jueves, 21 de mayo de 2015

RENOVACIÓN ECLESIAL A LA LUZ DEL CONCILIO PLENARIO


DIEZ PUNTOS CLAVE

Introducción


El número inicial del primero de los diez y seis documentos del Concilio Plenario (CPV), titulado La proclamación profética del Evangelio de Jesucristo en Venezuela, luego de referirse a los quinientos años de la evangelización en nuestro país, señala que la Iglesia desde 1498 “no ha cejado en su empeño de cumplir la misión fundamental que Jesús confió a sus discípulos: anunciar el Evangelio a toda criatura”. Y agrega:

 La Iglesia en Venezuela, hoy, quiere continuar esta misión examinándose a sí misma, haciendo suyas las angustias y esperanzas del pueblo venezolano para comunicarle con mayor eficacia la buena noticia de Jesucristo y su proyecto salvador, a través de una Nueva Evangelización, que exige nuevo ardor, nuevos métodos y nueva expresión (PPEV 1). 

Para más información al respecto, haz clic en el enlace.

https://docs.google.com/document/d/1_Q0Zo2B6g8k2JqbBOKg4EkqgNSeljIKeRKs0yn_Th4s/pub

miércoles, 13 de mayo de 2015

MONSEÑOR ROMERO



A partir del próximo sábado 23 de mayo  nuestro querido Oscar Arnulfo Romero  será ya beato. Murió mártir el 24 de marzo de 1980.
Me siento feliz de haber experimentado en la tierra su cercanía. Y de contar con su intercesión desde el cielo.
No puedo menos de recordar hoy tres momentos significativos de nuestro compartir episcopal.
El primero, cuando lo conocí personalmente, tuvo lugar en Puebla (México), en la oportunidad de la Tercera Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (27 enero-13 febrero 1979), de la cual fuimos miembros. Monseñor Romero, al dejar San Salvador para asistir a dicha reunión, había manifestado a los fieles de su Arquidiócesis: “Quisiera quedarme con ustedes en una hora tan dolorosa y tan peligrosa de nuestra Iglesia; pero, por otra parte, siento la necesidad de llevar esta voz para hacerla sentir en Puebla a las amplitudes del Continente y del mundo” (Mons. Oscar A. Romero, Su pensamiento, IV, 127). Quería también robustecerse allí encontrándose con el Papa y sus hermanos obispos latinoamericanos.
En Puebla coordiné la elaboración y firma de una carta de solidaridad de obispos participantes con el Arzobispo de San Salvador. A éste se la entregué una tarde, en que pudimos intercambiar ampliamente sobre la conflictiva situación de su país (violencia, guerra fratricida, destrucción, muertes, persecución) y la actividad pastoral que él venía desarrollando en favor de la justicia, la libertad y la paz, con atención privilegiada a los más pobres. Se sentía rodeado de amenazas, herido por incomprensiones, pero firme en su testimonio. La carta le confortó hondamente.
El segundo momento (septiembre 1979) fue la visita que le hicimos en su sede arzobispal  Mons. Domingo Roa Pérez, Presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana, y mi persona, por entonces Secretario General. Compartimos largamente con él, en el terreno mismo del terrible drama, sus preocupaciones, luchas, esperanzas. Nos llevó, entre otros lugares, a la capilla en donde celebraba regularmente la Misa y lugar de su próximo martirio; también a un lago en donde echaban cadáveres de asesinados por motivos políticos. Conversando con él se percibía al hombre de Dios, que, por encima de banderías, buscaba abrir espacio al respeto de los derechos humanos, a la reconciliación, al rencuentro fraterno, a la práctica del “mandamiento nuevo” de Jesús.
El tercer momento fue particularmente emotivo. En días inmediatamente  después de su asesinato acaecido el 24 de marzo,  recibí una carta suya, fechada el 11 del mismo mes, en la cual me agradecía la solidaridad que le habíamos hecho llegar desde una reunión de obispos de los países  bolivarianos celebrada en Lima (11-16 febrero). “Su fraternal solidaridad como signo de unidad eclesial –respondía Mons. Romero-, alienta vivamente nuestra pastoral de acompañamiento al pueblo, en sus justas causas y reivindicaciones”.
Entre las muchas cosas que he leído del Arzobispo mártir quisiera recordar aquí una, sobre la alegría, para que ayude a cuantos se sienten tentados de caer en derrotismo y depresión: “No hay derecho para estar tristes. Un cristiano no puede ser pesimista (…) siempre debe alentar en su corazón la plenitud de la alegría. Hagan la experiencia, hermanos, yo he tratado de hacerla muchas veces y en las horas más amargas de las situaciones, cuando más arrecia la calumnia y la persecución, unirme íntimamente a Cristo, el amigo, y sentir más dulzura que no la dan todas las alegrías  de la tierra” (Homilía 20.5. 1979). Palabras de un creyente de veras. Y que supo amar.
Mons. Romero fue coherente desde el Evangelio. Por eso interpelaba, tanto a quienes con violencia sojuzgaban, como a quienes concebían sólo respuestas violentas. Unos diez días antes de morir predicó: “Saber que nada violento puede ser duradero. Que hay perspectivas aún humanas de soluciones racionales y por encima de todo está la palabra de Dios que nos ha gritado hoy: ¡reconciliación!”.
El mártir Oscar Arnulfo es invitación a servir hasta la muerte, a imitación de Jesús.

   

domingo, 19 de abril de 2015

NORCOREANIZACIÓN



Una correcta identificación del interlocutor (amigable o no, coincidente o disidente) es condición indispensable para un adecuado relacionamiento, cualesquiera sean los términos en que éste se desee orientar.
El tener conscientemente a una persona o un grupo en la acera de enfrente no excluye tender y/o utilizar puentes de comunicación hacia ellos. En este sentido hay toda una gama de instrumentos utilizables: contacto  extraoficial u oficial, conversación, negociación, diálogo (con respecto a este último hay que evitar su devaluación, ya que es muy exigente en cuanto a sincera aceptación del otro,  convencimiento de que se puede aprender de él, ponerse en su lugar para comprenderlo). La genuina identificación del otro no cierra, pues,  todo encuentro. Aún en plena guerra los combatientes en trincheras opuestas pueden lograr acuerdos y es así como se establecen treguas, altos al fuego y cosas por el estilo.
Identificar bien evita cosas que, antes que ayudar a la solución de problemas, los mantienen o agravan. Puedo, por ejemplo, calificar de sorpresivas, irracionales, inconvenientes, ineficaces o indebidas, actuaciones del “otro”, cuando más bien debiera catalogarlas como lógicas, inevitables, efectivas, coherentes, acertadas.
¿Qué sucede en Venezuela con la identificación del proyecto Socialismo Siglo XXI y del régimen que trata de ponerlo en práctica? En el sector de la disidencia ha habido bastante titubeo y confusa variedad de interpretaciones. Se registra, es cierto, un crescendo en una más exacta percepción, dado el agravamiento de la situación, pero hasta hace no mucho abundaba u notable desconocimiento –o al menos explicitación- de lo que el oficialismo tiene entre manos. Se solía hablar simplemente de  “democracia imperfecta”, “ineficiencias y corruptelas”, “tendencias o procedimientos autocráticos”, “abusos de poder”. El término “dictadura” no se mencionaba, ni, mucho menos, el de “totalitarismo”.
No es exagerado decir que la Conferencia Episcopal Venezolana, en cuanto a  identificar el proyecto político-ideológico oficial,  han sido oportuna, clara y firme. Dejando a un lado antecedentes, ejemplar al respecto fue la Exhortación de octubre 2007. Ésta calificó la propuesta de Reforma constitucional como “moralmente inaceptable” y “contraria a principios fundamentales” de la Constitución,  denunciando el pretendido “Estado socialista” como “contrario al pensamiento del libertador” y “a la naturaleza personal del ser humano y a la visión cristiana del hombre, porque establece el dominio absoluto del Estado sobre la persona”.
La última toma de posición de la Conferencia Episcopal en la misma línea tuvo lugar el pasado 12 de Enero. Los obispos afirmaron: “El mayor problema y la causa de esta crisis  general (del país), como hemos señalado en otras ocasiones, es la decisión del Gobierno Nacional y de los otros órganos del Poder Público de imponer un sistema político-económico de corte socialista marxista o comunista (…) Este sistema es totalitario y centralista, establece el control del Estado sobre todos los aspectos de la vida de los ciudadanos y de las instituciones públicas y privadas. Además, atenta contra la libertad y los derechos de las personas y asociaciones y ha conducido a la opresión y a la ruina a todos los países donde se ha aplicado” (Exhortación Pastoral Renovación ética y espiritual frente a la crisis, 6-7).
No es que Venezuela tenga ya un sistema totalitario. Pero  se le está imponiendo. La tenaza va apretando con su correspondiente  lógica. En esto la acción oficial es eficaz. Un twitter mío dice: “Las cadenas adoctrinan, las colas amaestran, los captahuellas controlan ¿Cuál será el próximo paso?”.

Cuando hablo de “norcoreanización” de Venezuela busco identificar sin ambages el proyecto oficial en marcha. Éste, modelado en Cuba –cuyo sistema actualmente zigzaguea- sigue ahora metódicamente los pasos de la lejana y próxima Corea del Norte.  

domingo, 5 de abril de 2015

CLAVE OPERATIVA CRISTIANA



           Testamento pascual de Jesús de Nazaret; así  se puede denominar el Sermón de la Última Cena dirigido por el Maestro a sus discípulos antes de padecer su muerte en cruz, la cual se transformó en resurrección gloriosa. De allí el término de muerte pascual, que indica una derrota transformada en triunfo.
          Ese Testamento lo encontramos en el evangelio de Juan, capítulos del 13 al 17.  El Señor da allí sus últimas instrucciones y declara su mandato máximo y definitivo. Éste sintetiza la ética y la espiritualidad de quieran seguirlo. Es lo que se llama el “mandamiento nuevo”.
            Una vez un fariseo interrogó a Jesús, con ánimo de ponerlo a prueba, acerca de cuál era el mandamiento mayor de la Ley. Tal pregunta  no era ociosa, dada la cantidad –centenares- de preceptos que al judío observante se le ponían  por delante a la hora de mostrar su fidelidad a Dios. La cuestión tocaba lo esencial, el corazón de la moral a practicar. Según Mateo, que relata esta conversación, Jesús respondió: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mt 22, 37-39).
            Estos dos mandatos no aparecen simplemente yuxtapuestos, sino en íntima conexión. Más aún, el Sermón de la Cena  prácticamente los reduce a uno, que Jesús remacha: el amor al prójimo. Como si el amor a Dios tuviese su concreción en el que se tenga al prójimo. Como lo enfatiza la Primera Carta de Juan: “quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve” (1 Jn 4, 20) ¡El prójimo “presencializa” a Dios!
 “Este es el mandamiento mío: que se amen los unos a los otros como yo los he amado” (Jn 15, 12). Aquí hay una tonalidad, que es preciso subrayar, la del amor recíproco. Los actos de culto y las expresiones religiosas  del cristiano deben de interpretarse y vivirse a la luz de esta enseñanza. Tienen, en efecto, una direccionalidad hacia el prójimo referente a respeto, servicio, comprensión, solidaridad, convivencia, unión, comunión. A este propósito recordemos lo que la Carta de Santiago entiende por “religión pura e intachable” (St 1, 27). El encuentro con el “Otro”  exige y alimenta, el encuentro con el “otro”, especialmente si débil y necesitado.
        Cuando se habla, entonces, de “voluntad de Dios”, de mandamiento y mandamientos (pensemos en el Decálogo), es preciso interpretarlos en sentido no sólo negativo (no matar, no robar, no mentir…) sino, también y principalmente positivo, proactivo. Podemos decir, por consiguiente, que “no   matar” debe traducirse por  cultivar una cultura de la vida, defender y promover los derechos humanos y  todo aquello que sirva al desarrollo integral de la persona y de la comunidad; “no robar” debe entenderse como compromiso por la justicia y la solidaridad en los más diversos órdenes del relacionamiento interpersonal y social; y “no mentir” debe llevar a una práctica de la verdad, de la veracidad en actitudes y comportamientos en lo privado y en lo público.
           El amor a que se refiere Jesús no  se queda en  anhelo romántico sin  consecuencias sociales; en “bonachonería” que se complace con todo y se acomoda a todo.  Constituye un dinamismo exigente de cambio en positivo. Con expresiones también de crítica, denuncia, resistencia ante lo que se considera indebido, malo, perverso, pero que no se actúan en  perspectiva del odio y  retaliación, sino en la de reconocimiento de las personas y buscando su conversión hacia el bien. De amor tenemos un modelo humano-divino en Cristo; y ejemplos de nuestra misma condición, en gente como Gandhi, ML King, Mandela, Madre Teresa y Romero.

Me complace concluir estas líneas con algo que escribió Einstein a su hija Lieser: “Hay una fuerza extremadamente poderosa (…) que incluye y gobierna a todas las otras, y que incluso está detrás de cualquier fenómeno que opera en el universo (...) Esta fuerza universal es el AMOR”.

domingo, 1 de marzo de 2015

CARTA DE CHÁVEZ



     Desde la cárcel de Yare el 31 de julio de 1993 y firmada también por otros compañeros de asonada, el Comandante Hugo Chávez me dirigió una carta en mi condición de Presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana. Se la puede encontrar en mi blog perezdoc1810.blogspot.com.

    Si la publico hoy es por la actualidad que reviste su agradecimiento por mi –personal y del Episcopado- “solidaridad y preocupación” por nuestro planteamiento de medidas favorables a “los profesionales militares y civiles involucrados en el pronunciamiento militar del 4 de febrero y 27 de noviembre” de 1992. Se trataba de una Ley de Amnistía o un sobreseimiento.
La Conferencia había encargado, por cierto,  a varios de sus miembros de seguir de cerca el resguardo de la vida y derechos humanos en general de los detenidos. Eso y otras iniciativas  tenía presente la misiva.
El párrafo siguiente de la carta, que copio fielmente, se muestra muy oportuno en la circunstancia actual de la nación:
Con la libertad de quienes nos encontramos en cada una de las “Cárceles de la dignidad”,  como se ha hecho conocer ante el pueblo venezolano;  es una fórmula  para buscar la reconciliación, tranquilidad y paz social, y así poder frenar la grave crisis política que hoy atraviesa el país, con el deseo de encaminar hacia la confianza colectiva y la normalidad de Venezuela.
La carta termina manifestando el sentimiento y la seguridad de “que la acción emprendida por usted y la de otros sectores de la vida nacional, ejercerá la presión necesaria para que mediante los mecanismos legales establecidos, se apruebe la Ley de Amnistía o sobreseimiento que es una aspiración general de todos los venezolanos, en este tiempo de crisis que vive la Nación”.
En la actualidad hay presos políticos en las cárceles. Ellos han parado allí por motivos no de golpes cruentos y ni siquiera de incruentos, sino por simples razones de disidencia ciudadana. En todo caso, no es el momento de calificar razones o sinrazones. Lo indiscutible es que la existencia hoy de presos políticos agudiza la presente crisis del país y que su liberación contribuiría sin duda alguna a “buscar la reconciliación, tranquilidad y paz social” y otros bienes a los cuales el Comandante Chávez se refiere en su carta.
Es mi deseo de que la publicación de estas líneas contribuya a una cosa que quiere hoy la extragrande mayoría de los venezolanos: que se tiendan puentes y amplíen caminos hacia el encuentro o reencuentro de los compatriotas. Somos habitantes de un mismo suelo, que lo hemos recibido de Dios como terreno para la fraternidad, con nuestras diferencias, y no para que lo convirtamos en campo de batalla fratricida,  de canibalismo autodestructor.

Si la humanidad no ha desaparecido en su peregrinar histórico es porque ha sabido, o no tenido más remedio, que pasar páginas de divisiones y enfrentamientos.  

viernes, 20 de febrero de 2015

DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA. CURSO INTRODUCTORIO.

 La DSI es el conjunto de enseñanzas de la Iglesia sobre cómo construir la sociedad del modo más conveniente a la dignidad y a los derechos fundamentales de la persona humana. Y ahondando en perspectiva cristiana, cómo edificar la convivencia social para que refleje cada vez mejor las exigencias del Evangelio, del “mandamiento máximo” del amor.  Esta Doctrina es, por tanto,  un “saber práctico”, que  debe estar atento a la circunstancia histórica, a la lectura de los “signos de los tiempos”, a la interpelación de Dios que le viene desde la realidad (de allí su familiaridad con el método Ver-Juzgar-Actuar). 




Para más información al respecto, haz clic en el enlace.

https://drive.google.com/file/d/0BxOAgXdJltC2aWFuYjlTR1pBalE/view?usp=sharing

SÍMBOLO MÁXIMO DE NUESTRA FE: TRINITARIA-CRISTOLÓGICA




Fe  expuesta ya por S. Pedro en su primer discurso en Pentecostés (Hch 2, 22-36). Este símbolo manifiesta, por tanto, el contenido fundamental del KERIGMA o anuncio primero y nuclear .

   La Primera Carta de Juan nos dice que Dios es  Amor, Trinidad, Comunión, Compartir  interpersonal, Familia, Encuentro) y que ha manifestado su amor hacia nosotros enviándonos  a su Hijo (1Jn 4, 8-9). Cristo nos revela y comunica, por tanto,  a Dios-Comunión. El misterio-realidad  de Cristo (Jesús de Nazaret-Hijo de Dios) se encuadra, enraíza y explica  en el de la Trinidad.

Dios,  Unitrino, es raíz y fuente, sentido y  finalidad de toda genuina comunión. Cristo es el gran signo e instrumento (es decir, sacramento) del designio amoroso, unificante de la Trinidad sobre toda la humanidad (mundo, historia), del cual la Iglesia es también, en cuanto asumida por Cristo como cuerpo místico suyo, sacramento  de comunión (ver Lumen Gentium 1).

    La tarea de la Iglesia, la evangelización, es, por consiguiente,  proclamar, celebrar y actuar en el mundo este plan salvador, unificante, de la Trinidad. El Reino  de Dios -tema central de la predicación de Jesús- es, precisamente, ese  designio  comunional  divino, que está ya en marcha en el mundo y tendrá su completo cumplimiento en la plenitud celestial del Reino, cuando el Señor regrese glorioso.

    Todo cristiano, ciudadano del Pueblo de Dios, es-ha de ser corresponsable de la evangelización, tanto al interior de la comunidad eclesial, construyéndola como casa y escuela de comunión, como al “exterior” de la misma, en el  mundo, edificando una nueva sociedad (en verdad y libertad, justicia y solidaridad, fraternidad y paz) desde la propia familia, y difundiendo dondequiera la Buena Nueva de comunión a través de testimonio, palabra y obra.

*Este símbolo de triángulo-cruz puede enriquecer, sin pretensiones de substituirlo, el tradicional signo sencillo de la cruz. Podemos hacerlo fácilmente con la  mano derecha en cinco movimientos articulados: 1) de la frente al hombro izquierdo (diciendo Padre); 2) del hombro izquierdo al derecho  (d.Hijo) y 3) del hombro derecho a la frente (d. Espíritu Santo); 4)  línea vertical descendente dentro del triángulo (diciendo Jesús) y  5) una horizontal  cruzando la anterior (d. Cristo). Muy fácil, por tanto, de hacer. *El triángulo enmarcando la cruz (en templos…) facilita la percepción creyente y la comunicación del misterio trinitario-cristológico.