viernes, 10 de marzo de 2023

CRUZ TRINITARIA

     La Cruz Trinitaria es un símbolo compuesto, que integra dos muy conocidos y de edad milenaria: la cruz y el triángulo equilátero. Se la propone hoy como imagen cristiana, expresiva de una fe actualizada y de suma utilidad para la nueva evangelización, tarea de la Iglesia en estos tiempos de cambio epocal, de transformaciones globales y profundas.

    La cruz era ya instrumento de castigo terrible entre los persas; de ellos la tomaron Alejandro Mago, los sirios y los cartagineses, de los cuales pasó a los romanos. A más de dolorosa, la muerte en cruz era lenta e infamante. Con el sacrificio de Jesús en cruz, ésta progresivamente cambió su significado  hasta convertirse en señal de esperanza, de victoria y de gloria. Basta leer el inicio de la Primera Carta de Pablo a los Corintios (1, 17-24). De los varios tipos de cruces, la que probablemente se impuso a Cristo fue la denominada immisa y sublimis, que es la comúnmente conocida y venerada.

    El triángulo es la figura geométrica por antonomasia; griegos y romanos, siguiendo a la escuela platónica, la tenían como la primera. El equilátero, de lados y ángulos iguales, ocupa el primer lugar de los triángulos. Por ello ha sido de corriente manejo en los más diversos ámbitos (científicos, esotéricos, religiosos…); se lo ha solido acompañar con otros signos como ojos, manos, letras. Por corresponder al número tres ha servido para representar tríadas, también de divinidades como en el budismo. Más cerca en el tiempo, la masonería ha privilegiado la delta -letra triangular griega- luminosa, radiante. El judaísmo, religión monoteísta, lo ha utilizado como símbolo de Dios, cuyo nombre no se pronuncia.

    En campo cristiano el triángulo equilátero como símbolo trinitario no es novedad. Antes del Concilio Vaticano II (1962-1965), por ejemplo, un catecismo de difusión internacional -Curso superior de religión de J. Rafael Faría (Bogotá, 1945)- proponía dicho triángulo para aclarar lo de las tres personas distintas en una naturaleza común. Inexplicable y lamentablemente la utilización de la simbología trinitaria de dicho triángulo se archivó en la catequesis ulterior. Retomarla constituye un desafío cristiano ineludible y obligante.

    La proclamación de lo fundamental y central del misterio y de la fe cristiana -lo que Pedro hizo en su primer discurso en Pentecostés- suele denominarse con una palabra griega, kerygma: anuncio de la salvación que Dios Padre actúa por su Hijo Jesucristo, enviando su Espíritu (Hch 2, 14-19). Es un conjunto trinitario-cristológico. No sólo, por tanto, trinitario o cristológico. Cristo es revelación y comunicación de la vida Dios Trinidad. En los últimos siglos lo trinitario- afirmado siempre como  doctrina básica, quedó, con todo, sin recibir correspondiente desarrollo teológico- práctico, polarizándose la atención en lo que es uno y común en Dios (omnipotencia, infinitud, omniciencia,…) y en la acción salvadora de su Hijo Jesucristo; con el Vaticano II se retomó y acentuó la atención a lo trinitario e interpersonal divino (relación, diálogo, comunión, amor) y su reflejo en la obra creadora y salvadora (socialidad humana, sentido comunitario de Iglesia y humanidad,…).

    La Cruz Trinitaria es un símbolo que busca a) recuperar el triángulo equilátero como apto y necesario símbolo del Dios revelado por Cristo; b) integrar cruz y triángulo para configurar el símbolo completo de lo nuclear trinitario-cristológico del credo (fe, kerygma) cristiano.

    En esta civilización de la imagen y una cultura superlativamente comunicacional creería que los cristianos hemos de ofrecer y difundir un signo claro y expresivo del Dios Unitrino, Amor, en que creemos, y unirlo íntima e inseparablemente al de Cristo, expresión máxima y efectiva del amor salvador de la Trinidad (ver Jn 3, 16). La Cruz Trinitaria completa la tradicional y ofrece así una bella y sencilla síntesis de lo fundamental y central del misterio íntimo de Dios y de su comunicación por Cristo.

    ¿Por qué no hacer que la Cruz Trinitaria se convierta en  símbolo cristiano preferido en este tiempo de cambio epocal?

 

martes, 14 de febrero de 2023

PRIMARIAS HACIA REFUNDACIÓN

     Han transcurrido más de dos décadas bajo el régimen identificado como Socialismo Siglo XXI. Capítulo de historia patria en tiempo muy especial por ser 1) puente no sólo de siglos, sino de milenios y b) marco planetario de transformaciones y novedades -particularmente en los campos de la comunicación y la vida-, de tal magnitud, que justifican hablar de cambio epocal y tercera ola humana.   

    Lamentablemente nuestra Venezuela en este período extraordinario ha marchado a contracorriente del dinamismo global; en efecto, no sólo ha experimentado una real parálisis en materia de desarrollo, sino que ha exhibido un patente retroceso en cuanto a convivencia política, crecimiento económico y calidad ético cultural.  No es del caso entrar en particulares que, entre otros, el episcopado venezolano, ha venido poniendo de relieve en sus regulares y preocupantes mensajes. Términos constantes que aparecen en los análisis y apreciaciones son: crisis, involución, deterioro, desastre. Por ello los obispos plantean la urgencia de una “refundación nacional”.  El Concilio Plenario de Venezuela, proféticamente celebrado de 2000 a 2006, ofrece material valioso para una tal empresa.

     Ante la prolongación de la crisis no pocos han caído en derrotismo, claudicación y desesperanza. La gran mayoría de los compatriotas, sin embargo, resisten en inconformidad y a pesar de persecuciones, amenazas y el clima de amedrentamiento general que el régimen mantiene y alimenta, manifiesta con creciente vigor la aspiración de cambio.  Propuestas de solución han surgido y salidas se han intentado. No es del caso entrar aquí en balances y juicios. Nuestro propósito con estas líneas es contribuir de modo concreto a la recuperación del país, al restablecimiento de una convivencia verdaderamente libre, pacífica, fraterna, productiva, dinámica, en marco constitucional republicano democrático, que nos reintegre dignamente en el concierto internacional.

    Ahora bien, lo mejor es enemigo de lo bueno. Busquemos lo perfecto pero sin pretender atraparlo en una determinada concreción. Los purismos suelen dejar la realidad intacta por la inacción. La unidad es encuentro, no fusión.

    Sobre el tapete de la actualidad nacional está la propuesta de unas primarias, mediante las cuales se escoja un candidato presidencial. El tiempo apremia y es preciso apurar el paso para definir caminos y trazar estrategias, animando al máximo posible la participación ciudadana con miras a un ejercicio efectivo de la potestad del soberano (CRBV 5).

    Con respecto a las primarias valgan las siguientes exigencias: 1) libertad en los diversos pasos del proceso; 2) supervisión internacional efectiva; 3) identificación del candidato en un listado de preferencias ;4) acuerdos previos que faciliten unidad y gobernabilidad; 5) cultivo de respeto mutuo que favorezca la corresponsabilidad política y estimule la convivencia pluralista.

    Más de una vez me he referido al país como un “nudo gordiano”, es decir, un enredo en que se entrecruzan anárquicamente inconstitucionalidades, ilegalidades e ilegitimidades, en medio del cual uno se pregunta qué camino tomar para echar adelante el país. Alejandro Magno con su espada cortando el nudo resolvió el problema. En el hoy nacional, entre las alternativas idealmente planteables, hay una que se ha propuesto y me parece hoy la más realísticamente viable: las primarias. 

    No se puede seguir deshojando la margarita en una especie de tornillo sin fin. El tiempo apremia porque la miseria avanza, el territorio se vacía, el país aceleradamente retrocede. Está de por medio la suerte de la población en progresivo empobrecimiento, reprimida por una dictadura militar “socialista” con autopercepción de eternidad. Y no habrá solución sin un cambio de régimen.

    Venezuela cuenta con abundantes reservas materiales y espirituales para salir adelante. Tenemos no sólo derecho sino obligación de refundar el país hacia una república democrática de calidad ético cultural. Las primarias pueden y deben poner en movimiento al soberano hacia el ejercicio de su potestad originaria, fundante, constituyente.

 

   

      

 

    

miércoles, 1 de febrero de 2023

ORIGEN DIVINO DE LA POLÍTICA

     La definición aristotélica del hombre como animal político obliga a sacar la política de lugar reservado para algunos y coextenderla con la vida humana en cuanto tal.  Se ilegitiman, por tanto, expresiones como “la política es una cosa sucia”, “yo no me meto en política” o “la política es para tales o cuales”. Consecuencia lógica:  afirmar la apoliticidad propia es ya una opción política. Algo semejante a lo que cabe decir respecto del quehacer filosófico como actividad humana.

    Cuando leemos el relato de la creación en la Biblia nos encontramos con que Dios creó al ser humano a su imagen y semejanza. (Génesis 1, 6) A ésta se la ha identificado comúnmente como la capacidad intelectiva y volitiva del hombre, su libertad y condición espiritual. Y algo que, si bien no explicitado con el mismo acento, está implícito en todo ello: su socialidad, su característico “ser para la comunicación y la comunión”.

    Central y fundamental en la revelación-fe cristiana es la afirmación de la comunionalidad de Dios, quien, en su unidad y unicidad, existe como relación interpersonal de Padre-Hijo-Espíritu. La divinidad es, por consiguiente, sociedad, compartir, familia. Así, quien crea a imagen y semejanza suya al ser humano no es un ser solitario sino solidario.

    Ahora bien, la socialidad humana tiene una multiforme expresión, aun antes del nacimiento de los individuos componentes. La concepción de éstos es ya fruto de un encuentro (de varón y hembra); y el desarrollo del hombre, desde su ver la luz hasta la muerte, forma un tejido continuo de interrelaciones corporales y espirituales. Robinson Crusoe se queda en simple ficción. Hay una expresión que solemos oír, “yo me he formado solo en la vida”, la cual tiene sentido apenas si subraya un particular esfuerzo de algunos individuos en su recorrido existencial o, mejor, coexistencial.

    La socialidad se va haciendo más compleja y amplia en la medida en que el ser humano despliega su presencia en el mundo. Habitación y relacionamiento crecen desde lo pretribal hasta los mega conjuntos urbanos y globales. El patio hogareño está ya integrando en nuestro tiempo lo interespacial en un mundo cuyos límites son elásticos ¡Cuántas sorpresas nos va dando el futuro ya presente!

    La política, que es convivir en la polis, se concreta y especializa progresivamente en relaciones intergrupales e interinstitucionales, desde las inmediatas hasta las que tocan el funcionamiento de los estados y entes internacionales. Y esa convivencia se realiza en bien diversas formas de participación, entre las cuales el protagonismo en la sociedad civil, la militancia y el liderazgo partidistas, y en especial la función de gobierno.

    Todos los seres humanos -personas en sociedad- están llamados a interesarse y participar en la suerte, en el bien común de la polis. No a todos les corresponde lo mismo. Pero sí todos tienen que corresponsabilizarse. Esto exige una educación política, la cual, integrada como algo básico, correspondiente a una vocación- tarea humana obligante, estimulará la participación e informará sobre los varios modos de ejercerla, con conciencia crítica y actitud de servicio.

    El mandamiento máximo de Jesús, el amor, no se reduce, pues, al solo relacionamiento con Dios ni tampoco al individual persona-persona. Ha de tener una ineludible proyección social. En este sentido amplio hay que interpretar el criterio de salvación o condena en el Juicio Final (ver Mt 25, 31-46).

    La política no es, por consiguiente, algo optativo. Por lo demás, una socialidad proactiva, una ciudadanía corresponsable será el mejor antídoto frente a despotismos, populismos y cosas por el estilo. Hoy cuando se habla de refundar la nación una revalorización de lo político es tarea urgente. Quien cree en Dios debe cultivar en sí el ser su imagen y semejanza, también construyendo una nueva sociedad, polis libre, fraterna, productiva, pacífica.

    El Concilio Plenario de Venezuela hablando de la Iglesia en esta materia dice algo que es bueno subrayar en aplicación humana abierta: “Los cristianos no pueden decir que aman, si ese amor no pasa por lo cotidiano de la vida y atraviesa toda la compleja organización social, política, económica y cultural” (Documento 3, 90).

jueves, 12 de enero de 2023

VENEZUELAS

     Este cambio de año con la agudización de problemas institucionales nacionales en un país -ya formalmente esquizofrénico- y un denso tejido de comunicaciones con los compatriotas que están fuera, ha subrayado con fuerza en mi interior una pregunta, que ya había alguna vez exteriorizado ¿Es que existe una sola Venezuela?

    Un simple dato cuantitativo revela la dramaticidad de la pregunta. Los venezolanos trasplantados a otras tierras suman hoy, dos veces la población del país a la caída del dictador Juan Vicente Gómez e igualan el total de habitantes cuando el avión del general Perez Jiménez lo llevó al exilio en enero de 1958. La Venezuela ex patriada supera con creces la población de muchos estados del orbe, incluidos no pocos de este continente. Y el éxodo continúa. Resulta triste despedir a familiares y amigos, que uno razonablemente estima nunca regresarán a residenciarse en este trozo de satélite solar que los vio nacer y anidó sus primeras ilusiones.

    El drama despoblador no es fruto de una catástrofe ecológica, un conflicto bélico o circunstancias semejantes, sino consecuencia de políticas destructivas, excluyentes, que desintegran el país. Y resulta doblemente triste percibir que consideraciones ideológicas, actitudes grupales intolerantes y egoísmos enceguecidos conducen a no pocos a congratularse por la diáspora. Se deshumaniza el juicio y se pragmática el resultado: mientras menos gente, se reducen los problemas de servicios y se merma la oposición.

    Cabe pensar que no pocos de los que se han ido habrían podido quedarse a través de un mayor esfuerzo y sacrificio propio, pero ¿quién es uno para juzgar conductas personales familiares? Por lo demás, para la generalidad resulta insoportable un ambiente de permanentes limitaciones y amedrentamientos; el ejercicio de derechos humanos fundamentales encuentra múltiples obstáculos en regímenes con proyecto totalitario como el Socialismo del Siglo XXI. En otros tiempos resultaba fácil y hasta festivo manifestar en la calle contra el régimen y en pro de determinadas causas; ahora la ausencia de un estado de derecho lleva a criminalizar fácilmente legítimas actuaciones ciudadanas. Las acusaciones de “odio” y conspiración están a la orden del día.  Poder pretendidamente omnipotente y absoluto.

    Lo de 2 venezuelas tiene aplicación también en otros aspectos de la realidad. Una primera es de tipo político-ideológico y se refiere a la división de los ciudadanos: en buenos, aderechados, revolucionarios/ malos, jurídicamente marginales, reaccionarios. De un lado, los que “vinieron para quedarse” y del otro los apena soportables. La dinámica del poder comunal tiene esa direccionalidad. Es bien significativo el hecho de que ya desde el comienzo, el régimen, copiando el modelo deshumanizante castro cubano, identificó a la disidencia con una especie animal (de gusano a escuálido). Los nazis ya habían apelado a ratas. Lenguaje en lógica genocida.

    El agravado foso social permite hablar también de dos venezuelas. La de la burbuja en un porcentaje reducido de la población, especialmente miembros de la Nomenklatura y “enchufados” en ésta, que se aprovechan del poder o se manejan a su sombra. Junto a ella una mayoría empobrecida que sufre un progresivo empeoramiento de sus condiciones de vida. El comunismo agrava divide y miserabiliza.

    Cuando el episcopado nacional planteó la urgencia de una refundación nacional tenía en vista esta división del país y el actual embrollo de inconstitucionalidades, ilegalidades e ilegitimidades, que clama por una reconstrucción a fondo de la República a sus doscientos años de establecimiento.

    Ha de abrirse espacio al soberano para que éste, en un clima de genuina libertad y bajo la supervisión de organismos internacionales, establezca una base sólida institucional para el funcionamiento del país, eligiendo un gobierno que recoja la voluntad popular y actúe con el respaldo más amplio de efectiva participación plural nacional. Por el momento el camino propicio registra elecciones presidenciales precedidas de una escogencia en primarias de la oposición.

    El objetivo hoy no puede ser otro que reunir a Venezuela como nación próspera y república democrática.

viernes, 30 de diciembre de 2022

DE SOLITARIO A SOLIDARIO

     En los dos últimos siglos celebró la Iglesia católica concilio ecuménicos o universales, por cierto bajo la misma denominación de Vaticano, por el lugar de celebración: el Vaticano I (1869) y el Vaticano II (1965). Los marcos históricos culturales fueron bien diferentes, especialmente por sus escenarios inmediatos europeos en que se celebraron, el primero marcado por una situación inmediata conflictiva y el otro por una progresiva apertura. La Iglesia en el siglo XIX apuntalaba defensas frente a corrientes racionalistas, materialistas, indiferentitas, y relativistas; la actitud del Vaticano II en los sesenta, en cambio, fue de disposición al diálogo, a un discernimiento hacia el encuentro y la convivencia pluralista.  Dos papas caracterizaron bien esas dos épocas: Pío IX y Juan XXIII.

    Realizados en la continuidad de una misma fe cristiana fundamental,   esos concilios trabajaron, sin embargo,  con dos concepciones “distintas” de Dios, que pudieran sintetizarse en dos adjetivos bien parecidos pero contrapuestos: solitario y solidario. Me animó a formular así el cambio una reflexión cuaresmal de los Obispos de Navarra y País Vasco publicada en 1986 y recogida por Enrique Cambón en su libro La Trinidad modelo social. Valga esta cita: “Cuando los cristianos confesamos la Trinidad de Dios, queremos afirma que Dios no es un solitario, cerrado en sí mismo, sino un ser solidario. Dios es comunidad, vida compartida, entrega y donación mutua, comunión gozosa de vida. Dios es a la vez el que ama, el amado y el amor…”

    El Concilio Vaticano I comenzó su documento sobre la fe católica con esta afirmación primaria de  los catecismos: “hay un solo Dios verdadero y vivo, creador y señor del cielo y de la tierra, omnipotente, eterno, inmenso, incomprensible, infinito en su entendimiento y voluntad y en toda perfección”. Dios como uno y único, distinto del mundo y fuente de los seres,  en lo cual coincidimos los cristianos con los adherentes de otras religiones monoteístas como el Judaísmo y el Islam.                       El Vaticano I, por cierto, insistió en la capacidad de la razón para conocer la existencia, perfección y unicidad de la divinidad: “Dios, principio y fin de todas las cosas, puede ser conocido con certeza por la luz natural de la razón humana partiendo de las cosas creadas”. Confianza en la razón y  la reflexión filosófica, frente  a sensismos, agnosticismos y autosuficiencia cientificista. El mismo Concilio entra en el ámbito de la revelación y la fe, que enrique y ahonda el conocimiento religioso y abre un panorama enriquecedor en el relacionamiento con Dios. Dios no es ya simple ser unipersonal, sino Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo), que establece un nuevo y original relacionamiento con los seres humanos, con profundas consecuencias en la praxis y espiritualidad cristianas.

    Se puede decir, sin embargo, que esta condición trinitaria de Dios, contenido central de la fe cristiana, no se ha reflejado tradicionalmente de modo adecuado, perceptible en la concepción y práctica de la Iglesia y los cristianos. Y es lo que viene sucediendo actualmente y se ha desencadenado con el Concilio Vaticano II. No es que se comienza a creer en la Trinidad, sino que se comienza a explorar y explotar todas las virtualidades que el misterio trinitario encierra para la comprensión del ser humano y de su hábitat cósmico y su historia, de la Iglesia y su misión en el mundo, del sentido de la totalidad de lo real. Pudiera hablarse aquí de una verdadera “revolución”.

sábado, 17 de diciembre de 2022

PESEBRE INTERPELANTE

     Por este tiempo del 2023 se cumplen mil años del primer Pesebre, construido en Greccio (Italia) por inspiración del Poverello de Asís.

    Se generó así una tradición, que se mantiene viva universalmente con un inventario de rica expresividad cultural. Su razón de ser se enraíza en la historicidad misma del acontecimiento cristiano. El escenario global contemporáneo es bien diferente, comenzando por el del “occidente cristiano”, de marcado pluralismo y desafiante para la fe en múltiples e inéditos aspectos. Con renovadas expresiones artísticas y variados entornos el Pesebre mantiene, sin embargo, su vigencia y viene promoviendo originales iniciativas como la Feria Popular del Pesebre de Coro -amplio abanico cultural de sólida consistencia regional y nacional de fe-.

    Una modalidad emergente del Pesebre, en rápida difusión ahora, es el llamado Pesebre trinitario. Comenzó en forma de micro pesebre: representación en reducido tamaño de la Sagrada Familia y su compañía de animales caseros, enmarcadas en un triángulo equilátero, representativo del misterio central cristiano, la Santísima Trinidad, Dios Padre-Hijo-Espíritu Santo. Esa trinitariedad  va informando también pesebres grandes, en los cuales al menos la gruta reviste clara forma triangular, explicitando así el misterio íntimo de Dios, que se nos ha revelado por su Hijo encarnado, Jesucristo. 

    Desafío grande para los cristianos en tiempo navideño es mantener, renovándola, la reproducción figurativa cristiana de la Navidad, evitando su disolución en expresiones neutras como los “santas” y “papás Noel” y el paisajismo invernal norteño. En cuanto al Árbol, éste tiene una génesis peculiar y se ha venido integrando armónicamente con el Pesebre. Hoy más que nunca se requiere de los creyentes convicciones firmes y manifestaciones precisas de su fe.

    Seria reflexión y aguda creatividad reclama la plasmación en el Pesebre de la convivencia -polis- que Cristo inspira y quiere para la humanidad: una sociedad realmente nueva, una “civilización del amor. La fantasiada como promesa definitiva para la humanidad en las profecías del Antiguo Testamento. La paz universal de feliz convivencia humana y comunión ecológica global dibujada con rasgos de penetrante viveza por el profeta Isaías. Recordemos aquí algunas de sus descripciones: “Forjarán de sus espadas azadones, y de sus lanzas podaderas. No levantará espada nación contra nación, ni se ejercitarán más en la guerra” (2,4). “Serán vecinos el lobo y el cordero (..), el novillo y el cachorro pacerán juntos, y un niño pequeño los conducirá (…) el león, como los bueyes, comerá paja. Hurgará el niño de pecho en el agujero del áspid, y en la hura de la víbora el recién destetado meterá la mano. Nadie hará daño, nadie hará mal en todo mi santo Monte” (11,6-9). El Pesebre sea sensiblemente una pedagogía de paz, de dinámico compartir.

    Útil y oportuna tarea de inculturación resulta también en este sentido hoy la traducción del hábitat rural y pueblerino del Pesebre tradicional, en coordenadas del actual cambio epocal, con una polis global, en estrecha unión tecno comunicacional y vocación cósmica. pero amenazada por las tentaciones de siempre hacia encierros y confrontaciones.  Anhelos y problemas relacionales la humanidad la carga consigo, pero la promesa divina de paz universal permanece.

    Retomar, actualizar el mensaje pacificante del Pesebre y proyectarlo activamente en nuestro país y nuestro mundo constituye un imperativo cristiano en la línea de la inculturación del evangelio y la evangelización de la cultura. El Pesebre no es sólo grato rememorar de sueños de infancia, sino aguda interpelación de adultez cristiana. Cristo viene para que construyamos la “nueva sociedad” que prepara la Jerusalén celestial (ver Ap 21, 10).

    El “pesebre real nacional” genera un ineludible reto cristiano. Cristo quiere encontrar, no la sociedad que enfrentada que tenemos, con medio país expatriado, centenares de presos y torturados políticos, una población mayoritariamente miserabilizada y bajo un régimen opresor. Nación como de fieras mutuamente enfrentadas. Sino la convivencia fraterna que Dios Amor, Trinidad, quiere y nos manda tejer con Jesucristo “Príncipe de la paz” (Is 9, 5).

 

domingo, 4 de diciembre de 2022

EL ROSTRO DE DIOS

 



    De entrada conviene aclarar cierta equivocidad. Se habla, por ejemplo, del Dios cristiano, judío o musulmán; en realidad, no se trata de entes distintos (politeísmo), sino de perspectivas de interpretación. La expresión correcta sería, no Dios “cristiano” sino Dios revelado por Cristo o según la revelación cristiana.

    Sobre la temática divina -tan antigua como la presencia del ser humano en la historia- el filósofo Leibniz (1646-1716) escribió una obra a la cual tituló Teodicea (en griego significa defensa de Dios), para responder -desde lo que estimaba la sola razón- a objeciones respecto de la realidad del Ser supremo y afirmar su existencia y naturaleza. (Estrictamente hablando podemos decir que Dios no necesita defensores, sino adoradores y amigos obedientes).

    El Concilio Vaticano II, la más saliente asamblea reflexiva y operativa de la Iglesia del siglo pasado, encaró el problema del ateísmo, teórico y práctico, “como uno de los fenómenos más graves de nuestro tiempo” (Gaudium et Spes, 19). Del olvido, la indiferencia y negación de Dios el Concilio explicitó raíces, razones y formas, dentro de lo cual no omitió la culpa también de los creyentes. Sin embargo, insistió especialmente en que la afirmación de Dios, antes que restar fuerza a la dignidad y la potencialidad del ser humano, las fortalece, recordando además lo dicho por san Agustín: “nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti” (Confesiones I, 1).

    El escenario contemporáneo del problema de Dios ofrece cambios significativos. Sobre el tapete no dominan tanto el planteamiento frío y neutro del iluminismo y de los radicalismos racionalistas e idealistas, el cientismo reductor positivista, los fantasiosos superhombres y paraísos terrestres, seguidos de desencantados existencialismos. Las tentaciones mayores ahora son el libertinismo, la cultura hegemónica de la diversión y el consumo, las ideologías desintegradoras de lo humano hacia nihilismos autodestructivos, el encierro en humanismos sin ventanas trascendentes,  la rendición ante macro poderes de un globalismo dominador.

    Hoy el desarrollo de una teodicea debe acompañarse de una genuina antropodicea, en cuanto la afirmación de Dios ha de ir unida a una auténtica y sólida defensa del ser humano, en la línea de lo sostenido por el escritor cristiano Ireneo de Lyon (+203): la gloria de Dios es el que el ser humano crezca.

    Esta perspectiva positiva de la relación humano-divina (“religatio”) requiere recalcar y desarrollar dos aspectos. El primero es la condición comunional (relacional, interpersonal, amorosa) de Dios y el segundo el carácter de imagen y semejanza de la creatura humana.

    Con respecto a lo primero, el aporte de la revelación cristiana es clave. En efecto, no sólo entiende  a Dios como persona, (ser inteligente, “queriente”, libre,  poder supremo), sino que lo define como Unitrino, compartir, diálogo, amor.  La perfección de lo personal no consiste en simple desarrollo auto referencial, solitario, sino que va en línea solidaria, comunicacional, participativa, comunional. La definición “Dios es amor” (1Jn 4, 8) da la clave para entender el conjunto del ser y su dinamismo.

    Con respecto a lo segundo el Génesis en su primer capítulo plantea la creación del ser humano a imagen y semejanza de Dios (1, 2). Este reflejo divino explica primariamente la condición comunional, social, de aquél.  El “ser para el otro”, que es el hombre, juega su suerte, histórica y post temporal, no como un yo cerrado, sino en apertura, en conjunción inter humana y humano-divina. “Ser social” será juzgado según su solidaridad histórica. Es el mensaje fuerte de Mateo 25, 31-46, que identifica la cara del prójimo como el rostro de Dios visibilizado en Cristo. Esto es necesario  remacharlo en una cultura superficialmente muy comunicativa, pero altamente egoísta (solipsista).

    Hoy se está generando un fuerte movimiento tendiente a recuperar y difundir el triángulo equilátero como símbolo cristiano de la Trinidad divina. No podemos menos de saludarlo y subrayar su oportunidad y conveniencia. Ello potenciará sin duda el reconocimiento de Dios como amor y del ser humano como ser para la comunión.