viernes, 6 de diciembre de 2019

CORRUPCIÓN CREATIVA



La biografía de la corrupción ofrece un material abundante, pues cubre toda la historia de la humanidad, dado que ésta es pecadora desde el inicio, como leemos en el libro del Génesis. Y si la corrupción es amplia en su extensión, es de una gran riqueza en comprensión. En su vasto escenario se despliegan de modo impresionante la inteligencia, la imaginación, la creatividad y la innovación humanas.

La corrupción, fenómeno multiforme, se ejemplifica en el trueque que hizo la dirigencia sacerdotal de Israel con el apóstol Judas:  un inocente profeta galileo por treinta monedas contantes y sonantes. Jesús, que vino a salvarnos del mal uso de la libertad y comunicarnos vida nueva, sufrió en su persona las consecuencias de uno de los primeros pecados capitales, la   avaricia. En los libros del Antiguo Testamento encontramos casos patentes de trampas -aun en los patriarcas Abraham y Jacob- al igual que una repetitiva condena de faltas morales como sobornos, balanzas fraudulentas y falsos testimonios.

El pecado no es, por cierto, un tema que aparece en los libros de economía y política, como tampoco en los de tecnología, ya que no son su lugar propio, pero sí se manifiesta muy activo en quienes administran bienes, manejan la res pública y utilizan los maravillosos inventos comunicacionales.
La corrupción administrativa y política está hoy sobre el tapete de la actualidad nacional. Pero ¿Cuándo no lo ha estado? Antes de hacer memoria resulta pertinente, sin embargo, reflexionar acerca de la admonición del Señor Jesús a los acusadores de una mujer sorprendida en flagrancia: “Aquél de ustedes que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra” (Jn 8, 7).

Los Obispos de Venezuela en 1904 -por entonces eran sólo una media docena- en una Instrucción Pastoral dirigida al clero y demás fieles del país, dicen en el capítulo titulado “De la obligación de extirpar los vicios” algo que parece escrito en estos finales de 2019: “De semejante perturbación del criterio moral proceden los fraudes y latrocinios y otros horrendos crímenes contra la justicia que mancillan las conciencias y llevan la miseria a infinitos hogares” (No. 667). 

Abuso del lector citando in extenso lo que denunciaron entonces los Obispos porque nos debe servir para la urgente reconstrucción nacional: “Lamentamos aquí el robo no sólo en una forma ordinaria y vulgar (…) sino muy particularmente en la forma que llamaríamos decente si pudiera caberle tal epíteto a tan fea iniquidad. Nos referimos, en efecto, a ese género de fraude ya tan generalizado que consiste en apropiarse con harta facilidad lo ajeno por medio de ganancias exageradas en negociaciones ilícitas: nos referimos a la lepra del peculado, que corroe todo el organismo nacional, siendo ya principio aceptado por la casi universalidad de los criterios que defraudar el erario público no es pecado; por lo cual ya nadie se contenta con los proventos legítimos de su empleo, sino que cada uno se sirve del suyo para aumentar por medios reprobables sus recursos y fortuna, o para dilapidar mayores sumas de dinero en las exigencia del lujo y la satisfacción de todos los apetitos de la sensualidad: nos referimos a los contratos escandalosos (…) ya casi no se conceptúa como robo sino la obra brutal y grosera del ratero o del salteador, mientras el campo vastísimo de las otras especies de latrocinio, de donde proviene el mayor desequilibrio moral y material de los pueblos, está completamente abierto a la humana codicia (…) no hay remisión posible para los pecados de que tratamos si a la penitencia no se agrega la restitución”(Instrucción  667). No sobra subrayar que la corrupción se da tanto en lo público y como en lo privado.

Para reconstruir el país no basta el cambio de dirección política. Se requiere, junto a medidas contraloras y judiciales efectivas, un cambio moral y cultural. La corrupción ha penetrado hasta los tuétanos. Se roba desde las alcabalas de guardias y policías, hasta los altos mandos de las empresas, pasando por notarías, alcaldías y servicios públicos. Por eso la Venezuela de las mayores reservas petroleras del mundo está en lo   que en criollo llamamos “la carraplana”. Pero ¡ánimo!, saldremos adelante con nuestro esfuerzo y el favor de Dios.

       



viernes, 22 de noviembre de 2019

ECOLOGÍA INTEGRAL




Lo ecológico está sobre el tapete de la actualidad. Por su propia positividad, pero también y, sobre todo, por las amenazas y los daños que sufre. Es más antiguo que el ser humano, quien sólo recientemente ha venido tomando viva conciencia de su estrecha interrelación y mutua dependencia.
La reunión internacional (sínodo) de obispos celebrada hace pocos días (6-27 octubre) en Roma sobre la Amazonía ha sido expresión patente de que la suerte del ser humano en el planeta no puede pensarse abstrayendo de la referida vinculación.
La reunión de Roma ha asumido con alegría y esperanza un nuevo paradigma: “la ecología integral, el cuidado de la casa común y la defensa de la Amazonía”, según leemos en su Documento Final. Éste recoge y concreta la preocupación del Papa Francisco, expuesta en su encíclica Laudato Si´ (24 mayo 2015).
El Papa introduce el término ecología integral, que amplía la comprensión del vocablo ambiente y permite profundizar en la definición del hombre como ser en el mundo. La etimología nos ayuda a entender mejor el tema. Ecología proviene de dos substantivos griegos, a saber: oikos, que significa casa, habitación, y logos, que entre sus muchas traducciones registra las de palabra, razón, explicación. Eso de casa nos suena a hogar, ámbito familiar, lugar de encuentro y vida. De aquí el dañino error de interpretar ese oikos como una naturaleza extraña a nosotros y objeto de pura y simple utilización pragmática, o de escueta explotación crematística en la línea de un paradigma tecnocrático.
La integralidad de lo ecológico subraya la intrínseca relación entre ecología y justicia social, entre cuidado de la naturaleza y solidaridad humana, especialmente con los más necesitados. En lo ambiental se integra así lo relativo a los derechos (deberes) humanos, a la construcción de una convivencia amigable y de una nueva sociedad fraterna, que propicie el “buen vivir” de toda la comunidad humana. La praxis ecológica no sólo ha de evitar la devastación forestal y la contaminación del aire, sino también una planificación urbanística deshumanizante y la concepción de la ciudad como simple escenario físico aceptable. Se tiene que combatir la degradación ambiental y la destrucción de la naturaleza, sí, pero, sobre todo, de modo positivo, posibilitar un entorno que favorezca el desarrollo cultural (comunicacional, educativo, ético, espiritual) de los animales racionales.
Si el ser humano trata bien la naturaleza, ésta se portará del mismo modo con él. Tal es la voluntad de Dios creador. La mala conducta ecológica va contra el querer divino. Por ello se comienza a usar en la Iglesia el término “pecado ecológico” ¿Quién no advierte entonces la inmoralidad de empresas como el Arco Minero y la tranquila aceptación de vecindarios urbanos inhóspitos y violentos, que impiden una digna con-vivencia.
En perspectiva cristiana se plantea, consiguientemente, la necesidad de una “conversión ecológica”, es decir, de un cambio profundo en la interpretación de lo ambiental, incluyendo a éste entre los quehaceres de la misión de la Iglesia (evangelización), unido estrechamente a lo social. Habrá entonces que constituir servicios pastorales ambientales en las comunidades eclesiales grandes y pequeñas, así como se tienen los de catequesis y liturgia. 
Para los cristianos el Dios -que es uno y único- no es una individualidad solitaria, sino Trinidad, tejido relacional, comunión. Creó a los seres humanos, a su imagen y semejanza (sociales), para que formen fraternidad y entren en comunión con Él.  Y a la humanidad la tejió en un hábitat, que es ya un conjunto de interrelaciones, para constituir así una “comunión universal”. El Papa Francisco ha inventado este término -ampliando el significado de comunión, de por sí restringida a lo personal- para calificar la íntima unión Dios Unitrino-hombre-naturaleza. Esto revela que la Trinidad no se queda en dogma abstracto, sino que es realidad iluminadora del hermoso sentido de toda la creación.
Una nueva sociedad se hace impensable sin el cultivo de una ecología integral, para lo cual resulta   imprescindible una conversión ecológica.

      



  

viernes, 8 de noviembre de 2019

LA VENEZUELA DE CIDIOS




En los dos últimos siglos la humanidad ha experimentado varias especies de cidio. Dolorosa continuación de una serie iniciada al inicio mismo de la historia con el fratricidio cometido por Caín (Génesis 4). El sufijo cidio se entronca en el verbo latino occido u obcido, que significa golpear fuertemente, atormentar, matar. Así lo que se está haciendo hoy en el Arco Minero de nuestra Guayana es un brutal ecocidio.

Un cidio, que trágicamente se ha reeditado en nuestro tiempo es el genocidio. Este término incorpora otro también latino, genus, que se traduce por género, familia, con particular referencia a lo humano. Genocidio es, según el Diccionario de la Real Academia Española: “Exterminio o eliminación sistemática de un grupo social por motivos de raza, de religión o de política”.  El comienzo del siglo XX, caracterizado por el gran salto científico-tecnológico, registró algo, que manifiesta la marcha desigual entre el progreso del saber-saber hacer y el ético-cultural de la humanidad: el genocidio armenio. Éste fue copiado y ampliado por otras matanzas, entre las cuales sobresalen las de los nazis (pensemos en el Holocausto) y los comunistas (hambruna ucraniana, gulags y revolución cultural china).

Los genocidios, satisfagan o no las precisiones de su definición legal internacional, se distinguen por el volumen masivo de muertes y sacrificios humanos, así como por su sistematicidad y culpabilidad.  Comprenden así también las multitudinarias migraciones forzadas, el causar intencional o irresponsablemente el hambre y las enfermedades de un pueblo, al igual que el actuar una opresión generalizada acompañada no sólo de encarcelamientos injustos sino también de torturas.

Si las cosas son así, resulta evidente el carácter genocida del Régimen del Socialismo Siglo XXI, que se viene agravando en todo el transcurrir de este siglo y este milenio. Expresión patente de esa política genocida es el creciente éxodo forzado de la población, que está alcanzando ya la quinta parte de los venezolanos. Ante esto, más que formular una denuncia en organismos internacionales, se impone un elevar un grito que conmueva los oídos de los humanos de todo el planeta ¿Qué pasaría si esto sucediese, por ejemplo, en Argentina o España, en Suecia o Francia?

Los venezolanos que tengamos en el corazón un mínimo de humanidad debemos unir fuerzas para superar esta tragedia nacional y encaminar el país hacia una convivencia digna de hijos de Dios y de seres humanos. No podemos esperar a que de nuestro país quede un cuerpo esquelético y una nación descerebrada. Ante una catástrofe de estas dimensiones no nos paralicemos en diferencias tribales, en cenáculos de turbias negociaciones, ni en suicidas cálculos partidistas. Quienes están en el ámbito oficialista, por cualesquiera motivos, entiendan que Dios y el país sufriente les reclaman abrir compuertas a un gran encuentro en mutua comprensión y fraternidad. La unión reclama en estos momentos sincera conversión, espíritu de paz y actitud de reconciliación.

La Iglesia en Venezuela, a través de la Conferencia Episcopal, ha sido muy clara en su posición en favor del cambio político hacia una genuina convivencia democrática, que promueva un efectivo progreso en este país. Los obispos han asumido la parte que les corresponde, pero es a los laicos, que componen la casi totalidad de la Iglesia, a quienes corresponde, por propia vocación, comprometerse en actuar dicho paso en perspectiva de los valores humano-cristianos del Evangelio. En este sentido resulta muy oportuno el comunicado que acaba de publicar el Consejo Nacional de Laicos (03.11.2019), a raíz de su Asamblea Anual. En él leemos lo siguiente a propósito de la actual grave crisis:     
“Esta catástrofe no tiene otra salida que un cambio urgente del régimen que inicie una transición a la democracia (..).Todos unidos hemos de trabajar por  la reconstrucción y el progreso de Venezuela (…) Reclamamos el derecho de dirimir nuestras diferencias por medio del ejercicio de nuestra soberanía ciudadana, a través de procesos electorales en condiciones de igualdad, transparencia e imparcialidad, en arreglo a nuestra legislación y con la necesaria supervisión de organismos internacionales como la ONU, la OEA y la Unión Europea”.
Urge pasar del cidio a la recuperación y progreso del genus (pueblo) venezolano.



domingo, 27 de octubre de 2019

ASISTENCIA, PROMOCION, CAMBIO.




Cuando se habla de compromiso social del cristiano y de la Iglesia como conjunto se pueden distinguir tres niveles o formas, que son aplicables también a la acción de toda persona o institución, independientemente de convicciones o confesiones. Se trata de la siguiente tríada: asistencia, promoción y cambio sociales.
Aquí en Venezuela se  podría dar nombres de venezolanos a esos modos de compromiso social: en lo asistencial, Padre  Santiago Machado y Madre Emilia de San José, fundadores de la primera congregación religiosa nacida en Venezuela, Hermanitas de los Pobres de Maiquetía; en lo promocional, Padres Emilio Blaslov y José María Vélaz -compatriotas por adopción-, fundadores, respectivamente,  de la  Asociación de Promoción de la Educación Popular (APEP)  y Fe y Alegría; en materia de cambio social, Dr. Arístides Calvani, fundador del IFEDEC (Instituto Internacional de Formación Demócrata Cristiana).
La asistencia social atiende a personas en situación de particular carencia en alimentación, salud, alojamiento y otras necesidades básicas. Una vez Jesús con ocasión de cierto homenaje que se le rindió, dijo a sus discípulos: “pobres tendrán siempre con ustedes” (Mt 26, 11). En toda sociedad habrá prójimos que, no obstante todos los servicios que aquélla pueda ofrecer, requerirán en una u otra forma, una especial ayuda material o espiritual. Es lo que llevó a la Madre Teresa a los barrios de Calcuta y lo que hoy ofrecen los albergues de misericordia y ollas solidarias. L´abbé Pierre, que en la inmediata postguerra iba al encuentro de menesterosos en los arrabales de París, una vez les dijo a ciertos críticos sociales, que él no iba a esperar la modificación de leyes en el Parlamento francés para dar de comer a un hambriento que le alargaba la mano. Cáritas es bastante experta en estos menesteres asistenciales. En Venezuela, el estado desastroso en que se encuentra el país urge una particular intervención de sentido humanitario.
La promoción social responde a la necesidad de procurar que la gente salga de sus necesidades por medios propios, a través de la formación y las oportunidades de trabajo que se le ofrezcan. Es el “enseñar a pescar”.  En este campo los salesianos y el Instituto Venezolano de Capacitación de la Iglesia (INVECAPI) tienen muchas historias que contar.   
Lo relacionado con el cambio social nos introduce de lleno en la esfera política y cultural. Se trata de macro restructuraciones con miras a una “nueva sociedad”, a la altura de la dignidad del ser humano y sus derechos fundamentales. Es el campo de reconstrucción  del tejido social en perspectiva de la justicia y la solidaridad, la libertad y la paz, el desarrollo y la liberación integrales. No se trata sólo de superar marginaciones y exclusiones, sino de edificar una convivencia de progreso compartido, de genuino pluralismo, de calidad ético-cultural. El hablar de “nueva sociedad” no significa pensar en una organización perfecta como final de la historia, sino en una realidad humana siempre perfectible. Los creyentes no nos ilusionamos con sujetos y estructuras ideales -paraísos terrenos- sino que pensamos en personas y sociedades que tienden a la verdad y al bien, pero que están siempre tentadas y amenazadas por los “pecados capitales”. EL progreso socio-ético-cultural de la humanidad no marcha al mismo paso que el científico-tecnológico
Teniendo presente lo anterior, resulta obvio que la crisis actual del país debe ser abordada desde los varios ángulos que plantea una antropología integral. Al desastre hemos llegado por fallas económicas, políticas y ético-culturales y la solución no puede abstraerse de una tal complejidad. Es así como un cambio del actual régimen con su proyecto comunista es indispensable, pero no significa la solución de la problemática nacional, que es pluridimensional. La recomposición de la economía y la reinstitucionalización de la libertad y la igualdad políticas deben ir acompañadas de una reeducación en otros valores superiores, que son del orden de la ética y la espiritualidad. Ya en la tragedia griega se tuvo la persuasión de que poco valen las naves y los castillos si no hay seres humanos en ellos.

jueves, 10 de octubre de 2019

COMUNIÓN ECOLÓGICA




En estos mismos días están comenzando los trabajos del Sínodo para la Amazonía, una muy importante reunión del Papa con un buen número de obispos, particularmente de los países inmediatamente concernidos, como es el caso también de Venezuela. El tener un encuentro así no es para la Iglesia algo secundario, sino que entra de lleno en su misión evangelizadora, como veremos a continuación.
Comunión se define ordinariamente como participación en lo común, trato familiar y comunicación de unas personas con otras. Dice unidad, pero con un toque de mayor hondura, intimidad. Es una noción de carácter relacional interpersonal, existencial, con obvia gama de acentos e intensidad. Se la podría considerar como el telos o finalidad de la comunicación humana.
En el lenguaje bíblico el término correspondiente griego es koinonía, que en la Primera Carta de Juan se aplica al ser mismo de Dios (que es Trinidad), así como a la unión de los creyentes con la divinidad y entre sí (ver 1 Jn 1-3). Es un vocablo que se convierte en categoría englobante de todo lo que comprende la buena nueva cristiana. Comunión es así el eje articulador del mensaje cristiano, ya doctrinal, ya práctico, proponiéndolo como un conjunto armónico y no simple agregado de doctrinas y prácticas. Es lo que se suele entender cuando se define comunión como línea teológico-pastoral del referido mensaje, con sus elementos tanto teóricos como operativos. Ejemplo: comunión es Dios mismo (Trinidad); su plan creador y salvador es comunional; la Iglesia es signo e instrumento de la unidad humano-divina a interhumana según lo afirmó el Concilio Vaticano II (ver LG 1); el mandamiento máximo subrayado por Jesús es el amor (sinónimo de comunión).
El 14 de mayo de 2015 el Papa Francisco publicó una encíclica con el sugestivo título de Laudato Si´, tomado del Cántico de las criaturas del Poverello de Asís- “sobre el cuidado de la casa común”, lo ecológico en su sentido más hondo y completo. El documento toca los temas de crisis ecológica, sus raíces y causas; interpretación cristiana del ambiente; ecología integral; responsabilidad, educación y espiritualidad ecológicas. La misión de la Iglesia es la evangelización y uno de los objetivos específicos o dimensiones de ésta es el cuido ecológico integral. Afirmación bien comprometedora.
Hay un término novedoso que utiliza el Papa Francisco en su encíclica y es el de “comunión universal” (Laudato Si´ 220). Lo explica: “Para el creyente, el mundo no se contempla desde fuera sino desde dentro, reconociendo los lazos con que el Padre nos ha unido a todos los seres” (Ibid.). El Papa subraya la necesidad de una conversión ecológica, es decir, de un cambio en profundidad en el modo de interpretar el ambiente y relacionarse con él. De tal manera amplía la comprensión de comunión -que, en sentido estricto, significa interpersonalidad-, para expresar la relación del ser humano con su ambiente. Así, con las demás criaturas estamos llamados a tejer un relacionamiento comunional, amistoso, fraterno ¡Cómo aparecen entonces inhumanas y anticristianas la depredación en el Arco Minero al sur del Orinoco y la culpable degradación ambiental que se viene dando a nivel global!  
Lo ecológico entra ahora con pleno derecho en la Doctrina Social de la Iglesia, la cual para algunos debería denominarse en adelante Doctrina Social y Ecológica de la Iglesia.
Comunión, entonces, como noción englobante o línea teológico-pastoral del mensaje (doctrinal y práctico) cristiano, se aplica también al nexo ser humano-ecología. Lo comunional califica, por consiguiente, no sólo el relacionamiento humano-divino y el interhumano, sino también el humano-ambiental, para configurar lo que el Papa Francisco llama una comunión un universal. Es la razón por la que el oportuno Sínodo para la Amazonia, actualmente en curso, con sus facetas económicas, políticas y ético-culturales y religiosas, ha de considerarse con pleno derecho una tarea eclesial obligante e ineludible.   


sábado, 28 de septiembre de 2019

NO ESTAMOS EN DICTADURA






Venezuela no es una dictadura”. Lo ha declarado quien ejerce la presidencia de facto del país. Y es verdad. Desgraciadamente. Porque lo que tenemos es algo peor: un totalitarismo en progresiva ejecución.


Al tocar este tema es indispensable definir bien los términos que entran en cuestión. Y ayuda ilustrándolos con algunos modelos concretos.


En una sociedad se pueden distinguir tres ámbitos de vida o praxis ciudadana: el económico, referente al tener; el político, al poder; el cultural (o, mejor, ético-cultural) al ser, en su más hondo sentido (educación, comunicación, arte, moral, religión…). Economía, política y cultura son términos que identifican respectiva y sintéticamente dichos campos. Es obvio que la vida social constituye un tejido en que esa trilogía se entremezcla, por la unidad misma de la persona humana y de la convivencia que ésta integra; no se da, así, una actividad económica en estado puro, pues la economía no se hace a sí misma, sino que es el ser humano (completo) el que organiza su tener en la polis  ineludiblemente desde su condición ética. Santo Tomás de Aquino decía algo parecido al respecto: no es el intelecto el que entiende, la voluntad la que quiere y el sentido el que siente, sino el hombre, que por el entendimiento entiende, por la voluntad quiere y por el sentido siente. De allí la complejidad de la actividad humana.

La dictadura es un régimen que busca básicamente el control político de una nación, aunque, según lo dicho, en alguna forma interviene también en cuestiones económicas y culturales. Modelos   tenemos en Pinochet y Pérez Jiménez. Me gusta mostrar esto con el ejemplo siguiente. En tiempos de dictadura el señor X tiene una finca en el interior del país; está descontento con el gobierno y entonces dice “yo no me voy a meter para nada en política, sino que me voy para mi finca y punto”. En principio no será molestado, a menos que a un personero del régimen le guste precisamente esa finca y lo fuerce a dejarla; o algo por el estilo. 


El totalitarismo es algo muy peor. Entraña una voluntad de  control  total del ser humano: no sólo de lo político, sino también de lo económico y, lo que es más profundo y grave, de lo ético-cultural. Ejemplos patentes los ofrecen el nazismo y el comunismo. El Estado se convierte en un ídolo al cual se le ha de sacrificar todo y rendir reverencia (estatolatría). De allí el connatural culto a la personalidad (big brother, padre), característico de esos sistemas: Hitler, Stalin (podemos agregar otros difuntos como Fidel y Hugo). A la cúpula totalitaria, más allá de bienes materiales y poder político, le interesa las mentes de los súbditos (pensamiento, conciencia, valoración ética). De allí que buscan construir un correspondiente hombre nuevo. El totalitarismo es como una religión al revés, con su doctrina y dogmas, culto, paraíso, ser supremo... Hannah Arendt dejó abundante material sobre el tema.

Lo anterior explica el firme rechazo del Episcopado venezolano a la propuesta de reforma constitucional en 2007, tendiente a la instauración en nuestro país de un Estado Socialista; aquélla fue negada, pero introducida luego por los caminos verdes del Socialismo del Siglo XXI y un Plan de la Patria, que ahora ha sido renovado) En esa ocasión el Episcopado fue tajante: “Un modelo de Estado socialista, marxista-leninista, estatista, es contrario al pensamiento del Libertador Simón Bolívar (…), y también contrario a la naturaleza personal del ser humano y de la visión cristiana del hombre, porque establece el dominio absoluto del Estado sobre la persona (…) La proposición de un Estado socialista es contraria a principios fundamentales de la actual Constitución, y a una recta concepción de la persona y del Estado”.

Identificar al que se tiene en frente es fundamental para una adecuada respuesta y una certera estrategia. En la oposición interna y el apoyo externo no es lo que precisamente ha abundado, y de allí tantos errores y fracasos.


El Régimen SSXXI actual es mucho peor que una dictadura. Los creyentes y demócratas debemos estar claros en esta materia. Se juega la suerte del país.

jueves, 12 de septiembre de 2019

LÓGICA DEL SSXXI



La lógica es una secuencia de afirmaciones en la cual, si está bien  hilada, se concluye necesariamente algo, sin importar que sea verdadero o falso. Es, por tanto, un instrumento-encadenamiento meramente formal; una estructura que se puede llenar con cualquier contenido. No guarda así ninguna dependencia de la moral ni de imperativo científicos o éticos. Su andamiaje no puede recibir propiamente otro juicio que el de coherencia interna o no.
Dada lo anterior, un régimen político, por ejemplo, puede ser al mismo tiempo humanamente brutal y rigurosamente lógico. Los campos de concentración y los gulags eran, en sana lógica, fruto esperable del nazismo y el comunismo, pues  des-humanizaban a ciertos sectores sociales por razones raciales o revolucionarias. Negada la condición humana, se desploman inevitablemente los derechos derivados de la misma. De allí lo capital y determinante de los puntos de partida, o sea de las premisas. Igual se diga de los criterios, la perspectiva y los fundamentos que se asuman en un determinado campo.
Algo semejante puede decirse de los términos eficiencia, eficacia, utilidad y otros por el estilo, junto a los correspondientes adjetivos. Normalmente se los aplica en un sentido positivo, pero de por sí son neutrales. Es así como el Socialismo del Siglo XXI desde una ótica “revolucionaria” ha sido muy eficaz,  pero en el sentido de empobrecer, oprimir y destruir el país. Aquí cabe introducir el tema de la neolengua.
Ante de proseguir esta reflexión resulta oportuno traer aquí una ilustrativa comparación hecha por Jesús: “La lámpara de tu cuerpo es el ojo. Cuando tu ojo está sano, también todo tu cuerpo está luminoso; pero cuando está malo. También tu cuerpo está a oscuras” (Lc 11, 34).
A propósito de neolengua no sobra recordar que las palabras son convenciones para expresar ideas y representar realidades. Los diccionarios lo ponen en evidencia, al igual que la variedad de lenguas. En este contexto se hace fácil comprender el término neolengua y la vigilancia  que es preciso guardar frente a ella. Un ejemplo concreto: la Ley contra el odio, que el régimen socialista maneja a discreción. El vocablo odio expresa en el uso ordinario un fuerte sentimiento de disgusto, antipatía, aversión, rechazo hacia alguien o hacia alguna cosa, junto al deseo de cambiarla o eliminarla. Ordinariamente tiene una connotación negativa al aplicarse a rechazos indebidos y culpables, como cuando se habla de odio racial o religioso. En el caso de la citada Ley resulta muy significativa su procedencia de un régimen que oprime a los ciudadanos, hegemoniza la comunicación, encarcela y tortura a los disidentes, empuja la emigración forzada, condiciona servicios alimentarios a la presentación de un carnet sectario, restringe el uso de “pueblo” y “popular” a un sector ideológico-partidista. Y pare de contar. La aprobaron y aplican quienes han hecho del odio una brutal herramienta de poder.
Este régimen, que tiene como biblia el SSXXI y su Plan de la Patria es sumamente eficaz y lógico en en su proceder dictatorial totalitario, que está conduciendo a Venezuela a un abismo cada vez más profundo. Es la lógica aplicada por Hitler, Stalin y Fidel y difundida por el Foro de Sao Paulo. Una lógica hábilmente acompañada por una neolengua encubridora, falaz, cínica, a los ojos y oídos de quienes profesan un genuino humanismo.
Han dicho algunos, y con razón, que en Venezuela tenemos no un mal gobierno, sino un gobierno malo. Yo agregaría maligno. Expropia haciendas y fábricas y -lo que es peor- busca expropiar mentes y conciencias. La resistencia democrática humanista debe comenzar por estar consciente del proyecto totalitario oficial, de su lógica y neolengua, teniendo presente que las amenazas más profundas a un pueblo vienen, no de lo económico y político, sino de lo ético-cultural. Es decir, del ámbito donde se amasan los valores, se forman las conciencias, y se fundamentan los proyectos.  

viernes, 30 de agosto de 2019

EDUCACIÓN LAICISTA




Un sentido corriente del adjetivo laico, es de algo independiente de lo religioso o no estar comprometido con ello. Así se habla de un régimen político laico o de una educación laica, como realidades no atadas a una determinada confesión religiosa o a la religión simplemente tal. La configuración democrática contemporánea va en esa dirección, que implica la libertad religiosa como derecho humano fundamental. La Iglesia católica tomó una posición muy clara al respecto en el Concilio Vaticano II con su documento Dignitatis Humanae.
Ahora bien, el vocablo laico, entendido como excluyente de lo religioso en un sentido activo o beligerante, es una cosa bien distinta de lo anterior. En efecto, no se trata ya simplemente de una indefinición religiosa general o específica, sino de la marginación expresa de la religión, bajo cualquier forma, del ámbito político oficial y de la educación pública. Laico se interpreta entonces como laicista; así la educación, por ejemplo, no sólo no ha de estar casada con una confesión religiosa determinada, sino que ha marginar del proceso educativo toda formación religiosa, sea católica, cristiana en general, judía o de otra especificación. El laicismo se encuadra así en el campo de lo ideológico, en cuanto excluye lo religioso como algo indebido o no significativo en la estructuración de la sociedad y que puede estar presente y actuante sólo en el ámbito de lo privado (personal, familiar). So capa de independencia, dicho laicismo se alinea con una determinada posición política, cultural, filosófica. No admite que la religión salga, por así decirlo, a la plaza, sino que ha de recluirse en lo estrictamente íntimo y hogareño.
Un logro positivo para nuestro país fue la firma de un Convenio entre la República y la Iglesia católica denominado Educación Religiosa Escolar (Programa ERE), que buscó concretar lo establecido en la Ley de Educación con respecto a un tiempo disponible para la formación religiosa. El Estado, sin dejar de ser laico, colaboraría en concreto con la Iglesia para que ésta pudiese educar en elementos religiosos a los alumnos cuyos padres y representantes así lo solicitasen Ese Convenio de hecho abrió la puerta a otros acuerdos inicialmente a nivel regional con varias confesiones cristiana no católicas. El Programa ERE ha sufrido las consecuencias de la imposición de la ideología laicista del SSXXI, que guía al actual Régimen.
Felizmente me toco tocó jugar un papel importante en la firma y puesta en marcha del referido Convenio y me fue muy grato percibir los frutos positivos que pronto comenzó a brindar no sólo a los alumnos, sino también a los docentes y a las respectivas familias. No dudé en calificarlo como el principal proyecto de la Iglesia en Venezuela, dada la índole del contenido y del alcance poblacional que tenía.
El Programa ERE contemplaba elementos fundamentales no sólo estrictamente religiosos, sino también de moral y educación cívica, éstos últimos desarrollados en una materia que lamentablemente había desaparecido del currículo escolar. En perspectiva cristiana la relación del ser humano con Dios, re-ligatio, entraña una indisoluble vinculación con la convivencia fraterna de los seres humanos entre sí en la línea de los valores del Evangelio.
Si importante para el hombre, particularmente en su etapa vital inicial, es aprender números y datos geográficos e históricos, igual o mayormente lo es educarse en lo concerniente a valores morales y espirituales. Una formación religiosa tal como la contenida en el Programa ERE contribuye poderosamente a una educación integral de la persona subrayando los aspectos más profundos y trascendentes de ésta. Por ello Simón Bolívar, no sólo alentó la formación moral y religiosa escolar, sino que llegó también a indicar manuales y métodos para su mejor realización.
La educación laicista explica en profundidad y gran medida la crisis actual de nuestra sociedad. No forma en apertura  a Dios y en la necesaria incidencia de la fe en la edificación de una convivencia humana libre, solidaria, fraterna, de calidad de vida.


domingo, 18 de agosto de 2019

SANCIONES Y CAUSAS




Las sanciones que han sido tomadas especialmente con respecto a personeros oficiales del país se encuadran en el marco del drama nacional. Puede asignárseles, por tanto, como causa primera y principal, la que la Conferencia Episcopal Venezolano ha venido identificando como la del desastre global del país. Esa causa no es otra que el propósito del Régimen: imponernos el Socialismo del Siglo XXI (SSXXI).
Este SSXXI no es cualquier socialismo, sino el que se concretó en la extinta Unión Soviética y actualmente estructura a Cuba. Ha sido llamado socialismo real y consiste en una organización totalitaria de la sociedad desde un centro único de poder, ejercido por lo que ya el yugoeslavo Djilas denominó, al comienzo de la guerra fría, “la nueva clase”
Este modelo se ha venido imponiendo de modo progresivo desde la instalación de Chávez en Miraflores hace veinte años. En la lógica marxista constituye el camino de construcción del comunismo, ideado como sociedad sin clases y ámbito de plena realización de la felicidad colectiva; es decir, un “cielo” terreno. Muchos, para no hablar de la casi  generalidad de los compatriotas, no identificaron adecuadamente el modelo y de allí tantos errores al enfrentarlo. Durante un largo período hasta se tuvo escrúpulo de llamarlo dictatorial.
Hay quienes se abstienen de calificar el proyecto del SSXXI como comunista, totalitario, porque todavía hay en Venezuela restos de propiedad privada, de instituciones políticas democráticas y de libre comunicación, o por lo ingente de ingredientes como la narcorrupción y el dominio de mafias y guerrillas, que llegarían a ser  la dominante palpable  del Régimen. No hay que equivocarse, sin embargo, al identificar la línea directiva ideológica y práctica determinante del proceso.  El modelo que sigue la cúpula gobernante socialista venezolana es el estalinista y castrista. Referencia inmediata: Cuba. Por otra parte, el tomar nota de los amigos connaturales del Régimen ayuda a situarse realísticamente en el panorama global. El Foro de San Pablo constituye una acertada guía.
Hablando de sanciones es preciso puntualizar que, desde hace veinte años, y especialmente en los últimos, los venezolanos hemos venido siendo sancionados por este Régimen en lo económico, político y cultural, es decir, en la totalidad de la convivencia nacional (de allí su identidad de total-itario) ¿Sanciones? Empobrecimiento general, opresión de la disidencia, dirigismo comunicacional y educativo, los cuales han provocado un vaciamiento poblacional del país (alrededor de cinco millones de ex-patriados). Vivimos, por tanto, en un país castigado durante dos décadas. Las sanciones que han tomado los Estados Unidos y otros países democráticos, particularmente contra algunas personas e intereses oficiales, así como las consecuencias sociales que generen no deben en modo alguno distraer de la identificación de su verdadera causa: la destrucción nacional causada por el Régimen SSXXI. Característico de los gobiernos dictatoriales y totalitarios es buscar chivos expiatorios en los cuales depositar las propias culpas. Preguntas como las siguientes ubican fácilmente a los causantes de los males nacionales: ¿Quién arruinó a PDVSA y a la industria pesada de Guayana? ¿Quién incautó propiedades del campo y la ciudad altamente productivas para llevarlas al desastre? ¿Quién enterró al bolívar? ¿Quién ha entregado el país a Cuba regalándole petróleo y cediéndole registros, notarías, puertos y control militar? ¿Quién acabó con MCS de amplio alcance y larga data para silenciar al país? ¿Quién ha domesticado ideológica-políticamente a la Fuerza Armada, cercado las universidades autónomas y aislado al país del concierto democrático internacional? ¿Quiénes han arruinado a Venezuela aprovechándose de los resortes del poder?
Las sanciones que el SSXXI ha impuesto a todo el sufrido pueblo venezolano tienen ya veinte años. Los verdaderos causantes de las recientes sanciones externas a algunos dirigentes e intereses del país son quienes tratan de imponer a éste el socialismo real según el modelo castro-estalinista.
    

jueves, 1 de agosto de 2019

POLÍTICA Y PECADOS CAPITALES




¡Qué se hizo la plata? Es la pregunta que   nos hacemos ante el empobrecimiento de un país petrolero, salido de un huracán de muy altos precios del producto. La chequera abultada del Comandante permitía pasear la dadivosa espada de Bolívar por una abultada nómina de personas, organizaciones y países de este y otros continentes.
Después de esos tiempos dorados el país experimenta un cortejo de males sin precedentes en cuanto a salud, alimentación y otros servicios y necesidades fundamentales. Venezolanos salen en masa a pedir limosna por otros lares e innumerables compatriotas tienen que hurgar en depósitos de basura lo que no pueden comprar.
Junto a esto, páginas de periódico y mensajes de redes abundan en noticias de corrupción y sus protagonistas, que gastan en centros chic europeos y  norteamericanos la cosecha de trácalas y hurtos en esta tierra bolivariana. El diccionario de la corrupción se ve enriquecido con nuevos vocablos como “bolichicos” y reedita la vieja nomenclatura de testaferros. La “oligarquía” del SSXXI caracteriza los nuevos tiempos.
Hay dramas inevitables como los provenientes de catástrofes naturales; pero hay otros generados por la maldad humana como el empobrecimiento de pueblos por el enriquecimiento ilícito, la malversación de fondos públicos o escandalosos derroches. Se ve que la realidad humana no marcha solamente según las leyes de las ciencias naturales y sociales, sino en sentido positivo o negativo de normas éticas, de valores morales. La economía no se maneja por sí misma; es el ser humano su tejedor.
No escasean ideologías que formulan un hombre nuevo como fruto de reestructuraciones económicas, políticas y culturales, considerando al ser humano como tendiente simplemente a lo razonable y bueno. Tal es el marxismo y un liberalismo economicista. La perfección humana vendría dada por reacomodos de medios de producción, mayor disponibilidad de conocimientos, reformulaciones jurídicas o cosas por el estilo. Transformación del hombre desde afuera.
Hay categorías que no se encuentran en  libros como los de economía y derecho, pero que imprimen su huella existencial en los varios órdenes del quehacer humano. Tales son las de pecado y tentación, de moralidad y virtud.  Las genocidas cámaras de gas fueron construidas por buenos expertos ingenieros, físicos y químicos; los torturadores son summa cum laude en las asignaturas del hacer sufrir; la corrupción administrativa de altura exige especialistas de bajos fondos.
En los libros de moral y religión se habla de los siete pecados capitales: soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza. También de que la libertad que se perfecciona en el bien y se distorsiona con el pecado, al cual invita la tentación.  Cuando san Pablo habla del hombre nuevo hace hincapié en la genuina libertad, que se funda en la verdad y se esfuerza hacia el bien.  En perspectiva cristiana la libertad humana es no sólo limitada y frágil, sino también amenazada siempre por la atracción del mal moral o pecado, que es ruptura de la comunión con Dios y con el prójimo. La historia humana es dramático entrecruce de luz y sombra, bondad y maldad, virtud y vicio.
Por eso al ser humano no se lo puede arreglar sólo ampliando sus conocimientos, habilidades y bienestar material, así como cambiando apenas normas y o estructuras. El evangelio invita, por ello, a la conversión, al cambio positivo en el ejercicio de la libertad, en la orientación de la conciencia hacia la verdad y de la vida hacia el bien.
En la presente crisis nacional es preciso tener presente estas cosas para evitar en lo posible la reedición de dramas y tragedias. Un repunte económico y una normalización democrática no comportarán necesariamente un progreso integral nacional. Se hace imprescindible una reeducación en el sentido de los mejores valores morales y espirituales. Vale recordar aquí una frase muy diciente del Señor Jesús: “Pues ¿de qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida?”
Los pecados capitales amenazan. Más fuertes sin embargo son el ejercicio responsable de la libertad y su acompañamiento divino.
   

jueves, 18 de julio de 2019

VUELTA A LA CONSTITUCIÓN




El Episcopado nacional acaba de hacer pública (11 de julio) una declaración bajo el título sugerente Dios quiere para Venezuela un futuro de esperanza y siguiendo la acostumbrada metodología del ver-juzgar-actuar.
En cuanto a balance de la situación, los Obispos asumen datos muy graves planteados pocos días antes (4 de julio) por Michelle Bachelet, Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. Agregan otras manifestaciones que completan un cuadro bastante triste e interpelante en materia de respeto a la dignidad de los venezolanos y sus derechos fundamentales.
La Declaración justifica la intervención del Episcopado en esta materia socio política recordando que “una de las grandes tareas de la Iglesia en nuestro país consiste en la construcción de una sociedad más justa, más digna, más humana, más cristiana y solidaria”, lo cual “postula un decidido compromiso de todos por la defensa de la dignidad de la persona humana y el bien común”. La misión de la Iglesia, que es la evangelización, no se limita a lo cultual y a lo explícitamente religioso, sino que entraña también una presencia transformadora de la convivencia humana en la perspectiva de los valores del Evangelio y su e, je o núcleo que es el amor.
En cuanto al actuar, junto a urgir una efectiva respuesta a la “emergencia humanitaria” y reiterar la contribución de la Iglesia en tal sentido, los Obispos reafirman: “ante la realidad de un gobierno ilegítimo y fallido, Venezuela clama a gritos, una vuelta a la Constitución”. Esto, dicho hace seis meses, lo han repetido, en una u otra forma, en estos últimos años. Exigencia fundamental de dicho cambio es “la elección en el menor tiempo posible de un nuevo Presidente de la República”. A continuación, exponen “algunas condiciones indispensables” para asegurar que esa elección “sea realmente libre y responda a la voluntad del pueblo soberano”. Entre esas condiciones mencionan: renovar el Consejo Nacional Electoral asegurando su imparcialidad, actualizar el registro electoral, posibilitar el voto de los compatriotas en éxodo, contar con una efectiva supervisión internacional. Y, last but not least, acabar con la Asamblea Nacional Constituyente. Antes de hablar de elección, el Episcopado pone como exigencia del cambio “la salida de quien ejerce el poder de forma ilegítima”.
Me parece que el ritmo de los acontecimientos está llevando, sin dar más vueltas, a poner sobre la mesa de la praxis, de modo urgente, efectivo y transparente, la aplicación del artículo 5 de la Constitución. En tiempos de gravísima crisis que se manifiesta en un insoportable sufrimiento del pueblo, en parálisis productiva y despoblamiento del país, es ineludible preguntar a los venezolanos qué presente y futuro quieren para su país; si seguir con estancamiento político, miseria, inseguridad y desesperanza o enderezarse hacia la nación deseable, libre, justa, fraterna, edificada por todos y acogedora como casa común.
La caída del Muro de Berlín ha sido para mí en estos últimos tiempos y en varias formas, generadora de esperanza. Significó superación no violenta de enfrentamientos, encuentro inimaginable de contrarios, síntesis sorpresiva de opuestos; y todo ello sin pólvora ni sangre. Viví de cerca ese Muro en diversos momentos (antes, en y después) y nunca imaginé su sorprendente fin. Pienso que la humanidad ha sobrevivido en milenios porque ha sido capaz de lograr imposibles.
Hay muchas cosas en nuestra Constitución. Pero entre las que leo y releo hay pasajes que resumen la Venezuela deseable y obligante, que hoy nos reclama un esfuerzo decidido, sacrificado, generoso, esperanzado. Esos pasajes son el Preámbulo y los Principios Fundamentales de la Carta Magna, que comienzan así: “El pueblo de Venezuela, en ejercicio de sus poderes creadores e invocando la protección de Dios, el ejemplo histórico de nuestro Libertador Simón Bolívar…”.
Así como Pérez Bonalde escribió su Vuelta a la Patria nosotros ahora hemos de realizar nuestra Vuelta a la Constitución.




jueves, 4 de julio de 2019

LEVIATÀN SSXXI



El Estado venezolano tal como lo viene utilizando el autodenominado Socialismo del Siglo XXI no se parece en modo alguno al que describe la Constituciòn nacional (CRBV Artìculos 2 y 3), sino al Leviatàn descrito a mediados del siglo XVII por el filòsofo inglès Thomas Hobbes
Nuestra Carta Magna declara al Estado como “democrático y social de Derecho y de justicia”,  definiendo una serie de valores superiores que han de orientar su ordenamiento y actuación ¿Cuàles? Ademàs de los que se acaban de mencionar, identifica los siguientes: vida, libertad, igualdad, solidaridad, responsabilidad social; asigna la preeminencia a los derechos humanos, la ética y el pluralismo político (Art. 2). Como fines esenciales del Estado venezolano la Constituciòn destaca: defensa y desarrollo de la persona, respeto a su dignidad, ejercicio democràtico de la voluntad popular,  construcción de una sociedad justa y amante de la paz, promoción  de la prosperidad y bienestar del pueblo; igualmente,  garantía del cumplimiento de principios, derechos y deberes integrados en el texto constitucional.
Este cuadro luminoso contrasta con la realidad tràgica nacional, que el actual régimen ha venido causando en estas dos décadas iniciales del tercer milenio con la formulación y la progresiva puesta en pràctica de su proyecto. Èste es   de carácter comunista, totalitario, aderezado con una fuerte carga de inoperancia y narcorrupciòn, todo lo cual lo ilegitima tanto moral como constitucionalmente. El Estado en manos del  SSXXI no es el que dibuja y manda la CRBV, sino  el Leviatàn del filòsofo inglés.
Hobbes, materialista y pesimista, define al ser humano como egoísta por naturaleza (homo homini lupus), lobo para su vecino y contrincante en una “guerra de todos contra todos”. Para poderse manejar en este conflicto los seres humanos pactan que alguien  -monarca o consejo-  asuma el comando de la situación y asegure asì paz y defensa. Ese alguien se convierte en soberano, omnipotente, en un absoluto del cual todo depende y èl de nadie; concentra la  globalidad de todos los poderes, de modo que política, moral y hasta religión le quedan sometidas. El Estado se convierte asì en Leviatàn.
Hobbes hace la comparaciòn con ese animal, bestia maligna, ser mítico, monstruoso, horripilante, que aparece en la .literatura del Medio Oriente;  también en la Biblia (ver, por ejemplo, Isaìas 27, 1), como poder nefasto que evoca la fuerza contraria a Dios y su pueblo. No es difícil percibir en los tiempos modernos al Leviatàn cristalizado en el estado nazi y el comunista, con su pretensiòn de omnisciente y  todopoderoso. El ser humano queda entonces aplastado por un poder omnímodo.
Resulta algo màs que curioso comprobar lo sucedido con el socialismo real (tipo URSS, Corea del Norte, Cuba). La teorìa marxista concibe al Estado  como una entidad destinada a desaparecer con el advenimiento del comunismo, luego de la dictadura del proletariado. ¿Què ha sucedido? Esa dictadura de transitoria se ha convertido en permanente y de proletariado ha quedado sòlo una casta iluminada que ejerce el poder a sus anchas. Es la “nueva clase” (oligarquía comunista, nuevo grupo de tiranos privilegiados y paràsitos) que denunciò el yugoeslavo  Milovan Djilas en el inmediato postguerra (1957). El socialismo, que de por sì evoca participaciòn social, se convierte en un régimen de total centralización en lo econòmico, lo polìtico y lo cultural. Una dinámica conducente al culto de la personalidad (el  hermano mayor: Stalin,  Mao ,los Kim, Fidel y congèneres)
En Venezuela el Leviatàn está en marcha. Tarea de los demócratas y humanistas genuinos es evitar que la fiera subsista, crezca y llegue al dominio total de la naciòn. Para los cristianos y creyentes en general, asì como para los no creyentes de genuina convicción humanista, tarea insoslayable es evitar que el Leviatàn devore al Estado definido por nuestra Carta Magna y exigido por la dignidad de los hombres y mujeres de este país.


viernes, 21 de junio de 2019

COMUNIDAD Y PERSONA





Los sistemas totalitarios exaltan lo colectivo y obstruyen la construcción y el robustecimiento de una verdadera comunidad. Buscan convertir, en base a su política homogeneizante, al pueblo en masa y a la sociedad en monolito. La democracia, en cambio, favorece lo individual y plural, si bien está tentada siempre de exagerar lo subjetivo y polarizar en números y proporciones (de votos y opiniones) por encima de valores y de un genuino encuentro humano.
El mensaje cristiano acerca de Dios Uno y Trino brinda valiosas orientaciones para tejer un relacionamiento humano que conjugue armónicamente individuo y sociedad, entendiendo éstos como persona y comunidad. 
Verdad central y específica de la fe cristiana es la afirmación de Dios como Trinidad. comunidad, Reconoce a Dios uno y único (monoteísmo), como ser personal, pero no unipersonal; identifica la divinidad como íntima red de relaciones interpersonales: Padre, Hijo y Espíritu Santo. De ahí que es bellamente exacta la definición de Dios como amor (1 Jn 4, 8).
Esta condición trinitaria de Dios es profundamente iluminadora respecto de tres puntos básicos: la noción de ser humano (antropología), el horizonte fundamental de la ética y el sentido de un desarrollo social integral.
En cuanto a lo antropológico resulta clave el relato de la creación que ofrece el libro del Génesis en su inicio mismo. Después de crear el universo y la variedad de la naturaleza, Dios dice: “Ahora hagamos al hombre a nuestra imagen” (Gn 1,25). El ser humano emerge así como ser inteligente, con voluntad libre, personal. Responsable, por tanto, de su actuar; de allí su condición ética. El hombre, como corporal también (hecho de tierra es la figura que emplea el Génesis) resulta situado en el tiempo, al cual, por su libertad, convierte en historia. Como persona no aparece como simple individualidad, subjetividad aislada (ego-ísta), sino acompañado (Adán, Eva, humanidad) en relación, social, dialogante, ser para la comunicación y la comunión, “ser para el otro”. (Pronto, lamentablemente, manifestará también el mal uso de su libertad, pecando). La flecha del perfeccionamiento del ser humano habrá de ir entonces, en la dirección de lo subjetivo y lo comunional de modo inseparable.
La Trinidad proyecta su luz también sobre la ética. Dice san Juan: “(…) debemos amarnos unos a otros porque el amor viene de Dios (… El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor” (4, 7-8). Jesús en su Sermón de la Cena es repetitivo respecto del amor como el mandamiento máximo, principio supremo regulador de la vida moral y espiritual de sus discípulos. Será, por tanto, el criterio de discernimiento en el Juicio final (Mt 25, 31-46. El ser humano como “imagen” ha de responder operativamente a la naturaleza amorosa de Dios. El mandato -positivo, proactivo-, divino es que amemos, especialmente a los que más necesitan del acompañamiento fraterno.
La realidad trinitaria da luz también sobre el compromiso social del cristiano -y podríamos decir del ser humano- en este mundo: contribuir a la edificación de la sociedad como comunidad. Ésta significa encuentro, compartir de personas y no simple suma de individualidades; tampoco masa humana, colectivo sin rostros, algo   así como un agregado de clones, que es un objetivo característico de los proyectos totalitarios. Para tener una comunidad se debe favorecer y formar el libre ejercicio de las personas que la integran, en efectiva pluralidad y diversidad. En la Trinidad divina las personas son realmente distintas. Una comunidad humana existe y progresa entonces en la medida en que las personas que la componen son ellas y no otras, con identidad propia. “Ser para el otro” no es desaparecer en el otro o disolverse en un todo común, lo cual se plantea como exigencia de genuino humanismo para toda comunidad, desde la familiar hasta la global. No hay comunidad sin personas.
Las anteriores consideraciones adquieren especial vigencia en la actual crisis del país, consecuencia de un proyecto colectivista totalitario que se trata de imponer. La sociedad venezolana por edificar no debe ser otro que una comunidad nacional verdaderamente tal.



viernes, 7 de junio de 2019

SOBERANÍA Y SOBERANO




Especialmente en casos de crisis nacionales que se proyectan en conflictividad internacional suele subrayarse el concepto de soberanía como escapatoria a reclamos y sanciones que vienen de más allá de las propias fronteras.
En apelaciones a la condición soberana se manejan términos como “no injerencia” y “no intervención” frente a normas y acuerdos de organismos supranacionales que aconsejan, permiten o deciden prevenir o frenar injusticias. Suena extraño que en un mundo en creciente globalización y más aguda toma conciencia acerca de la obligante universalidad de los derechos humanos se trate de convertir la soberanía en burladero de procedimientos inhumanos.
El Papa Juan Pablo II fue alguien que supo bastante de estas cosas. Él vivió y tuvo serias responsabilidades en un país que sufrió los totalitarismos nazi y comunista, la partición de su territorio por parte de éstos y la ola devastadora de una guerra mundial. La experiencia personal da un toque bien experiencial a esta afirmación: “No es verdadera soberanía la de un Estado en el que la sociedad no es soberana: es decir, cuando ésta no tiene la posibilidad de decidir acerca de su bien común, cuando se le niega el derecho fundamental a participar en el poder y en las responsabilidades” (Mensaje a la Conferencia Episcopal Polaca con motivo del 50º aniversario del comienzo de la Segunda guerra mundial, 26 de agosto de 1989).
El mismo Papa Wojtyla años antes había expresado en una encíclica algo que parece dirigido expresamente a la Venezuela de nuestros días: “El sentido esencial del Estado como comunidad política consiste en el hecho de que la sociedad y quien la compone, el pueblo, es soberano de su propia suerte. Este sentido no llega a realizarse si en vez del ejercicio del poder mediante la participación moral de la sociedad o del pueblo, asistimos a la imposición por parte de un determinado grupo sobre todos los demás miembros de esta sociedad” (Redemptor hominis, 17 de marzo 1979).
He citado más de una vez la siguiente denuncia hecha por la Conferencia Episcopal Venezolana: “(…) el Gobierno usurpó al pueblo su poder originario. Los resultados los está padeciendo el mismo pueblo que ve empeorar día tras día su situación. No habrá una verdadera solución de los problemas del país hasta tanto el pueblo no recupere totalmente el ejercicio de su poder” (Exhortación, 12 de enero de 2018).
Me gusta recordar aquello de que Dios creó a los seres humanos y éstos fabrican las fronteras, que se justifican para una más ordenada marcha de comunidades y pueblos, pero no para su aislamiento e insolidaridad. Más que a seres individuales dispersos el Creador dio vida a la humanidad, llamada a constituirse como gran fraternidad universal. En este sentido, la planetización (globalización o mundialización) debe interpretarse primariamente -en sí y no en discutibles realizaciones de facto- como un hecho positivo, que corresponde al plan relacional divino.
Al hablar de soberanía se debe entonces dirigir prioritariamente la mirada al nivel de participación del soberano en la cosa pública, a su corresponsabilidad ciudadana y a la subordinación de los órganos del Estado a las necesidades y anhelos del pueblo. Evitando, por supuesto, las “encarnaciones” de éste en un determinado líder y su círculo ideológico-político, de tal modo que el gran jefe (big brother) y su secta de iluminados ya no necesitan consultar o recibir directrices de los súbditos. Son patentes las consecuencias nefastas de consignas como “Fulano de tal es el pueblo”.
La causa principal de la crisis venezolana -lo han repetido los obispos- reside en la voluntad del Régimen de imponer un proyecto de corte totalitario (Socialismo Siglo XXI, Plan de la Patria) a un soberano que casi unánimemente se resiste a tal propósito. Para salir de esa crisis y abrir cauce a un consistente progreso nacional compartido es menester “volver a las fuentes” consultando al pueblo qué es lo que realmente quiere.
La soberanía es importante pero en cuanto el soberano es el primer importante. Es el sentido genuino del artículo 5 de nuestra Carta Magna.

viernes, 24 de mayo de 2019

ELEGIR PARA SALIR




Elegir, sí, para salir del presente desastre nacional. Elegir, no simplemente votar. Y elegir primordialmente a quien se quiere sea el jefe del Estado, a fin de reorientar el país hacia su reconstrucción y ulterior desarrollo.
Nuestra Conferencia Episcopal denunció sin ambages: el actual Régimen de facto “usurpó al pueblo su poder originario” (Exhortación de 12.01.18), contraviniendo abiertamente así un principio de primer orden, universalmente aceptado en la constitucionalidad democrática y fundamental en nuestra Carta Magna (CRBV 5) ¿Deber urgente y prioritario entonces de parte de los ciudadanos? Recuperar el ejercicio de su soberanía. Esta obligación postula poner por obra los medios eficaces correspondientes. Nuestra Constitución prevé al efecto diversos mecanismos. Los Obispos se limitaron a citar, a título de ejemplo, el Art. 71, que señala el camino referendario consultivo.
En la oposición se ha configurado la siguiente tríada con miras a la recuperación de la soberanía por parte del pueblo venezolano: cese de la usurpación, gobierno de transición, elecciones libres. Se identifica el fin (elecciones) y dos pasos para conseguirlo. Aquí aparece clara la obligante consulta al soberano, la cual se estima indispensable -conditio sine qua non- para que el país abra el camino hacia la solución orgánica de la gravísima crisis y un progreso integral consistente. Las elecciones libres presidenciales (que podrían eventualmente darse en sincronía con otra u otras) constituyen, por tanto, un fin, que, a su vez se convierte en medio para encaminar al país hacia una “nueva sociedad”, libre, justa, solidaria y pacífica. Sociedad que, como histórica, será siempre perfectible.
En estas últimas semanas se han registrado iniciativas bajo impulso y respaldo internacional, con miras a conversaciones o negociaciones que permitan superar el actual enfrentamiento institucional actual y posibilitar una re-unión de los venezolanos en el marco de una reinstitucionalización democrática. Lamentablemente “diálogo” se ha convertido entre nosotros en término viciado y malsonante por el abuso que el Régimen “socialista” totalitario ha hecho de él para distraer, engañar, ganar tiempo.
El planteamiento de elecciones libres se muestra necesario y urgente. Resulta primario e irremplazable consultar al soberano cuando se juega en profundidad y alcance la suerte del país ¿Qué se ha de hacer con Venezuela? ¡Pregúntesele a los venezolanos qué quieren! La respuesta no corresponde darla a un grupo de poder, a una secta de “iluminados o a una potencia externa, sino al pueblo en su conjunto. Y esa respuesta será verdadera y válida sólo si se manifiesta libremente, con conocimiento suficiente y sin coacción de ningún tipo. En las circunstancias actuales debería ser garantizada también por una efectiva supervisión internacional (tipo ONU, OEA, UE).
Las elecciones tienen que efectuarse en un plazo de meses, pues lo de “el tiempo es oro” en las actuales circunstancias significa “el tiempo son lágrimas y sangre. El proceso eleccionario han de ser un auténtico fair play (en criollo, juego “sin tramposerías”). Éste requiere, entre otras cosas, no sólo un nuevo Consejo Supremo Electoral (para asegurar limpieza), un Tribunal Supremo de Justicia distinto (para garantizar imparcialidad y respeto a los resultados), así como, por supuesto, un Ejecutivo Nacional reformulado (para lograr un escenario político sin persecuciones, presos políticos, hegemonía comunicacional, chantajes electoreros, imposición de un proyecto político-ideológico totalitario).
¿Y mientras…? La crisis humanitaria urge atención seria, inmediata y sin coloración partidista o clientelar. El deterioro de los servicios básicos tampoco puede esperar. Se trata de preparar un proceso electoral libre, pero también de escuchar operativamente desde ya el clamor de una multitud de hambrientos, enfermos abandonados, emigrantes forzados, venezolanos carentes de servicios básicos.
Es imperativo realizar elecciones realmente libres: culmen de una tríada de cambio político e inicio de una secuencia consistente de progreso integral del país. 


viernes, 10 de mayo de 2019

PERSONA: FIN O MEDIO




El actual régimen, así como ha desvalorizado el bolívar, ha hecho otro tanto con el venezolano. Ha sobrevaluado Estado, gobierno, partido oficial, “hermano mayor”, convirtiendo a las personas en útiles y herramientas del poder.
Común denominador de los sistemas autocráticos, dictatoriales o tiránicos, cuyo paroxismo se tiene en los totalitarios es la devaluación de la persona. Del respeto a ésta, con su dignidad y derechos inalienables, pasa a interpretarla como medio e instrumento de un plan (proyecto político, diseño ideológico). Como simple función.
Una concepción humanista auténtica, que en coordenadas cristianas encuentra fundamento firme y horizonte trascendente, reconoce a la persona la como el sentido y el fin del ser-quehacer social. Claro está, entendiendo la persona no como subjetividad aislada, autosuficiente o autorreferencial, sino como ser “en sí”- para la comunicación y la comunión.
La Doctrina Social de la Iglesia destaca la centralidad de la persona y su estructura bidimensional: es, de una parte, sujeto consciente y libre y, de la otra, relación, diálogo, alteridad.  Dos realidades indisolublemente unidas, en íntima conjunción, lo cual tiene repercusiones inmediatas y decisivas en la intelección y praxis del desarrollo integral de la persona y de la dinámica social. Ahora bien, el fundamento último del valor y la vocación de la persona se basa en la condición del ser humano creado a imagen y semejanza de Dios (ver Génesis 1, 26-27), que es comunión, amor (1Jn 4, 8). Por eso nuestro primero y máximo defensor es Dios mismo. Y no deja de ser particularmente significativa la predilección de Jesús y del Padre celestial por los más débiles de la sociedad (hambrientos, enfermos, inmigrantes, presos…) como aparece en la descripción del Juicio Final, que ofrece el evangelio de Mateo (25 31-46).  Patente debilidad divina hacia los más necesitados.
La persona humana, por consiguiente, vale por sí misma, no sólo o principalmente por determinadas capacidades o cualidades, ni, mucho menos, por los bienes materiales que posee o el poder que ejerce. Las discriminaciones y exclusiones tienen su origen en una valoración simplemente funcional de la persona, según su adecuación a un determinado objetivo económico, político o cultural. Los criterios de estimación son entonces los de productividad económica, afiliación político-ideológica, identificación religiosa y otros factores de calificación.
El ser humano ha sido puesto en el mundo para crecer, desarrollarse en él y con él, en perspectiva ecológica integral. Y la flecha del ascenso en humanidad va en el sentido de una personalización en comunión. Esto se sitúa en las antípodas tanto del individualismo aislante como de la colectivización masificante. Los totalitarismos de cualquier especie disuelven la persona en entes a-personales como raza, nación, colectivo; los rostros singulares desaparecen y el hombre vale en definitiva apenas en cuanto medio e instrumento para un fin. Se torna así fácilmente en desechable. Y no extrañan entonces los genocidios, en los cuales se deben incluir los multitudinarios éxodos forzados, así como el hambre y la enfermedad de poblaciones enteras por la negación de asistencia humanitaria fácilmente asequible (tragedias que vive Venezuela).
El caso venezolano es doloroso. Para el régimen lo humano pasa un segundo plano. El primero lo ocupa el sometimiento al proyecto totalitario oficial (Socialismo del Siglo XXI, Plan de la Patria). Los disidentes son catalogados como apátridas, candidatos al desempleo y a la lista de sospechosos, perseguidos y encarcelables, los cuales no merecen justicia sino ajusticiamiento. El poder no es ya servicio, sino dominación. De allí lo inevitable de la militarización o uniformización de la sociedad, del pensamiento único y de la obediencia indiscutida. 
¿Cuál es el cambio que necesita y urge el país? El paso hacia una sociedad de personas, con rostros propios. Comunidad de seres humanos libres y responsables, convivencia de sujetos críticos y de recta conciencia moral. Por ahí va la construcción de una nueva sociedad.

jueves, 25 de abril de 2019

RÉGIMEN GENOCIDA




Es fácil inventariar, no así el jerarquizar. Lo primero implica sencillamente recoger información, mientras que lo segunda entraña un discernimiento y juicios de valor.
Apliquemos esto a los males y causas de la situación venezolana. En cuanto a males nacionales, inventariarlos no es tarea laboriosa, pues los sufrimos; su listado es dolorosamente interminable. En este país estamos experimentando una globalización del mal. Pareciera que el reloj camina hacia atrás, retrotrayendo en los más diversos órdenes, desde cosas materiales  como el servicio de agua, hasta otras que entran en el campo del espíritu como son la comunicación y la educación. Esta regresión se concreta en los varios ámbitos de la convivencia, a saber, en lo económico, lo político y lo ético-cultural.  Caricaturizando las cosas puede decirse que al Siglo XXI del Socialismo oficial debería agregársele un “aC” (antes de Cristo).
En lo relativo a jerarquización de los males del país, múltiples en todos los órdenes, no hay duda de que entre los más graves se ha de señalar la expatriación (éxodo, exilio) de millones de venezolanos. En términos demográficos significa un dramático despoblamiento del territorio nacional ¿Qué familia nuestra puede decir que alguno de sus miembros o de sus amigos no ha tenido que irse de esta tierra, que lo ha visto nacer, que es suya y constituye su hogar y patria? Aquí no hemos tenido una guerra, ni una peste masiva, ni catástrofes naturales de alcance nacional. ¿La causa del despoblamiento? La que han señalado los Obispos para el desastre global: el Régimen y su proyecto inhumano, totalitario, que hacen invivible al país y obligan a una multitudinaria fuga para sobrevivir ¡Como si los castrocomunistas fueran los dueños también de Venezuela! ¿Quiénes podrán entonces permanecer aquí? La aspiración oficial es que sólo militantes rojos y esclavos o sometidos. La Nomenklatura, por supuesto, así como, por temporadas, familiares y “enchufados” de la “nueva clase”, que hacen paréntesis en sus estadías en el “Imperio” y en París, Madrid o Roma.
Respecto de las causas de los males -que pueden dividirse en primarias y secundarias, próximas y remotas, leves y graves- el Episcopado venezolano ha sido reiterativo y claro. Así en Exhortación del 13 de enero de 2017 afirmó: “Muchas son las razones que han conducido al país a la actual situación. La causa fundamental, como lo hemos afirmado en otras ocasiones, es el empeño del Gobierno de imponer el sistema totalitario recogido en el Plan de la Patria (llamado Socialismo del Siglo XXI), a pesar de que el sistema socialista marxista ha fracasado en todos los países en que se ha instaurado, dejando una estela de dolor y pobreza”. Del desastre general se puede señalar entonces una causa primera, generadora, central: el proyecto “socialista marxista” (léase comunista) oficial. Proyecto rechazado, por cierto, por el pueblo venezolano en 2007 y que los obispos calificaron como contrario al pensamiento del Libertador Simón Bolívar,“a la naturaleza personal del ser humano y a la visión cristiana del hombre, porque establece el dominio absoluto del Estado sobre la persona” ((Exhortación Sobre la propuesta de reforma constitucional, 19 de octubre de 2007). A pesar del rechazo ciudadano, ese proyecto siguió adelante por caminos verdes, porque sus promotores parten de la autosuficiencia ideológica de pensar que tienen las llaves de la historia. Por supuesto que el Régimen no se mueve por pura ideología; otras motivaciones están presentes como en nefasto cocktail: ambición de poder, avaricia, narcomanejos. La praxis del estalinismo no fue pura dialéctica histórica.
 “Genocidio” es un término de precisa definición jurídica para efectos penales internacionales. Pero en un sentido humano, moral, más comprensivo, no dudo en calificar a este Régimen de genocida, pues diezma sistemática y culpablemente la población de Venezuela, que fue liberada por Bolívar del coloniaje borbónico, pero está dominada ahora por  la dinastía castrista.   

jueves, 11 de abril de 2019

CUADRILLAS DE PAZ




Venezuela bajo el SSXXI en vez de caminar hacia adelante, marcha hacia atrás. Es un progreso a la inversa: de la electricidad a las velas, del tractor al azadón, del pluralismo al paredón.
El volver las cosas al revés se expresa y potencia con la voltereta del lenguaje. Las palabras en vez de significar lo que dicen, expresan todo lo contrario. Como en ciertos lugares de Venezuela en que subir y bajar se usan en referencia a la salida o la caída del sol y así al subir una calle usted debe decir que está bajando.
El término neolengua está ya de uso corriente para expresar esta transmutación, puesta de moda en regímenes totalitarios como la actual dictadura militar comunista venezolana, los cuales comienzan su “revolución” revolucionando el lenguaje. Tendrá uno entonces que repetir aquello de que “cuando yo digo digo, digo digo y no digo diego”. Estas reflexiones tienen su inmediata razón de ser en la apología hecha por el de facto Maduro respecto de sus “cuadrillas de paz”.
En La neolengua del poder en Venezuela (Editorial Galipán 2015), escrita, entre otros, por Antonio Canova González, encontramos un muy serio y útil desarrollo de esta materia, la cual hemos todos de conocer para identificar bien la “dominación política y destrucción de la democracia” en nuestro país. En dicho libro tenemos una exposición bien situada de la ya clásica obra de George Orwell, 1984.
Cuadrillas de paz en cuanto nombre suena  parecido a la asociación humanitaria Médicos sin fronteras, al voluntariado católico de Caritas y al Ejército de Salvación” evangélico. Pero no, se trata de grupos como las Turbas divinas del sandinismo y el Sturmabteilung (SA) - tropas de asalto nazis-, encargados de “pacificar” con garrotes y armas de fuego a los disidentes del régimen. Esas Cuadrillas constituyen una nueva denominación de los así llamados “colectivos”, que son en realidad grupos de matones armados por el gobierno con el fin de disolver manifestaciones pacíficas de ciudadanos y amedrentar vecindarios para asegurar su fidelidad al SSXXI.
La imposición de la neolengua totalitaria en nuestro país busca primariamente 1) dividir a los venezolanos (patriotas/apátridas), 2) glorificar a los líderes oficiales con culto a la personalidad (vocablos como comandante eterno, gigante, y parodias del Padre Nuestro, 3)mentir y engañar (“devaluación” se convierte en “ajuste cambiario” y “protesta” en “terrorismo”), 4) confundir, entorpeciendo la comunicación (al ganar tiempo se le llama “diálogo”,  y la desidia e incapacidad administrativa oficial se convierte en “agresión imperial” saboteo” interno). El régimen lleva a la redacción de un nuevo diccionario en que términos usuales suelen significar lo opuesto (¿qué significa odio en la “Ley contra el odio” aprobada para aplastar toda disidencia?) y términos bellos enmascaran atrocidades (ministerios, viceministerios, departamentos, programas, para el servicio del amor y la felicidad, la paz y la verdad). Ese vocabulario acumula progresivamente expresiones sofisticadas y rimbombantes para inflar operativos como “sistema biométrico de distribución alimentaria”. En el terreno religioso -al cual se le quita programáticamente el piso- el Hermano Mayor pontifica definiendo lo que es el “cristianismo puro”, a saber, el revolucionario de masificación social, homogeneización ideológica, partido único y monolitismo cultural.
Aunque ideológicamente el socialismo marxista, “real”, enfatiza como nuclear el control de los medios de producción, busca la hegemonía comunicacional y el dominio educativo como elementos claves de dominación. Se trata de cambiar el modo de pensar, uniformando el pensamiento colectivo. Eso de pensar con la propia cabeza es algo incompatible con el “hombre nuevo”.
Desmontar la neolengua es tarea indispensable y urgente. Un buen ejercicio lingüístico y hasta diversión para jóvenes y adultos. En todo caso constituye una tarea obligante para quien quiera liberarse y liberar. Hay una frase del Señor Jesús, que es emblemática en tal sentido: “La verdad os hará libres” (Jn 8,32).