargo, páginas de gran profundidad y mesura sobre la génesis e identidad nacionales. Otro ejemplo es el de los “eternos comienzos” con ocasión de la nutrida sucesión de guerras y enfrentamientos fratricidas y las correspondientes consignas y pretensiones de “crear” novedades a partir de la nada. Intentos de re-renacimientos fantasiosos de un país en continua agonía, con la vana pretensión de existir y progresar sin ascendientes ni herencias. Historia sin pretérito. Muestra de ello, un “Siglo XXI” sin precedentes.

    Esta ilusión creacionista explica la debilidad de estructuras y tradiciones en los varios campos de la vida nacional y la poca estima, cuando no olvido y desprecio respecto de organizaciones, personas y acontecimientos que han brindado aportes significativos al desarrollo del país, pero que no han sido ubicables en los estrechos cercos de la ideología o intereses dominantes.  Es bien expresivo al respecto lo que sucede hoy con universidades y academias de mayor edad, con medios de comunicación de largo recorrido y alcance, con instituciones como las judiciales, merecedoras éstas de privilegiado respeto y cuido. Las realidades buenas merecen el tratamiento de los vinos, en que el añejamiento cuenta, también cuando los nuevos tiempos son de cambio epocal.

    El tema de la identidad corre íntimamente unido al de la memoria pues aquella se teje en historia; por ello también no constituye un simple dato (factum), sino que implica también un deber ser, tarea y cultivo permanentes. La identidad es dinámica, en actualización permanente, de modo especial en procesos de globalización y salto cultural como los presentes, en que acechan los extremos del cierre sobre sí mismo o el diluirse en la universalidad.    

    Bajando a lo concreto, un campo en que lo de identidad y memoria nacionales merece particular atención es el religioso popular, al cual se dedican algunas líneas en la perspectiva ecuménica y de libertad religiosa del Concilio Vaticano II y del Concilio Plenario de Venezuela. La religiosidad popular católica ha sido un rasgo característico de la identidad del pueblo venezolano, conjunto de mestizaje étnico y cultural que comenzó a integrarse hace ya cinco siglos y cuyo peregrinaje registra un sucederse de transformaciones notables en muy diversos ámbitos y enmarcados ahora en un marco de cambio epocal y globalización. Ese rasgo primordial no recibe del Estado, sin embargo, la atención y el reconocimiento debidos en las políticas educativas. El Estado no se comporta actualmente como laico sino ideológicamente como laicista, hasta el punto que ha cerrado el Programa Educación Religiosa Escolar convenido con la Iglesia.

    Venezuela no es sólo un país. Es una nación, con memoria e identidad. Un conjunto ético-cultural  llamado a crecer como gran familia en el concierto de la polis global.

 

 

 

 

 

viernes, 23 de septiembre de 2022

RECONSTITUCIONALIZAR

     República nada pacífica. Es la que hemos tenido en dos siglos de independencia. Y la seguimos teniendo, dado el carácter dictatorial militarista del régimen actual y la inexistencia de un estado de derecho. Paz no es simple ausencia de guerra; es convivencia en serenidad social con libertad, justicia y solidaridad.

    En su Historia fundamental de Venezuela J. L. Salcedo Bastardo tiene un capítulo titulado Conmociones y violencia, que sintetiza la tragedia venezolana. No menos de 354 sucesos sangrientos y violentos mayores y numerosos otros de menor importancia -dice- “hacen de la inestabilidad y la zozobra el clima del proceso nacional”. Subraya que desde 1830 a 1935 no se registró ni siquiera un lustro continuo de paz estable. En el papel no faltaron buenas intenciones en declaraciones como las del Decreto de Garantías del presidente Juan C. Falcón (18 de agosto de 1863) y la cantidad de constituciones aprobadas desde la Independencia.

    A partir de la caída del general Gómez el balance no muestra una secuencia tranquila. Luego de dos lustros de noviciado libertario con López Contreras y Medina Angarita, interrumpido por el relámpago octubrista, se volvió las andadas dictatoriales por una década.  El promisor período democrático inaugurado el 23 de enero del ´58 y clausurado en diciembre del ´98 no logró espantar definitivamente los fantasmas del pasado (se olvidó que la democracia, como planta viva, requiere cuido, poda, abono). Sectarismo, intolerancia, populismo, dictadura, están al asecho. El permanente recomenzar es la razón por qué las instituciones republicanas no se han consolidado en nuestra patria, con las consecuencias inevitables en el conjunto económico-político-ético cultural de la nación. Y se ha registrado un continuado vacío en educación para la polis, la ciudadanía.

    Hoy el país -en despoblación y destrozo global- es un nudo gordiano de inconstitucionalidades, ilegalidades e ilegitimidades, con esquizofrenia operativa; de allí la urgencia de una refundación, que implica reconstitucionalización. A dos décadas de un nuevo siglo-milenio Venezuela sigue sin brújula segura y confiable. No bastan calmantes; es preciso apelar a procedimientos que vayan al fondo de la crisis y permitan una salida sólida con perspectiva de permanencia.

    Sobre el tapete de la actualidad está el tema de nuevas elecciones, al cual se agrega el de retomar el “diálogo” para lograr entendimientos. Al pueblo soberano (CRBV 5) le toca decidir el presente-hacia-el-futuro nacional. No pocos nos inclinamos por un proceso constituyente, pero podría también buscarse una solución electoral. Todo ello plantea, sin embargo, como conditio sine qua non que el proceso sea auténticamente libre. No es lo mismo elegir (acto libre de la voluntad) que votar (acto físico de adhesión). Mas, ¿puede haber elección con estos Consejo Nacional Electoral y Tribunal Supremo de Justicia subordinados, con una Asamblea Nacional nada representativa y la voluntad manifiesta del oficialismo de “vinimos para quedarnos”, apoyándose todo ello en una Fuerza Armada alineada? El régimen quiere que se le mendigue algo que es competencia del soberano. En estas circunstancias se hace necesario un consistente apoyo de organismos internacionales (supervisión, asesoría…) a lo que desde dentro se haga para posibilitar una decisión libre del soberano.

    Una Venezuela para todos -me gusta calificarla de multicolor y polifónica- ha de estar en la mira de todos estos ajetreos. Dicho en otros términos: el objetivo nacional debe ser una restructuración y funcionamiento del país, de acuerdo con lo mandado constitucionalmente. Porque la vida de Venezuela transcurre hoy al margen de la ley. No hay estado de derecho, sino una dictadura militar, instrumento de un proyecto socialista comunista. Y no podemos seguir malbaratando el siglo XXI-tercer milenio.

 

  

 

 

 

 

 

sábado, 10 de septiembre de 2022

A IMAGEN Y SEMEJANZA

    Los primeros cuatro capítulos del Génesis ofrecen los elementos fundamentales de una sólida antropología. La narración bíblica, en efecto, bajo un ropaje mítico, con antropomorfismos y datos espacio temporales no sujetos a exigencias científicas, ofrece lineamentos básicos de una concepción racional del ser humano. La Sagradas Escrituras tanto del Antiguo Testamento como, particularmente, del Nuevo, habrán de enriquecer ese panorama en una perspectiva de fe, utilizando categorías tales como redención, gracia y santificación.

    Entre los rasgos primordiales del ser humano -creado a imagen y semejanza de Dios- tradicionalmente destacados en el referido texto bíblico, aparecen los atributos de inteligencia, voluntad, subjetividad y libertad, expuestos en contraste con los de los animales y otros seres de la naturaleza, confiados al hombre para su cuido y servicio. La socialidad (apertura a la comunicación y la comunión) aparece también como un dato capital; en función de ella surge la pluralidad y la distinción sexual de las personas; Adán dialoga con Dios y se relaciona con su pareja. El marco del relato es de intercomunicación humano-divina e interhumana, así como de responsabilidad y corresponsabilidad de la naciente humanidad. El lado oscuro autodestructivo de ésta (egoísmo, insolidaridad, auto absolutización) se muestra también en sus orígenes (ver Gn 3).

    La expresión “a imagen y semejanza” de Dios, que usa el Génesis para identificar esa trascendente similitud de la creatura humana, no ha recibido tradicionalmente, sin embargo, un adecuado desarrollo en cuanto a su causa en la socialidad de Dios mismo. Sobre este punto conviene hacer aquí algunos comentarios.

    Lo substancial y central de la fe cristiana está contenida en el Credo. Ahora bien, éste es, centralmente, la confesión de Dios como Uno y Trino (Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo) y de Jesucristo Salvador (el Hijo de Dios encarnado). La Iglesia, por cierto, entiende esta verdad como misterio en sentido estricto, es decir, como verdad no adquirida por procedimiento puramente racional sino mediante la revelación divina, y la cual verdad, aun ya conocida, permanece indemostrable para la sola razón humana.

    Esta naturaleza trinitaria de Dios no ha repercutido adecuadamente, con todo, en la reflexión y la praxis cristianas, a tal punto que un pensador católico como Karl Rahner llegó a decir que si se eliminase la Trinidad de los libros de teología, no cambiaría mayor cosa en el pensamiento y la vida de los cristianos. De Dios se suele subrayar es en su unicidad, infinitud, omnisciencia, eternidad y omnipotencia. Resulta conveniente, por tanto, destacar algunos consecuencias o reflejos en las creaturas humanas de la naturaleza relacional, comunional, de Dios, que “es amor” (1 Jn 4, 8). Valgan algunos ejemplos: a) la socialidad del ser humano (ser-para-el-otro, para la comunicación y la comunión, dialogal); b) el sentido unificante del plan salvador de Dios en Jesucristo, que no finaliza simplemente en individuos singulares, aislados, sino en una comunidad universal, de la cual la Iglesia es-ha de ser signo e instrumento; c) el mandamiento máximo y central divino, el amor, fundamento de  una ética y espiritualidad de comunión, de dimensión también ecológica (ver esta ampliación analógica en Francisco, Laudato Si´220). Vale la pena añadir que la socialidad (relacionalidad, comunionalidad) divina manifiesta la flecha o dirección vital, personalizante y comunional de la perfección del ser. Interpretación ésta que se sitúa en las antípodas de una concepción individualista, intimista, de la persona.

    No creo que resulte extemporáneo al término de las anteriores reflexiones poner de relieve dos cosas. Una primera, el ineludible compromiso temporal sociopolítico y cultural de los cristianos y su proyección supratemporal (ver Mt 25, 31-46). La otra es la necesidad por parte de los mismos, de proyectar debidamente en reflexión y praxis la fe en la naturaleza trinitaria (relacional, comunional) de Dios, para lo cual será de suma utilidad en la actual “civilización de la imagen” la revalorización y difusión del triángulo equilátero como símbolo del Unitrino.