martes, 22 de diciembre de 2015

¡ALTO AL FUEGO!



“La situación global del país sigue siendo grave porque, entre otras razones, unas son las necesidades y expectativas del pueblo y otras, muy diferentes, las opciones político-económicas del Gobierno”.

La Presidencia de la Conferencia Episcopal Venezolana (2015) acaba de hacer esta grave afirmación en  Comunicado del pasado 18 de diciembre. A pocos días del 6D denuncia, pues, el divorcio entre el sentir del pueblo y la disposición de un régimen, que se había ufanado de representarlo.

La misma Conferencia se refirió a este divorcio a comienzos de año cuando habló de la dramática situación del país: “El mayor problema y la causa de esta crisis  general, como hemos señalado en otras ocasiones, es la decisión del Gobierno Nacional y de los otros órganos del Poder Público de imponer un sistema político-económico de corte socialista marxista o comunista”. Los Obispos añadieron allí mismo lo siguiente: “Este sistema es totalitario y centralista, establece el control del Estado sobre todos los aspectos de la vida de los ciudadanos y de las instituciones públicas y privadas. Además, atenta contra la libertad y los derechos de las personas y asociaciones y ha conducido a la opresión y a la ruina a todos los países donde se ha aplicado”. (Exhortación Pastoral Renovación ética y espiritual frente a la crisis, 6, del 12 de Enero 2015).

Para ese tipo de sistemas el pueblo  es sabio cuando  apoya, e imbécil cuando disiente. Tiene Derechos Humanos cuando aplaude  y cae en la orfandad de ellos   cuando interpela. El pueblo no vale por sí mismo, sino por su alineamiento ideológico-partidista. Tiene una dignidad prestada.

El pueblo venezolano lanzó El 6D un grito de inconformidad y protesta al tiempo que de  querer y esperanza. No decidió en las urnas electorales  sobre una controversia filosófica o literaria, sino con respecto a una crisis de supervivencia propia frente a cosas bien terrenales y concretas como escasez de medicinas y comida, carestía y colas, inseguridad y opresión. Decidió igualmente frente a otras realidades  que también sufre como el control comunicacional, la instrumentalización educativa y la criminalización del “derecho al pataleo”.

Implícitamente el pueblo ha rechazado la causa principal de estos males como es el cacareado  Socialismo del Siglo XXI, en forma más contundente, por cierto, que en 2007, cuando se le propuso una reforma constitucional hacia un “Estado socialista”  (recordemos que lo negado entonces, el Régimen lo ha venido metiendo de contrabando entre gallos y medianoche).

¿Qué tiene  que hacer el Gobierno post 6D? Reconocer la nueva mayoría y buscar  con ésta mediante acuerdos positivos y efectivos la solución de los graves problemas que el pueblo está urgiendo. Así de simple. Porque hambre, enfermedad y muerte no tienen carnet partidista. Y la crisis se agrava sin pausa.

No es el momento para estar fraguando asambleas paralelas, pirateando tribunales supremos de justicia, ideando argucias para decapitar diputados electos mediante el “sistema electoral mejor del mundo” y saboteando el desempeño de un poder del Estado recién electo por un tsunami popular. Ha de señalar el rumbo la observancia de la Constitución, cuya defensa compete también y de modo especial a la Fuerza Armada.    

El Gobierno está expropiando esta Navidad 2015 como ambiente de encuentro, serenidad, amistad, fiesta, tradición y fe. La está invadiendo con sobresalto, proclamas incendiarias, escenarios apocalípticos y  leguleyismos violatorios  de la Constitución.

¡Alto al fuego! Es el clamor de la gente cansada de odio, confrontación, lenguaje bélico, puño alzado, amenaza de colectivos y milicias. Y deseosa de entrar en un año que sea realmente nuevo: de recuperación económica, pluralismo político y renovación ético-cultural.

Si el Régimen no está para el diálogo, al menos converse  con  “el otro” para construir acuerdos de emergencia. En las guerras los contrincantes silencian los cañones para, al menos, poder recoger heridos y contar muertos. ¡Alto al fuego!

miércoles, 9 de diciembre de 2015

ATENTOS AL SOBERANO


Para los creyentes el soberano con  mayúscula es Dios. Su señorío tiene una amplitud universal, cósmica.

Pero en el ámbito de la polis, a raíz de la revolución democrática, se suele y debe hablar  de un soberano, que es el pueblo, es decir, la gente, todos nosotros. Así el  artículo 5 de nuestra Carta Magna establece: “La soberanía reside intransferiblemente en el pueblo, quien la ejerce directamente en la forma prevista en esta Constitución y en la ley, e indirectamente, mediante el sufragio, por los órganos que ejerce el Poder público”.

El pueblo en el ejercicio sabio, libre, solidario y pacífico de  su soberanía encuentra en el Soberano divino, iluminación, ayuda, estímulo y reclamo. Es el sentido del Salmo 127 (o 126), que me gusta rezar: “Si el Señor no construye la casa, en vano se afanan los constructores: si el Señor no guarda la ciudad, en vano vigila la guardia”.

Estas reflexiones me vienen a la mente y, sobre todo, al corazón, con ocasión de lo que acaba de suceder el 6D. El pueblo ha expresado de modo clamoroso su voluntad respecto de lo que quiere para el país: unión en la que  todos juntos –no a pesar de nuestras diferencias, sino precisamente por y con ellas-   construyamos a Venezuela como casa común, mediante la laboriosidad, el emprendimiento, el estudio; cultivando una fraterna convivencia; actuando en corresponsable protagonismo ciudadano y ejercicio cuidadoso de la autoridad pública; promoviendo un clima de  libertad y justicia, de solidaridad y paz. Y en todo esto, guardando una delicadeza especial hacia los más necesitados.

Una lección sumamente importante del 6D es la concerniente a la relación entre el poder y el pueblo, la cual no ha de ser de aprovechamiento y manipulación, sino de respeto y servicio. En las dos últimas décadas del pasado siglo se usó bastante el término “cogollos” para designar las cúpulas partidistas, que reducían la controversia política y electoral a un juego de maquinarias autosuficientes manejadas por un pequeño grupo de líderes. Al pueblo se lo entendía como masa votante pasiva y obediente. En 1998 los cogollos se mordieron la cola. Lamentablemente en el tiempo que vino después, el “cogollismo” se concentró con pretensiones omnipotentes en  una “vanguardia iluminada” político-ideológica, con al frente una especie de “mesías”; el pueblo venía después, como justificación de un proyecto y beneficiario de los regalos de la Nomenclatura; las organizaciones populares  se estructuraban como simples correas de transmisión del poder y, por tanto, sin centralidad y protagonismo efectivos.

Se ha dicho  que el pueblo nunca se equivoca. No comparto esta afirmación. Pero sí estoy convencido de que el pueblo es mucho más inteligente y sensible,  de lo que sus líderes o autoridades suelen pensar. De allí las sorpresas, que de tanto en  tanto,  brinda la gente común  a sus dirigentes. El “revolcón”  electoral del 6D es claro al respecto.

¿Lección? Cuidar la sintonía afectiva y efectiva de quienes ejercen el poder y ostentan liderazgos, con la ciudadanía. No abusar de la confianza de la gente. No entender la lealtad en sentido unidireccional e inmutable. No olvidar que el poder es para servir, no para servirse. El Evangelio relata que una vez el Señor Jesús, al  escuchar una  discusión entre sus discípulos acerca de quién entre ellos era el más importante, les recalcó: “El que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro esclavo” (Mt 20, 26-27).  

El soberano es el pueblo. El 6D el soberano venezolano emergió con fuerza peculiar, expresando su inconformidad ante maltratos y manipulaciones. Reclamó, con voz fuerte, corrección de rumbos en la conducción del Estado. Subrayó su protagonismo. Tarea de los gobernantes y de los dirigentes  políticos es cambiar sinceramente en la línea de esa interpelación, sin enredarse suicidamente en malabarismos hermenéuticos.

¡Atención al soberano, porque así como vota, bota!

 

      

 

                                                  

lunes, 7 de diciembre de 2015

MISERICORDIA ES COMUNIÓN


El Papa Francisco ha convocado un “Jubileo Extraordinario de la Misericordia como tiempo propicio para la Iglesia, a fin de que haga más fuerte y eficaz el testimonio de los creyentes”.   Escogió el 8 de diciembre 50º,  aniversario de la conclusión del Vaticano II, para la apertura de la Puerta Santa jubilar, con el fin de “mantener vivo este evento” (XXI Concilio Ecuménico), inicio para la Iglesia de “un nuevo período de su historia (…) Derrumbadas las murallas  que por mucho tiempo habían recluido  la Iglesia en una ciudadela privilegiada, había llegado el tiempo de anunciar el Evangelio de un modo nuevo” (MV 4).

Propósito del presente trabajo es favorecer la integración de este Año Santo dentro del tiempo postconciliar -del Vaticano II y del Plenario de Venezuela-, en lo tocante a doctrina y praxis. Ello favorecerá una “pastoral de conjunto”, no sólo superando lo que sería un agregado o sucesión de realizaciones, sino, sobre todo, propiciando una labor evangelizadora más coherente, integradora y prospectiva.

El trabajo se divide en dos partes. La primera recoge temas fundamentales, que la Bula Misericordiae Vultus expone y organiza en torno a la categoría misericordia. La segunda interpreta la temática de dicho documento en la línea teológico-pastoral de comunión, noción ésta que envuelve la de misericordia y es la clave de la Eclesiología del Vaticano II (cf. LG 1),  que ha eclosionado en Teología de Comunión en su sentido más amplio (inclusiva de lo moral, pastoral y espiritual). Esa Teología fue asumida y articulada por la Conferencia de Puebla con su línea teológico-pastoral, la cual el Concilio Plenario de Venezuela adoptó y definió técnicamente (CCCS 18).

I.                    TEMAS FUNDAMENTALES DE MISERICORDIAE VULTUS

 

1.      Dios Trinidad. “Misericordia: es la palabra que revela el misterio de la Santísima Trinidad” (MV 2).

 

2.      Reino de Dios. “(…) la misericordia como signo del Reino de Dios que está ya presente en medio de nosotros” (MV 5). Misericordia “es la palabra clave para indicar el actuar de Dios hacia nosotros” (MV 9). “Dios va más allá dela justicia con la misericordia y el perdón” (MV 21).

 

3.      Jesucristo.  “Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre “ (MV 1). “Jesús de Nazaret con su palabra, con sus gestos y toda su persona revela la misericordia de Dios” (MV 2). “La misericordia )…)  dimensión fundamental de la misión de Jesús” (MV 20). En sus parábolas sobre la misericordia “encontramos el núcleo del Evangelio y de nuestra fe” (MV 9).

 

4.      Iglesia.  “La Iglesia sentía (en el Vaticano II) la responsabildad de ser en el mundo signo vivo del amor del Padre” (MV 4) “La Iglesia tiene la misión de anunciar la misericordia de Dios (…) en la nueva evangelización, el tema de a misericordia exige ser propuesto una vez mas con nuevo entusiasmo y con una renovada acción pastoral. Es determinante para la Iglesia y para la credibilidad de su anuncio que ella viva y testimonie en primera persona la misericordia” (MV 12).

 

5.      Liturgia. (…) el sacramento de la reconciliación (…) nos permite experimentar en carnepropia la grandeza de la misericordia” (MV 16). Vivamos intensamente el Jubileo pidiendo al Padre el perdón de los pecados y la dispensación de su indulgencia misericordiosa” (MV 22).

 

6.      Conversión. (…) la llamada a experimentar la misericordia no deje a ninguno indiferente (…) Pienso en modo particular hombres y mujeres que pertenecen a algún grupo criminal (…) La misma llamada llegue también a todas las personas promotoras o cómplices de corrupción (…) ¡Este es el tiempo oportuno para cambiar de vida!.

 

7.      Mandamiento máximo. (…)  justicia y misericordia. No son dos momentos contrastantes entre sí, sino dos dimensiones de una única realidad que se desarrolla progresivamente hasta alcanzar su ápice en la plenitud del amor (…) es muy significativa la referencia que Jesús hace al profeta Oseas –yo quiero amor, no sacrificio (6,6).  Jesús afirma que de ahora en adelante la regla de vida de sus discípulos deberá ser la que da el primado a la misericordia ” (MV 20).  “ Es mi deseo vivo que el pueblo cristiano reflexione durante el Jubileo sobre las obras de misericordia corporales y espirituales (…) los pobres son los privilegiados de la misericordia divina )…) (cfr Mt 25-31-45) (…) No olvidemos las palabras de san  Juan de la Cruz: En el ocaso de nuestras vidas,  seremos juzgados en el amor” (MV15).

 

8.      Diálogo. “La misericordia (…) nos relaciona con el judaísmo y el islam, que la consideran uno de los atributos más calificativos de Dios (…) Este Año Jubilar vivido en la misericordia pueda favorecer el encuentro con estas religiones y con las otras nobles tradiciones religiosas” (MV 23).

 

9.      María. “Madre de la Misericordia” (MV 24).

A modo de conclusión

“La Iglesia sabe que la primera tarea, sobre todo en un momento como el nuestro (…) es la de introducir a todos en el misterio de la misericordia de Dios, contemplando el rostro de Cristo. La Iglesia está llamada a ser el primer testigo veraz de la misericordia, profesándola y viviéndola como el centro de la Revelación de Jesucristo. Desde el corazón de la Trinidad (…) brota y corre sin parar el gran río de la misericordia” (MV 25).

 

II.                  MISERICORDIA, AMOR DE PECULIAR ACENTO  QUE TEJE LA COMUNIÓN

 

Amor (agápe) y comunión (koinonía)son términos equivalentes - así se afirma que Dios Unitrino es Amor y Comunión, si bien  puede decirse que  amor subraya lo operativo y comunión destaca lo entitativo. El amor teje la comunión.

 

La misericordia es amor.  Pero un amor caracterizado por un acento o tinte de particular delicadeza y ternura hacia el otro , necesitado de peculiar asistencia , compasión y perdón.  La Bula MV exhibe un mosaico de textos vetero y neotestamentarios, que muestran a Dios rico en misericordia y a Jesús, revelador y agente por excelencia de esa misericordia divina. (Dios, amor en sí –Trinidad inmanente-, con-desciende como  amor misericordioso -Trinidad económica-en su manifestarse a la humanidad concreta, que es, no sólo limitada y frágil, sino también pecadora).

 

Ahora bien, la Bula  plantea un desarrollo teológico-pastoral en torno a  la noción de misericordia,  que no puede considerarse, sin embargo, como  paralelo o substitutivo de otro, articulado por la categoría de comunión –ausente ésta, prácticamente, en el documento-. En efecto, la misericordia,  constituye  un acento o tinte del  amor-comunión, el cual adquiere especial resonancia en el escenario actual, particularmente dramático,del mundo y de la Iglesia. Es el acento  o tinte del gran proyecto  liberador-unificante del Reino o Reinado de Dios y, en este marco, de la sacramentalidad de Cristo y su Iglesia respecto de dicho plan salvador. La misericordia da una tonalidad peculiar a la misión evangelizadora del Pueblo de Dios y al  mandamiento máximo del Señor en relación al prójimo, especialmente el más necesitado.

 

El Jubileo de la Misericordia se ha de desarrollar, por consiguiente, no como “un Año más”, agregado o yuxtapuesto,  en la secuencia pastoral de la Iglesia; ha de acentuar, sí, en la práctica orgánica y planificada de la nueva evangelización, la  conversión a La Trinidad Misericordiosa y el testimonio de compasión, reconciliación, perdón por parte de cada miembro de la Iglesia y del Pueblo de Dios en su conjunto, al interior de la comunidad eclesial y desde ésta hacia el ancho y vasto mundo en solidaridad y diálogo.  El Jubileo ha de alentar y fortalecer  la pastoral de comunión y solidaridad en los diversos niveles o instancias eclesiales, subrayando una más lúcida y efectiva  atención a las “obras de misericordia” materiales y espirituales  en sus diferentes aspectos o niveles, asistencial, promocional y de cambio estructural.

 

Con respecto a la Liturgia –la dimensión evangelizadora de mayor densidad- la Bula ofrece orientaciones sobre el sacramento de la Reconciliación y la Indulgencia; la Eucaristía, considerada aquí más de bien de paso,  requiere un desarrollo correspondiente a su carácter de culmen y fuente de la vida y misión de la Iglesia peregrinante y, por ende, de su sacramentalidad misericordiosa en Cristo (cf  encíclicas del Papa Francisco PF 44 y LS 236). En la liturgia y la piedad popular  a María, Madre de Jesús y Madre de la Iglesia, se la venera , con razón, como Madre de la Misericordia.

 

En Venezuela serán de gran servicio en este Año las orientaciones del Concilio Plenario y, en la línea de éste, las  de la reciente Asamblea Nacional de Pastoral, cuyas Conclusiones en materia de Compromiso Social pueden encontrarse en Anexo. 

 

Caracas, noviembre de 2015.

 

 

ANEXO

ASAMBLEA NACIONAL DE PASTORAL

COMPROMISO SOCIAL

  1. Las diversas  Instancias eclesiales  de formación Incorporen en sus procesos, el análisis de la realidad social, el diseño de estrategias y el estudio de la Doctrina Social de la Iglesia, para una mejor incidencia en la transformación de la realidad.
  2. La Comisión de Laicos y Ministerios y la Pastoral Social, promoverán  iniciativas de formación permanente para animar liderazgos políticos y sociales en clave cristiana.
  3. La Instancias eclesiales sociales impulsarán en los miembros del pueblo de Dios más vulnerables, la capacitación laboral y el emprendimiento a través de las instituciones eclesiales existentes para este fin.
  4. Las Diócesis fortalecerán  las capacidades humanas, técnicas y socio pastorales de los servidores de la caridad.
  5. Las Diócesis y las parroquias, con la ayuda de Caritas de Venezuela, promoverá y fortalecerá la acción socio-pastoral de la comunidad eclesial, a través de la conformación de las Cáritas Diocesanas y Parroquiales.
  6. Las Diócesis, a través de su Pastoral social, fortalecerá y facilitará la participación ciudadana en el ámbito del voluntariado social de la Iglesia, en alianza con otras iniciativas, ONG, presentes en la sociedad, con programas de acompañamiento y formación.
  7. Las Diócesis con sus instancias de servicio social, promoverá la pastoral social especializada (Salud, Cárceles, Indígenas, migrantes, afrodescendientes, medio ambiente), que privilegie la atención a los más pobres desde la propia realidad diocesana o parroquial.
  8. La CEV y las Diócesis en su servicio de comunión, promoverán espacios de encuentro y dialogo con diversos sectores sociales (Educativo, Laboral, Salud, Frontera, Ambiente, Indígena, MCS, Empresarios, Gobiernos y otros) iluminados por la palabra y el Magisterio de la Iglesia.
  9. Las Diócesis con un sentido pastoral, promuevan la celebración  de acontecimientos significativos que marcan la vida del pueblo (Día de duelo nacional por las víctimas de la violencia, Eucaristía por la vida)

martes, 1 de diciembre de 2015

AMANECER


IIN15

Ovidio Pérez Morales

En la noche del 6D festejaremos el amanecer de un nuevo país. El que construiremos juntos en esta casa común, regalo de Dios, que es nuestra patria.

¿Cómo ha de ser ese nuevo país? Los obispos venezolanos en su exhortación pastoral de julio pasado expusieron nueve notas, que lo han de caracterizar y las cuales conforman un anhelo- imperativo para quienes hemos nacido aquí o se han sembrado en esta tierra.  En vísperas de la jornada electoral, que está a las puertas, estimo obligante y sumamente grato recordar esas notas con miras a alentar la unión de todos para el cambio de rumbo nacional.

Lo que queremos-debemos construir es un país:

- que ame la paz, donde haya seguridad para trabajar, producir y compartir, donde se destierre la prédica estéril y dañina de catalogarnos por las diferencias, por el odio de clases, por la exaltación del enfrentamiento, idealizando el nacionalismo vacío, la violencia o la guerra, en el que la fuerza puede más que la razón.

- que promueva la unión de las familias divididas, enfrentadas, dolidas por la ausencia de los seres queridos que han tenido que emigrar, o que han sido víctimas de la violencia y ya no están entre nosotros. Es posible el abrazo que sana heridas, devuelve la sonrisa y tiende la mano generosa.

- en el que la sociedad considere y respete a los maestros y profesores, desde el preescolar hasta la universidad. Que haya la convicción de que la clave está en el desarrollo del talento de su población y para lograrlo hay que contar con la familia y con escuelas de calidad que premien la superación y no la mediocridad. Toda la sociedad debe crear esa conciencia pues es la mejor inversión para formar hombres y mujeres capaces de ser competentes en cualquier campo.

- que entienda la política como el arte de armonizar lo diferente para buscar caminos de consenso y el bienestar común de todos los venezolanos. No empecinarse en erigir la polarización, las diferencias, la negación a reconocer al otro y dialogar con el arma del poder.

- donde se respete y cultive la autonomía e independencia de los poderes públicos para que el poder ejecutivo no los concentre y domine. La experiencia también enseña que los regímenes, de corte populista y excluyente, favorecen el abuso del poder y la corrupción.

- que promueva la actividad económica abierta, en el que la iniciativa privada con responsabilidad social, sea motora de desarrollo y progreso, lejos del estatismo que ha fracasado en el mundo entero, antes y ahora.

- que destierre de raíz la cultura de la muerte, la épica del armamentismo y militarismo, la imposición de una única forma de ver el mundo. No hay nada más absurdo y sin sentido que buscar la solución de los conflictos con la violencia. Son muchos los héroes civiles, algunos de ellos anónimos, mujeres y hombres trabajadores, inventores, promotores de todo lo bueno que deben ser iconos referenciales para la promoción de una cultura de la vida y de la solidaridad.

- que asuma la naturaleza que Dios nos ha regalado, la cuide y la proteja. Que cultive la tierra y la haga producir, asegurando alimentos para toda la población. Que cuide los recursos naturales, el agua, los bosques, la vegetación, asegurando la belleza de la casa que Dios nos regaló para vivir en ella. Que los recursos no renovables como el petróleo, se siembren para mejorar la calidad de la educación, la salud, la vialidad, y no sean usados para ganancias políticas que no benefician en nada a la población.

- que se enorgullezca de ir con la verdad por delante, porque es el único camino que genera confianza y credibilidad, pues sólo “la verdad nos hace libres” (Jn 8,32). El uso de la mentira, de las medias verdades, de la manipulación, degrada al ser humano y lo convierte en promotor de inequidad e injusticia, y no ayudan a la credibilidad y confianza que todos hemos de tener en quienes deben representar y defender a todos los ciudadanos sin distinción.

El 6D votaremos por caída de muros y apertura de puertas hacia la construcción de un nuevo país. Amanecer venezolano.

lunes, 2 de noviembre de 2015

RENOVACIÓN ECLESIAL A LA LUZ DEL CONCILIO PLENARIO DE VENEZUELA



DIEZ PUNTOS CLAVE

Introducción

El número inicial del primero de los diez y seis documentos del Concilio Plenario (CPV), titulado La proclamación profética del Evangelio de Jesucristo en Venezuela, luego de referirse a los quinientos años de la evangelización en nuestro país, señala que la Iglesia desde 1498 “no ha cejado en su empeño de cumplir la misión fundamental que Jesús confió a sus discípulos: anunciar el Evangelio a toda criatura”. Y agrega:

 La Iglesia en Venezuela, hoy, quiere continuar esta misión examinándose a sí misma, haciendo suyas las angustias y esperanzas del pueblo venezolano para comunicarle con mayor eficacia la buena noticia de Jesucristo y su proyecto salvador, a través de una Nueva Evangelización, que exige nuevo ardor, nuevos métodos y nueva expresión (PPEV 1).

El presente trabajo ofrece, como un servicio a esta “nueva evangelización”, una breve síntesis  de diez elementos claves del Concilio Plenario:

  1. Núcleo articulador
  2. Misionera o no es Iglesia
  3. No presuponer la fe
  4. Eucaristía: sacramento del peregrinar
  5. Laico: de colaborador a protagonista
  6. Reformulación y diversificación del ministerio
    7.   Parroquia: comunidad de comunidades y movimientos
    8.   Dimensión social de la evangelización
    9.   Evangelizar la cultura
    10. Diálogo: actitud y tarea


Para continuar leyendo el trabajo:  Renovación Eclesial a la Luz del Concilio Plenario de Venezuela, haz clic en el enlace


https://drive.google.com/file/d/0BxOAgXdJltC2VWlROV8tNE1VWUE/view?usp=sharing

viernes, 30 de octubre de 2015

6D, APERTURA





El 6D será la caída del muro venezolano, que tiene encerrado al país en un proyecto ideológico-político inviable y en un ámbito en que imperan el desabastecimiento, la corrupción, el autoritarismo, la inseguridad y lo narco en diversas formas.

La jornada electoral de diciembre constituirá, por tanto, la apertura nacional a un efectivo y solidario desarrollo económico, a una convivencia política democrático-pluralista, a una auténtica recuperación ético-cultural.

Como un aporte a la actitud con que, de modo positivo y comprometido, hemos de afrontar esa trascendental jornada, expongo a continuación cinco elementos fundamentales.

Primero, oración. Quienes creemos en Dios invoquemos su amorosa y fuerte asistencia, a fin de que los venezolanos nos reencontremos para construir juntos esta patria, que nos ha regalado. Él nos hizo libres y nos ha planteado la historia como tarea, pero no es menos cierto lo que dice el salmo  127: “Si el Señor no construye la casa, en vano se afanan los constructores; si el Señor no guarda la ciudad, en vano vigila la guardia”. Misteriosa paradoja: pidamos lo que debemos hacer. A  la oración individual –a la cual  hemos de unir el ayuno y obras de misericordia- juntemos la comunitaria, también en expresiones ecuménicas e interreligiosas.

Segundo. Voto. Acudamos todos a votar, convencidos de que la alternativa puesta al país es extremadamente grave, dramática. Se trata de escoger entre proyecto totalitario o democracia; desarrollo integral o empobrecimiento global; progreso económico, o parálisis improductiva y hambreadora; estado de derecho o reino de la arbitrariedad;  respeto de la persona y sus derechos fundamentales o masificación deshumanizante;  cultura de calidad  ética y espiritual o dogmatismo y praxis de signo materialista.

Tercero. Entusiasmo. Vivir y difundir júbilo por lo que traerá de positivo y esperanzador esa jornada. Alentar un clima de contagiosa alegría, de confianza en la capacidad de los venezolanos para grandes causas. Que corran aires de compartir, de encuentro colectivo, y resuenen consignas no ya de enfrentamiento, odio y retaliación, sino de reconocimiento fraterno y disposición a un caminar juntos el futuro nacional. La caída del Muro de Berlín  fue fruto de un tsunami festivo, de una multitudinaria alegría.

Cuarto. Fortaleza. Disponernos con lucidez, vigilancia y entereza para que la jornada transcurra y concluya con seriedad, respeto mutuo y estricto cumplimiento de la escogencia libre ciudadana. Participar de modo responsable y eficaz para asegurar una secuencia pacífica, desde la conformación de las mesas de votación hasta la  proclamación de los legítimos resultados. No se trata simplemente de emitir el voto, sino de garantizar su efecto. A la Fuerza Armada le impone la Constitución una estricta coherencia institucional, consciente de que a quien se deben los militares, no es a un partido, una cúpula, un gobierno, sino al soberano, a la República. El proceso ha estado plagado, lamentablemente, de vicios, abusos y corruptelas oficiales, pero eso, antes que debilitar  el espíritu ciudadano tiene que  fortalecerlo.

Quinto. Trabajo. Los venezolanos debemos entender que el 6D es el inicio de un proceso de apertura y no la exhibición del producto acabado. Inaugura un tiempo muy exigente, en el que estamos obligados a echar adelante corresponsablemente el país con sabiduría, constancia, coraje y paciencia. Se requerirá gran generosidad, disponibilidad y espíritu de servicio. Quienes estén al frente de órganos de poder, partidos, organizaciones, asociaciones y comunidades han de entender que la suerte del pueblo, especialmente del más débil y necesitado, les exige una gran dosis  de solidaridad, entrega y sacrificio.

El 6D será la apertura de puertas y ventanas hacia el futuro de Venezuela, “casa común” de y para todos los aquí nacidos o sembrados. Venezuela una y unida, no “a pesar de” nuestras diferencias, sino “precisamente por y con” ellas.  Con sus diversos rostros. Multicolor. Polifónica.

domingo, 18 de octubre de 2015

6D CAÍDA DEL MURO






Berlín estuvo dividido por un muro durante 28 años (13 agosto 1961-9 noviembre 1989). No sólo la ciudad como espacio geográfico (calles, parques, plazas), sino, lo realmente grave, como convivencia humana (familias, amistades, comunidades de variada índole).

Cuando en 2011 se conmemoraron en múltiples formas los 50 años del inicio de la construcción del Muro, tuve la oportunidad de apreciar allí mismo lo que esa barrera ignominiosa había significado para la población, tanto de dicha ciudad  como de Alemania entera. Coronas fúnebres en lugares simbólicos eran memoriales de  intentos de fuga hacia la libertad pagados al más alto precio.

La caída del Muro no fue el producto de una operación concertada, sino de la avalancha de berlineses del sector comunista hacia el libre, ante la noticia de que sus autoridades habían ampliado la posibilidad de comunicación entre ambas partes de la ciudad. El desmantelamiento del Muro comenzó de inmediato y de modo espontáneo; en ello contribuyeron, sorpresivamente, contagiados por el entusiasmo general, miembros de los cuerpos armados rojos encargados de la vigilancia. Le reunión de berlineses y alemanes se consumó sin enfrentamientos ni derramamiento de sangre; los miembros de la esfera  oficial comunista no desaparecieron; los habitantes  de uno y otro lado del Muro se entretejieron ¿Qué  pasó? De allí en adelante la secuencia de los acontecimientos se aceleró hasta la completa reunificación de Alemania.

Las características de la caída del Muro –unidas a las de cambios semejantes- han sido para mí fuente de honda y variada reflexión. Y de exhortación a no simplificar hipótesis respecto de mutaciones políticas de envergadura.

Confieso que la eliminación del Muro, la reunificación alemana y el desmoronamiento del bloque comunista no constituían para mí real problema. No les veía, en efecto,  soportes de solución. Destacaban como puras incógnitas, que yo remitía a un por-venir indeterminado; histórico, obviamente, pero tan lejano como para no convertirse en causa  de pre-ocupación. Tendía más bien a imaginarme su acontecer en términos “apocalípticos” como conflagraciones- mortandades macro, extraordinarias intervenciones de lo alto. (Alguien se atrevió a fabricar esta paradoja: “Lo que más cabe esperar es lo inesperado”)

Ciertamente me alentaba el pensar que la racionalidad y la bondad, la búsqueda de justicia y libertad  humanas no se podían extinguir, así como la activa presencia de Dios en la historia; también que la naturaleza inhumana de proyectos totalitarios como el comunista llevan en sí los gérmenes de su descomposición; y que los sistemas proclamados para perdurar mil años han demostrado ser castillos de naipes. El Altísimo “dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes” cantó  la Madre de Jesús en su Magnificat (Lc1, 51-52).  

Frente a la situación nacional y a las puertas de las elecciones parlamentarias del  6D  ha venido a mi mente, mi corazón y mi oración que dicha jornada puede ser- deberá ser- será la de la caída del “muro venezolano”, que divide la entraña nacional. Jornada de la re-unión, del re-encuentro de los venezolanos para re-constituir la convivencia nacional, democrática pluralista, la cual, multicolor-polifónica, habite, “no a pesar de” “sino con” sus diferencias, esta Patria, llamada a ser “casa común” de todos los nacidos aquí o que se han venido a sembrar en nuestra tierra. Se tendrán así la unidad que la Constitución establece y la fraternidad que Dios exige.

Sin Muro no  se hablará más de apátridas y patriotas, de juventud expulsada a otros países por una madre que no la  reconoce, de presos   por pensar con su propia cabeza, de “listas” de subhumanos. Se tendrá la relegitimación del poder y  la reinstitucionalización de la República según los dictados de la Constitución. Es lo que tantos queremos al plantear la necesidad de un Gobierno de transición-unión-salvación nacional.

6D sea-será la caída del “Muro de Venezuela”.    

jueves, 1 de octubre de 2015

FRANCISCO FRENTE AL PODER





   El Papa Francisco dejó claras ciertas cosas en la ONU, que tienen particular resonancia en Venezuela. Se trata de los límites y la distribución del poder. Abordó éstos temas desde la soberanía del derecho y en el contexto de la relación justicia-fraternidad.

En primer lugar el Papa recordó la necesaria  limitación del poder.  Expresó que ésta  “es una idea implícita en el concepto de derecho. Dar a cada uno lo suyo, siguiendo la definición clásica de justicia, significa que ningún individuo o grupo humano se puede considerar omnipotente, autorizado a pasar por encima de la dignidad y de los derechos de las otras personas singulares o de sus agrupaciones sociales”.

Apliquemos esta afirmación del Papa a la actuación de la autoridad pública en el  hoy de  nuestra política nacional. Pues bien, si algo ha caracterizado en este siglo el ejercicio del poder en Venezuela, ha sido la pretendida omnipotencia de los gobernantes, iniciada por la del  significativamente denominado “comandante eterno” y continuada por quienes enarbolan la “Revolución”  como principio y criterio máximos de la conducción del país. Esto constituye un retroceso hacia el absolutismo regio, la sacralización del poder político y  la identificación de la suerte del Estado con la una ideología, un grupo partidario o una persona. Como prototipo histórico de una tal tendencia  ha quedado  el  monarca francés Luis XIV (+1715) con su definición “El Estado soy yo”. Y como expresión de  “omnipotencia” criolla el anecdotario nacional registrará el “exprópiese”  del comandante temporal, cuando  decidía alegremente el destino de bienes que no eran suyos. 

Con ínfulas de  “omnipotente”, el régimen del  SSXXI pasa por encima de los Derechos Humanos, de los imperativos de la Constitución, de los reclamos de  organismos internacionales y -last but non least- de fundamentales exigencias  de la cortesía y la delicadeza humanas. En línea de “omnipotencia” busca imponer en nuestra patria un proyecto totalitario; lo ha denunciado repetidas veces  la Conferencia Episcopal Venezolana. En nombre de una ideología con pretensiones de fatalidad histórica se pone a todo un pueblo al servicio de fórmulas  y programas, que aplastan los reales intereses de la  gente de carne y hueso. Resultado: el pueblo es servidor de la elite gobernante y no lo contrario. En consecuencia, poco importan la opinión,  los sentimientos, los sufrimientos de los ciudadanos, frente a la  conservación  y el acrecentamiento del poder de la cúpula gobernante.     

En segundo lugar Francisco asumió y amplió lo que desde Montesquieu se viene subrayando para la configuración de un Estado: “La distribución fáctica del poder (político, económico, de defensa, tecnológico, etc.) entre una pluralidad de sujetos y la creación de un sistema jurídico de regulación de las pretensiones e intereses, concreta la limitación del poder”.

Nuestra  Constitución dedica amplio articulado para establecer un Estado de derecho con  pluraridad de poderes  enderezada a garantizar una efectiva convivencia democrática. No los separa para contraponerlos, sino para que, en constructiva  interrelación y mutuo control,  contribuyan a una efectiva salvaguarda de los derechos de los ciudadanos  y del progreso global de la nación. Lamentablemente, bajo la consigna de “un solo poder”, se operado en estos últimos años una concentración de los poderes en el Ejecutivo, en la cual la culpabilidad del Tribunal Supremo de Justicia se ha exhibido de modo vergozoso.  Expresión patente de esto han sido  condenas jupiterianas de inocentes por parte  del monarca-presidente, mecanografiadas ulteriormente por juzgados de papel.     

El Papa Francisco recordó en la enseñanza que he comentado, elementos básicos de la Doctrina Social de la Iglesia como son la dignidad-centralidad de la persona humana y el poder como servicio, así como los principios de  participación y subsidiaridad, indispensables para la edificación de una “nueva sociedad”. 

lunes, 28 de septiembre de 2015

CONVERSIÓN ECOLÓGICA






Conversión es un término denso. Significa cambio, pero implica mucho más. Toda conversión es cambio, pero no viceversa. El caminar es sucesión de cambios. Pero lo de San Pablo en el camino de Damasco fue conversión.

La conversión es un cambio en profundidad. De corazón. La vida adquiere un nuevo sentido. Cuando Jesús comenzó el ejercicio de su misión, exhortó a sus oyentes a convertirse ante la proximidad del Reino de Dios (Mc 1, 15).

El 24 de mayo Francisco nos ha lanzado la invitación-desafío a una conversión ecológica con su formidable encíclica Laudato Sí sobre el cuidado de la casa común. No propone el Papa simplemente el cambio de algunos comportamientos irresponsables respecto del ambiente, los cuales están llevando a desastres patentes. Lo que formula  es de gran trascendencia y suma hondura: la reformulación radical de nuestra relación con el ambiente (naturaleza, tierra, mundo).

Francisco recoge y enriquece notablemente la enseñanza de pontífices cercanos como Juan Pablo II (quien ya había usado el término conversión ecológica) y le da un desarrollo actualizado y sistemático en la encíclica. Introduce de lleno lo ecológico en el ámbito de la reflexión teológica, así como en el de la vida y espiritualidad cristiana. De la periferia conceptual y práctica traslada la cuestión al campo de la fe y del actuar del creyente. Consiguientemente al de la misión de la Iglesia, la evangelización y, por ende, al del diálogo ecuménico, interreligioso, interhumano.

Hablando de términos densos,  Francisco emplea igualmente otro, el de comunión,  para precisar el tipo de conexión de la espiritualidad del cristiano con el propio cuerpo, la naturaleza y las realidades de este mundo.

Comunión en sentido propio, estricto, expresa  la íntima relación, el compartir, el encuentro, entre personas. Jesús nos ha revelado a Dios como comunión –perfecta, inefable- en cuanto es, en su unicidad (Dios es uno y único), interrelación personal trinitaria, “familia divina”: Padre, Hijo y Espíritu. Dios no es soledad.

En esta “lógica” de unidad, el mensaje cristiano subraya como objetivo del proyecto divino creador-salvador, la comunión de los seres humanos con Dios y de los seres humanos entre sí. Dicho plan (la Biblia lo denomina Reino o Reinado de Dios) tiende a la realización, desde el aquí y ahora del peregrinar terreno, de una gran fraternidad universal, íntimamente unida a la Trinidad divina. El gran signo e instrumento de ese proyecto unificante es Jesucristo, El Hijo de Dios hecho hombre, quien para tal fin ha asociado históricamente a su Iglesia.

La noción o categoría comunión ofrece la clave –núcleo articulador- para entender el mensaje cristiano en su coherente integralidad. En este contexto se entiende por qué Jesús ha dejado como mandamiento máximo aquello que precisamente construye comunión, a saber, el amor.

La conversión ecológica lleva a entender y vivir la relación con el entorno natural en términos de comunión (tomando este vocablo aquí en acepción amplia). No era otra la visión del poverello de Asís al tratar al sol, a la luna, a los animales, como hermanos y  a  la tierra como madre.  El encuentro con Jesucristo reformula las relaciones del cristiano con el mundo que lo rodea. Proteger “la obra de Dios es parte esencial de una existencia virtuosa, no consiste en algo opcional ni en un aspecto secundario de la experiencia cristiana”  (LS 217).

“El cuidado de la naturaleza es parte de un estilo de vida que implica capacidad de convivencia y  comunión” (LD 228). Una ternura con las cosas que refleje la ternura con los prójimod. Una ecología integral, global, conjuga el  relacionamiento del ser humano con: su entorno natural, su multiforme comunidad histórica, la Trinidad divina. El cuido del ambiente se entreteje así con el de la polis pequeña y grande. La conversión ecológica pide hacer del hábitat la “casa común” de una genuina fraternidad abrazada al Dios-Amor. Hermosa y exigente visión cristiana, que se propone en apertura dialogal.

viernes, 21 de agosto de 2015

HACIA UNA NUEVA SOCIEDAD






“¿Debemos conocer la Doctrina Social de la Iglesia?”

Esta pregunta la formuló el Arzobispo de Caracas Rafael Arias Blanco a los niños  cursantes de “los grados 3º, 4º, 5º y 6º de Instrucción Primaria” (según la nomenclatura de entonces), en su Catecismo de la Doctrina Cristiana (1956). Lo hizo un  año antes de su famosa Carta Pastoral, catalizadora de la rebelión ciudadana, que llevó al derrocamiento de la dictadura perezjimenista.

En aquel momento faltaban seis años para comenzar el renovador Concilio Vaticano II y más de dos décadas para publicar Juan Pablo II un documento en el cual se lee cómo “el rico patrimonio de la enseñanza social de la Iglesia”  debe encontrar su puesto “bajo formas apropiadas, en la formación catequética común de los fieles” (Exhortación Catechesi Tradendae de 1979).

Los catecismos, estructurados por entonces en forma de pregunta-respuesta, procedían de manera concisa, para que el contenido fuese fácilmente memorizable por los alumnos. La  respuesta dada en este caso por el Catecismo de Monseñor Arias era la siguiente: “Sí; debemos conocer la Doctrina Social de la Iglesia para poder defender la justicia social con una orientación cristiana”. Y de inmediato venía otro binomio: “¿Dónde está contenida la Doctrina Social de la Iglesia? La Doctrina Social de la Iglesia está contenida principalmente en la encíclicas Rerum Novarum de León XIII, Quadragesimo Anno de Pío XI y de numerosas declaraciones de los últimos papas”. (El término “justicia social” utilizado aquí por Mons. Arias Blanco sintetizaba la amplia temática de valores contenida en la DSI)

Mucha agua habría de correr bajo los puentes desde 1956 en lo tocante a DSI, en  ineludible correspondencia con el formidable cambio histórico contemporáneo – epocal ha sido el adjetivo inventado para calificar la magnitud del mismo-. En cuanto a documentos, baste pensar en las encíclicas Pacem in terris (paz) de Juan XXIII, Populorum Progressio (desarrollo) de Pablo VI, Laborem Exercens (trabajo) y Centesimus Annus (revolución del ´89) de Juan Pablo II, Caritas in Veritate (actualización del mensaje social) de Benedicto XVI y Laudato sí (ecología) del Papa Francisco. Se deben  mencionar también la Constitución Gaudium et Spes (Iglesia en el mundo actual) del Concilio Vaticano II; los documentos de las Conferencias Episcopales latinoamericanas de Medellín (1968), Puebla (1979), Santo Domingo (1992) y Aparecida (2007); y los documentos del Concilio Plenario de Venezuela, particularmente los relativos a Nueva Sociedad y Evangelización de la Cultura.

Es preciso retomar hoy con fuerza la iniciativa de Mons. Arias Blanco por parte de nosotros los católicos y de nuestra Iglesia como conjunto, con respecto a una formación “masiva” en DSI. Estamos, ciertamente, en deuda con el país, que atraviesa la más grave crisis de su historia. Y lo digo también, en apertura dialogal, a los hermanos cristianos no católicos, a los creyentes no cristianos y a los no creyentes animados por propias convicciones éticas humanistas. Porque la DSI constituye un cuerpo de enseñanzas fundadas primariamente en la razón –por lo tanto, de amplia fundamentación y manejo-, enriquecidas, sin duda, por el Evangelio así como por la reflexión y praxis de la Iglesia católica.

La DSI no propone un modelo  determinado de organización social, económica, política y cultural. Pero ofrece, sí, principios, criterios y orientaciones para la acción, que iluminan y estimulan la construcción de modelos, los cuales serán siempre perfectibles. No es una “tercera vía”, ni una ideología en el sentido de proyecto específico. Tampoco una doctrina simplemente hecha, sino que conjuga traditio consistente, con creatio permanente.  Pensemos, por ejemplo, en la novedosa ecología del Papa Francisco elaborada con  materiales viejos y recientes.

La DSI ofrece luces para salir de túneles, como el que dramáticamente estamos atravesando, y, sobre todo, para construir una Venezuela a la altura de lo que la razón y el Evangelio postulan.