lunes, 28 de agosto de 2023

CONSTITUCIÓN NOMINAL, SOBERANO ENCADENADO

 

    Tenemos una Constitución, que se queda en puro nombre, y un soberano -definido en el artículo 5 de la misma-, que se encuentra actualmente encadenado.

    Lo “puro nombre” es porque si bien la Constitución (CRBV) recibió inicialmente mucha difusión y alabanza, su articulado base quedó en simples palabras. Esto nos recuerda una filosofía de fines del Medioevo llamada nominalismo, para la cual los conceptos eran puros nombres (flatus vocis, emisiones de voz), sin responder a realidad alguna. Lo de “encadenado” como calificativo del soberano, es porque los ciudadanos no gozan actualmente de garantías políticas, que les permitan expresarse libremente sobre la cosa pública, especialmente en lo electoral; la dirigencia del Régimen proclama que continuará en el poder “por las buenas o por las malas” y que “vinimos para quedarnos”. Expresiones confesa y públicamente soberbias y subversivas.

    La Constitución de 1999 -excesivamente centralista, necesitada de reforma y hasta de reformulación- constituye por ahora, con todas sus limitaciones y vacíos, un instrumento aceptable para el manejo democrático del país. El problema máximo es que su articulado fundamental se queda en enunciados formales, junto a una praxis cotidiana violatoria manifiestamente anticonstitucional. Hoy no existe en Venezuela un estado de derecho y, lo que es peor, el Régimen alardea de un socialismo contrabandeado, no sólo hegemónico sino también totalitario.

    Con respecto al soberano, no obstante que la Constitución afirma solemnemente el poder intransferible (CRBV 5), originario (CRBV 347) del pueblo, se da, de facto, una usurpadora concentración e inflación de poderes en el Ejecutivo nacional, el cual los ejerce dictatorialmente, no sólo con la notable participación, sino, sobre todo, por el apoyo decisivo político-ideológico del Alto Mando de la Fuerza Armada. El soberano parece un pordiosero a la espera de migajas de libertad concedidas por el poder.  Manifestaciones patentes de una tal anomalía son los centenares de presos-torturados políticos, la hegemonía comunicacional, la discrecionalidad de los organismos represores, el saqueo del país y la expatriación forzada de una cuarta parte de los venezolanos.

    La Conferencia Episcopal, ante la grave y global crisis, viene planteando la urgencia de una refundación nacional. Con respecto a ésta, resulta cuando menos curioso leer en el Preámbulo de la Constitución que “El pueblo de Venezuela (…) en ejercicio de su poder originario” la decretó “con el fin supremo de refundar la República”. Y explicita el para qué de la refundación:  “establecer una sociedad democrática, participativa y protagónica, multiétnica y pluricultural en un Estado de justicia, federal y descentralizado, que consolide los valores de la libertad, la independencia, la paz, la solidaridad, el bien común, la integridad territorial, la convivencia y el imperio de la ley para esta y las futuras generaciones; asegure el derecho a la vida, al trabajo, a la cultura, a la educación, a la justicia social y a la igualdad sin discriminación ni subordinación alguna; promueva la cooperación pacífica entre las naciones e impulse y consolide la integración latinoamericana de acuerdo con el principio de no intervención y autodeterminación de los pueblos, la garantía universal e indivisible de los derechos humanos, la democratización de la sociedad internacional, el desarme nuclear, el equilibrio ecológico y los bienes jurídicos ambientales como patrimonio común e irrenunciable de la humanidad”.

    Estos fines positivos fueron declarados así en 1999, en una Venezuela con una democracia y un progreso innegables aunque imperfectos y con vivos anhelos de cambio efectivo. Los detentores del poder emergente tenían, sin embargo, otro proyecto subrepticio de tipo socialista marxista para imponerlo progresivamente. Hoy, a más de veinte años de distancia y en una Venezuela arruinada y oprimida, aquellos fines se replantean con máxima urgencia y obligatoriedad. Las Primarias de la oposición y las próximas elecciones nacionales han de ser pasos consistentes en dirección refundacional. La realidad debe ajustarse a la Constitución y el soberano debe romper cadenas y ejercer su poder originario. Para refundar el país. Nuestro país.

 

     

 

 

viernes, 11 de agosto de 2023

DOCTRINA SOCIAL DESDE LA IGLESIA

 

    El título de estas líneas busca subrayar un aspecto fundamental de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), a saber, su apertura supra-confesional, pues si bien ella surge en y para la Iglesia, su contenido se abre dialogal y operativamente, como en círculos concéntricos, a los cristianos, a los creyentes en Dios y, en general, a todos los hombres de buena voluntad. Pensemos, por ejemplo, en la afirmación de la dignidad inalienable del ser humano y sus derechos innatos. La DSI tiene una destinación universal. 

    Lo de círculos concéntricos se puede ilustrar con un ejemplo: el ser humano es un existente libre, ético y espiritual, pero, en perspectiva cristiana, es más todavía, hijo de Dios Unitrino, redimido por Cristo, convocado a su Iglesia y llamado a una plenitud ultraterrena. El cristiano cree en Dios Amor y asume, en esta lógica comunional, como mandamiento máximo y unificante, el amor; interpreta la convivencia humana como ineludible compromiso terreno, pero, más allá de éste, como preparación de la comunidad definitiva universal, que el libro del Apocalipsis denomina “Jerusalén celestial”. Lo ético adquiere así una dimensión más honda, pues se realiza como santidad. Se amplían entonces los horizontes hacia una plenitud en lo por venir: proyección de lo temporal en lo eterno.

    El campo del diálogo queda abierto, no sólo por simple conveniencia o cálculo humano, sino por la voluntad salvadora de Dios, que no tiene fronteras y da sentido ulterior a todo quehacer humano de verdad y de bien. La DSI surgida y desarrollada en terreno cristiano, católico, se manifiesta como conjunto teórico-operativo flexible, dialogal, de validez y aplicación universales con las indispensables inculturaciones en la dinámica histórica.

    En el presente venezolano, con proximidad electoral de Primarias y Presidenciales, es muy oportuno recalcar la importancia de la DSI como cuerpo orgánico de principios, criterios y orientaciones para la acción en orden a la construcción de una nueva sociedad, tarea que bien puede precisarse hoy como refundación nacional. Así la está exigiendo el Episcopado patrio.

    Hay dos documentos venezolanos muy oportunos y útiles al respecto, que conforman una especie de manual de DSI, elaborados, por cierto, con la beneficiosa metodología del ver-juzgar-actuar: Contribución de la Iglesia a la gestación de una nueva sociedad y Evangelización de la cultura en Venezuela. Fueron aprobados por el primer Concilio Plenario de la Iglesia en nuestro país (2000-2006) dentro de un total de l6 documentos, los cuales, a unos veinte años de distancia, tienen plena vigencia con las requeridas actualizaciones. Dicho Concilio inició así, sinodalmente (en comunión y participación), el siglo-milenio, coincidiendo con el comienzo de un desastroso capítulo de nuestra historia republicana, algunos de cuyos rasgos salientes quedaron registrados desde entonces.

    La DSI tiene que ver con lo social en su sentido integral: económico, político y cultural sensu stricto (ético-spiritual). El Concilio Plenario incluyó temas recientes como los de ecología y cambio epocal; no trató otros, como la ideología de género, pues todavía no habían sido puestos explícita y sistemáticamente sobre el tapete. La DSI está-debe estar en continuo aggiornamento.

    En el hoy venezolano los documentos del nuestro Concilio Plenario constituyen un instrumental teórico-práctico sumamente iluminador y útil para la construcción de una nueva sociedad. Contribuir en esta tarea, es obligante para la Iglesia -casi totalmente integrada por laicos- en su misión evangelizadora, que tiene que ver con la suerte integral del ser humano histórico. Esto máxime en la situación de gravísima crisis global del país, la cual urge la referida refundación nacional. Ésta implica, entre sus factores principales, reinstitucionalizar y reconstitucionalizar, así como propiciar el reencuentro físico y espiritual de los venezolanos (ante la emigración forzada masiva, el escandaloso binomio minoría privilegiada/extragrande mayoría miserabilizada y la opresión interna político-ideológica).

    La DSI no tiene partidos pues está abierta a todos, como servicio y desafío.  Y para los católicos es orientación clara de un compromiso urgente y obligante. 

   

martes, 1 de agosto de 2023

JUICIO FINAL Y TEMPORALIDAD

 

    Hay un texto bíblico particularmente expresivo por su fuerte repercusión en la conducta cristiana y su peculiar incidencia en la crisis actual del país. Es el capítulo 25, versículos 31-46, del evangelio de Mateo. Se refiere al Juicio Final y ofrece la narración de dicho acontecimiento, hecha por el mismo Jesús. Texto capital para la comprensión del compromiso que se plantea al discípulo de Cristo con respecto a la construcción de una nueva sociedad.

    El Señor identifica al amor como “su” mandamiento, máximo y central imperativo moral. La perspectiva ética que plantea el texto citado se sitúa en las antípodas de la alienación, que pensadores como Feuerbach y Marx subrayan como actitud del creyente ante las precariedades de la realidad social. El cielo aparece simplemente como refugio y la vida eterna como consuelo ante las calamidades de este mundo. El paraíso sería la ilusión de un futuro feliz ultraterreno, que vendría a ser “opio del pueblo” ante las estrecheces de la realidad.

    En la narración que hace Jesús, el criterio de juicio de salvación o condenación viene a ser la praxis obligante con respeto a situaciones bien concretas de necesidades tangibles del próximo. Como aprobados para la vida eterna están los que han dado de comer al hambriento o de beber al sediento, los que se han acercado a los enfermos y visitado a los presos. Y esto sin pedir carnets o asegurar reconocimientos y retribuciones. Jesús personaliza esas acciones solidarias poniéndose como el beneficiario de las mismas. A la pregunta de “¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte? (…) el Rey les dirá: En verdad les digo que cuanto hicieron a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicieron”.  En el caso de los reprobados la respuesta de Jesús va en la misma dirección: su “in-personificación” en el prójimo vulnerable. Lo religioso en modo alguno se plantea como alienación; es, al contrario, máxima exigencia de servicio y amor.

    Para entender cabalmente esta lección es preciso proyectar los comportamientos allí mencionados en escenarios más amplios, sociales, desde los más cercanos (vecindario y otros) hasta los nacionales o globales. Lo de dar de comer al hambriento y de beber al sediento se ha de traducir también en políticas hídricas o nutricionales; y lo de los sin techo, enfermos y presos, en políticas habitacionales, sanitarias y carcelarias, que respondan a auténticos derechos-deberes humanos. El   salir al encuentro de necesidades sectoriales ha de cristalizar en lo que se podría definir como la construcción de una nueva sociedad, libre, justa fraterna, de calidad ético-espiritual de vida. 

    Hay quienes por motivos diversos (pragmáticos inmediatos, intereses egoístas o grupales, espiritualismos vacíos, concepciones erróneas de lo religioso, motivaciones ideológicas), establecen un corte entre lo religioso y lo secular mundano. El texto del Juicio Final de Mateo va en un sentido integrador de lo temporal y lo supra terreno trascendente.  Otros párrafos dignos de citar y que van en esta misma dirección, son los siguientes del Concilio Plenario de Venezuela: “Una de las grandes tareas de la Iglesia en nuestro país consiste en la construcción de una sociedad más justa, más digna, más humana, más cristiana y solidaria. Esta tarea exige la efectividad del amor. Los cristianos no pueden decir que aman, si ese amor no pasa por lo cotidiano de la vida y atraviesa toda la compleja organización social, política, económica y cultural” (Documento No. 3 sobre Iglesia y nueva sociedad, 90).

    En tiempo de Primarias y Presidenciales, en medio de la situación desastrosa nacional y de la grave amenaza de la continuación impuesta de un sistema dictatorial de proyecto totalitario, es menester una seria toma de conciencia de las exigencias que una actitud cristiana y genuinamente humana plantean al venezolano actual. Lo cristiano no es confesión de fe vacía, mero rito o convención social. Es exigencia de una nueva sociedad, de un genuino humanismo integral, que asume seriamente lo temporal proyectándolo en lo eterno.