jueves, 18 de mayo de 2023

AMAESTRAMIENTO ESCLAVISTA

      En vez de educados para la democracia, los venezolanos estamos siendo amaestrados para la esclavitud.

    El amaestramiento esclavista ha sido efectivo en Cuba a la largo del extenso período desde 1959. En Venezuela ha consumido ya todo lo que va de siglo y milenio.  Y por las declaraciones de quienes capitanean el Socialismo del Siglo XXI, dicha manipulación se extenderá aquí de modo indefinido, porque el sistema vino para quedarse, pues tiene ideológicamente la llave de la historia y pragmáticamente el dominio del país.

    El amaestramiento no es educación, sino habituación programada y forzada. Porque la educación es-ha de ser (y así la entendía Sócrates) un dar a luz, desde adentro, de conocimientos y convicciones, con la ayuda de un maestro a manera de partero. “Educación” viene del verbo latino educere, que evoca el proceso a través del cual el mármol genera la figura de la estatua bajo la intervención del escultor. La educación no tiene, pues, nada de inyección y sí mucho de diálogo.  Amaestrar, en cambio, es habituar al animal -racional o no- a determinados comportamientos en base a la imposición de ciertas prácticas, agradables o no. En la educación interesa la convicción; en el amaestramiento simplemente la acción. En el amaestrado importa poco el convencimiento de lo que hace; interesa sólo que lo haga.  

    Sobre el tapete de la actualidad venezolana están las elecciones primarias y presidenciales. El artículo 5 de la Constitución habla de soberanía y de pueblo. La realidad nacional registra hoy en día una evaporación de la soberanía con una marginación del pueblo, las cuales es preciso superar para una recuperación de la institucionalidad democrática. La inexistencia de un estado de derecho, con la correspondiente fusión de poderes, hace que la lucha por condiciones electorales justas y libres constituya un desafío ciudadano prioritario, ya que el monarca absoluto de Miraflores pretende que el soberano se conforme con árbitros, reglas y procedimientos, que simplemente den la impresión de que el voto responde a una verdadera elección. Votar no es lo mismo que elegir.

    A lo largo de dos décadas los venezolanos nos hemos habituado a situaciones incompatibles con una auténtica convivencia en justicia, paz y libertad. Del escándalo, la sorpresa, la indignación y la protesta iniciales hemos pasado a una tibia inconformidad y finalmente a una pasiva y desesperanzada aceptación. Pensemos en la cuarta parte de la población emigrada, los centenares de presos y torturados políticos, la corrupción hábilmente manejada, la pauperización del grueso de la población, el desastre de los servicios públicos y el clima de amedrentamiento de la ciudadanía. Y last but non least la hegemonía comunicacional con una totalitaria conatelización. Felizmente experimentamos hoy un sensible rebrote de resistencia y de voluntad de cambio. La perspectiva de elecciones primarias y presidenciales en un marco pasable de garantías ciudadanas y posibilidades de cambio, está, entre otros factores, influyendo en este despertar.

    En repetidas ocasiones he recordado el vivo llamado de los obispos de Venezuela hacia la refundación del país. Pues bien, elemento indispensable para tan urgente empresa patriótica es el dar fin al sistemático amaestramiento esclavista de tipo castro cubano por parte del Régimen y empeñarse en una concientización y educación ciudadanas con miras a recrear una convivencia democrática libre y corresponsable.

    El referido amaestramiento se inscribe dentro de un plan totalitario denunciado por el episcopado. Por eso la refundación exige unir fuerzas para lograr lo antes posible un cambio de régimen, que actúe lo que la Constitución plantea claramente ya desde su Preámbulo y Principios Fundamentales y que está siendo pisoteado de modo sistemático por la actual dictadura militar social comunista.

   

domingo, 7 de mayo de 2023

PAÍS ESQUIZOFRÉNICO


    El trastorno personal por el cual se interpreta la realidad de manera anormal, denominado esquizofrenia, consiste en un divorcio entre mente y entorno, y puede ampliar su aplicación a un ámbito más amplio, que implica desintegración, paralelismo, entre lo ideal o formal y mundo objetivo, yendo más allá de lo estrictamente personal.

    Un ejemplo bien concreto de esquizofrenia lo encontramos así, en el binomio, que bien puede denominarse contradicción: Constitución de la República Bolivariana de Venezuela y realidad institucional concreta del país. Siendo sinceros, hemos de reconocer que en nuestra patria han proliferado las constituciones y escaseado la constitucionalidad. Aplicación abusiva de la identidad, a la hegeliana, entre lo real y lo “racional”.  

    Aparte de lo ampliamente dañino que resulta incoherencia entre la Constitución y la vida nacional, ello estimula una pedagogía ciudadanía muy negativa, pues invita a disociar el comportamiento concreto de la gente, respecto de las normas vigentes en los más diversos niveles de la convivencia social, desde la desobediencia a los semáforos, hasta violaciones jurídicas de alto nivel institucional.

    Ya el Preámbulo de la Constitución contiene una serie de principios divorciados de la realidad del país, que se convierten en simple proclama. Y no se diga de los Principios Fundamentales que siguen, entre los cuales está el artículo 6, en nada acorde con aquello de “vinimos para quedarnos”, que tan ofensiva y desvergonzadamente suele espetarse. “El gobierno (…) es y será siempre democrático, participativo, electivo, descentralizado, alternativo, responsable, pluralista y de mandatos revocables”. Hasta se ha llegado a definir desde la cumbre del poder la ideología chavista como ideario y orientación de la Fuerza Armada, y el Plan de la Patria como Carta Magna operativa. No es del caso entrar aquí a desmenuzar artículos de la Constitución para mostrar su inoperancia práctica; baste sólo citar el artículo 19 sobre los derechos humanos y su obligatoriedad, el cual exhibe la esquizofrenia nacional en la materia. La existencia de unos 300 presos-torturados políticos y la conatelización comunicacional ya no escandalizan a la hora de participar el Régimen en encuentros internacionales sobre la normalización de Venezuela.

    El país un dualismo ha inventariado en estos últimos tiempos una dualidad de presidentes, de asambleas nacionales y pare de contar, así como lo que hemos conceptuado un nudo gordiano de ilegalidades e ilegitimidades de no fácil discernimiento, hasta el punto de que para encontrar actualmente una salida institucional no queda más remedio que proceder sobre situaciones de facto: tal es el caso de las elecciones primarias y las posteriores de carácter general.  Todo ello, como es de esperar, coloca al país en situaciones bastante problemáticas en la esfera internacional, con efectos, obviamente, en el campo financiero y económico general.

    La esquizofrenia es también causa y efecto de lo que se ha identificado como el “pájarobravismo criollo”, factor cultural con efectos nefastos no sólo en el relacionamiento a nivel vecinal, sino en las altas esferas de la conducción nacional. Por esa viveza, Venezuela, de país altamente cotizado fuera de nuestras fronteras, ha pasado a ser un mendicante y un sujeto de ayuda humanitaria. El “pájaro bravo” ha saqueado no sólo los recursos de modestas alcaldías, sino las arcas de entes poderosos como PDVSA y empresas de alto coturno en la región de Guayana. Las víctimas, en la presente dictadura militar social comunista, son millones tanto de pensionados y de empleados con sueldos de hambre, como de emigrantes forzados

    La refundación nacional, plantea, por tanto, no sólo un reordenamiento económico y político a los más varios niveles, sino una renovación ético-cultural de personas, grupos y sectores. Tarea educativa que ha de concretarse seriamente desde los primeros pasos en el campo escolar. “No somos suizos” es la excusa que se pone con frecuencia para justificar criterios y conductas antisociales y la renuencia a la corrección. Pero tampoco somo genéticamente “pájaros bravos” o ciudadanos  disociados.