lunes, 28 de agosto de 2023

CONSTITUCIÓN NOMINAL, SOBERANO ENCADENADO

 

    Tenemos una Constitución, que se queda en puro nombre, y un soberano -definido en el artículo 5 de la misma-, que se encuentra actualmente encadenado.

    Lo “puro nombre” es porque si bien la Constitución (CRBV) recibió inicialmente mucha difusión y alabanza, su articulado base quedó en simples palabras. Esto nos recuerda una filosofía de fines del Medioevo llamada nominalismo, para la cual los conceptos eran puros nombres (flatus vocis, emisiones de voz), sin responder a realidad alguna. Lo de “encadenado” como calificativo del soberano, es porque los ciudadanos no gozan actualmente de garantías políticas, que les permitan expresarse libremente sobre la cosa pública, especialmente en lo electoral; la dirigencia del Régimen proclama que continuará en el poder “por las buenas o por las malas” y que “vinimos para quedarnos”. Expresiones confesa y públicamente soberbias y subversivas.

    La Constitución de 1999 -excesivamente centralista, necesitada de reforma y hasta de reformulación- constituye por ahora, con todas sus limitaciones y vacíos, un instrumento aceptable para el manejo democrático del país. El problema máximo es que su articulado fundamental se queda en enunciados formales, junto a una praxis cotidiana violatoria manifiestamente anticonstitucional. Hoy no existe en Venezuela un estado de derecho y, lo que es peor, el Régimen alardea de un socialismo contrabandeado, no sólo hegemónico sino también totalitario.

    Con respecto al soberano, no obstante que la Constitución afirma solemnemente el poder intransferible (CRBV 5), originario (CRBV 347) del pueblo, se da, de facto, una usurpadora concentración e inflación de poderes en el Ejecutivo nacional, el cual los ejerce dictatorialmente, no sólo con la notable participación, sino, sobre todo, por el apoyo decisivo político-ideológico del Alto Mando de la Fuerza Armada. El soberano parece un pordiosero a la espera de migajas de libertad concedidas por el poder.  Manifestaciones patentes de una tal anomalía son los centenares de presos-torturados políticos, la hegemonía comunicacional, la discrecionalidad de los organismos represores, el saqueo del país y la expatriación forzada de una cuarta parte de los venezolanos.

    La Conferencia Episcopal, ante la grave y global crisis, viene planteando la urgencia de una refundación nacional. Con respecto a ésta, resulta cuando menos curioso leer en el Preámbulo de la Constitución que “El pueblo de Venezuela (…) en ejercicio de su poder originario” la decretó “con el fin supremo de refundar la República”. Y explicita el para qué de la refundación:  “establecer una sociedad democrática, participativa y protagónica, multiétnica y pluricultural en un Estado de justicia, federal y descentralizado, que consolide los valores de la libertad, la independencia, la paz, la solidaridad, el bien común, la integridad territorial, la convivencia y el imperio de la ley para esta y las futuras generaciones; asegure el derecho a la vida, al trabajo, a la cultura, a la educación, a la justicia social y a la igualdad sin discriminación ni subordinación alguna; promueva la cooperación pacífica entre las naciones e impulse y consolide la integración latinoamericana de acuerdo con el principio de no intervención y autodeterminación de los pueblos, la garantía universal e indivisible de los derechos humanos, la democratización de la sociedad internacional, el desarme nuclear, el equilibrio ecológico y los bienes jurídicos ambientales como patrimonio común e irrenunciable de la humanidad”.

    Estos fines positivos fueron declarados así en 1999, en una Venezuela con una democracia y un progreso innegables aunque imperfectos y con vivos anhelos de cambio efectivo. Los detentores del poder emergente tenían, sin embargo, otro proyecto subrepticio de tipo socialista marxista para imponerlo progresivamente. Hoy, a más de veinte años de distancia y en una Venezuela arruinada y oprimida, aquellos fines se replantean con máxima urgencia y obligatoriedad. Las Primarias de la oposición y las próximas elecciones nacionales han de ser pasos consistentes en dirección refundacional. La realidad debe ajustarse a la Constitución y el soberano debe romper cadenas y ejercer su poder originario. Para refundar el país. Nuestro país.

 

     

 

 

viernes, 11 de agosto de 2023

DOCTRINA SOCIAL DESDE LA IGLESIA

 

    El título de estas líneas busca subrayar un aspecto fundamental de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), a saber, su apertura supra-confesional, pues si bien ella surge en y para la Iglesia, su contenido se abre dialogal y operativamente, como en círculos concéntricos, a los cristianos, a los creyentes en Dios y, en general, a todos los hombres de buena voluntad. Pensemos, por ejemplo, en la afirmación de la dignidad inalienable del ser humano y sus derechos innatos. La DSI tiene una destinación universal. 

    Lo de círculos concéntricos se puede ilustrar con un ejemplo: el ser humano es un existente libre, ético y espiritual, pero, en perspectiva cristiana, es más todavía, hijo de Dios Unitrino, redimido por Cristo, convocado a su Iglesia y llamado a una plenitud ultraterrena. El cristiano cree en Dios Amor y asume, en esta lógica comunional, como mandamiento máximo y unificante, el amor; interpreta la convivencia humana como ineludible compromiso terreno, pero, más allá de éste, como preparación de la comunidad definitiva universal, que el libro del Apocalipsis denomina “Jerusalén celestial”. Lo ético adquiere así una dimensión más honda, pues se realiza como santidad. Se amplían entonces los horizontes hacia una plenitud en lo por venir: proyección de lo temporal en lo eterno.

    El campo del diálogo queda abierto, no sólo por simple conveniencia o cálculo humano, sino por la voluntad salvadora de Dios, que no tiene fronteras y da sentido ulterior a todo quehacer humano de verdad y de bien. La DSI surgida y desarrollada en terreno cristiano, católico, se manifiesta como conjunto teórico-operativo flexible, dialogal, de validez y aplicación universales con las indispensables inculturaciones en la dinámica histórica.

    En el presente venezolano, con proximidad electoral de Primarias y Presidenciales, es muy oportuno recalcar la importancia de la DSI como cuerpo orgánico de principios, criterios y orientaciones para la acción en orden a la construcción de una nueva sociedad, tarea que bien puede precisarse hoy como refundación nacional. Así la está exigiendo el Episcopado patrio.

    Hay dos documentos venezolanos muy oportunos y útiles al respecto, que conforman una especie de manual de DSI, elaborados, por cierto, con la beneficiosa metodología del ver-juzgar-actuar: Contribución de la Iglesia a la gestación de una nueva sociedad y Evangelización de la cultura en Venezuela. Fueron aprobados por el primer Concilio Plenario de la Iglesia en nuestro país (2000-2006) dentro de un total de l6 documentos, los cuales, a unos veinte años de distancia, tienen plena vigencia con las requeridas actualizaciones. Dicho Concilio inició así, sinodalmente (en comunión y participación), el siglo-milenio, coincidiendo con el comienzo de un desastroso capítulo de nuestra historia republicana, algunos de cuyos rasgos salientes quedaron registrados desde entonces.

    La DSI tiene que ver con lo social en su sentido integral: económico, político y cultural sensu stricto (ético-spiritual). El Concilio Plenario incluyó temas recientes como los de ecología y cambio epocal; no trató otros, como la ideología de género, pues todavía no habían sido puestos explícita y sistemáticamente sobre el tapete. La DSI está-debe estar en continuo aggiornamento.

    En el hoy venezolano los documentos del nuestro Concilio Plenario constituyen un instrumental teórico-práctico sumamente iluminador y útil para la construcción de una nueva sociedad. Contribuir en esta tarea, es obligante para la Iglesia -casi totalmente integrada por laicos- en su misión evangelizadora, que tiene que ver con la suerte integral del ser humano histórico. Esto máxime en la situación de gravísima crisis global del país, la cual urge la referida refundación nacional. Ésta implica, entre sus factores principales, reinstitucionalizar y reconstitucionalizar, así como propiciar el reencuentro físico y espiritual de los venezolanos (ante la emigración forzada masiva, el escandaloso binomio minoría privilegiada/extragrande mayoría miserabilizada y la opresión interna político-ideológica).

    La DSI no tiene partidos pues está abierta a todos, como servicio y desafío.  Y para los católicos es orientación clara de un compromiso urgente y obligante. 

   

martes, 1 de agosto de 2023

JUICIO FINAL Y TEMPORALIDAD

 

    Hay un texto bíblico particularmente expresivo por su fuerte repercusión en la conducta cristiana y su peculiar incidencia en la crisis actual del país. Es el capítulo 25, versículos 31-46, del evangelio de Mateo. Se refiere al Juicio Final y ofrece la narración de dicho acontecimiento, hecha por el mismo Jesús. Texto capital para la comprensión del compromiso que se plantea al discípulo de Cristo con respecto a la construcción de una nueva sociedad.

    El Señor identifica al amor como “su” mandamiento, máximo y central imperativo moral. La perspectiva ética que plantea el texto citado se sitúa en las antípodas de la alienación, que pensadores como Feuerbach y Marx subrayan como actitud del creyente ante las precariedades de la realidad social. El cielo aparece simplemente como refugio y la vida eterna como consuelo ante las calamidades de este mundo. El paraíso sería la ilusión de un futuro feliz ultraterreno, que vendría a ser “opio del pueblo” ante las estrecheces de la realidad.

    En la narración que hace Jesús, el criterio de juicio de salvación o condenación viene a ser la praxis obligante con respeto a situaciones bien concretas de necesidades tangibles del próximo. Como aprobados para la vida eterna están los que han dado de comer al hambriento o de beber al sediento, los que se han acercado a los enfermos y visitado a los presos. Y esto sin pedir carnets o asegurar reconocimientos y retribuciones. Jesús personaliza esas acciones solidarias poniéndose como el beneficiario de las mismas. A la pregunta de “¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte? (…) el Rey les dirá: En verdad les digo que cuanto hicieron a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicieron”.  En el caso de los reprobados la respuesta de Jesús va en la misma dirección: su “in-personificación” en el prójimo vulnerable. Lo religioso en modo alguno se plantea como alienación; es, al contrario, máxima exigencia de servicio y amor.

    Para entender cabalmente esta lección es preciso proyectar los comportamientos allí mencionados en escenarios más amplios, sociales, desde los más cercanos (vecindario y otros) hasta los nacionales o globales. Lo de dar de comer al hambriento y de beber al sediento se ha de traducir también en políticas hídricas o nutricionales; y lo de los sin techo, enfermos y presos, en políticas habitacionales, sanitarias y carcelarias, que respondan a auténticos derechos-deberes humanos. El   salir al encuentro de necesidades sectoriales ha de cristalizar en lo que se podría definir como la construcción de una nueva sociedad, libre, justa fraterna, de calidad ético-espiritual de vida. 

    Hay quienes por motivos diversos (pragmáticos inmediatos, intereses egoístas o grupales, espiritualismos vacíos, concepciones erróneas de lo religioso, motivaciones ideológicas), establecen un corte entre lo religioso y lo secular mundano. El texto del Juicio Final de Mateo va en un sentido integrador de lo temporal y lo supra terreno trascendente.  Otros párrafos dignos de citar y que van en esta misma dirección, son los siguientes del Concilio Plenario de Venezuela: “Una de las grandes tareas de la Iglesia en nuestro país consiste en la construcción de una sociedad más justa, más digna, más humana, más cristiana y solidaria. Esta tarea exige la efectividad del amor. Los cristianos no pueden decir que aman, si ese amor no pasa por lo cotidiano de la vida y atraviesa toda la compleja organización social, política, económica y cultural” (Documento No. 3 sobre Iglesia y nueva sociedad, 90).

    En tiempo de Primarias y Presidenciales, en medio de la situación desastrosa nacional y de la grave amenaza de la continuación impuesta de un sistema dictatorial de proyecto totalitario, es menester una seria toma de conciencia de las exigencias que una actitud cristiana y genuinamente humana plantean al venezolano actual. Lo cristiano no es confesión de fe vacía, mero rito o convención social. Es exigencia de una nueva sociedad, de un genuino humanismo integral, que asume seriamente lo temporal proyectándolo en lo eterno.

 

 

 

 

lunes, 17 de julio de 2023

REENCUENTRO NACIONAL

     Un tema resaltante en las reuniones del Episcopado venezolano en estos últimos años ha sido el de la refundación nacional.  Pone de relieve la radicalidad y globalidad de la crisis actual y, sobre todo, la dimensión del compromiso y las tareas que se tienen por delante.

    Entre los rasgos más salientes de la grave crisis del país, se ha identificado el desencuentro entre los venezolanos y correlativamente, como factor prioritario para una reconstrucción, su reencuentro, con todo lo que ello implica de apertura, valentía y disponibilidad.

     El ser humano, creado como social, puede definirse como “ser-para-el otro- “, para el encuentro, el compartir, la comunicación y la comunión. En este sentido le son éticamente imperativas la participación y la solidaridad, expresiones de su ineludible compromiso social. Esto se sitúa en las antípodas del modelo egocéntrico bastante común en la modernidad.

    Como factores de desencuentro los obispos han subrayado algunos de orden socio económico, político y cultural, que configuran un país fracturado. Entre ellos aparecen la inequidad reflejada en la pobreza creciente y el desastre de servicios públicos de la gran mayoría de la población, junto a “burbujas” de bienestar de círculos privilegiados y elites de poder; la escandalosa emigración forzada; el amedrentamiento de la disidencia y los centenares de presos y torturados políticos; la hegemonía comunicacional; el control de significativas parcelas del territorio por grupos irregulares armados y una desbocada corrupción. Estos hechos van más allá de lo material, técnico y administrativo, pues reflejan una seria descomposición en el campo ético y espiritual. Son datos, que asumidos en coordenadas morales y religiosas, pueden catalogarse inequívocamente como pecados, por cuanto contradicen la finalidad amorizante del plan divino creador y salvador.

    Para una efectiva refundación del país es indispensable el reencuentro de nosotros los venezolanos; tarea común de la cual nadie, grande o pequeño, puede considerarse excluido, ni estimar que la reconstrucción de Venezuela es tarea sólo del gobierno, de los empresarios y de los líderes políticos o culturales. Hay una tríada clave en la Doctrina Social de la Iglesia para edificar el bien común: solidaridad, participación y subsidiaridad. En esta línea la “democracia” ha de entenderse no simplemente en coordenadas de gobierno representativo del pueblo, sino, primariamente, como obra conjunta de toda la ciudadanía. El Papa Francisco ha venido destacando teórica y prácticamente una categoría que exige el protagonismo compartido en la Iglesia y desde ésta en la sociedad: la sinodalidad, la cual etimológicamente significa caminar juntos, compartir en reflexión y acción.

    El binomio 2023 y 2024 constituye un serio desafío para nosotros los venezolanos en lo que toca a refundación y reencuentro. Estamos frente a un proceso de elección primarias-presidencial. El compromiso ha de comenzar vigorosamente desde ya. La reconstitucionalización -implicada en la obra de reconstrucción- debe realizarse en modos diversos, pero toca a todos: sector oficial, dirigencias tanto de organizaciones partidistas como de instituciones cívicas en general, ciudadanos sin excepción. Se debe hacer visible y efectiva la soberanía popular, consagrada en el artículo 5 de la Constitución. Los Obispos en la Asamblea que está culminando, han recalcado condiciones que posibiliten al pueblo soberano actuar genuinamente como tal: clima de auténtica libertad, cese del amedrentamiento y la represión de personas y agrupaciones, reestructuración del Consejo Nacional Electoral de acuerdo a la Carta Magna (ver especialmente los artículos 294-296), liberación de los presos políticos y de los medios de comunicación, veeduría independiente internacional. De la oposición y la disidencia se exige sensibilidad y reflejo de las necesidades y esperanzas del pueblo, así como servicio, acuerdo y unión en lo que éste espera de sus líderes.

    Venezuela no tiene futuro próspero sin reencuentro nacional. Dios nos creó para encontrarnos. Y reencontrarnos. Él mismo es encuentro.

 

 

 

 

 

  

  

viernes, 30 de junio de 2023

2023: RENACER DE ESPERANZA


    Ciertos signos de notables fervor popular están acompañando el proceso de las Primarias, que presagian un 2024 de renacimiento nacional, en el sentido de: reencuentro ciudadano,  reconstitucionalidad democrática, impulso productivo, concientización ética y espiritual, retorno de millones de expatriados, reinserción privilegiada del país en una hermandad internacional acorde con su ser histórico-cultural, enraizamiento efectivo en lo mejor de la tradición nacional.

    Por algo y mucho el Episcopado venezolano ha venido insistiendo en los últimos años en la urgencia de una refundación nacional. Tarea que implica asumir el asumir el protagonismo que le corresponde intransferiblemente a los compatriotas como soberano (CRBV 5). “Para refundar la nación, una de las más importantes tareas que tenemos pendientes los venezolanos es volver a recobrar la fuerza de ser sujetos, recobrar la autonomía y la libertad como ciudadanos y como nación ante la invasión político-cultural extranjera en la que nos encontramos” (Exhortación de 12.07.2021).

    Avanzar en esta dirección permitirá al país entrar en el nuevo siglo-milenio, luego de más de dos décadas de involución, de destrucción en los varios ámbitos de la vida nacional. Hacer aquí un inventario de desastres parece innecesario, cuando es todo un pueblo el que está sufriendo las consecuencias de manejos no sólo deficientes, sino de prácticas sistemáticamente irresponsables, opresivas y corruptas. El 2024 no sólo ha de reiniciar el estado de derecho, la repoblación del país, el reconocimiento de la dignidad de jubilados y trabajadores, el progreso económico, la recuperación educativa, la libre comunicación, sino la sanación del país de la lacra de corruptelas que lo han expoliado.

    El clima de entusiasmo y esperanza que va in crescendo por las Primarias, preanuncia - ¿por qué no decirlo? -  un tsunami de fervor popular ante el cambio político que se actuará el próximo año. El conocido lema de “Despierta y reacciona”, parece que lo está asumiendo el soberano, que más y más toma conciencia de su condición y obligación. Dichos como aquél de que “por las buenas o por las malas” lo van a tener callado y oprimido, ya no le hacen mella. Al contrario, más bien estimulan su inalienable responsabilidad y alimentan su amor propio.

    Ahora bien, el cambio que como deber- ser- y- hacer se espera y trabaja no podrá ser un “voltear la tortilla” de compadrazgos, sectarismos, hegemonías e imposiciones ideológico-políticas. Ya el país ha padecido un buen número de años de esos males. Una buena dosis de racionalidad, prudencia y amplias miras logrará el reencuentro del país consigo mismo, la revitalización de la convivencia y el esfuerzo conjunto para echar adelante este país. A quienes pudimos seguir presencialmente o con seria atención el drama  del Muro de Berlín y la reunificación alemana no nos es difícil afirmar que si la humanidad ha podido sobrevivir en la historia es por acuerdos logrados sobre una base consistente de realismo, imaginación, paciencia, prudencia, aguante…,  en las circunstancias más difíciles y catastróficas. El instinto de conservación es singular y colectivo. Alguien ha dicho que “los enemigos de ayer son los amigos de mañana”. Y no le faltaba sin-razón.

    Las mediaciones de opinión más confiables se inclinan claramente hacia un cambio de régimen. Buen cálculo y acertada estrategia de parte del oficialismo sería una actitud patriótica, razonable, que facilite el paso de lo que hay a lo que el país espera. La tierra da vueltas; hoy es de día, mañana de noche, y el universo sigue moviéndose.

    No hay derecho a desesperar. Como humanos contamos con vasta experiencia de una historia, que es movimiento y cambio. Y si somos creyentes, tenemos la certeza de que Dios acompaña y quiere siempre todo lo que significa caminar hacia la unidad, la paz y la fraternidad.

    La Primarias han de seguir adelante y deben abrirse paso exigiendo justas condiciones, la libertad necesaria, el apoyo internacional. No como regalos, sino como expresión de una debida solidaridad. El soberano (CRBV 5) es algo serio. Y el “bravo pueblo” no simple poesía.

 

 

   

 

 

 

lunes, 26 de junio de 2023

PRIMER ESCALÓN OPRESIVO

 


    Se dice que inicio fuerte de la secuencia negativa inaugurada el 4 de febrero del ´92 fue el mostrar por TV al jefe de la asonada, difundiendo un “por ahora” generador. Punto de agenda prioritario en programas insurreccionales es siempre la ocupación forzada de medios de comunicación, y en primer lugar, los televisivos. En esta misma línea, los regímenes de fuerza (despóticos, dictatoriales  y semejantes) dan primacía al control total y sistemático de los medios de comunicación social, como primer y fundamental escalón opresivo. Son datos coherentes con la realidad identificada ahora con lo que se suele llamar “sociedad de la información”.

    Estos datos obligan a una reflexión sobre la materia, cuando el país se prepara para eventos electorales acompañados arbitrariamente por una manifiesta hegemonía comunicacional, demostrativa del nefasto amaestramiento del pueblo venezolano siguiendo las experimentadas pautas del régimen castro cubano.

    Se define con plena razón al hombre como un “ser para la comunicación”. Ello se evidencia en la narración del Génesis sobre la creación. Dios hace un ser parlante, a su “imagen y semejanza”, con el cual establece un diálogo y le encomienda la variedad de otros seres, que son puestos a su servicio. Al parlante se le dará pronto una acompañante de la misma especie.

    La comunicación teje la sociedad, que el ser humano desarrolla en el tiempo como historia en virtud de su libertad. Lamentablemente ésta experimentó muy pronto un debilitamiento con la irrupción del pecado (desobediencia de Adán que se reflejará en el fratricidio de Caín), el cual es fractura de una genuina comunicación.

    El ser humano siguió siendo un ser libre y, por ende, constructor de su sociedad, la cual constituye un continuum relacional, fundamentalmente comunicacional. Lo sucedido con la Torre de Babel (Génesis 11) es un hecho paradigmático, que puso bien de manifiesto, tanto la soberbia humana, como el papel que juega la comunicación en el entramado y devenir sociales.

    Antonio Pasquali define así comunicación en su sentido más genuino de deber ser, subrayando los aspectos de igualdad y protagonismo compartido: “el proceso mediante el cual el ente racional, actuando unus inter pares y concediendo total reciprocidad al interlocutor, vectorializa hacia él, en códigos convenidos, un saber o un sentir convertido en mensaje” (18 ensayos sobre comunicaciones, Debate 2005, 48). En esta perspectiva insiste en el derecho a la comunicación -que integra y supera los clásicos de expresión, opinión e información- como innato, inalienable.

    Este derecho es  primigenio y fundamental en el entramado humano. De modo  inmediato y privilegiado se vincula al de la vida. De allí el dicho de que “vivir es comunicarse y comunicarse es vivir”. Muerte viene a ser pérdida de toda comunicación. De allí se puede inferir que el impedir la libre comunicación de un pueblo es una especie de genocidio.

    La “domesticación castro comunista” de nuestro país tiene su manifestación más inmediata y palpable en la hegemonía comunicacional que el totalitario Socialismo Siglo XXI ha impuesto al pueblo venezolano y éste ha venido “pacíficamente” soportando.  Los medios han sido engullidos, suspendidos o controlados por el oficialismo. Conatelización en sentido perverso.

    En este, como en otros campos, se pone de manifiesto la inexistencia de un estado de derecho y la inconstitucionalidad del país. Hecho particularmente grave en tiempos preelectorales, que exigen auténtica libertad en el intercambio  de propuestas y tomas de decisión por parte del soberano (CRBV 5), en la práctica efectiva de lo que contempla el artículo 57 de la Constitución: “Toda persona tiene derecho a expresar libremente sus pensamientos, sus ideas u opiniones de viva voz, por escrito o mediante cualquier otra forma de expresión y de hacer uso para ello de cualquier medio de comunicación y difusión, sin que pueda establecerse censura”.  

    La urgente refundación nacional ha de tener privilegiada manifestación en el restablecimiento y perfeccionamiento de una libre comunicación.

  

 

 

 

 

 

    

 

 

 

domingo, 11 de junio de 2023

REFUNDACIÓN TRIDIMENSIONAL



    Con ocasión de los 200 años de la Batalla de Carabobo el Episcopado Venezolano invitó a todos los compatriotas “a dar el paso necesario e impostergable de refundar a Venezuela, con los criterios de la ciudadanía e iluminados por los principios del Evangelio” (Exhortación 22 junio 2021). Una invitación que ha renovado con insistencia ante la gravísima crisis nacional, cuyos rasgos salientes ha subrayado oportunamente.

    En la proximidad de eventos electorales, que comienzan con las Primarias, conviene ofrecer algunas reflexiones y sugerencias orientadas a una solución de la multiforme crisis nacional. Ésta es global y tiene que ver, por consiguiente, no con un ámbito determinado, sino con los tres que integran el conjunto social: la economía, la política y la cultura (tomada ésta en su sentido estricto ético-cultural). Esta tríada reúne las dimensiones de la sociedad, la cuales, por tanto, no pueden considerarse de modo aislado, pues se interrelacionan, en mayor o menor medida, en problemática y solución. Pensemos, por ejemplo, en el caso bien patente de la educación.

    La Doctrina Social y Ecológica de la Iglesia (DSEI), como conjunto de principios, criterios y orientaciones para la construcción de una nueva sociedad, nos puede ayudar en la tarea de la refundación nacional, no sólo para identificar problemas, sino también y, lo que más interesa, para la comprensión de los mismos y el señalamiento de vías de solución. Pues bien, en esta perspectiva podemos hablar con respecto al país, de una crisis y de una solución tridimensionales. Los documentos del Episcopado durante estos años ofrecen bastantes elementos iluminadores en la materia.

    En relación a la problemática económica del país no se requiere ningún esfuerzo para percibir el gravísimo deterioro en este ámbito, no como efecto de causas naturales o de conflictos armados, sino de rapiña, populismo, inhumanidad e incapacidad. El ocaso de PDVSA y la superproducción de emigrantes y empobrecidos son claros índices al respecto.  La DSEI respecto de lo económico subraya un principio, el de la destinación universal de los bienes creados y un criterio de solución, la orientación humanista y racional de la economía; advierte ante los extremos, tanto de un capitalismo liberal “sálvese quien pueda”, como de un colectivismo (de facto estatismo) a la marxista, y pide organizar una economía participativa, solidaria y social de mercado.

    En lo referente a lo político se trata de pasar de la dictadura militar socialista existente, con su talante dominador y opresivo, a una convivencia democrática genuina, con estado de derecho y actuación efectiva de la soberanía popular. Se ha de establecer un régimen, que no sólo excluya presos y torturas por causas políticas, violaciones de derechos humanos y hegemonía comunicacional, sino que profundice lo que la Constitución establece en materia de descentralización, participación ciudadana y derechos varios.

    En lo que concierne a lo ético-cultural urge superar la imposición de un pensamiento único con ideología social comunista y un comunalismo estatizante, así como acabar con la explotación ecocida de los recursos naturales. Se ha de fortalecer la comunidad familiar como institución básica, apoyar la organización de la participación ciudadana y prestar una atención especial a la educación (docentes, instalaciones, instrumental e integralidad). La calidad moral y espiritual de vida exige ser considerada y tratada como elemento básico de un genuino desarrollo nacional. Y algo fundamental, que concierne a todos los ámbitos de la vida nacional: la exclusión de cualquier forma de totalitarismo.

    En esto de la refundación es preciso tener presente lo que Sófocles puso en labios del sacerdote al dirigirse a Edipo Rey: “Nada son los castillos, nada los barcos, si ninguna persona hay en ellos”. En la tragedia venezolana, que abarca todo lo que va de siglo, estas palabras tienen particular resonancia.  La persona humana, social por naturaleza, es y debe ser, como lo afirmó el Concilio Vaticano II: “el principio, el sujeto y fin de todas las instituciones sociales” (Gaudium et Spes 25).