domingo, 7 de mayo de 2023

PAÍS ESQUIZOFRÉNICO


    El trastorno personal por el cual se interpreta la realidad de manera anormal, denominado esquizofrenia, consiste en un divorcio entre mente y entorno, y puede ampliar su aplicación a un ámbito más amplio, que implica desintegración, paralelismo, entre lo ideal o formal y mundo objetivo, yendo más allá de lo estrictamente personal.

    Un ejemplo bien concreto de esquizofrenia lo encontramos así, en el binomio, que bien puede denominarse contradicción: Constitución de la República Bolivariana de Venezuela y realidad institucional concreta del país. Siendo sinceros, hemos de reconocer que en nuestra patria han proliferado las constituciones y escaseado la constitucionalidad. Aplicación abusiva de la identidad, a la hegeliana, entre lo real y lo “racional”.  

    Aparte de lo ampliamente dañino que resulta incoherencia entre la Constitución y la vida nacional, ello estimula una pedagogía ciudadanía muy negativa, pues invita a disociar el comportamiento concreto de la gente, respecto de las normas vigentes en los más diversos niveles de la convivencia social, desde la desobediencia a los semáforos, hasta violaciones jurídicas de alto nivel institucional.

    Ya el Preámbulo de la Constitución contiene una serie de principios divorciados de la realidad del país, que se convierten en simple proclama. Y no se diga de los Principios Fundamentales que siguen, entre los cuales está el artículo 6, en nada acorde con aquello de “vinimos para quedarnos”, que tan ofensiva y desvergonzadamente suele espetarse. “El gobierno (…) es y será siempre democrático, participativo, electivo, descentralizado, alternativo, responsable, pluralista y de mandatos revocables”. Hasta se ha llegado a definir desde la cumbre del poder la ideología chavista como ideario y orientación de la Fuerza Armada, y el Plan de la Patria como Carta Magna operativa. No es del caso entrar aquí a desmenuzar artículos de la Constitución para mostrar su inoperancia práctica; baste sólo citar el artículo 19 sobre los derechos humanos y su obligatoriedad, el cual exhibe la esquizofrenia nacional en la materia. La existencia de unos 300 presos-torturados políticos y la conatelización comunicacional ya no escandalizan a la hora de participar el Régimen en encuentros internacionales sobre la normalización de Venezuela.

    El país un dualismo ha inventariado en estos últimos tiempos una dualidad de presidentes, de asambleas nacionales y pare de contar, así como lo que hemos conceptuado un nudo gordiano de ilegalidades e ilegitimidades de no fácil discernimiento, hasta el punto de que para encontrar actualmente una salida institucional no queda más remedio que proceder sobre situaciones de facto: tal es el caso de las elecciones primarias y las posteriores de carácter general.  Todo ello, como es de esperar, coloca al país en situaciones bastante problemáticas en la esfera internacional, con efectos, obviamente, en el campo financiero y económico general.

    La esquizofrenia es también causa y efecto de lo que se ha identificado como el “pájarobravismo criollo”, factor cultural con efectos nefastos no sólo en el relacionamiento a nivel vecinal, sino en las altas esferas de la conducción nacional. Por esa viveza, Venezuela, de país altamente cotizado fuera de nuestras fronteras, ha pasado a ser un mendicante y un sujeto de ayuda humanitaria. El “pájaro bravo” ha saqueado no sólo los recursos de modestas alcaldías, sino las arcas de entes poderosos como PDVSA y empresas de alto coturno en la región de Guayana. Las víctimas, en la presente dictadura militar social comunista, son millones tanto de pensionados y de empleados con sueldos de hambre, como de emigrantes forzados

    La refundación nacional, plantea, por tanto, no sólo un reordenamiento económico y político a los más varios niveles, sino una renovación ético-cultural de personas, grupos y sectores. Tarea educativa que ha de concretarse seriamente desde los primeros pasos en el campo escolar. “No somos suizos” es la excusa que se pone con frecuencia para justificar criterios y conductas antisociales y la renuencia a la corrección. Pero tampoco somo genéticamente “pájaros bravos” o ciudadanos  disociados.

 

 


sábado, 22 de abril de 2023

SOCIEDAD AMORDAZADA

     Sociedad amordazada. Así se encuentra nuestro pueblo en virtud de leyes e instituciones vigentes, a pesar de lo que contrariamente determina la Constitución (ver CRBV 57ss).

    Antonio Pasquali, eminente comunicólogo venezolano, dejó en esta materia valiosas apreciaciones; puso de relieve la inmediata derivación de lo comunicacional respecto de la vida y su inmediata conexión con lo humano. Asume el término comunicación en su mayor hondura y extensión, superando otros como expresión e información.

    El Concilio Plenario de Venezuela (asamblea eclesial 2000-2006) dedicó uno de sus 16 documentos a la Pastoral de los Medios de Comunicación Social, que ofreció con la útil metodología del ver-juzgar-actuar. Algo novedoso e importante allí es que al reflexionar teológicamente sobre las fuentes de la comunicación, identifica como la primaria, nada más ni nada menos, que a Dios mismo: Dios es comunicación y principio de toda comunicación. “El Dios de la fe cristiana se ha revelado como un Dios trinitario, en el que coinciden la unidad y la pluralidad, un solo Dios-tres Personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo” (PMCS 74). Es por tanto no sólo comunicador -se ha revelado a la humanidad en diversas formas- sino que es en sí mismo comunicación, diálogo, interrelación personal. Comunicación que se da como en perfecta comunión, en la unidad de un mismo ser y una misma esencia. Ésta es una afirmación típica de fe, fundada no en simple reflexión racional sino en revelación divina.

    El primer libro de la Biblia, Génesis, destaca que Dios creó el hombre a su imagen y semejanza (1,26). De inmediato Dios aparece dialogando con quienes ha creado y les da el cosmos como hábitat y tarea. (Dejamos de lado ahora aquí la ruptura del diálogo que el ser humano introdujo muy pronto con el pecado -Gun 3- y que Cristo vendría a reparar como subraya Pablo en Rem 5).

    El ser humano no ha brotado de las manos del Creador como un ente singular aislado, como un ser pensante solitario, sino como persona, ser-para-el-otro, ser para la comunicación. Comunicación con la cual teje su vida y la vida social. De aquí que vivir es comunicarse y comunicarse es vivir. La cultura viene a ser este tejido siempre en ahondamiento y expansión.

    El derecho a la comunicación es, por tanto, derecho humano primario y fundamental, ligado de modo inmediato al derecho a la vida, cuyo ejercicio (bajo diversas formas como opinión, expresión, prensa, manifestación … ) se habrá de precisar, pero siempre en fidelidad a  su naturaleza y finalidad.

    La comunicación exige formación, ad hoc. Por tanto, una educación ciudadana, que comienza por por la familia, se continúa en la escuela y se prolonga en la sociedad; que implica formar y formarse en respeto y aprecio mutuos, en responsabilidad y solidaridad, así como y en otras virtudes básicas para una sociedad sana y proactiva. Formar y formarse en conciencia crítica, en pensar con la propia cabeza. La Revolución de la Inteligencia de Luis Alberto Machado tenía esto en la mira.

    Nuestra Constitución contiene múltiples artículos relativos al derecho a la comunicación. Por desgracia Venezuela ha sido abundante en constituciones, pero escasa en constitucionalidad. Preocupación prioritaria de dictadores y de déspotas ha sido el control de la comunicación. Ello se ha hecho más perceptible y elaborado en el actual régimen SSXXI, cuyo proyecto ideológico-político es totalitario, como lo han calificado los obispos del país. Objetivo y horizonte del mismo es el de un pensamiento único, a cuyo servicio está la hegemonía ejercida por organismos represivos como CONATEL. La policía del pensamiento orwelliana asegura la fidelidad a la dictadura militar castro socialista.

    Es realmente penoso percibir cómo la actual variedad y el perfeccionamiento de los instrumentos tecnológicos son aplicados según una política monopólica tendiente a la masificación colectiva, a la uniformización del pensamiento y actuar de los ciudadanos según un centro modelador del pensamiento. Se busca habituar a los ciudadanos a la esclavitud mental mediante el control sostenido y perfeccionado. El modelo castro cubano rinde dividendos.

    Daño inmenso y la peor ofensa es cerrar los canales de una libre comunicación a un pueblo creado por Dios para la verdad y la libertad.

 

viernes, 7 de abril de 2023

MENSAJE DE LA ULTIMA CENA

     El llamado Discurso de la Última Cena que trae Juan en su Evangelio (13-17) no sólo se adentra en la intimidad de Dios, sino que ofrece sintéticamente las líneas maestras de la comunicación de Dios ad extra y el sentido último de la historia humana.

    La circunstancia de ese mensaje es la comida de Pascua celebrada por Jesús con sus más cercanos discípulos; en ella culmina la celebración central judía, iniciada con el sacrificio del cordero pascual del Éxodo, y se inaugura el rito eucarístico del memorial de la muerte y resurrección del Señor. Antiguo y Nuevo Testamento tienen aquí su punto de convergencia y partición.

    El Evangelio de Juan, de especial hondura teológica, ofrece en este mensaje de despedida de Jesús una especial organicidad y visión de conjunto, tanto en lo doctrinal como en lo operativo. En cuanto a lo doctrinal, es notable el paso que se da en la revelación de la entraña misma de Dios. En efecto, de una concepción monoteísta, que presenta una imagen rigurosamente monolítica, acentuando los rasgos de unicidad, infinitud y omnipotencia divinas, pasa a otra de la divinidad como relación interpersonal, comunional. Padre, Hijo y Espíritu Santo se muestran como   personas distintas que conforman una comunidad de vida. Los términos de generación y procedencia identifican el nexo entre las divinas personas (el Padre genera al Hijo y juntos espiran al Espíritu Santo), las cuales forman una estrecha unidad. Lo que la reflexión filosófica alcanza de la persona como relación a otra, la revelación la profundiza en Dios como íntima comunión de personas, al punto de que constituyen una sola naturaleza, sustancia o ser. Ahí reside el misterio de Dios, que la razón por sí sola no puede desentrañar, sino sólo admirar, pero que la revelación descubre en su honda realidad.

    Dios Trinidad proyecta su intimidad comunional en su obra creadora, al producir al ser humano a imagen y semejanza suya, constituyéndolo como ser social; el perfeccionamiento humano habrá de seguir entonces una flecha no sólo de desarrollo íntimo, sino también e ineludiblemente de progresión relacional. Y siguiendo está dinámica creadora la creación entera conforma un conjunto ecológico relacional, por lo que el Papa Francisco ha llegado a utilizar la expresión “comunión universal” para designar la unión de los humanos con los demás seres del universo (Laudato Si´ 220).

    En su encuentro de la última Cena Jesús expone a sus discípulos el plan de Dios salvador sobre todos los humanos: “No ruego sólo por éstos, sino también por aquellos, que por medio de su palabra, creerán en mí, para que todos sean uno. Como tú, Padre en mí y yo en ti, que ellos sean también uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me han enviado”” (17, 20-21).

    A la luz de esta enseñanza se entiende el sentido de lo que Dios quiere en última instancia de sus discípulos y de todos los humanos ¿Cuál es el principio máximo operativo, el mandamiento primero y principal? Dice Jesús: “Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor (…) Lo que os mando es que os améis los unos a los otros” (Jn 15, 9-10.17).

    Característica predominante en la moral cristiana es, pues, la inseparabilidad del amor fraterno del amor a Dios. Esto aparece de modo patente en la narración que Jesús mismo hace del Juicio Final (Mt 25, 31-46), y que constituye una advertencia seria frente a todo intento de constituir la fe y práctica religiosas independientes del relacionamiento servicial con el prójimo. 

    La existencia y misión de la Iglesia han de ser interpretadas en este marco teórico-práctico del plan salvador de Dios. Esto lo pone de relieve el inicio mismo del documento principal del Concilio Vaticano II, Constitución Lumen Gentium, al definir a la Iglesia como signo e instrumento de la unidad (comunión) de los seres humanos con Dios y entre sí.

    La comunión viene a ser la categoría articuladora del entero mensaje tanto teórico como práctico cristiano. El mensaje de Jesús en su Discurso de la Última Cena es la presentación sintética del sentido unificante (amorizante) del plan divino creador y salvador.

domingo, 26 de marzo de 2023

DADO, NO CONCEDIDO

     Nominalismo se denomina una doctrina surgida a finales de la Edad Media, según la cual las ideas eran puros sonidos a los cuales no correspondía nada objetivo. Me viene a la mente ahora que tengo que decir algo sobre nuestra Constitución (CRBV).

    Nuestra Carta Magna como formulación teórica, no es perfecta, pero sí pasable. El problema es que desde el comienzo quedó neutralizada por una interpretación nominalista, en proporción directa a su exaltación por el Régimen. Por lo demás, los venezolanos no nos podemos quejar, porque si en algo hemos abundado en nuestra alborotada historia post Carabobo ha sido en constituciones y proclamas. Por cierto que en un pequeño libro introductorio y sintético sobre Doctrina Social de la Iglesia (verlo en mi blog perezdoc1810.blogspot.com) he anexado, junto al listado de la Declaración Universal de los Derechos Humanos del ´48, el Preámbulo y los Principios Fundamentales de nuestra Constitución, porque suelen ser grandes ignorados en la formación básica y el quehacer ordinario de nuestro pueblo. Y nadie quiere -busca, reclama- lo que no conoce.

    A la constitucionalidad vacía del país y la consiguiente mezcla de ilegalidades e ilegitimidades se debe el embrollo jurídico actual, en el cual impera una a-in-anticonstitucionalidad, en más de una ocasión calificada de nudo gordiano, especie de kilo de estopa que Alejandro Magno desenfadadamente “desenredó”, cortándolo con su espada y ganándose así el premio. El de iure y el de facto se entremezclan en la realidad política nacional, de modo que en un momento determinado no se sabe dónde estamos parados desde un punto de vista legal serio. Aún no ha desaparecido del todo del escenario internacional la formal esquizofrenia del Poder Público Nacional. No se toma en serio que la precisión de la identidad efectiva es requisito básico en cualquier intercambio.

    En este ámbito de confusión nos encuentran las primarias, paso introductorio a las elecciones presidenciales previstas para el próximo año. Parece que no queda otro camino factible para decidir un cambio de poder. En este caso, en cuanto a juridicidad, hemos de aplicar lo que en lógica se entiende por el “dado, no concedido” (dato, non concessu), pues no hay otro modo de salir del atolladero y así decidir electoralmente la ulterior marcha de la nación. A ésta no se la ha de paralizar con un tornillo sin fin de controversias jurídicas y fácticas.

    Lo anterior no significa renunciar a exigir estructuras y procedimientos indispensables para asegurar la indispensable libertad, justicia y racionalidad del proceso eleccionario.  En todo caso, a este no se lo puede dejar a simples concesiones u ocurrencias del Régimen. Es indispensable renovar sobre fundamento consistente la confianza en el poder del pueblo organizado. En un país destruido y decaído como el nuestro es preciso hace todo lo posible para que el soberano despierte, tome conciencia de su poder y deber, cobre ánimo y fuerza, se organice y entusiasme hacia el necesario cambio nacional.

    Que en este momento haya demasiados inscritos en las primarias no es problema. Es preciso, sí, impulsar una progresiva concentración de candidatos, generación de acuerdos y la alimentación del entusiasmo popular hacia - ¿por qué no pensarlo y fantasearlo? - una especie de tsunami que envuelva a la ciudadanía en un propósito de cambio.

    Los Obispos venezolanos han insistido repetidas veces en una necesaria refundación del país. En Exhortación del 12.7.2021 recalcaron la unión de “esfuerzos para que haya una verdadera participación de todos los ciudadanos” como sujetos, protagonista de esa tarea. La refundación ha de comenzar con el renacimiento de la esperanza y la alegría nacionales, junto al compromiso de ejercer la propia inalienable soberanía. No hay que olvidar que este tipo de regímenes, de proyecto totalitario, busca el contagio forzado de la población con el virus del desencanto y de la propia inutilidad ante la “omnipotencia” y “eternización” de la oligarquía gobernante. Lo que sucede, lamentablemente, en la Cuba castrocomunista, amaestradora de la “ideología chavista” y de la dictadura militar socialista criolla.   

viernes, 10 de marzo de 2023

CRUZ TRINITARIA

     La Cruz Trinitaria es un símbolo compuesto, que integra dos muy conocidos y de edad milenaria: la cruz y el triángulo equilátero. Se la propone hoy como imagen cristiana, expresiva de una fe actualizada y de suma utilidad para la nueva evangelización, tarea de la Iglesia en estos tiempos de cambio epocal, de transformaciones globales y profundas.

    La cruz era ya instrumento de castigo terrible entre los persas; de ellos la tomaron Alejandro Mago, los sirios y los cartagineses, de los cuales pasó a los romanos. A más de dolorosa, la muerte en cruz era lenta e infamante. Con el sacrificio de Jesús en cruz, ésta progresivamente cambió su significado  hasta convertirse en señal de esperanza, de victoria y de gloria. Basta leer el inicio de la Primera Carta de Pablo a los Corintios (1, 17-24). De los varios tipos de cruces, la que probablemente se impuso a Cristo fue la denominada immisa y sublimis, que es la comúnmente conocida y venerada.

    El triángulo es la figura geométrica por antonomasia; griegos y romanos, siguiendo a la escuela platónica, la tenían como la primera. El equilátero, de lados y ángulos iguales, ocupa el primer lugar de los triángulos. Por ello ha sido de corriente manejo en los más diversos ámbitos (científicos, esotéricos, religiosos…); se lo ha solido acompañar con otros signos como ojos, manos, letras. Por corresponder al número tres ha servido para representar tríadas, también de divinidades como en el budismo. Más cerca en el tiempo, la masonería ha privilegiado la delta -letra triangular griega- luminosa, radiante. El judaísmo, religión monoteísta, lo ha utilizado como símbolo de Dios, cuyo nombre no se pronuncia.

    En campo cristiano el triángulo equilátero como símbolo trinitario no es novedad. Antes del Concilio Vaticano II (1962-1965), por ejemplo, un catecismo de difusión internacional -Curso superior de religión de J. Rafael Faría (Bogotá, 1945)- proponía dicho triángulo para aclarar lo de las tres personas distintas en una naturaleza común. Inexplicable y lamentablemente la utilización de la simbología trinitaria de dicho triángulo se archivó en la catequesis ulterior. Retomarla constituye un desafío cristiano ineludible y obligante.

    La proclamación de lo fundamental y central del misterio y de la fe cristiana -lo que Pedro hizo en su primer discurso en Pentecostés- suele denominarse con una palabra griega, kerygma: anuncio de la salvación que Dios Padre actúa por su Hijo Jesucristo, enviando su Espíritu (Hch 2, 14-19). Es un conjunto trinitario-cristológico. No sólo, por tanto, trinitario o cristológico. Cristo es revelación y comunicación de la vida Dios Trinidad. En los últimos siglos lo trinitario- afirmado siempre como  doctrina básica, quedó, con todo, sin recibir correspondiente desarrollo teológico- práctico, polarizándose la atención en lo que es uno y común en Dios (omnipotencia, infinitud, omniciencia,…) y en la acción salvadora de su Hijo Jesucristo; con el Vaticano II se retomó y acentuó la atención a lo trinitario e interpersonal divino (relación, diálogo, comunión, amor) y su reflejo en la obra creadora y salvadora (socialidad humana, sentido comunitario de Iglesia y humanidad,…).

    La Cruz Trinitaria es un símbolo que busca a) recuperar el triángulo equilátero como apto y necesario símbolo del Dios revelado por Cristo; b) integrar cruz y triángulo para configurar el símbolo completo de lo nuclear trinitario-cristológico del credo (fe, kerygma) cristiano.

    En esta civilización de la imagen y una cultura superlativamente comunicacional creería que los cristianos hemos de ofrecer y difundir un signo claro y expresivo del Dios Unitrino, Amor, en que creemos, y unirlo íntima e inseparablemente al de Cristo, expresión máxima y efectiva del amor salvador de la Trinidad (ver Jn 3, 16). La Cruz Trinitaria completa la tradicional y ofrece así una bella y sencilla síntesis de lo fundamental y central del misterio íntimo de Dios y de su comunicación por Cristo.

    ¿Por qué no hacer que la Cruz Trinitaria se convierta en  símbolo cristiano preferido en este tiempo de cambio epocal?

 

martes, 14 de febrero de 2023

PRIMARIAS HACIA REFUNDACIÓN

     Han transcurrido más de dos décadas bajo el régimen identificado como Socialismo Siglo XXI. Capítulo de historia patria en tiempo muy especial por ser 1) puente no sólo de siglos, sino de milenios y b) marco planetario de transformaciones y novedades -particularmente en los campos de la comunicación y la vida-, de tal magnitud, que justifican hablar de cambio epocal y tercera ola humana.   

    Lamentablemente nuestra Venezuela en este período extraordinario ha marchado a contracorriente del dinamismo global; en efecto, no sólo ha experimentado una real parálisis en materia de desarrollo, sino que ha exhibido un patente retroceso en cuanto a convivencia política, crecimiento económico y calidad ético cultural.  No es del caso entrar en particulares que, entre otros, el episcopado venezolano, ha venido poniendo de relieve en sus regulares y preocupantes mensajes. Términos constantes que aparecen en los análisis y apreciaciones son: crisis, involución, deterioro, desastre. Por ello los obispos plantean la urgencia de una “refundación nacional”.  El Concilio Plenario de Venezuela, proféticamente celebrado de 2000 a 2006, ofrece material valioso para una tal empresa.

     Ante la prolongación de la crisis no pocos han caído en derrotismo, claudicación y desesperanza. La gran mayoría de los compatriotas, sin embargo, resisten en inconformidad y a pesar de persecuciones, amenazas y el clima de amedrentamiento general que el régimen mantiene y alimenta, manifiesta con creciente vigor la aspiración de cambio.  Propuestas de solución han surgido y salidas se han intentado. No es del caso entrar aquí en balances y juicios. Nuestro propósito con estas líneas es contribuir de modo concreto a la recuperación del país, al restablecimiento de una convivencia verdaderamente libre, pacífica, fraterna, productiva, dinámica, en marco constitucional republicano democrático, que nos reintegre dignamente en el concierto internacional.

    Ahora bien, lo mejor es enemigo de lo bueno. Busquemos lo perfecto pero sin pretender atraparlo en una determinada concreción. Los purismos suelen dejar la realidad intacta por la inacción. La unidad es encuentro, no fusión.

    Sobre el tapete de la actualidad nacional está la propuesta de unas primarias, mediante las cuales se escoja un candidato presidencial. El tiempo apremia y es preciso apurar el paso para definir caminos y trazar estrategias, animando al máximo posible la participación ciudadana con miras a un ejercicio efectivo de la potestad del soberano (CRBV 5).

    Con respecto a las primarias valgan las siguientes exigencias: 1) libertad en los diversos pasos del proceso; 2) supervisión internacional efectiva; 3) identificación del candidato en un listado de preferencias ;4) acuerdos previos que faciliten unidad y gobernabilidad; 5) cultivo de respeto mutuo que favorezca la corresponsabilidad política y estimule la convivencia pluralista.

    Más de una vez me he referido al país como un “nudo gordiano”, es decir, un enredo en que se entrecruzan anárquicamente inconstitucionalidades, ilegalidades e ilegitimidades, en medio del cual uno se pregunta qué camino tomar para echar adelante el país. Alejandro Magno con su espada cortando el nudo resolvió el problema. En el hoy nacional, entre las alternativas idealmente planteables, hay una que se ha propuesto y me parece hoy la más realísticamente viable: las primarias. 

    No se puede seguir deshojando la margarita en una especie de tornillo sin fin. El tiempo apremia porque la miseria avanza, el territorio se vacía, el país aceleradamente retrocede. Está de por medio la suerte de la población en progresivo empobrecimiento, reprimida por una dictadura militar “socialista” con autopercepción de eternidad. Y no habrá solución sin un cambio de régimen.

    Venezuela cuenta con abundantes reservas materiales y espirituales para salir adelante. Tenemos no sólo derecho sino obligación de refundar el país hacia una república democrática de calidad ético cultural. Las primarias pueden y deben poner en movimiento al soberano hacia el ejercicio de su potestad originaria, fundante, constituyente.

 

   

      

 

    

miércoles, 1 de febrero de 2023

ORIGEN DIVINO DE LA POLÍTICA

     La definición aristotélica del hombre como animal político obliga a sacar la política de lugar reservado para algunos y coextenderla con la vida humana en cuanto tal.  Se ilegitiman, por tanto, expresiones como “la política es una cosa sucia”, “yo no me meto en política” o “la política es para tales o cuales”. Consecuencia lógica:  afirmar la apoliticidad propia es ya una opción política. Algo semejante a lo que cabe decir respecto del quehacer filosófico como actividad humana.

    Cuando leemos el relato de la creación en la Biblia nos encontramos con que Dios creó al ser humano a su imagen y semejanza. (Génesis 1, 6) A ésta se la ha identificado comúnmente como la capacidad intelectiva y volitiva del hombre, su libertad y condición espiritual. Y algo que, si bien no explicitado con el mismo acento, está implícito en todo ello: su socialidad, su característico “ser para la comunicación y la comunión”.

    Central y fundamental en la revelación-fe cristiana es la afirmación de la comunionalidad de Dios, quien, en su unidad y unicidad, existe como relación interpersonal de Padre-Hijo-Espíritu. La divinidad es, por consiguiente, sociedad, compartir, familia. Así, quien crea a imagen y semejanza suya al ser humano no es un ser solitario sino solidario.

    Ahora bien, la socialidad humana tiene una multiforme expresión, aun antes del nacimiento de los individuos componentes. La concepción de éstos es ya fruto de un encuentro (de varón y hembra); y el desarrollo del hombre, desde su ver la luz hasta la muerte, forma un tejido continuo de interrelaciones corporales y espirituales. Robinson Crusoe se queda en simple ficción. Hay una expresión que solemos oír, “yo me he formado solo en la vida”, la cual tiene sentido apenas si subraya un particular esfuerzo de algunos individuos en su recorrido existencial o, mejor, coexistencial.

    La socialidad se va haciendo más compleja y amplia en la medida en que el ser humano despliega su presencia en el mundo. Habitación y relacionamiento crecen desde lo pretribal hasta los mega conjuntos urbanos y globales. El patio hogareño está ya integrando en nuestro tiempo lo interespacial en un mundo cuyos límites son elásticos ¡Cuántas sorpresas nos va dando el futuro ya presente!

    La política, que es convivir en la polis, se concreta y especializa progresivamente en relaciones intergrupales e interinstitucionales, desde las inmediatas hasta las que tocan el funcionamiento de los estados y entes internacionales. Y esa convivencia se realiza en bien diversas formas de participación, entre las cuales el protagonismo en la sociedad civil, la militancia y el liderazgo partidistas, y en especial la función de gobierno.

    Todos los seres humanos -personas en sociedad- están llamados a interesarse y participar en la suerte, en el bien común de la polis. No a todos les corresponde lo mismo. Pero sí todos tienen que corresponsabilizarse. Esto exige una educación política, la cual, integrada como algo básico, correspondiente a una vocación- tarea humana obligante, estimulará la participación e informará sobre los varios modos de ejercerla, con conciencia crítica y actitud de servicio.

    El mandamiento máximo de Jesús, el amor, no se reduce, pues, al solo relacionamiento con Dios ni tampoco al individual persona-persona. Ha de tener una ineludible proyección social. En este sentido amplio hay que interpretar el criterio de salvación o condena en el Juicio Final (ver Mt 25, 31-46).

    La política no es, por consiguiente, algo optativo. Por lo demás, una socialidad proactiva, una ciudadanía corresponsable será el mejor antídoto frente a despotismos, populismos y cosas por el estilo. Hoy cuando se habla de refundar la nación una revalorización de lo político es tarea urgente. Quien cree en Dios debe cultivar en sí el ser su imagen y semejanza, también construyendo una nueva sociedad, polis libre, fraterna, productiva, pacífica.

    El Concilio Plenario de Venezuela hablando de la Iglesia en esta materia dice algo que es bueno subrayar en aplicación humana abierta: “Los cristianos no pueden decir que aman, si ese amor no pasa por lo cotidiano de la vida y atraviesa toda la compleja organización social, política, económica y cultural” (Documento 3, 90).