miércoles, 2 de agosto de 2017

EL SOBERANO DECIDA QUÉ QUIERE


¿Qué hacer con este  país? ¡Que lo decida el soberano!
Nuestra Carta Magna es clara: “La soberanía reside intransferiblemente en el pueblo, quien la ejerce en la forma prevista en esta Constitución y en la ley, e indirectamente, mediante el sufragio, por los órganos que ejercen el  Poder Público” (CRBV 5).

En el soberano se encuentra el poder originario, que viene  a ser la fuente primera e instancia máxima de legitimidad en una comunidad política, en un determinado Estado. Es una soberanía última aunque no absoluta, por  cuanto se la entiende en el marco de un derecho internacional y de  exigencias fundamentales de la condición humana misma.

Por ello en circunstancias de una grave crisis de la polis, que amenace en su raíz y estructura básica la convivencia humana de la nación, y no sean ya suficientes los  mecanismos ordinarios de solución, se hace necesario apelar a la palabra y decisión  del soberano. En la antigüedad   esto se apreció dentro de las limitaciones conceptuales y prácticas del tiempo, y en la modernidad se lo ha perfilado y perfeccionado con mayor hondura.

Ahora bien, el problema reside en la noción que se tenga del soberano y del genuino ejercicio de su potestad. Aquí es donde se ponen en juego filosofías, ideologías y prácticas, algunas de las cuales llegan a distorsionar tanto la definición del soberano como el ejercicio de su protagonismo. El pueblo se convierte a veces en un concepto gelatinoso, legitimador de praxis que alcanzan cotas de evidente deshumanización. Es el caso de las vanguardias luminosas y comités partidistas que se autoerigen como forzada representación del pueblo en los sistemas comunistas, de los reduccionismos raciales tales como el nazismo o nacionales como el fascismo, de las logias militares que encarnarían la defensa de la patria en los regímenes de seguridad nacional.


Es cierto que no hay prácticamente realización humana que no sea perfectible, pero sí se tiene que tender a formas de organización y consulta política en las cuales se abra cauce a la expresión más auténtica del pensar y querer del soberano. En este orden de cosas reviste carácter prioritario el lograr a través de consensos los medios que aseguren la verdad y transparencia de los procedimientos a través de los cuales el soberano se exprese y sea respetado en sus decisiones. En tal línea son de suma importancia instituciones y organizaciones de la sociedad civil que aseguren el pluralismo y la verdad en los procesos.

Concretando a nuestra situación venezolana, de crisis extrema y de interrogantes muy serios acerca de una solución consistente, democrática  y pacífica, creo que se hace imprescindible apelar al soberano acerca de lo que quiere para nuestro país. No bastan  los representantes. Es imprescindible oír y obedecer al representado, al que tiene el poder originario.

El pasado mes de julio se tenido dos apelaciones al soberano, una meramente consultiva el 16 y otra autodenominada decisoria, pero que resultó una mascarada, el 30. Ambas fueron desconocidas desde la acera opuesta. Y en el país se agudiza la crisis. Que no  es principalmente de interpretaciones en Derecho Constitucional, sino de estómago y vida, pues lo que está de por medio es hambre y muerte de muchos venezolanos  por falta de comida, medicamentos y atención a necesidades primarias. El problema inmediato no es de artículos de la Carta Magna y de formulaciones legales, sino de medidas humanitarias. En los altos círculos del poder no se padecen estas necesidades y por eso se puede maniobrar con medidas distractivas y juegos de carnaval.

Si el soberano es soberano, que se le pregunte qué quiere para el país. Que decida su presente hacia el futuro. Sin mediaciones y representantes a medias. Sin intérpretes que lo traicionen. No veo por el momento otra solución a la gravísima crisis. No  es fácil, obviamente, organizar esta consulta decisoria al soberano. Pero sí se la puede llevar a cabo desde adentro con entidades confiables y con el apoyo de organismos internacionales respetables.   


miércoles, 26 de julio de 2017

LIBERACIÓN DEL LIBERTADOR



Suena paradójico lo de liberar a quien entregó su existencia a la causa de la libertad. Pero se justifica esa tarea por la persistencia del intento de convertir la figura de Bolívar y el adjetivo bolivariano en identificación y maquillaje de proyectos, instituciones  y procedimientos que contradicen la obra y el pensamiento del Libertador.

En ejercicio de un craso nominalismo se cree que meros vocablos pueden transformar la realidad. Aquí se ha devaluado y pervertido el término bolivariano. Hasta cuerpos represivos, violadores de elementales derechos humanos, exhiben dicho adjetivo como lema e insignia. Ciertamente algo que debe hacerse en una futura convivencia democrática es la de respetar y hacer respetar la memoria del Libertador, entre otras cosas reservando el epíteto bolivariano a realidades coherentes con la dignidad de la persona y el mensaje del  Padre de la Patria. La expresión latina assueta vilescunt significa que lo que  demasiado a repetido desmerece en valoración, importancia o atención. Se llega uno a preguntar ante la proliferación de lo bolivariano, qué no lo es.

Una cosa que amerita tomarse muy en serio es lo que nuestra Constitución dice en su artículo primero: “La República Bolivariana de Venezuela es irrevocablemente libre e independiente y fundamenta su patrimonio moral y sus valores de libertad, igualdad, justicia y paz internacional, en la doctrina de Simón Bolívar, el Libertador”. De éste quisiera a continuación recordar algo en relación al primer valor que  menciona el citado texto constitucional, la libertad.

 En el Discurso al Congreso Constituyente  de Bolivia dijo en Lima el 25 de mayo de 1826: “no me persuado  que hay un solo Boliviano tan depravado que pretenda Legitimar la más insigne violación de la dignidad humana ¡Un hombre poseído por otro! ¡Un hombre propiedad! ¡Una imagen de Dios puesta al yugo como el bruto (…) Dios ha destinado al hombre a la libertad, él lo protege para que ejerza la celeste función del albedrío”. Dos cosas subraya Bolívar en este texto: en primer lugar el excelso valor de la libertad, del libre albedrío, característica primordial de la dignidad humana; y en segundo lugar el fundamento divino de esa libertad, en cuanto Dios ha creado al hombre como existente libre y lo protege en el ejercicio de ese don tan grande. No es por azar o por simple emergencia creatural como el hombre ha sido constituido en su libertad, sino por gratuidad de la Libertad misma (así, con mayúscula). Esta concepción antropológica responde de modo coherente al pensamiento creyente, cristiano, de Simón Bolívar.


Es preciso conocer, apreciar, difundir, poner en práctica este patrimonio, que es tan rico y actual. Labor  necesaria en todo momento del país, pero especialmente ahora, cuando se pretende imponernos a los venezolanos un proyecto político-ideológico dictatorial, totalitario, que se sitúa en las antípodas de la gesta y el pensamiento de Bolívar, a quien si algo apasionó, fue la construcción de una sociedad de hombres libres. 

jueves, 20 de julio de 2017

REVALUACIÓN DE BOLÍVAR



Revaluación es revalorizar algo que ha sido depreciado. Esperamos suceda eso con nuestra moneda nacional, que está descendiendo velozmente a niveles inimaginables desde hace poco tiempo. Pero no es esta recuperación el objeto de la presente reflexión, sino otra de gran hondura y trascendencia: la del Libertador.

El momento es propicio para el tema por la circunstancia nacional, particularmente marcada por la consulta popular del 16 de Julio. El soberano (CRBV 5) se ha manifestado de modo multitudinario y patente en favor del tránsito de un régimen dictatorial y un proyecto totalitario de signo comunista, al sistema exigido por nuestra Constitución: un “Estado democrático y social de Derecho y de Justicia, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico y de su actuación, la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la democracia, la responsabilidad social y en general, la preeminencia de los derechos humanos, la ética y el pluralismo político” (CRBV Art. 2).

Esta semana es clave. No sólo se debe desmontar el intento de la fraudulenta Constituyente, sino -lo más importante- echar los fundamentos de un nuevo Gobierno, que puede calificarse de transición, unión, integración, encuentro, salvación nacional. Es de esperar que la racionalidad  y actitudes positivas se impongan en el sector oficial y con peculiar acento en la Fuerza Armada, para facilitar el paso inevitable a lo que el soberano quiere, evitando más sufrimientos, lágrimas y muertos. Los representantes de la alternativa democrática, por su parte, han de exhibir, junto a lucidez, justicia y firmeza, gran realismo, visión y magnanimidad. Y priorización del bien común.

Es aquí donde se hace imprescindible introducir el tema bolivariano. Nada mejor para esto que abrirlo con el Artículo 1 de la Constitución: “La República Bolivariana de Venezuela es irrevocablemente libre e independiente y fundamenta su patrimonio moral y sus valores de libertad, igualdad, justicia y paz internacional, en la doctrina de Simón Bolívar, el Libertador”. Subrayemos para la siguiente reflexión tres términos: patrimonio moral, valores y doctrina.

Mucho se ha abusado de Bolívar -ya desde el siglo antepasado- convirtiéndolo en lugar común de exhibiciones retóricas y respaldos políticos, cuando no de mascaradas irreverentes. En estos mismos años lo bolivariano ha servido para todo. También para identificar cuerpos policiales y militares, culpables de asesinatos y violadores de múltiples derechos humanos; revoluciones que son involuciones; políticas gubernamentales hegemónicas, represivas y corruptas. No sólo en incoherencia, sino en contradicción con el pensamiento y la obra del Padre de la Patria.    

Se impone en este tiempo nuevo venezolano el rescate del genuino Bolívar. Para aprovechar debidamente su patrimonio moral, sus valores, su doctrina. Fue un, cristiano católico patriota, que mantuvo constante su fe y religiosidad, así como su entrega ciudadana, en medio de las vicisitudes de la guerra, de corrientes filosóficas e ideológicas adversas, de los vaivenes amorosos, de sus experiencias de triunfos y frustraciones. Sin deificarlo, se ha de poner de relieve su amor a la libertad, su propósito de fundamentar moral y cívicamente las nuevas repúblicas, su sensibilidad humanista, el sentido trascendente de su ética y su sinceridad religiosa.

Debemos acudir a Bolívar con gran respeto, sin tijeras para modificar su vida y recortar su pensamiento. Dejarse interpelar por las grandes líneas de su mensaje. No convertirlo en título y lema vacíos, sino familiarizarse con lo fundamental de su doctrina. Entre los escritos pedagógicos, que pueden ayudarnos en un tal trabajo, recordaría aquí el Mensaje del Episcopado venezolano con ocasión del Bicentenario del Nacimiento del Libertador (12. 1. 1983).

Tarea obligante, animadora  y saludable hoy y para el tiempo que estamos inaugurando, es la de revaluar a quien fue  bautizado el 30 de julio de 1783  como  Simón José Antonio de la Santísima Trinidad.

martes, 11 de julio de 2017

OBISPOS Y CONSTITUYENTE


Carta de Ovidio Pérez Morales

La reciente carta de la Presidencia de la Conferencia Episcopal Venezolana al Presidente de la República (8 de julio) es bien clara: le plantea con carácter de urgencia “Retirar la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente”.
No sólo eso,  sino también: “Reconocer la autonomía de todos los poderes públicos y trabajar conjuntamente con ellos, particularmente con la Asamblea Nacional y la Fiscalía General de la República”, así como “Asumir e implementar los acuerdos que se alcanzaron en la primera ronda de diálogo con la oposición”.

Vale la pena subrayar dos elementos de la circunstancia en que los Obispos envían esta misiva al Primer Magistrado: a) la visita que  la Presidencia del Episcopado acaba de hacer al Papa Francisco, quien ha dicho que “en la voz de los obispos venezolanos también resuena mi voz” y b) se envía esta carta en el marco de la Asamblea Plenaria del Episcopado (7-12 de julio), al final de la cual hará público un mensaje a los católicos y a todos los venezolanos.

La carta expresa que la respuesta positiva a sus planteamientos sería prueba de una voluntad efectiva del Presidente de resolver la grave crisis nacional (se cita la escasez alimentaria y de medicinas al igual que la inseguridad) “y devolverle a Venezuela su plena institucionalidad democrática, contemplada en la actual Constitución nacional”.

Es particularmente significativo el espacio que la misiva concede a las palabras y gestos que el Papa Francisco ha tenido en estos días respecto de la situación venezolana. Se explica por la importancia de aquellos en sí mismos, pero también por el interés gubernamental de contraponer las posiciones de la Santa Sede y del Episcopado en relación al drama nacional. Se puede hablar ya sin lugar a dudas de una completa sintonía o armonía al respecto entre el Vaticano y la Iglesia en Venezuela. El Papa ha expresado su cercanía a la dramática situación del país,  su dolor y oración ante las víctimas (muertos, heridos, detenidos) de la violencia y sus familiares; ha pedido respeto de los derechos humanos y cese de  toda violencia; ha exhortado a la búsqueda de “soluciones negociadas a la grave crisis humanitaria, social, política y económica que está agotando a la población”, al establecimiento de puentes, al diálogo serio y al cumplimiento de los acuerdos alcanzados. Dijo el Papa el 2 de julio: “Hago un llamamiento para que se ponga fin a la violencia y se encuentre una solución pacífica y democrática a la crisis”.

Este fin de semana  circulará la exhortación de la Asamblea Plenaria del  Episcopado, actualmente reunida. Por cierto antes de dos acontecimientos inminentes programados de especial trascendencia: la consulta popular del 16 y la decisión sobre la Constituyente a fines de mes.  Sobre ambos dicha exhortación se manifestará de modo claro.

Con el Episcopado y la mayoría de los venezolanos espero se suspenda la fraudulenta Constituyente. E igualmente el simulacro de votación para la misma. Lo que quiere el soberano es que se lo oiga de verdad y se reformule la marcha del país según los cauces de la Constitución y de una moral cívica elemental. No se debe jugar con un pueblo ni con el destino de una nación. 




jueves, 6 de julio de 2017

333 contra 666



El 333 nos es ahora a los venezolanos, lamentablemente, familiar: declara la autodefensa de la Constitución y nuestro deber ciudadano de colaborar en el establecimiento de su efectiva vigencia.

Al 666 lo encontramos en el último libro de la Biblia, el Apocalipsis, que  en el capítulo 13, versículo 18, dice: “¡Aquí está la sabiduría! Que el inteligente calcule la cifra de la Bestia; pues es la cifra de un hombre. Su cifra es 666”.

El Apocalipsis es un libro de un dramatismo-simbolismo muy especial. Se refiere a tribulaciones contemporáneas de la Iglesia y a las realidades últimas. Al poder del mal y a la victoria definitiva del bien, con la manifestación gloriosa de Dios, que da el triunfo eterno a los justos. El capítulo 13 habla de  una Bestia que exige adoración a la imagen de otra  que la ha antecedido “Y hace que todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se hagan una marca en la mano derecha o en la frente, y que nadie pueda comprar nada ni vender, sino el que lleve la marca con el nombre de la Bestia y con la cifra de su nombre” (versículos 16-17). Entre  las identificaciones del 666 ha surgido la de Nerón.

Se suele citar este texto -muy complejo en  interpretaciones- a la hora de enjuiciar totalitarismos y sistemas  parecidos, que idolatran  proyectos político-ideológicos, partidos y líderes. Pensemos en el nazismo con Hitler, el comunismo con Stalin, Castro y los Kim, que exigen obediencia absoluta e imponen restricciones (carnets y otras marcas) para acceder a bienes y servicios sociales así como al ejercicio de la ciudadanía.

Esos sistemas  sub humanizan a gran parte de la población, excluyéndola del goce de derechos fundamentales y, más aún, busca animalizarla denominándola ratas, gusanos, escuálidos. Calificativos como “revolucionario” se anteponen al de “humano”. De la devaluación y aniquilación verbales se pasa fácilmente a las físicas. El  programa político-ideológico prima sobre la atención alimentaria  sanitaria y el bienestar de la población. La subjetividad de las personas se diluye y lo que interesa entonces es la masa, el colectivo, así como la uniformidad y la disciplina; de allí la militarización de la gente y un clima de permanente y beligerante movilización. Se impone el “pensamiento único”, que conduce a la hegemonía comunicacional, educativa y artístico-literaria. Lo religioso es restringido al simple culto, cuando no es que abiertamente se lo prohíbe.

El Estado –no es algo abstracto, sino encarnado en personas e instituciones- se convierte en omnipotente. Priva una centralización total del poder. Y su “personalización” en el Führer, Presidente  o Secretario General del Partido. Así, por  ejemplo, el “socialismo” antes que socialización y participación lo que produce es concentración total del poder.  

Estos y otros elementos describen lo que el Régimen está imponiendo en Venezuela,  buscó “legalizar” en 2007 con la Reforma de la Constitución y pretende ahora estructurar completamente con la fraudulenta Asamblea Nacional Constituyente (ANC): un Estado comunista, en donde la Bestia imponga su 666 de control absoluto. 
Este Julio 2017 es trascendental, definitorio para el presente y el futuro del país. Nos plantea con urgencia a los venezolanos, no sólo rechazar la ANC,  sino lograr un cambio de Gobierno, que abra compuertas a la reconstrucción nacional y permita al soberano elegir libremente a sus mandatarios.

Y como la ANC se propone cortar cabezas (Asamblea Nacional, Fiscalía General y universidades autónomas; propietarios privados, educadores no oficiales y lo que queda de comunicadores, sindicalistas y agremiados libres, etc.) el Régimen no puede aspirar a que los "decapitables" permanezcan callados, inertes, genuflexos. La Constitución y una moral elemental les exigen unión y acción.

La Fuerza Armada, que el soberano mantiene y equipa para su defensa, debe ser de los primeros en obedecer el 333 y el 350 de la Constitución. A ésta se debe y no a una cúpula ilegítima, inconstitucional, corrupta y opresora.

El imperativo es claro: 333 contra 666. Con Dios, adelante.  

miércoles, 28 de junio de 2017

PAÍS PLANETARIO



Un resultado patente del Socialismo Siglo XXI ha sido el hacer de Venezuela un país planetario. Globalizado. No por una política de apertura positiva, sino como consecuencia de un proyecto genocida.

Hoy los niños pueden aprender fácilmente la geografía mundial conversando en familia sobre sus amiguitos lanzados a los cuatro puntos cardinales de la humanidad, en virtud de la opresión política creciente, del hambre sin alimentos, de las enfermedades sin medicinas, de la inseguridad y la exclusión que este Régimen ha venido progresivamente multiplicando.

Hoy se habla de Australia y Alemania como se lo hacía ayer de otras regiones de Venezuela al  ubicar el paradero de familiares y amigos peregrinantes en busca de mejor suerte. En el futuro, que espero sea muy próximo, cuando regresen los que han emigrado –esperemos sean muchos- tendremos una multitud de políglotas en nuestra convivencia nacional. Algo mayor que la multitud de lenguas presentes en Jerusalén el día de Pentecostés según relata el libro Hechos de los Apóstoles (capítulo 2). Una diversidad bella en sí, aunque generalmente fruto no de serenas decisiones sino de dramáticas y, en ocasiones, de trágicas presiones.

Una de las violaciones más graves de Derechos Humanos por parte de esta Dictadora totalitarizante ha sido el de impedir la vida de venezolanos en la propia patria, des-terrando, des-nacionalizando   a millones de hermanos, que han debido irse a otros países porque éste, el suyo, por obra y gracia de unos gobernantes  inhumano, se ha convertido en inhabitable, excluyente. Lo ideal para el Régimen es que permanezcan  en esta “Tierra de gracia” –así se la calificó hace cinco siglos- sólo unos pocos, portadores (voluntaria o forzadamente) de la franela roja  socialcomunista.

Durante muchos años Venezuela fue un país libre, democrático y productivo, de futuro, abierto y acogedor, de inmigración; aquí venían de los más diversos lugares del mundo a establecerse con confianza y seguridad, con grandes posibilidades de desarrollo personal y familiar. Una especie de hogar planetario. 

La unión de los sectores democráticos (partidistas y de la sociedad civil) con la Asamblea Nacional al frente, la  Fiscalía General a un lado y del otro la calle, el respaldo de los militares constitucionalistas y, sobre todo,   el  auxilio de Dios misericordioso, logrará la recuperación de Venezuela como casa común de todos los venezolanos, de cualquier color político, convicción religiosa, ubicación social, raza y proveniencia.


Este Julio 2017, debe ser, con su 5 y 24,  mes de reindependencia, renacimiento, recuperación del país, en la línea de lo que plantea la Constitución y se merece nuestra patria, poblada  de gente hecha para la libertad, la fraternidad, el progreso y la paz.            

jueves, 22 de junio de 2017

5 DE JULIO RE-INDEPENDENCIA


La primera quincena de julio ofrece una secuencia muy significativa en materia de liberación política. El 4 se tiene el Independence Day, aniversario de la adopción de la Declaración de Independencia por el Congreso Continental en los Estados Unidos en 1776; al 5, venezolano,  me referiré ampliamente a continuación; luego viene el festivo 14 Juillet francés, que rememora la toma y destrucción de la Bastilla, prisión símbolo de la tiranía real, en 1789.

 El 5 de julio de 1811 el Congreso reunido en Caracas declaró solemnemente nuestra Independencia, que se formuló en una Constitución, la primera en su género en Latinoamérica.

El acto fundacional de Venezuela fue un hecho predominantemente civil y cívico, protagonizado por figuras como Juan Germán Roscio, Luis López Méndez y Francisco Javier Ustáriz. El Episcopado Venezolano, en mensaje  con ocasión del Bicentenario de la Declaración de Independencia, expresó lo siguiente: “Tanto el 19 de abril como el 5 de julio fueron dos acontecimientos en los que brilló la civilidad. La autoridad de la inteligencia, el diálogo, la firmeza y el coraje no tuvieron que recurrir al poder de las armas o a la fuerza y la violencia. La sensatez en el intercambio de ideas y propuestas respetó a los disidentes y propició el anhelo común de libertad, igualdad y fraternidad”.
Con el correr del tiempo las conmemoraciones de esta fecha patria fundacional se han reducido, por cierto, a desfiles de gente armada y exhibición de artefactos bélicos como fruto de una hipertrofia militar, lamentable consecuencia de un reduccionismo histórico. Un cambio político y cultural deberá convertir  estos aniversarios en fiesta nacional englobante.

La proclamación de la Independencia se hizo “En el nombre de Dios Todopoderoso (…) Poniendo por testigo al Ser Supremo (…) implorando su divinos y celestiales auxilios, y ratificándole en el momento en que nacemos a la dignidad que su Providencia nos restituye, el deseo de vivir y morir libres (…).

Quienes fundaron la República asumieron la igualdad y los derechos del ser humano como algo cimentado en su dignidad de criatura de Dios; le dieron, pues, una base sólida ética y trascendente, con  las obvias limitaciones propias del tiempo,  pero que permanece interpelante para cada momento de la vida nacional.   

 A poco más de dos siglos, este 5 de Julio nos plantea a los venezolanos el grave reto de re-independizar, re-liberar  la República. Esta, en efecto, ha recaído en un coloniaje esta vez castrocubano, y se encuentra encadenada a un proyecto dictatorial totalitario comunista.  El Gobierno corrupto y prepotente lo trata de imponer y a fin de darle formalidad “legal” prepara mediante su secretaría electoral (CNE), para fines de este mes, una Constituyente espuria a espaldas del soberano. De República democrática liberadora, digna y abierta, Venezuela se ha convertido en el escenario internacional, por obra y gracia del Socialismo Siglo XXI-Plan de la Patria y  múltiples corruptelas, en vitrina vergonzosa de opresión, miseria  y aislamiento.

Con la ayuda de Dios, sin embargo,  los venezolanos recogeremos la herencia noble de nuestros próceres y reconstruiremos la República para relanzarla a promisores horizontes. Debemos convertir el próximo 5 de julio en jubilosa y fecunda celebración, que inaugure el Mes del Cambio.

 Un gran frente constitucional en que converjan la Asamblea Nacional, la Fiscalía General de la República, los Partidos Democráticos, la Sociedad Civil organizada, con el apoyo de la calle y la Comunidad Internacional, no sólo impedirá la falsa Constituyente, sino logrará el cambio del Régimen, la estructuración de un Gobierno robusto de Integración-Transición-Salvación y unas elecciones generales en las cuales el soberano (CRBV 5) decida el futuro que quiere para Venezuela. La Fuerza Armada Nacional si quiere ser fiel a la Constitución y servir a ese soberano que la legitima, mantiene y apertrecha, tendrá que alinearse con el gran movimiento patriótico de Re-Independencia.  

         

EL SOBERANO DECIDA QUÉ QUIERE

¿Qué hacer con este  país? ¡Que lo decida el soberano! Nuestra Carta Magna es clara: “La soberanía reside intransferiblemente en el pue...