viernes, 28 de mayo de 2010
GRATUIDAD PARA NUEVA SOCIEDAD
Ovidio Pérez Morales
El término “nueva sociedad” designa otro “tipo” de convivencia social, que corresponda más y mejor a lo que requiere la comunidad humana. Y entre los factores (valores) que se explicitan al perfilarla, destacan la justicia y la libertad, los Derechos Humanos.
La “nueva sociedad” no puede pensarse como un punto terminal histórico; es, en efecto, un horizonte, que progresivamente se alarga en metas y exigencias, aprovechando la experiencia (logros y frustraciones) y la reflexión del homo viator (el humano caminante).
Ahora bien, a la hora de precisar formas y estructuras de la convivencia por alcanzar, se manifiestan filosofías e ideologías, concepciones diversas de la vida, con sus correspondientes proyectos societarios. Adam Smith y Marx, por ejemplo, abren, en perspectiva económica, caminos distintos. De modo semejante corrientes espiritualistas orientales y utilitarismos de corte occidental despliegan escenarios contrastantes en cuanto al sentido del perfeccionamiento humano. En el Evangelio, los cristianos encontramos, por supuesto, principios y orientaciones, valores y motivaciones relativos a la edificación de esa “nueva sociedad” (civilización del amor). Y no sobra repetir que el incansable molino de la historia es permanente trituradora y/o mezcladora de especulaciones y diseños, forzando así una permanente generación de novedades.
Un factor que debe ser incluido en la concepción y construcción de esa “sociedad deseable” es la gratuidad, la cual ofrece un ícono patente en nuestro tiempo: Teresa de Calcuta. Invita a todos, cualesquiera sean los campos en que se muevan y sus situaciones personales, a obrar no simplemente por la ganancia económica, el mantenimiento o aumento del poder (político o de otra índole), el prestigio y culto de la propia imagen, el placer de los sentidos. De Jesús es la frase: “Mayor felicidad hay en dar que en recibir” (Hechos 20, 35)
La gratuidad supone la justicia e implica, junto con la solidaridad (que es empeño por el bien común, por el bien de todos y cada uno), variadas formas de sensibilidad humana y también de delicadeza ecológica. El Evangelio invita a ir todavía más allá, abriendo la gratuidad a fascinantes, escandalosas y trascendentes exigencias. Es la razón de por qué, para muchos, resulta risible y chocante el Sermón de la Montaña. Éste llama e interpela hacia la com-pasión y la misericordia, el perdón y la reconciliación, el amor a los enemigos. La medida de la gratuidad evangélica es como un tonel sin fondo, porque tiene como modelo el amor de Cristo, la caridad de Dios.
La gratuidad, además de impregnar el relacionamiento interpersonal, comunitario, ha de abrirse espacio también en el ámbito organizacional y empresarial, para hacer más perceptibles y eficaces, la fraternidad y el amor en nuestro mundo concreto. Por eso, hoy, términos como economía de gratuidad, economía de comunión, no son sólo palabras y romántico fantaseo, sino búsqueda y trabajo serios y realistas.
De Benedicto XVI es esta afirmación: la economía globalizada parece privilegiar la lógica del intercambio contractual; pero tiene necesidad de otras dos: la de la política y la de la gratuidad (Véase Caritas in Veritate 37). La economía exige acompañarse de ética y de mística. Por el bien de toda la sociedad. ¡Y de ella misma!
Una “nueva sociedad” es impensable sin gratuidad, que es don sin contraprestación.
sábado, 22 de mayo de 2010
SUBSIDIARIDAD FRENTE A ESTATIZACION
Ovidio Pérez Morales
En la lógica estatizante del proyecto comunista “Socialismo del S.XXI” está en marcha una desenfrenada carrera oficial para absorber las más diversas obras y empresas que están en manos de particulares (individuos, grupos, asociaciones).
No se trata aquí, propiamente hablando, de una “socialización” o “colectivización”, sino de un monopolio del Estado, entendido como control gubernamental de sentido ideológico-partidista, con su polarización última en el “líder supremo”.
Lo predominante en todo este proceso centralizador no es, en definitiva, la suerte de la gente y, en particular de los trabajadores y de los pobres, a quienes se los exhibe como bandera, sino el fortalecimiento del poder hegemónico. Porque, ya de entrada, a los ciudadanos se los considera, de facto, como simples súbditos, para dividirlos, de inmediato, en partidarios/enemigos, según la adhesión/disenso con respecto al proyecto oficial (“Revolución”).
Frente a una concepción estatizante, que prioriza así una total centralización, es preciso reafirmar y defender la subsidiaridad, uno de los principios fundamentales que debe regir una sociedad personalizante, y, por ende, promotora de sujetividad y comunitariedad. Con todo lo que esto conlleva de corresponsabilidad y participación.
El principio de subsidiaridad figura, por tanto, “entre las directrices más constantes y características de la doctrina social de la Iglesia”, como lo enfatizan el Compendio de la misma, publicado por el Pontificio Consejo Justicia y Paz (2004), y el documento La contribución de la Iglesia a la gestación de una nueva sociedad (2006) del Concilio Plenario de Venezuela.
El Compendio describe así la subsidiaridad: “Conforme a este principio, todas las sociedades de orden superior deben ponerse en una actitud de ayuda (subsidium) –por tanto de apoyo, promoción, desarrollo- respecto de las menores” (No 186).
Caricaturizando este principio se lo podría formular así: el pez grande respalda al chico.
Los cuerpos sociales intermedios están llamados a actuar, sin ceder indebidamente sus funciones a otros superiores. De lo contrario, éstos terminarían por debilitarlos o eliminarlos, contrariando su dignidad propia y afectando su espacio vital. Por su parte, los cuerpos superiores tienen que reconocer y apoyar a sus “inferiores”, nunca minusvalorarlos o excluirlos. Pensemos, por ejemplo, en lo que significa la adecuada relación entre una comunidad pequeña o una asociación de vecinos y su alcaldía, y entre ésta y la respectiva gobernación. Lo que puede hacer la base no tiene porqué asumirlo la cúpula.
El principio de subsidiaridad concreta en el plano operativo la primacía que se debe dar a la persona y a sus organizaciones inmediatas o próximas, a los cuerpos intermedios, en el proceso social. La aplicación coherente de dicho principio concreta de modo efectivo la democracia en los distintos ámbitos del quehacer social.
Resulta particularmente oportuno insistir en la subsidiaridad, cuando en el país se busca desarrollar un “poder comunal”. Un tal poder, manejado en el marco de la Constitución y en concordancia con las exigencias de una auténtica subsidiaridad, puede constituir una valiosa herramienta de desarrollo integral de la nación. De otro modo se convertirá en una simple correa de transmisión del poder centralizado.
La subsidiaridad funciona con un Estado promotor. Se paraliza con uno totalitario.
jueves, 13 de mayo de 2010
NUEVA JERUSALEN DE MARX
Ovidio Pérez Morales
La Biblia se abre con un drama de profundas repercusiones históricas. El relato (Génesis 1-3), rico en símbolos, luego de narrar la libre decisión creativa, refiere una ruptura (caída) original y originante, que busca explicar la condición conflictiva del ser humano y el claroscuro dialéctico de su peregrinar histórico.
Esa misma Escritura se cierra con el Apocalipsis, cuyos dos últimos capítulos, bajo la figura de la Nueva Jerusalén, describen la consumación de la historia con el inicio de una “duración” definitiva, que será la plena comunión interhumana y humano-divina. “Un cielo nuevo y una tierra nueva”, sin lágrimas ni fatigas, ni llantos ni muerte, “porque el mundo viejo ha pasado”.
En el credo cristiano son básicos estos dos polos referenciales. Ellos constituyen r el fundamento sólido y exigente, tanto de un compromiso constructivo en la ciudad presente, como de una indeclinable esperanza de la ciudad futura.
Un número muy interesante de la encíclica de Benedicto XVI sobre la esperanza (Spe Salvi del 30.11.2007), es el 21. Allí el Papa hace referencia a la Nueva Jerusalén de Marx. Éste proclama también una consumación de la historia, consistente en una perfecta unidad interhumana (comunismo), como fruto, en definitiva, de la “socialización” de los medios de producción. Resulta atractivo leer las profecías “científicas” descriptivas de este “happy end” en los manuales marxistas (los hay clásicos como el de F.V.Konstantinov). Ese final-indefinido será: expresión superior, culminante, del humanismo; trabajo convertido en la primera necesidad vital; sociedad dotada de “una abundancia de toda clase de bienes materiales y espirituales”; plena vigencia del principio “de cada uno, según su capacidad; a cada uno, según sus necesidades”. Final que es afirmación de “fe” y de “esperanza”, intramundanas, las cuales recogen hondas y sentidas aspiraciones humanas y tratan de realizar innegables valores. Pero…
La implantación del “socialismo real” ha manifestado “el error fundamental de Marx”, según expresa el Papa. Gravísimo vacío, pudiera también decirse. En modo fatalista y cuasi mecanicista, Marx proclama una Nueva Jerusalén, pero sin decir nada acerca del cómo (mediaciones) de su estructuración. Supone simplemente que solucionado el desarreglo económico (cabría decir: absuelto el “pecado original” de la propiedad privada de los medios de producción), lo demás (lo político y lo ético-cultural) vendrá por añadidura. La “añadidura”, sin embargo, ha sido desastrosa.
En la base –irreparable- del desastre está la índole materialista del edificio marxista, cuya correspondiente antropología olvida, nada más ni nada menos, al antropos integral y concreto. La plenitud apocalíptica marxista desconoce el drama genesíaco. Koba el Temible de Martin Amis ofrece, lamentablemente, no pocos elementos para una antropología del “socialismo real”.
El “hombre nuevo” marxista, no sabe de pecados capitales, ni del porqué del Decálogo. Por ello, esa antropología ahístórica desemboca en gulags siberianos y en nomenclaturas vitalicias caribeñas.
Al ser humano no se lo puede componer simplemente desde afuera. Y su idolización termina siempre –como en el relato genesíaco- en la triste experiencia de la propia desnudez.
La crítica al marxismo no puede ignorar las injusticias que éste busca superar, ni destruir totalmente su parte válida de utopía. Con todo, la Nueva Jerusalén será logro humano, sí, pero, fundamental y radicalmente, don de Dios.
miércoles, 5 de mayo de 2010
Concilio en Bicentenario
CONCILIO EN BICENTENARIO
Ovidio Pérez Morales
Particular significación entraña el fuerte relanzamiento que el Episcopado nacional ha decidido dar al Concilio Plenario de Venezuela (CPV), en cuanto a su efectiva aplicación.
La reciente Carta Pastoral de la Conferencia Episcopal Sobre el Bicentenario de la Declaración de Independencia de la República, luego de renovar el compromiso eclesial con el desarrollo integral de la naciónen una línea de humanismo cristiano, afirma que nuestra Iglesia cuenta con el conjunto doctrinal sólido del Concilio Plenario, al cual define como “fundamento de un proyecto evangelizador pastoral de gran alcance” para renovar a la Iglesia y servir mejor al país.
¿Conclusión sobre el Concilio Plenario? El Episcopado la enfatiza: “Urge, por consiguiente, su puesta en práctica, decidida y responsable, a lo ancho y largo del país (No. 40).
Con respecto al aporte eclesial a la construcción y reconstrucción de la República en justicia, libertad y fraternidad, se destacan dos documentos conciliares: La contribución de la Iglesia a la gestación de una nueva sociedad y Evangelización de la cultura en Venezuela. Aquél aporte se lo entiende conjugado al de todos los hombres y mujeres de buena voluntad de este país, que se entiende como hogar común, en cuyo cuido, bienestar y progreso nadie puede quedar o considerarse excluido.
Un poco más adelante los Obispos remachan su clara determinación de “impulsar una decidida puesta en práctica de las orientaciones conciliares”. Y, teniendo muy presente la situación nacional, justifican esta decisión: “En ello está en juego todo lo relativo a valores como la defensa y promoción de los derechos humanos; lo tocante a la superación del empobrecimiento, la exclusión y las hegemonías, mediante la promoción de la justicia, la participación y la subsidiaridad; así como el fortalecimiento de la democracia y la sociedad pluralista, la educación libre hacia un desarrollo compartido y el dinamismo cultural orientado a una calidad espiritual de vida (No. 43).
El Concilio Plenario en sus 16 documentos aborda todos objetivos específicos o dimensiones de la misión de la Iglesia, que es la evangelización. Por tanto, desde el primer anuncio del evangelio hasta el diálogo ecuménico e interreligioso, así como la contribución para construir una nueva sociedad, pasando por la formación de la fe, la liturgia y la organización de la comunidad visible eclesial. Por ello el cuerpo documental conciliar, fundamenta un gran proyecto pastoral, de nueva evangelización, hacia el interior de la Iglesia y de ésta hacia la entera sociedad.
Para la Iglesia en Venezuela la puesta en práctica del Concilio Plenario, sin dilación y de modo efectivo, no es, por tanto, algo optativo ni secundario. Constituye una tarea prioritaria en la que se juega su credibilidad y su eficacia evangelizadora, desde ya y en los próximos años y décadas.
Especialmente en tiempos en que se proyecta “refundar” el país en base a principios y criterios incompatibles con una genuina concepción humanista y cristiana, el Concilio Plenario impulsa a un auténtico progreso de nuestro pueblo en el genuino sentido del Evangelio.
Para terminar, me complace comunicar la buena noticia de que la Universidad Católica “Cecilio Acosta” de Maracaibo, pondrá en Internet, a disposición de la Iglesia y del país, la documentación conciliar para su utilización interactiva. Además facilitará, mediante CDs, el mayor y mejor aprovechamiento del corpus conciliar.
Aplicar el CPV: excelente labor para una constructiva celebración bicentenaria.
jueves, 29 de abril de 2010
IGLESIA EN LA REPÚBLICA
La fe católica penetró el espíritu nacional hasta convertirse en un signo de identidad, que los fundadores de la República reflejaron en los documentos constituyentes. Luego se irán integrando otras confesiones y convicciones, manteniéndose, con todo, la adhesión mayoritaria católica de nuestro pueblo, en un marco de fluido respeto y diálogo.
Situaciones críticas no le han faltado a las instituciones de la Iglesia católica en el período republicano. Ejemplos: cuando el país se inauguró como independiente en 1830, el usurpado Patronato Eclesiástico llevó a los obispos al exilio. Con Guzmán Blanco el laicismo-cesaropapista llegó al clímax: destierro de obispos, arrasamiento de conventos, cierre de seminarios, aparte de leyes dirigidas al cerco administrativo y jurisdiccional de la jerarquía. Un testimonio patente de la postración institucional de la Iglesia y las penurias en su actividad apostólica en el cruce de siglos XIX-XX, lo ofrece la comunicación dirigida por los Obispos al Presidente Dr. J.P. Rojas Paúl (26.9. 1889).
No podrían omitirse en un análisis de los roces Iglesia-Estado durante el siglo XIX, las fallas operativas de la jerarquía misma, como tampoco el débil bagaje doctrinal y pastoral de la Iglesia para abordar adecuadamente la modernidad y sus nuevos tiempos laicos, liberales, democráticos. El renovador Concilio Vaticano II se tuvo apenas en los 60´ del siglo siguiente.
Los tiempos “serenos” del Gomecismo registran prisión y muerte de algunos sacerdotes, un decreto (no puesto en práctica) de expulsión del Episcopado, el ostracismo del Obispo de Valencia –futuro mártir del régimen nazi- . El trienio postoctubrista (1945-1948) encrespó las aguas (por el Decreto 321 y otras causas). La década “militar” inaugurada con la caída de don Rómulo Gallegos experimentó un in crescendo en distanciamientos y tensiones, que llegaron con la carta pastoral de Monseñor Arias Blanco del 57´ a un choque frontal con la dictadura.
La Iglesia se comprometió muy decididamente en pro de la convivencia democrática durante la etapa que se inició el 23 de Enero de 1958, en la perspectiva de su misión evangelizadora, con sentido crítico, promoviendo siempre el bien del país y el mayor servicio a los más débiles. Para conocer la mente y la acción del Episcopado a partir de esa fecha hasta 2007 es fundamental acudir a Compañeros de camino, tres volúmes de documentos compilados y presentados por los obispos Baltazar Porras Cardozo (I-II) y José Luis Azuaje (III).
La amplia Declaración de la Conferencia Episcopal Venezolana a los treinta años del 23 de enero de 1958 (12.1.98) advierte algo que, a poco más de veinte años de distancia de 1988, resuena con peculiar acento: “Muy distinto habría sido nuestro proceso democrático, y otra la situación actual, si quienes han conducido los diversos órdenes de la vida nacional, hubieran escuchado y puesto en práctica las orientaciones, que, desde el Evangelio, comunicábamos a los hijos de la Iglesia y a todos los venezolanos” (No. 3.6).
Una Declaración del Episcopado a inicios del crucial ´98, luego de subrayar algunas tareas nacionales apremiantes, enfatizó: “la democracia como sistema político no es negociable”
La Iglesia fue lanzada a la historia para evangelizar. Esto le exige enseñar, aportar; pero también aprender, recibir. En la línea del mandamiento máximo.
ENTREVISTA A EL NACIONAL
ENTREVISTA A OVIDIO PEREZ MORALES POR MILAGROS SOCORRO PUBLICADA EN EL DIARIO “EL NACIONAL” DE CARACAS EL 25 ABRIL 2010
Monseñor Ovidio Pérez Morales insta al Gobierno a retomar la Constitución
“Venezuela padece una ineficaz, ineficiente y dolosa gestión”
En un documento de orden personal, el Arzobispo Emérito, quien estuvo en las diócesis de Coro, Maracaibo y Los Teques, conmina al Presidente a “acercarse con amorosa sencillez a las personas concretas”.
Milagros Socorro
-La Patria es hoy un país desgarrado que se desangra e involuciona –así resume monseñor Ovidio Pérez Morales la situación del país, en carta abierta , titulada “¡Presidente, vuelva al Cabildo!”, que hará pública este lunes, a través de la dirección de Internet: www.perezdoc1810.blogspot. com.
El documento de 5 puntos tiene al presidente Hugo Chávez como interlocutor. Allí le dice que “Venezuela ya no es una. Por motivos ideológico-políticos se la ha dividido. Por lo menos a la mitad se la califica de apátrida, decretándosela excluida del goce pleno de los derechos ciudadanos”. El segundo ítem establece que: “A pesar de que en Referéndum de 2007 se dijo NO a la propuesta de convertir a la República en un Estado Socialista, se persiste desde el Poder en la desobediencia manifiesta a ese mandato… La Constitución está siendo violada, no se oculta su utilización como simple función del proyecto ‘socialista’… Está en juego la legalidad del régimen”. En el tercero, monseñor Pérez Morales aborda la inseguridad ciudadana y resume: “…el gobierno siembra violencia cuando descalifica, injuria, amenaza y discrimina… No faltan quienes, ante la galopante inseguridad, se preguntan si ella no correspondería a una política de estado, tendiente a que muerte y miedo conduzcan a una parálisis que facilitaría la sumisión de la ciudadanía”.
En el punto 4, el arzobispo afirma que: “una ineficaz, ineficiente y dolosa gestión, está llevando a la caída de la producción, del abastecimiento y del consumo, agravada por crisis inéditas y previsibles en los servicios eléctrico e hídrico, y configura un cuadro de carencias y dependencia”. Y en el apartado 5, alude a un “líder máximo, inobjetable, inapelable, insustituible, omnipotente”, al que recomienda “preocuparse por la propia nación, no cayendo en aquello de luz para la calle y oscuridad para la casa”.
Nacido en Pregonero, estado Táchira, Ovidio Pérez Morales fue alumno de monseñor Rafael Arias Blanco, arzobispo de Caracas el 1 de mayo de 1957, cuando escribió una carta pastoral que al ser leída en las todas las iglesias del país elevó la moral de la disidencia y contribuyó a la caída de Pérez Jiménez casi un año después. “Siempre lo he tenido como modelo”, dice Pérez Morales.
-Su pronunciamiento es más duro que el de su maestro.
-Sí, porque la situación, desgraciadamente, es más dura. Pero me atrevo a decir que en lo sustancial de esta declaración, formulada ante la circunstancia bicentenaria tan importante para el país, no voy más allá de lo que los obispos de este país han expresado en sus documentos de los últimos años e interpreto su posición frente a la actual circunstancia.
-Se diría que está a Dios rezando y con el mazo dando.
-En el sentido de pedir a Dios que ayude al país, al tiempo que asumo el compromiso ineludible que en este momento nos toca por el bien de la nación.
-¿Qué supone para usted asumir un compromiso como el que implica su carta?
-Primordialmente, hacer todo lo posible desde el punto de vista individual, grupal e institucional por rehacer la unidad del país. El principal problema de la Venezuela del bicentenario es la división del país. Estamos como en una jaula de fieras, arañándonos e hiriéndonos, cuando tendríamos grandes posibilidades de avanzar unidos mediante el reencuentro y las redes de colaboración.
-El Presidente asegura que no hay reconciliación posible.
-Esa posición abre la puerta a la desesperación de la ciudadanía, al descuartizamiento del país. Uno se pregunta si esa imposibilidad de encuentro fue lo que soñó Bolívar, cuya invocación en Santa Marta fue, precisamente, al cese de los enfrentamientos y la consolidación de la unión para bajar tranquilo al sepulcro.
-Usted mismo no elude la confrontación. Su documento expresa juicios muy duros con respecto al Gobierno y al Presidente.
-Me he visto en la obligación porque quiero a este país y un futuro feliz para él. La verdad es dura pero puede ser la condición de una sanación real. Yo recojo el sentir de mis hermanos obispos, quienes, durante la etapa democrática, hicieron un seguimiento de la situación y advirtieron sobre una serie de situaciones. Si se los hubiese escuchado, otra habría sido la suerte del país. Los obispos hablaron con sentido profético en momentos neurálgicos del país: ante el boom petrolero de los 70, ante el malestar creciente de los 80 y en las crisis planteadas en los 90. Creo que se hace un gran aporte denunciando situaciones, proponiendo salidas positivas y, por supuesto, comprometiéndose en el servicio del país.
-Da la impresión de que después de este pronunciamiento suyo no hay vuelta atrás con el Gobierno. ¿Esa es la idea?
-La idea no es la ruptura. Yo, como obispo, asumo la posición del Episcopado de hacer lo posible y lo imposible por abrir espacios de diálogo. No solamente entre el Episcopado y el Gobierno sino entre los diversos sectores de la nación. No podemos claudicar convenciéndonos de que la reconciliación es imposible. La reconciliación supone conversión, otro talante personal y colectivo: yo me reconcilio adoptando posiciones de tolerancia, apertura y respeto. Debo añadir que rezo todos los días por el Presidente y por el bien del país. Eso me ayuda a liberarme de sentimientos negativos y de animadversión.
-No será que la conversión que usted sugiere pasa por la renuncia del Presidente?
-El documento es una invitación a una vuelta al Cabildo del señor Presidente, que traería la alegría del reencuentro y frutos muy positivos de progreso compartido, de vigencia de la justicia y el derecho, de solidaridad y de paz. Una vez pedí respetuosamente la renuncia de un presidente: al doctor Jaime Lusinchi, a quien le expuse que si quería divorciarse y casarse de nuevo, lo más conducente era que renunciara y lo hiciera al margen de la primera magistratura. Para responder su pregunta: no estoy pidiendo la renuncia del Presidente, exijo que sea de verdad mi presidente y el de todos los venezolanos. Asumir esa responsabilidad sería volver al Cabildo.
-Por menos que eso, está preso Oswaldo Álvarez Paz. ¿Está usted preparado para la cárcel?
-No. Yo no estoy preparado para la cárcel. Pero el señor Jesucristo nos enseñó que el asumir con conciencia y decisión un camino no excluía situaciones de persecución; y él mismo no murió en un lecho de rosas. Ojalá nadie fuera perseguido en este país… Hablando de presos, conservo como algo muy significativo una carta que me escribió el comandante Chávez desde Yare, agradeciendo lo que había hecho junto con el Episcopado en defensa de los derechos humanos de él y de sus compañeros del golpe de Estado del 92. En ese momento lo hicimos como un deber, así como ahora intervenimos como un deber.
-¿Qué edad tiene usted?
-En junio cumplo 78 años.
-Este paso al frente que usted ha dado, ¿tiene que ver con su edad?
-A esta edad, con gran experiencia acumulada, uno se vuelve más lúcido, sereno y sensible. Uno quiere que haya una Venezuela mucho mejor, más fraterna, más unida. Venezuela padece una hemorragia que debe conmovernos a todos. No podemos callar ante el sufrimiento de tantos venezolanos víctimas de la delincuencia, homicidios, secuestros y robos. Lo primero que tiene que ofrecer un gobierno es seguridad. Y no es el caso.
-¿Ha adquirido más valentía?
-Un poco mas de sabiduría. Y, definitivamente, más desprendimiento. Yo no tengo nada que buscar en el plano humano. Desde luego, eso no me lleva a conducirme con ligereza, sino, al contrario, a ofrecer un aporte que me siento obligado a dar, porque de eso se me pedirá cuentas en la última hora. No quiero ser reprobado por no haber cumplido con mi deber.
domingo, 25 de abril de 2010
MR. PRESIDENT, RETURN TO CABILDO!
On April 19, 1810, whose bicentennial we have just commemorated, Francisco Salias, interpreting the will of the people, admonished the Captain General Vicente Emparan to return to the Cabildo, the highest representative body of citizens at the time. The City Council had been convened to resolve the national turmoil, following the power crisis that originated in Spain by the Napoleonic intervention. Emparan had been invited to the chapter meeting and knew the purpose of it, but wanted to avoid a decision and therefore went to the Cathedral to attend the liturgical celebration of Holy Thursday.
The City Council, besides its members, gathered at the time deputies, representatives of various sectors of society, accompanied by a growing popular agglomeration. There was thus an assembly, which in this circumstance should address the political fortunes of Caracas and Venezuela, and, as perceived in this environment, would determine their identity and future as a sovereign people.
The return of the Captain General to the council meant the willingness to face the challenging situation realistically, and respond with openness and clarity to the profound and unavoidable aspirations for freedom and autonomy of the Province of Caracas and much of the Nation. For Emparan, the margin of maneuver was narrow, but his best option was not to avoid responsibility, but to confront the crisis and facilitate a way out, the least traumatic for everyone.
The Council was aware that the agenda of that day was not just the interests that occupied a particular stratum of the population, or only sectoral problems no matter how large they were. What was on the agenda was how to collect, giving them an institutional form, the wishes and purposes of a vast autonomous human group that the Declaration of Independence would call, the following year, "the American Confederation of Venezuela in the southern continent." The body reflected and represented, both rightly and with limitations, a unified national sentiment. This was in a germinal stage, and this feeling would subsequently be translated into socio-economic political and cultural structures consistent with a true unity. At that time, truly, discrimination and exclusion persisted, not only in fact but also in law (a statement that two hundred years later we can humbly repeat recognizing present sins).
With regard to these facts it is appropriate here to bring up what was expressed by the Venezuelan Episcopal Conference in its recent pastoral letter on the Bicentennial: "... between April 19, 1810 and July 5, 1811, the founders of the country took the difficult decision to form the Republic of Venezuela and proclaimed a beautiful national dream, aware of its greatness, the sacrifice involved, as well as the constraints to bring it about.” (Number 4).
"Both April 19 and July 5 were" the document points out, “two events in which civility shone. The authority of intelligence, dialogue, firmness and courage did not have to resort to arms or other force and violence. The wisdom in the exchange of ideas and proposals respectful of dissent fostered a common desire for freedom, equality and fraternity. " (Number 5). Beyond the ambivalence of these events and subsequent processes, the major tangible result was our birth as an independent country and the will to "... to achieve forms of coexistence and freedom for all people without exclusion ... a primary but imperfect aspiration." (Number 9).
Two hundred years later
Indeed, in commemorating its Bicentenary Venezuela recognizes the limits of such dream and aspiration, since if "they were all included by right in the hope and the blessing of God invoked to ... a way of conviviality… that might be a scope of life, freedom and dignity for all, in fact ... the vast majority of the popular sectors was excluded " (id.), but also, after starting in 1998 ... a project ... to "recast" the republic ... (whose) ambition not only touches the material and organizational fabric ... but also and above all affects the inner, spiritual depth, of the national soul "(id. 20), the country is today in the first instance, a country torn apart, that that bleeds and involutes. To say this is not in any way being a "prophet of regrets and misfortunes" or ignoring the positivity of the very existence of the national community both as a melting pot of races and peoples, as of the values and achievements recorded on account of its pilgrimage. It means, yes, to remember responsibly, knocking to the conscience of all my brothers for a "wake up and react," while facing the serious crisis that threatens and summons us.
Without pretending, of course, to be exhaustive, I point out some salient features of this crisis:
1. Venezuela, in effect, is no longer one either as a dream or as a living experience. For political and ideological reasons it has been artificially divided. At least half of it is qualified as stateless and even unpatriotic, and by decree it is to be excluded from full enjoyment of citizenship rights. How will we celebrate as a national holidays, in a democratic manner, the birthday of a Republic whose unity is denied? It is no longer considered the common house that our founders dreamed of: ample, welcoming, tolerant, peaceful, fraternal, but the closed, exclusive, unique enclosure of a Manichaean sect. Not longer the great family but a harsh environment for rejection, an apartheid that has been overcome elsewhere. Human rights no longer belong to all humans!
2. Neither is Venezuela, nowadays, not pluralistic. Some do not want it to be a haven to a diverse people, multicolored, multicultural, where those that are different and even the unruly have their place. Although the 2007 referendum said no to the proposal to convert the Republic into a "socialist state" because it contradicts "the Constitution, and a correct concept of person and State", those in power persist in carrying out this design. And thus, they disobey the mandate expressed in the referendum and continue to impose by actions and "laws" such a system. The Constitution, in effect, is being violated. Even more, no effort is being made to hide neither its ad hoc interpretation nor its utilitarian function as a bulwark of the "socialist" project, thus radically distorting its original and authentic purposes. Therefore, what is truly at stake is the legality of the regime. The process of dependence of all powers on a single one of global nationalization, of a nominally communal centralization, of a massifying hegemony, speeds its way in the various economic, political and ethical-cultural fields. Democracy is, for now, tolerated, but it is harassed, gradually, by a "revolutionary" voluntarism of autocratic and "messianic" vocation, ignoring or distorting the rights of men.
3. Venezuela is no longer a context for life. We are a country guilty of a monstrous hemorrhage. We occupy prominent place in the world in terms of violence and crime. Our streets are the scene of unreported crime and impunity; our morgues, crowded places of painful sharing; our courts, grounds of unfairness or of venal corruption or politicization; our jails enclosures of inhumanity, the antithesis of rehabilitation, lobbies of death. All this was not totally new, but it has been exacerbated exponentially, while the government, in word and deed, when disqualified sows violence, insults, threats and discrimination; when it exhibits and increases its warring arsenal, radicalizes militarization of the population and emphasizes the repression of dissent. The slogan "Fatherland, socialism or death" is the corresponding slogan for a necrophilic militarism of tragic historical memory. There are those who, facing the rampant and unrestrained insecurity, have posed the question of whether this corresponds to a State policy intending death and fear would lead to a paralysis that facilitates the submission of citizenship.
4. Venezuela is no longer a “developing nation”. We have a petro-capitalism of State, with targeted donations abroad and populism inside. Ideological-political reasons and the consolidation of power trump the real needs and aspirations of the people. All this, coupled with ineffective, inefficient and fraudulent management, is leading to falling domestic production, supply and consumption, compounded by an unprecedented but predictable crisis of electrical and water services, forming a picture of deprivation and dependency, objectively also functional to the "Project" of concentration and control.
5. Venezuela is no longer respected in its soul and identity. Subjectivity and centrality, morality and spirituality of the human person are diluted, to privilege the material basis of production and the mere structurally collective, "alienating", literally. There is talk of reestablishing the country. On what values? "Socialism of the XXI century" (of increasing Marxist-Leninist reference and with a confessed Castro-communist model) stands as the supreme end and criterion, is made absolute and sanctifies the "Revolution", made into established regime, making it the final standard of truth and goodness. All this tends to be personified in the top leader, irrefutable, indisputable, irreplaceable, and omnipotent. Within this frame, symbols are reformulated, remaking historical memory and decreeing partnerships or associations with other States, regardless of national and popular sentiments; media are monopolized, education is restructured, lies become anti-culture, art is redefined, religion instrumentalized.
Back to the Cabildo
On the occasion of the Bicentennial celebration on April 19, I believe it is, therefore, for me an urgent matter of conscience, as a citizen, a believer and a bishop, a return to the interpellation of Francisco Salias to admonish commander Hugo Chávez Frías: Citizen President, "go back to the Cabildo"!
I make this call to you with due respect for the investiture and function, but also with clarity and sincerity that require, from my faithfulness to God and my conscience, a service to Venezuela. I do that, with hope that believes, knowing that God loves us all, without exception, and in all circumstances helps us to rebuild paths for the greater good of our neighbor. I am also not judging intentions—a matter corresponding only to God—nor thinking of myself without responsibility for the ills of the country. I do it, finally, without claiming infallibility in my findings. I only must and want to serve.
What does "back to the Council" mean today? First of all, it is not a matter of a "mechanical or anachronistic" return to disappeared forms or institutions, or historically dated, but a creative fidelity, a critical memory, a conscious awakening, a hopeful dream.
In a few points I will synthesize what I understand by that.
1. Going back to the unity of the country. This unity could not be ethereal or pseudo-bucolic harmony, nor asphyxiating and monolithic uniformity or massifying homogeneity, but plural and diverse sharing. This forces us to promote the effective participation of all individual and groups concerned; to promote solidarity that integrates and the subsidiarity that stimulates and combines the activity of intermediate social bodies, linking it with the task of the State, for the sake of common good and its climax: peace in justice and truth. This recalls and demands, in the near and concrete, the settlement of an outstanding debt to our historical memory and an integral responsibility towards real men and women fallen, mutilated, exiled, imprisoned or acquitted, convening a committee of truth about the events of April 2002. It is a task of priority for a President, indeed, to find cohesion, the fellowship of all citizens above distinction of any kind, working towards a joint and shared responsibility to achieve material progress and moral and spiritual development of the nation. The Head of State is for all Venezuelans, not for a "project", ideology or party, but for one and the same country. Nothing should be more present in the Presidential role than preaching and acting to convene, congregate, all for whom he is, in turn, agent and server (and who, if pragmatically considered are also taxpayers who pay the presidential expenses).
The return to unity is to turn towards people in pursue of a peaceful coexistence, lively and colorful. This involves breaking the confinement and polarization in the self, or an idea or sect. Ridding the country of the symbol par excellence of all official hegemony, that arbitrary abduction of time and privacy of the sovereign people: the "cadenas." Opening to share the concerns of citizens and the entire community, to peaceful dialogue and respectful discussion, which would have symbolic expression in an urgent national reconciliation initiative and the civilized debate of a multicolor "town hall" (Assembly, governors, mayors, Communes).
2. Return to Venezuela as a context for life. Let’s recall that the first instinct is that of conservation and the human primary right is to life. The first task of a society is to preserve and protect the survival of its members. The first duty of a State is to ensure and promote the physical, mental and moral health of citizens. Hence the necessity and urgency of the promotion of a culture of life, against the proliferation of a many-rooted anti-culture of death. In their communication On violence and insecurity, published as a result of its latest plenary session, the bishops said that "It is the duty of citizens to demand from the authorities of the State, especially the government, to create the conditions necessary for the right to life, physical integrity, protection of property, free movement, among others, becoming rights to everyone. Currently, the response to social violence is fear, which leads us to shut ourselves and protect ourselves, to distrust everyone. Every man for himself as possible, seems to be the watchword before a lazy and complicit state "(Number 12). Back to life is conceding priority to and resolutely defending the integral life of Venezuelans, of all the crime-weary countrymen, irreducible in the face of impunity, activists against any disqualifying and excluding arrogance, which aims to criminalize legally recognized expressions or disqualify court guaranteed claims. Back to life is to recognize others as human beings created in the image and likeness of God and bearers, therefore, of inalienable rights, deservers of respect for their physical and moral integrity; it is the promotion and defense of their inalienable rights, solidarity on their behalf, especially if they are poor and needy; it is to work for brotherhood and peace, on the basis of truth and goodness. He who presides over the Republic in this task has a major responsibility and the role of a protagonist in this endeavor. Thus, he must come nearer with loving simplicity to real people, with their successes and frustrations, joys and sorrows, their inalienable human rights, their deeply felt desire to live in peace and security, without constant shocks and anxiety, without an exhausting and permanent tone of militarist verbal confrontation and nihilism, or social initiatives in warmonger proclamations.
3. Back to progress within the framework of the Constitution. The Venezuelan people have given it to themselves as an expression of its sovereignty; it illustrates and ensures the rule of law for all, the legal stability of the institutions and the integral welfare of the Nation. The Constitution provides, in its text, a regulatory framework for both the citizenry in exercising their rights and duties, human and civic, and for the State and its organs, servers of the former; and in its spirit embodies the fundamental consensus for coexistence, the social compact of shared principles and values. There is an urgent need to rescue her, not only as a "law of laws" and paradigm of all legality, but also to upgrade the humanizing function, radically ethical, of law. Under Article 2 of our Constitution, "Venezuela is a democratic and social state of law and justice, which holds as superior values of its legal system and its performance, life, freedom, justice, equality, solidarity, democracy, social responsibility and in general, the preeminence of human rights, ethics and political pluralism. " On these fundamental principles must be built and shared the overall progress that the country needs, which also requires the participation of all citizens, groups and social entities, whose initiative it is essential to host and promote while avoiding exclusion and combining efforts.
4. Return to Venezuela. Appreciating its roots, remembering, self-critically but faithfully, realistically and comprehensively, its past; accepting humbly that we are the heirs of "heroes and villains”, not pretending to arbitrarily reconstruct family trees, practicing anti-historical jumps or violating biographies or messages from the ancestors. We cannot pretend to relaunch the country, while passing over the identity of the people, emptying the national soul of its spiritual and religious experiences, underestimating the natural neighborhood and our cultural physiognomy to prioritize strange bedfellows, copying already-failed ideological-political models, distant from the Venezuelan idiosyncrasy and its real interests. Back to Venezuela also entails our preoccupation, above all, for one's own nation, not falling into that of "light in the square and dark in the house." International solidarity must be free from crypto-imperialistic temptations favored by oil power, on the one hand, and neocolonialist relapses by ideological restraints, on the other. Venezuela is and has to be everyone's common house and the field of fraternal welcome.
………
"Back to the Council" requires as a priority and patent fashion, that you assume responsibility as President of the Republic. This delicate position involves listening and commitment to all Venezuelans, working towards their union on behalf of the national common good. Nothing more inconsistent with this, than an identification, implicit or explicit—and, worse, when it is displayed—with only one sector of the population, ignoring and marginalizing others, based on ideological and political reasons, racial, religious or of any other genre. The President is it, indeed, when it respects the citizens "not in spite of" but precisely “because of” their differences, convivially in the understandable and inevitable diversity of a democratic, pluralistic society. When he reaps the gratitude of all: those who elected him and those who did not vote for him or oppose him but that, in any case, should and need to feel in him sensitivity, closeness, humanity, as their Chairman. Otherwise, the legitimacy of his tenure as president is at stake.
This "back to the Council" Citizen President, could only lead the country to the joy of reunion of the Venezuelans, with the hope of logical results: shared progress, observance of justice and law, fraternal solidarity, stable peace, and a culture of civility.
As a Christian I pray for you, so that, overcoming obstacles and not letting yourself being deterred by difficulties, prejudices and interests, past and present, you can contribute effectively, from your high responsibility to redirect this nation on the path of unity, truth and peace, which Jesus Christ emphasized at the Last Supper, a religious perspective in its maximum value, and Simon Bolivar underlined in his last message, as a condition for strength and progress of our peoples. Mr. President, return to the Council!
Caracas, april 24 2010
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