viernes, 30 de diciembre de 2022

DE SOLITARIO A SOLIDARIO

     En los dos últimos siglos celebró la Iglesia católica concilio ecuménicos o universales, por cierto bajo la misma denominación de Vaticano, por el lugar de celebración: el Vaticano I (1869) y el Vaticano II (1965). Los marcos históricos culturales fueron bien diferentes, especialmente por sus escenarios inmediatos europeos en que se celebraron, el primero marcado por una situación inmediata conflictiva y el otro por una progresiva apertura. La Iglesia en el siglo XIX apuntalaba defensas frente a corrientes racionalistas, materialistas, indiferentitas, y relativistas; la actitud del Vaticano II en los sesenta, en cambio, fue de disposición al diálogo, a un discernimiento hacia el encuentro y la convivencia pluralista.  Dos papas caracterizaron bien esas dos épocas: Pío IX y Juan XXIII.

    Realizados en la continuidad de una misma fe cristiana fundamental,   esos concilios trabajaron, sin embargo,  con dos concepciones “distintas” de Dios, que pudieran sintetizarse en dos adjetivos bien parecidos pero contrapuestos: solitario y solidario. Me animó a formular así el cambio una reflexión cuaresmal de los Obispos de Navarra y País Vasco publicada en 1986 y recogida por Enrique Cambón en su libro La Trinidad modelo social. Valga esta cita: “Cuando los cristianos confesamos la Trinidad de Dios, queremos afirma que Dios no es un solitario, cerrado en sí mismo, sino un ser solidario. Dios es comunidad, vida compartida, entrega y donación mutua, comunión gozosa de vida. Dios es a la vez el que ama, el amado y el amor…”

    El Concilio Vaticano I comenzó su documento sobre la fe católica con esta afirmación primaria de  los catecismos: “hay un solo Dios verdadero y vivo, creador y señor del cielo y de la tierra, omnipotente, eterno, inmenso, incomprensible, infinito en su entendimiento y voluntad y en toda perfección”. Dios como uno y único, distinto del mundo y fuente de los seres,  en lo cual coincidimos los cristianos con los adherentes de otras religiones monoteístas como el Judaísmo y el Islam.                       El Vaticano I, por cierto, insistió en la capacidad de la razón para conocer la existencia, perfección y unicidad de la divinidad: “Dios, principio y fin de todas las cosas, puede ser conocido con certeza por la luz natural de la razón humana partiendo de las cosas creadas”. Confianza en la razón y  la reflexión filosófica, frente  a sensismos, agnosticismos y autosuficiencia cientificista. El mismo Concilio entra en el ámbito de la revelación y la fe, que enrique y ahonda el conocimiento religioso y abre un panorama enriquecedor en el relacionamiento con Dios. Dios no es ya simple ser unipersonal, sino Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo), que establece un nuevo y original relacionamiento con los seres humanos, con profundas consecuencias en la praxis y espiritualidad cristianas.

    Se puede decir, sin embargo, que esta condición trinitaria de Dios, contenido central de la fe cristiana, no se ha reflejado tradicionalmente de modo adecuado, perceptible en la concepción y práctica de la Iglesia y los cristianos. Y es lo que viene sucediendo actualmente y se ha desencadenado con el Concilio Vaticano II. No es que se comienza a creer en la Trinidad, sino que se comienza a explorar y explotar todas las virtualidades que el misterio trinitario encierra para la comprensión del ser humano y de su hábitat cósmico y su historia, de la Iglesia y su misión en el mundo, del sentido de la totalidad de lo real. Pudiera hablarse aquí de una verdadera “revolución”.

sábado, 17 de diciembre de 2022

PESEBRE INTERPELANTE

     Por este tiempo del 2023 se cumplen mil años del primer Pesebre, construido en Greccio (Italia) por inspiración del Poverello de Asís.

    Se generó así una tradición, que se mantiene viva universalmente con un inventario de rica expresividad cultural. Su razón de ser se enraíza en la historicidad misma del acontecimiento cristiano. El escenario global contemporáneo es bien diferente, comenzando por el del “occidente cristiano”, de marcado pluralismo y desafiante para la fe en múltiples e inéditos aspectos. Con renovadas expresiones artísticas y variados entornos el Pesebre mantiene, sin embargo, su vigencia y viene promoviendo originales iniciativas como la Feria Popular del Pesebre de Coro -amplio abanico cultural de sólida consistencia regional y nacional de fe-.

    Una modalidad emergente del Pesebre, en rápida difusión ahora, es el llamado Pesebre trinitario. Comenzó en forma de micro pesebre: representación en reducido tamaño de la Sagrada Familia y su compañía de animales caseros, enmarcadas en un triángulo equilátero, representativo del misterio central cristiano, la Santísima Trinidad, Dios Padre-Hijo-Espíritu Santo. Esa trinitariedad  va informando también pesebres grandes, en los cuales al menos la gruta reviste clara forma triangular, explicitando así el misterio íntimo de Dios, que se nos ha revelado por su Hijo encarnado, Jesucristo. 

    Desafío grande para los cristianos en tiempo navideño es mantener, renovándola, la reproducción figurativa cristiana de la Navidad, evitando su disolución en expresiones neutras como los “santas” y “papás Noel” y el paisajismo invernal norteño. En cuanto al Árbol, éste tiene una génesis peculiar y se ha venido integrando armónicamente con el Pesebre. Hoy más que nunca se requiere de los creyentes convicciones firmes y manifestaciones precisas de su fe.

    Seria reflexión y aguda creatividad reclama la plasmación en el Pesebre de la convivencia -polis- que Cristo inspira y quiere para la humanidad: una sociedad realmente nueva, una “civilización del amor. La fantasiada como promesa definitiva para la humanidad en las profecías del Antiguo Testamento. La paz universal de feliz convivencia humana y comunión ecológica global dibujada con rasgos de penetrante viveza por el profeta Isaías. Recordemos aquí algunas de sus descripciones: “Forjarán de sus espadas azadones, y de sus lanzas podaderas. No levantará espada nación contra nación, ni se ejercitarán más en la guerra” (2,4). “Serán vecinos el lobo y el cordero (..), el novillo y el cachorro pacerán juntos, y un niño pequeño los conducirá (…) el león, como los bueyes, comerá paja. Hurgará el niño de pecho en el agujero del áspid, y en la hura de la víbora el recién destetado meterá la mano. Nadie hará daño, nadie hará mal en todo mi santo Monte” (11,6-9). El Pesebre sea sensiblemente una pedagogía de paz, de dinámico compartir.

    Útil y oportuna tarea de inculturación resulta también en este sentido hoy la traducción del hábitat rural y pueblerino del Pesebre tradicional, en coordenadas del actual cambio epocal, con una polis global, en estrecha unión tecno comunicacional y vocación cósmica. pero amenazada por las tentaciones de siempre hacia encierros y confrontaciones.  Anhelos y problemas relacionales la humanidad la carga consigo, pero la promesa divina de paz universal permanece.

    Retomar, actualizar el mensaje pacificante del Pesebre y proyectarlo activamente en nuestro país y nuestro mundo constituye un imperativo cristiano en la línea de la inculturación del evangelio y la evangelización de la cultura. El Pesebre no es sólo grato rememorar de sueños de infancia, sino aguda interpelación de adultez cristiana. Cristo viene para que construyamos la “nueva sociedad” que prepara la Jerusalén celestial (ver Ap 21, 10).

    El “pesebre real nacional” genera un ineludible reto cristiano. Cristo quiere encontrar, no la sociedad que enfrentada que tenemos, con medio país expatriado, centenares de presos y torturados políticos, una población mayoritariamente miserabilizada y bajo un régimen opresor. Nación como de fieras mutuamente enfrentadas. Sino la convivencia fraterna que Dios Amor, Trinidad, quiere y nos manda tejer con Jesucristo “Príncipe de la paz” (Is 9, 5).

 

domingo, 4 de diciembre de 2022

EL ROSTRO DE DIOS

 



    De entrada conviene aclarar cierta equivocidad. Se habla, por ejemplo, del Dios cristiano, judío o musulmán; en realidad, no se trata de entes distintos (politeísmo), sino de perspectivas de interpretación. La expresión correcta sería, no Dios “cristiano” sino Dios revelado por Cristo o según la revelación cristiana.

    Sobre la temática divina -tan antigua como la presencia del ser humano en la historia- el filósofo Leibniz (1646-1716) escribió una obra a la cual tituló Teodicea (en griego significa defensa de Dios), para responder -desde lo que estimaba la sola razón- a objeciones respecto de la realidad del Ser supremo y afirmar su existencia y naturaleza. (Estrictamente hablando podemos decir que Dios no necesita defensores, sino adoradores y amigos obedientes).

    El Concilio Vaticano II, la más saliente asamblea reflexiva y operativa de la Iglesia del siglo pasado, encaró el problema del ateísmo, teórico y práctico, “como uno de los fenómenos más graves de nuestro tiempo” (Gaudium et Spes, 19). Del olvido, la indiferencia y negación de Dios el Concilio explicitó raíces, razones y formas, dentro de lo cual no omitió la culpa también de los creyentes. Sin embargo, insistió especialmente en que la afirmación de Dios, antes que restar fuerza a la dignidad y la potencialidad del ser humano, las fortalece, recordando además lo dicho por san Agustín: “nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti” (Confesiones I, 1).

    El escenario contemporáneo del problema de Dios ofrece cambios significativos. Sobre el tapete no dominan tanto el planteamiento frío y neutro del iluminismo y de los radicalismos racionalistas e idealistas, el cientismo reductor positivista, los fantasiosos superhombres y paraísos terrestres, seguidos de desencantados existencialismos. Las tentaciones mayores ahora son el libertinismo, la cultura hegemónica de la diversión y el consumo, las ideologías desintegradoras de lo humano hacia nihilismos autodestructivos, el encierro en humanismos sin ventanas trascendentes,  la rendición ante macro poderes de un globalismo dominador.

    Hoy el desarrollo de una teodicea debe acompañarse de una genuina antropodicea, en cuanto la afirmación de Dios ha de ir unida a una auténtica y sólida defensa del ser humano, en la línea de lo sostenido por el escritor cristiano Ireneo de Lyon (+203): la gloria de Dios es el que el ser humano crezca.

    Esta perspectiva positiva de la relación humano-divina (“religatio”) requiere recalcar y desarrollar dos aspectos. El primero es la condición comunional (relacional, interpersonal, amorosa) de Dios y el segundo el carácter de imagen y semejanza de la creatura humana.

    Con respecto a lo primero, el aporte de la revelación cristiana es clave. En efecto, no sólo entiende  a Dios como persona, (ser inteligente, “queriente”, libre,  poder supremo), sino que lo define como Unitrino, compartir, diálogo, amor.  La perfección de lo personal no consiste en simple desarrollo auto referencial, solitario, sino que va en línea solidaria, comunicacional, participativa, comunional. La definición “Dios es amor” (1Jn 4, 8) da la clave para entender el conjunto del ser y su dinamismo.

    Con respecto a lo segundo el Génesis en su primer capítulo plantea la creación del ser humano a imagen y semejanza de Dios (1, 2). Este reflejo divino explica primariamente la condición comunional, social, de aquél.  El “ser para el otro”, que es el hombre, juega su suerte, histórica y post temporal, no como un yo cerrado, sino en apertura, en conjunción inter humana y humano-divina. “Ser social” será juzgado según su solidaridad histórica. Es el mensaje fuerte de Mateo 25, 31-46, que identifica la cara del prójimo como el rostro de Dios visibilizado en Cristo. Esto es necesario  remacharlo en una cultura superficialmente muy comunicativa, pero altamente egoísta (solipsista).

    Hoy se está generando un fuerte movimiento tendiente a recuperar y difundir el triángulo equilátero como símbolo cristiano de la Trinidad divina. No podemos menos de saludarlo y subrayar su oportunidad y conveniencia. Ello potenciará sin duda el reconocimiento de Dios como amor y del ser humano como ser para la comunión.

 

 

 

 

sábado, 19 de noviembre de 2022

MOTIVOS PARA DIALOGAR

         Ser para la comunicación: medular definición del animal político creado por Dios para manejar la polis, cuya construcción y perfección le encarga. El ser humano ha sido lanzado pues a la historia como dialogante. La poética intuición del recordado Italo Pizzolante respondía a la causalidad omnipresente de diálogo: todo puede motivar el compartir de los humanos.

    Ahora bien, la antropología bíblica -ya el Génesis lo atestigua con su narración cargada de imágenes y mitos- revela, junto a la naturaleza relacional del ser humano, el escenario dramático histórico: el hombre con su libertad no sólo construye puentes, sino que también genera rupturas, ya directamente con su creador (desobediencia), ya con quien éste le ha dado como proximus y representante.  Adán y Caín con sus pecados (cierre egoísta, insolidaridad, beligerancia) inauguran el lado oscuro de la historia, llamada de por sí a formar un tejido de progresiva unidad como reflejo de la trinidad creadora.

    La grave crisis nacional que nos viene golpeando por más de dos décadas es, radicalmente, una falta de reconocimiento mutuo entre los venezolanos. Una ruptura de unidad.  Nuestra Constitución identifica y subraya a Venezuela como un pueblo y una nación, una república y un estado. Pero ¿qué exhibe la Venezuela real? El Régimen con su Socialismo del Siglo XXI la divide y enfrenta, la manipula y empobrece; la descuartiza. Ejemplos: la hemorragia forzada de compatriotas por el globo va por ocho millones; cárcel, tortura y hostigamiento de opositores y disidentes depende del dueño de la granja. Cuando Dios preguntó a Caín por su hermano Abel, el fratricida respondió: “No sé ¿Soy acaso el guarda de mi hermano?” (Gn 4, 9).

    La denuncia del Episcopado ha sido permanente. Retomemos lo dicho hace una docena de años: “El mayor problema y la causa de esta crisis general (…) es la decisión del Gobierno Nacional y de los otros órganos del Poder Público de imponer un sistema político-económico de corte socialista ma4rxista o comunista. Este sistema es totalitario y centralista, establece el control del Estado sobre todos los aspectos de la vida de los ciudadanos y de las instituciones públicas y privadas. Además atenta contra la libertad y los derechos de las personas y asociaciones y ha conducido a la opresión y a la ruina a todos los países donde se ha aplicado” (Exhortación 12. 01.2015).

    Por algo el Episcopado ha planteado la urgencia de refundar la nación. Tarea pluridimensional, económica, política, ético-cultural. Refundar implica ante todo cortar el actual “nudo gordiano” de inconstitucionalidades, ilegalidades e ilegitimidades que caracterizan el país, restablecer el estado de derecho y la convivencia democrática. Urge prioritariamente otro timonel para Venezuela y posibilitar la decisión completamente libre del soberano (CRBV 5) para redefinir lo fundamental del rumbo republicano.

    La crisis - ¡cubre ya todo este siglo y este milenio! - planteó ya hace años la necesidad de un diálogo (dirigentes de gobierno, oposición, otros sectores). La Iglesia, comenzando por el Papa, lo estimuló, también con participación vaticana. Pero el diálogo no pasó de algunos encuentros y de mucha demagogia y comedia. Y el oficialismo lo ha venido manejando ulteriormente como un instrumento, juguete o payaso para entretener a la nación, silenciando ilusiones, cuando las cosas parecen ponerse serias, con desparpajos como el de “la revolución ha venido para quedarse”.

    El diálogo fue creado con el ser humano, no solamente para superar crisis y resolver problemas, sino, principalmente, para el bien-estar y progreso en convivencia. Tiene un sentido originariamente positivo y proactivo -la Biblia presenta la vida eterna como diálogo beatificante-. Democracia es polis dialogal. Por ello el diálogo exige una educación y un clima correspondientes marcados por valores como: verdad, libertad, respeto y aprecio mutuos, comprensión, bien común sobre intereses grupales o individuales. Fair play de autenticidad y transparencia.

    Se ha de dialogar no sólo para que el enfermo no muera sino para que su salud se fortalezca. Una “nueva sociedad” es un conjunto humano en apertura permanente de diálogo y comunión. Los Motivos de Pizzolante invitan a una generosa creatividad.

 

domingo, 6 de noviembre de 2022

DE PREPOTENCIA A CONVIVENCIA

    No raras veces las faltas contra la estética son peores que las transgresiones en materia ética. Sucede con exhibiciones del poder político, cuando de modo descarado se violan normas constitucionales y se ejerce con desfachatez la represión particularmente en tiempos electorales.

    Estos días el tema de elecciones se incrementa y con él la realización de primarias. Pues bien, justo en este momento se viene dando un cierre abundante de emisoras radiales no oficiales y un incremento de actos persecutorios del régimen contra defensores de derechos humanos y políticos disidentes. (Uno tiene conocimiento directo de casos dolorosos de ensañamiento contra personas y sus entornos familiares).

    Es manifiesto el acogotamiento de sectores sociales con medidas empobrecedoras que afectan de modo patente a educadores y pensionados, dignos de un delicado tratamiento por la trascendencia de su labor o lo vulnerable de su condición.  Junto a ello se perciben los privilegios de la “nueva clase” frente a las estrecheces de la gente común, denunciados por el yugoeslavo Milovan Djilas con respecto a la oligarquía comunista de la postguerra.

    Contra la estética es también el ufanarse gubernamental de un crecimiento económico argumentando en base a la multiplicación de casinos y bodegones así como de altamente publicitados espectáculos, mientras el un país se desangra con desesperada emigración en un marco internacional cada vez más estrecho y aun hostil.

    Junto a lo estético, la desfachatez en el ejercicio arbitrario del poder lastima algo más grave, el ámbito ético, al golpear la moral y espiritualidad de la población. Hay una serie de disposiciones, actitudes y comportamientos que resultan seriamente afectados. Pensemos en la autoestima y la libertad, la participación y la responsabilidad, la paz y la esperanza. La psicología es ciencia que puede aplicarse malévolamente para humillar, cerrar horizontes, masificar, instrumentalizar, entristecer, desesperar a las personas, para empequeñecerlas y dominarlas. Los daños al alma son peores que los materiales a los cuerpos.  

    Los obispos de Venezuela, en el marco de su servicio pastoral han venido haciendo un seguimiento de la situación y ofreciendo orientaciones a la comunidad eclesial y al país en general. Su palabra ha sido de anuncio, pero también de denuncia de aquellas cosas que obstruyen el buen relacionamiento con Dios y con el prójimo. Han sido directos y claros en la identificación de la gravísima crisis nacional, así como de la causa principal de la misma, que radica en el tipo de proyecto político ideológico socialista comunista que con sus mixturas y contradicciones se trata de imponer, sin importar los costos humanos y el sufrimiento que traiga al pueblo venezolano.

    Ante la situación de deterioro general el Episcopado planteó el año pasado (Exhortación del 12. 7.2021) la necesidad de una “refundación de la nación”, de reedificar el país. Para ello urgió la necesidad de la solidaridad y la unión: “Estamos conscientes de que sólo si unimos esfuerzos y voluntades podremos sacar el país adelante (…) Sólo tomando conciencia del protagonismo de todos los miembros del pueblo venezolano, único y verdadero sujeto social de su ser y su quehacer, podemos alcanzar la meta tan deseada por la inmensa mayoría del pueblo: reconstruir nuestra nación”.

    Estamos prontos a iniciar otro año del nuevo del siglo y milenio. Como seres libres no podemos aceptar un fatalismo histórico. Como creyentes y seres racionales tenemos el reto de construir una convivencia nacional fraterna, corrigiendo rumbos y abriendo horizontes deseables. Es un desafío a los venezolanos a doscientos años de la llamada Independencia. Sector oficial y sociedad civil, gente de diversas confesiones e ideologías estamos llamados y obligados como un solo soberano a reconstruir el país para ésta y las futuras generaciones. No estamos condenados a ser una nación despedazada interiormente, fracasada materialmente e indigente espiritualmente. Tenemos derecho y obligación a una Venezuela digna, libre, productiva, solidaria. Es mandato divino y ha de ser compromiso nuestro.

 

 


viernes, 21 de octubre de 2022

¿DÓNDE ESTÁ TU HERMANO?

     Los números no tienen color, calor, ni sustancia. Pero como se dice que son fríos, dentro de esta frialdad podemos recordar que los 7.1 millones y más de venezolanos emigrados forzados, doblan la población criolla a la caída de Gómez en 1936, e igualan la nacional a la caída de Pérez Jiménez en 1958. Una cifra superior a la de habitantes de varios países latinoamericanos y la de muchos del concierto internacional ¿1 venezolano fuera por cada 4 dentro?

    Los números cobran vida cuando se “encarnan” en seres humanos concretos. Entonces son 7.1 millones de compatriotas de carne y hueso, dispersos y rondando por los varios puntos cardinales del globo. Insertos en árboles genealógicos concretos, con relaciones familiares precisas y situaciones frecuentemente dramáticas y no pocas veces trágicas. Allí hay nombres y apellidos de niños abandonados, ancianos en soledad, muchachas expuestas, hogares descuartizados, jóvenes narcoatrapados; ilusiones truncadas, estudios interrumpidos, enfermedades agravadas, muertes aceleradas; parejas rotas y uniones fugaces.

    Inventariar daños materiales, perjuicios económicos, es relativamente fácil; no sucede lo mismo con pérdidas y destrozos antropológicos en profundidad. Es aquí donde se toca la autoestima, el sentido de la vida, la conciencia de auto realización. Es alegría o tristeza respecto de una habitación o empleo, de un emprendimiento o documento. Justificar una existencia e identificar una razón de vivir.  

    Junto a los aspectos negativos individuales y familiares de esta emigración forzada es menester anotar en el inventario del éxodo los daños sociales, económicos, políticos y ético-culturales de Venezuela como conjunto, el lamentable impacto habido en la educación y la asistencia social y, en general, en los servicios públicos a todos los niveles; el debilitamiento institucional de la sociedad civil y el acrecentamiento del simple poder de facto en el sector oficial. 

    Recordar el lado oscuro de la expatriación no significa ignorar logros parciales y elementos positivos dentro del maremágnum de la dispersión. Estos, con todo, no impiden calificar el conjunto como tragedia nacional y escándalo internacional, los cuales desafían gravemente a la conciencia y el compromiso humanos contemporáneos.  

    Un factor muy dañino en situaciones como la que estamos considerando es el síndrome de Estocolmo, que lleva a aclimatarse en situaciones y procedimientos inaceptables; las víctimas se van progresivamente familiarizando con violaciones de derechos humanos, tenidas inicialmente por in soportables.

    A propósito de este desangramiento de Venezuela viene muy a propósito hacer a los principales personeros militares y civiles del presente régimen Socialismo del Siglo XXI, la pregunta que Dios hizo al fratricida Caín, en lo que el Génesis narra como inicios de la historia humana: “¿Dónde está tu hermano Abel?” (Gn 4, 9).  Porque los millones de venezolanos que han salido a buscar otras tierras no lo han hecho por una catástrofe natural, un conflicto bélico o una calamidad semejante. El Episcopado venezolano ha sido claro y preciso al denunciar la causa: “En los últimos tiempos Venezuela se ha convertido en una especie de tierra extraña para todos. Con inmensas riquezas y potencialidades, la nación se ha venido a menos, debido a la pretensión de implantar un sistema totalitario, injusto, ineficiente, manipulador, donde el juego de mantenerse en el poder a costa del sufrimiento del pueblo, es la consigna. Junto a esto, además de ir eliminando las capacidades de la producción de bienes y servicios, ha aumentado la pobreza, la indefensión y la desesperanza de los ciudadanos (…) Esto ha conducido a que un considerable número de personas decidan irse del país en búsqueda de nuevos horizontes” (Presidencia de la Conferencia Episcopal Venezolana, Mensaje del 19 de marzo 2018).

    Porque la destrucción es global y el mal profundo el Episcopado ha urgido repetidas veces la urgencia de una refundación nacional. Ésta exige como condición fundamental nuestro reconocimiento mutuo como personas portadoras todas de una común dignidad y derechos humanos irrenunciables, participantes de una soberanía de carácter originario; sujetos éticos, libres y responsables. Y en perspectiva creyente: hijos de un mismo Padre celestial.

    ¡Sí!  ¡Dios nos ha puesto como guardas de nuestros hermanos compatriotas!

 

 

lunes, 10 de octubre de 2022

MEMORIA APARA AVANZAR

     Hay una tentación siempre amenazante y frecuente en Venezuela, la de proyectar futuros sobre vacíos de memoria histórica. 

    Condición fundamental del ser humano creado por Dios es su historicidad, la cual, siendo tiempo humano de libertad y no simple secuencia de hechos, comporta duración riesgosa, desafío permanente hacia compromisos éticos. La historia genera memoria -tanto individual como colectiva- que, si bien, está sujeta al olvido, es en sí imborrable. Estamos llamados a mejorar nuestro pasado y proyectar un futuro mejor mediante un presente más sensato y positivo. Pero “lo escrito, escrito está”. De sabios y prudentes es saber manejar y aprovechar el camino recorrido. El “eliminarlo” en casos es onerosa enfermedad y el ignorarlo priva de experiencias necesarias hacia un futuro realista y consistente. Eso sí, la limitación y pecaminosidad humanas no hacen fácil la tarea de recordar y recordar bien.

    Falla notable venezolana ha sido el no haber utilizado bien nuestra memoria, en especial por parte de quienes ha tenido manos mayores responsabilidades en los distintos ámbitos de la vida social. Un ejemplo bastante ilustrativo es la escasa o predominantemente negativa valoración del pasado colonial, casi como si la genealogía patria hubiese comenzado el 19 de abril hace sólo dos siglos; en esto Simón Bolívar pudo haber sentado mejores precedentes; gente como Mario Briceño Iragorri ha dejado, sin embargo, páginas de gran profundidad y mesura sobre la génesis e identidad nacionales. Otro ejemplo es el de los “eternos comienzos” con ocasión de la nutrida sucesión de guerras y enfrentamientos fratricidas y las correspondientes consignas y pretensiones de “crear” novedades a partir de la nada. Intentos de re-renacimientos fantasiosos de un país en continua agonía, con la vana pretensión de existir y progresar sin ascendientes ni herencias. Historia sin pretérito. Muestra de ello, un “Siglo XXI” sin precedentes.

    Esta ilusión creacionista explica la debilidad de estructuras y tradiciones en los varios campos de la vida nacional y la poca estima, cuando no olvido y desprecio respecto de organizaciones, personas y acontecimientos que han brindado aportes significativos al desarrollo del país, pero que no han sido ubicables en los estrechos cercos de la ideología o intereses dominantes.  Es bien expresivo al respecto lo que sucede hoy con universidades y academias de mayor edad, con medios de comunicación de largo recorrido y alcance, con instituciones como las judiciales, merecedoras éstas de privilegiado respeto y cuido. Las realidades buenas merecen el tratamiento de los vinos, en que el añejamiento cuenta, también cuando los nuevos tiempos son de cambio epocal.

    El tema de la identidad corre íntimamente unido al de la memoria pues aquella se teje en historia; por ello también no constituye un simple dato (factum), sino que implica también un deber ser, tarea y cultivo permanentes. La identidad es dinámica, en actualización permanente, de modo especial en procesos de globalización y salto cultural como los presentes, en que acechan los extremos del cierre sobre sí mismo o el diluirse en la universalidad.    

    Bajando a lo concreto, un campo en que lo de identidad y memoria nacionales merece particular atención es el religioso popular, al cual se dedican algunas líneas en la perspectiva ecuménica y de libertad religiosa del Concilio Vaticano II y del Concilio Plenario de Venezuela. La religiosidad popular católica ha sido un rasgo característico de la identidad del pueblo venezolano, conjunto de mestizaje étnico y cultural que comenzó a integrarse hace ya cinco siglos y cuyo peregrinaje registra un sucederse de transformaciones notables en muy diversos ámbitos y enmarcados ahora en un marco de cambio epocal y globalización. Ese rasgo primordial no recibe del Estado, sin embargo, la atención y el reconocimiento debidos en las políticas educativas. El Estado no se comporta actualmente como laico sino ideológicamente como laicista, hasta el punto que ha cerrado el Programa Educación Religiosa Escolar convenido con la Iglesia.

    Venezuela no es sólo un país. Es una nación, con memoria e identidad. Un conjunto ético-cultural  llamado a crecer como gran familia en el concierto de la polis global.

 

 

 

 

 

viernes, 23 de septiembre de 2022

RECONSTITUCIONALIZAR

     República nada pacífica. Es la que hemos tenido en dos siglos de independencia. Y la seguimos teniendo, dado el carácter dictatorial militarista del régimen actual y la inexistencia de un estado de derecho. Paz no es simple ausencia de guerra; es convivencia en serenidad social con libertad, justicia y solidaridad.

    En su Historia fundamental de Venezuela J. L. Salcedo Bastardo tiene un capítulo titulado Conmociones y violencia, que sintetiza la tragedia venezolana. No menos de 354 sucesos sangrientos y violentos mayores y numerosos otros de menor importancia -dice- “hacen de la inestabilidad y la zozobra el clima del proceso nacional”. Subraya que desde 1830 a 1935 no se registró ni siquiera un lustro continuo de paz estable. En el papel no faltaron buenas intenciones en declaraciones como las del Decreto de Garantías del presidente Juan C. Falcón (18 de agosto de 1863) y la cantidad de constituciones aprobadas desde la Independencia.

    A partir de la caída del general Gómez el balance no muestra una secuencia tranquila. Luego de dos lustros de noviciado libertario con López Contreras y Medina Angarita, interrumpido por el relámpago octubrista, se volvió las andadas dictatoriales por una década.  El promisor período democrático inaugurado el 23 de enero del ´58 y clausurado en diciembre del ´98 no logró espantar definitivamente los fantasmas del pasado (se olvidó que la democracia, como planta viva, requiere cuido, poda, abono). Sectarismo, intolerancia, populismo, dictadura, están al asecho. El permanente recomenzar es la razón por qué las instituciones republicanas no se han consolidado en nuestra patria, con las consecuencias inevitables en el conjunto económico-político-ético cultural de la nación. Y se ha registrado un continuado vacío en educación para la polis, la ciudadanía.

    Hoy el país -en despoblación y destrozo global- es un nudo gordiano de inconstitucionalidades, ilegalidades e ilegitimidades, con esquizofrenia operativa; de allí la urgencia de una refundación, que implica reconstitucionalización. A dos décadas de un nuevo siglo-milenio Venezuela sigue sin brújula segura y confiable. No bastan calmantes; es preciso apelar a procedimientos que vayan al fondo de la crisis y permitan una salida sólida con perspectiva de permanencia.

    Sobre el tapete de la actualidad está el tema de nuevas elecciones, al cual se agrega el de retomar el “diálogo” para lograr entendimientos. Al pueblo soberano (CRBV 5) le toca decidir el presente-hacia-el-futuro nacional. No pocos nos inclinamos por un proceso constituyente, pero podría también buscarse una solución electoral. Todo ello plantea, sin embargo, como conditio sine qua non que el proceso sea auténticamente libre. No es lo mismo elegir (acto libre de la voluntad) que votar (acto físico de adhesión). Mas, ¿puede haber elección con estos Consejo Nacional Electoral y Tribunal Supremo de Justicia subordinados, con una Asamblea Nacional nada representativa y la voluntad manifiesta del oficialismo de “vinimos para quedarnos”, apoyándose todo ello en una Fuerza Armada alineada? El régimen quiere que se le mendigue algo que es competencia del soberano. En estas circunstancias se hace necesario un consistente apoyo de organismos internacionales (supervisión, asesoría…) a lo que desde dentro se haga para posibilitar una decisión libre del soberano.

    Una Venezuela para todos -me gusta calificarla de multicolor y polifónica- ha de estar en la mira de todos estos ajetreos. Dicho en otros términos: el objetivo nacional debe ser una restructuración y funcionamiento del país, de acuerdo con lo mandado constitucionalmente. Porque la vida de Venezuela transcurre hoy al margen de la ley. No hay estado de derecho, sino una dictadura militar, instrumento de un proyecto socialista comunista. Y no podemos seguir malbaratando el siglo XXI-tercer milenio.

 

  

 

 

 

 

 

sábado, 10 de septiembre de 2022

A IMAGEN Y SEMEJANZA

    Los primeros cuatro capítulos del Génesis ofrecen los elementos fundamentales de una sólida antropología. La narración bíblica, en efecto, bajo un ropaje mítico, con antropomorfismos y datos espacio temporales no sujetos a exigencias científicas, ofrece lineamentos básicos de una concepción racional del ser humano. La Sagradas Escrituras tanto del Antiguo Testamento como, particularmente, del Nuevo, habrán de enriquecer ese panorama en una perspectiva de fe, utilizando categorías tales como redención, gracia y santificación.

    Entre los rasgos primordiales del ser humano -creado a imagen y semejanza de Dios- tradicionalmente destacados en el referido texto bíblico, aparecen los atributos de inteligencia, voluntad, subjetividad y libertad, expuestos en contraste con los de los animales y otros seres de la naturaleza, confiados al hombre para su cuido y servicio. La socialidad (apertura a la comunicación y la comunión) aparece también como un dato capital; en función de ella surge la pluralidad y la distinción sexual de las personas; Adán dialoga con Dios y se relaciona con su pareja. El marco del relato es de intercomunicación humano-divina e interhumana, así como de responsabilidad y corresponsabilidad de la naciente humanidad. El lado oscuro autodestructivo de ésta (egoísmo, insolidaridad, auto absolutización) se muestra también en sus orígenes (ver Gn 3).

    La expresión “a imagen y semejanza” de Dios, que usa el Génesis para identificar esa trascendente similitud de la creatura humana, no ha recibido tradicionalmente, sin embargo, un adecuado desarrollo en cuanto a su causa en la socialidad de Dios mismo. Sobre este punto conviene hacer aquí algunos comentarios.

    Lo substancial y central de la fe cristiana está contenida en el Credo. Ahora bien, éste es, centralmente, la confesión de Dios como Uno y Trino (Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo) y de Jesucristo Salvador (el Hijo de Dios encarnado). La Iglesia, por cierto, entiende esta verdad como misterio en sentido estricto, es decir, como verdad no adquirida por procedimiento puramente racional sino mediante la revelación divina, y la cual verdad, aun ya conocida, permanece indemostrable para la sola razón humana.

    Esta naturaleza trinitaria de Dios no ha repercutido adecuadamente, con todo, en la reflexión y la praxis cristianas, a tal punto que un pensador católico como Karl Rahner llegó a decir que si se eliminase la Trinidad de los libros de teología, no cambiaría mayor cosa en el pensamiento y la vida de los cristianos. De Dios se suele subrayar es en su unicidad, infinitud, omnisciencia, eternidad y omnipotencia. Resulta conveniente, por tanto, destacar algunos consecuencias o reflejos en las creaturas humanas de la naturaleza relacional, comunional, de Dios, que “es amor” (1 Jn 4, 8). Valgan algunos ejemplos: a) la socialidad del ser humano (ser-para-el-otro, para la comunicación y la comunión, dialogal); b) el sentido unificante del plan salvador de Dios en Jesucristo, que no finaliza simplemente en individuos singulares, aislados, sino en una comunidad universal, de la cual la Iglesia es-ha de ser signo e instrumento; c) el mandamiento máximo y central divino, el amor, fundamento de  una ética y espiritualidad de comunión, de dimensión también ecológica (ver esta ampliación analógica en Francisco, Laudato Si´220). Vale la pena añadir que la socialidad (relacionalidad, comunionalidad) divina manifiesta la flecha o dirección vital, personalizante y comunional de la perfección del ser. Interpretación ésta que se sitúa en las antípodas de una concepción individualista, intimista, de la persona.

    No creo que resulte extemporáneo al término de las anteriores reflexiones poner de relieve dos cosas. Una primera, el ineludible compromiso temporal sociopolítico y cultural de los cristianos y su proyección supratemporal (ver Mt 25, 31-46). La otra es la necesidad por parte de los mismos, de proyectar debidamente en reflexión y praxis la fe en la naturaleza trinitaria (relacional, comunional) de Dios, para lo cual será de suma utilidad en la actual “civilización de la imagen” la revalorización y difusión del triángulo equilátero como símbolo del Unitrino.


viernes, 12 de agosto de 2022

DESAFÍO CULTURAL ANTROPOCIDA

     El término antropocéntrico caracterizaría al tiempo inaugurado por el Renacimiento, en contraposición al medieval conceptuado como teocéntrico. Es decir, un desplazamiento de la centralidad de Dios a la del ser humano. Nueva época de exaltación del humanismo, del monopolio de la razón y del progreso científico-técnico.

    Coexistente en los inicios aunque renuente después, con el reconocimiento de Dios, el antropocentrismo tendió de modo progresivo a la exclusión de lo genuino trascendente en la interpretación y el manejo de lo histórico, evolucionando hacia una antropolatría (culto divinizante del hombre). Tal fue la dinámica de la Ilustración y sus derivados en una época de absolutización también de la libertad. Marx, Nietzsche y Freud, a los cuales se integra Comte, son bandera en esta corriente.

    Las conflagraciones internacionales del S. XX y experiencias como el Holocausto, los gulags e Hiroshima-Nagasaki, vinieron a desinflar muchas ilusiones sobre el poder humano, hasta recalar en existencialismos pesimistas y desesperos nihilistas. Se llegó a conceptuar al hombre como “pasión inútil”. La llamada modernidad y su entusiasta autopercepción dio paso a un posmodernismo fragmentador, inestable y relativista, que, por su misma naturaleza, ha favorecido un subjetivismo radical y extravagante, a manera de torneo de absurdos y autodestrucciones. Puede decirse que el antropocentrismo radical está generando un antropocidio (cidio viene del latín caedo, cortar, matar). Reconocerlo y lamentarlo no significa, en modo alguno, olvidar el origen y el destino trascendentes del ser humano, subrayados, respectivamente, por la pareja de capítulos que abre el Génesis y cierra el Apocalipsis.

    ¿Antropocidio? No otra cosa es la deconstrucción y volatilización en marcha del ser humano.  La dinámica de la ideología de género y las múltiples corrientes consanguíneas tipo woke, queer -desarrolladas en el marco de una cultura globalista de “corrección política” y de cancelación histórica- han convertido la antropología y, en general, la reflexión filosófica, en una Torre de Babel; en ésta la comunicación se pulveriza en un sinfín de vocablos al gusto personal, que resucitan y acentúan el nominalismo de épocas pasadas. En lo sexual se compele a la biología a ceder el paso a la psicología y ésta a la fantasía. Al ser humano se lo descuartiza y recompone para terminar evaporándolo. Se hace realidad el “mundo feliz” de Aldous Huxley (1894-1963) y su distopia biocientificista. Y gente como Judith Butler no encuentra ya que desestructurar y desidentificar. Claro, de por medio queda aniquilada la familia, diluido el matrimonio e instrumentalizada la educación, particularmente la infantil, con sus conejillos de indias manejados por el papá Estado y poderosos magnates crematísticos y comunicacionales. A la disidencia frente a estos desvaríos se la condena como odio y a lo heredado molesto se le aplica la metodología de cancelación. Parece volverse al caos inicial, de antes que Dios formase el cosmos.

    En tiempos de antropocidio urge afirmar una recta e integral filosofía de lo humano. Bastante iluminadora al respecto es la que, con peculiar lenguaje, ofrecen los capítulos iniciales del Génesis. Allí aparecen claros ciertos rasgos fundamentales del hombre: condición creatural y corpóreo-espiritual, socialidad y responsabilidad ética, binariedad sexual y naturaleza familiar, relación amistosa ecológica y vocación al propio desarrollo integral. Pero también, que somos no sólo limitados y frágiles, sino también sujetos de tentación y pecado; éste se muestra desde el comienzo de la historia como ruptura de la comunión (armonía, unión) humano-divina, interhumana y ecológica querida por Dios; y esa ruptura es fuente de daño y destrucción para el ser humano. El cristiano confiesa a Cristo precisamente como liberador del pecado y de la muerte.

     Al actual desafío cultural antropocida es preciso responder desde la razón y la fe con una   antropología integral.  

 

 

  

 

 

 

domingo, 3 de julio de 2022

REVOLUCIÓN ENTERRADA

    Como los términos son convenciones, por el sustantivo revolución entendamos aquí un cambio positivo de notable profundidad y alcance históricos. Como ejemplos valgan las revoluciones democrática, tecnotrónica y espacial; en la misma línea se ubican la Tercera Ola de Alvin Toffler y la Aldea Global  de Marshal McLuhan. En cuanto al adjetivo, decir enterrada es menos grave que hablar de sepultada. En efecto, no está muerta, sino engavetada.

    El lamento nacional ha sido general ante el desastre de PDVSA, por su repercusión profunda y global en esta petroadicta Venezuela. El oro negro hegemonizaba el ingreso y también la imprevisión y superficialidad del país. En cambio, escasas lágrimas se vertieron ante otro -y no ya tan consciente- desastre como fue la discontinuidad del Ministerio de Estado para el Desarrollo de la Inteligencia, con todo lo que ello significaba de frustración para un real salto adelante del país; dicho organismo fue eliminado de modo ligero e irresponsable, no sólo por la siguiente administración, sino por las subsiguientes, ya democráticas o no. Se entró así al siglo XXI sin una herramienta y un objetivo de trascendental poder transformador para dentro y fuera de nuestras fronteras.  

    En tres años más cumplirá medio siglo la publicación de la Revolución de la inteligencia, obra del profeta Luis Alberto Machado. Este libro claro y conciso, luego de recordar al inicio el antiguo conócete a ti mismo, afirma: “Es importante que conozcamos cuáles son nuestros pensamientos, pero creo que es más importante todavía el que conozcamos la manera de poder llegar a ellos”. Y a continuación recoge algo muy repetido: “Si a la orilla del mar encuentras alguien con hambre, no le regales un pez, enséñale a pescar”. Mediante frases simples, pero de suma hondura y grandemente generadoras, se comparte sabiduría como: “nadie nace genio”, “el verdadero creador es el creador de problemas”, “se puede aprender a ser inteligente”.

    Aprender y enseñar a pensar; cultivar la inteligencia; ejercitarse en el método; la verdadera creación es la de problemas. El genio no es más que el fruto acabado de la constancia. Éstas y otras son las puntadas que van tejiendo un conjunto orgánico de reflexiones en torno a la inteligencia como objetivo, tarea, horizonte abierto a todos. La democratización de la inteligencia es una propuesta que tiende a barrer elitismos y marginalizaciones injustificables. Frente a ellos se propugna la inteligencia como oferta permanente, abierta. Como derecho humano fundamental.  De allí que con toda legitimidad se hable de la necesaria revolución de la inteligencia. Dios nos dio la inteligencia como un potencial a desarrollar sin límites, no por algunos, sino por todos. Como regalo, misión, derecho, deber.

    La utopía de Luis Alberto Machado no se quedó en ensueño. Logró traducirse en operatividad concreta, también estatal. El presidente Luis Herrera Campins -de notable altura cultural, ejemplaridad personal y familiar y pulcro servicio ciudadano- la desencadenó entre nosotros creando el Ministerio de Estado ad hoc. Decisión que lo enaltece y lo coloca en lugar preeminente de la historia nacional.

    Gente de fuera, libre de miopes intereses de política casera, captaron con espíritu certero los alcances de lo que en Venezuela se había comenzado a trabajar con seriedad y sistematicidad a nivel oficial.  El académico psicólogo de Harvard BF. Skinner no dudó en afirmar que el proyecto en cuestión “será considerado como uno de los grandes experimentos sociales de este siglo”. La trascendencia de tal empresa venezolana llevó al ministro de educación de la República Popular China a un decidido apoyo del ministro Machado como candidato al Premio Nobel de la Paz. Y el Congreso Iberoamericano de Educación (Madrid 1980) proclamó por primera vez en la historia el derecho a la inteligencia como uno de los derechos del hombre.

    El “Desarrollo de la Inteligencia”, proyecto de primera plana en la historia de Venezuela urge ser desenterrado y llevado adelante para la recuperación de este país y su pujante desarrollo futuro. Recordando siempre que Luis Alberto concebía la inteligencia en el marco de la persona integral, creada para la verdad y el bien en libertad.

 

 

 

   

 

 

 

martes, 21 de junio de 2022

¡SOBERANO, PRESENTE!

 

    La Constitución, marco jurídico fundamental del Estado venezolano, define en su artículo quinto el sujeto de la soberanía nacional: el pueblo, depositario también del poder constituyente originario (artículo 347).

    El soberano del que hablamos ahora es el sujeto humano protagonista de la organización y manejo de la comunidad política; su soberanía es institucional, histórica. No se trata, por tanto, de soberano en términos absolutos, trascendentes, del cual se ocupa la filosofía y que se identifica con el creador y providente divino, adorable según el primer mandamiento del Decálogo. El absoluto supremo, por cierto, viene a ser para el creyente el fundamento último de la legitimidad del soberano histórico, así como de la dignidad y los derechos humanos básicos del ser humano; se convierte así en defensa indestructible frente a toda pretensión totalitaria, tanto por parte de regímenes despóticos (tipo nazi, fascista o comunista), como también de mayorías circunstanciales en los sistemas democráticos.

    La crisis venezolana que nos envuelve, es profunda y global. Y el plan oficial que la maneja es -los Obispos lo han explicitado repetidas veces- de tipo totalitario (no sólo autocrático o dictatorial). Nuestro panorama político actual semeja un “nudo gordiano” (“quilo de estopa”, en buen criollo), en cuanto enredo de ilegitimidades e inconstitucionalidades, de esquizofrenias y bicefalias con sus inevitables consecuencias internacionales. Todo ello mientras el desastre nacional se acentúa y los primeros pagadores de los platos rotos son, como siempre, los más vulnerables socio-económicamente. En la mayoría disidente se exhibe una notable fragmentación político-partidista; ésta, al igual que el síndrome de Estocolmo, es eficientemente promovida por el Régimen militar socialista, bien capacitado en la pedagogía del amedrentamiento y la sumisión-. El “vinimos para quedarnos” no es ya la simple consigna de los tradicionales gobiernos despóticos, sino que responde también y lógicamente al dogmatismo marxista de la irreversibilidad hacia el comunismo.

    Siendo así las cosas no resulta extraño el urgente llamado a la “refundación nacional” hecho el año pasado por el Episcopado y que, lamentablemente, no ha encontrado en el amplio campo de la oposición el respaldo y la implementación deseables. Desconcertante resulta también la ilusión de no pocos grupos ante las votaciones (no elecciones) de 2024, mientras se juega con un “diálogo” que no acaba de fraguar, porque carece de apoyo efectivo por parte del principal interlocutor, ideológica y pragmáticamente desinteresado en participar. Con los instrumentos (CNE, SGCIM, TSJ, AN, Alto Mando FA, etc.) y la “jurisprudencia” de que dispone el Régimen, unas elecciones no pueden ser otra cosa que una comedia. El tablero internacional, a raíz de la invasión de Ucrania, tampoco ofrece un marco favorable para una salida pronta y democrática a la crisis de la petrodependiente Venezuela.  

    Quien esto escribe ha insistido, buscando una salida positiva para el país, en la identificación un clavo-solución y la unión de fuerzas para clavarlo, sin perderse en multiplicidad de propuestas y candidaturas. Por eso recuerdo y subrayo algo ya planteado como vía de solución legítima y efectiva: la intervención del soberano con un acto constituyente, que corresponde a su potestad completa y originaria (Constitución, artículos 5, 347-349). ¡Que todos los compatriotas (de cualquier ideología, opinión, alineación político-partidista, profesión u ocupación) residentes aquí o emigrados, elijan qué país quieren!

    El Episcopado nacional exhortó, con ocasión de los 200 años de Carabobo: “Nuestra mirada ha de dirigirse al futuro, no como si se esperaran nuevos mesianismos o se le viera con resignación fatalista (…) Esto conlleva promover la conciencia del protagonismo de todos los miembros del pueblo venezolano, único y verdadero sujeto social de su ser y quehacer”.  Que el pueblo actúe como soberano. Y punto.

martes, 7 de junio de 2022

ANTROPOLOGIA TRINITARIA


    Antropología etimológicamente significa estudio o tratado acerca del hombre. Éste, por su pluridimensionalidad -se lo ha calificado de microcosmos- puede considerarse desde una amplia variedad de ángulos, desde el físico y biológico hasta el más espiritual y trascendente, como lo testimonia la historia del pensamiento.  El término trinitario se emplea aquí en referencia directa a la afirmación (misterio) central de la fe cristiana: la tripersonalidad del Dios uno y único. Hablar de una antropología trinitaria equivale a reflexionar, por tanto, sobre el ser humano a la luz de la noción de Dios comunión, amor.

    Como eje estructural de una antropología cristiana se pueden tomar los tres primeros capítulos del Génesis, cuya afirmación central es la de que Dios creó al ser humano “a su imagen y semejanza” (ver Gn 1, 26). El cristiano interpreta el Génesis, como el Antiguo Testamento en general, a la luz del Nuevo, es decir de la plena revelación de Cristo.  Así el misterio de Dios, que para la religión de Israel significaba un firme monoteísmo unipersonal, para la fe cristiana, en cambio, Dios es el Unitrino, en base a la revelación del Hijo de Dios encarnado, Jesucristo. Monoteísmo también, pero como comunión divina, tejido relacional interpersonal. Lo trinitario en cuanto tal se percibe en el Antiguo Testamento sólo como insinuado o prefigurado.

    Como líneas maestras de una antropología cristiana, trinitaria, se pueden formular las siguientes. El ser humano es a) creado libremente por Dios Amor; b) corpóreo-racional, consciente y libre, sujeto de tareas, normas y responsabilidades; c) “ser para la comunicación y la comunión”, social, de  lo cual la diferenciación sexual es dinámica expresión); d) habitante en un variado cosmos puesto a  su cuidado, desarrollo y servicio; e) ético-espiritual, responsable moralmente y en apertura trascendente a  Dios; f) histórico, como peregrino laborioso en el tiempo,  hacia su plenitud más allá de éste; g) con un deber ser de su libertad, que es vivir en comunión (amar) con Dios y prójimo. A estas notas estructurales se unen otras, históricas: g) es, no sólo limitado y frágil, sino también pecador, por abuso de su libertad (ruptura de comunión), pero h) también beneficiario de una liberación por Cristo (insinuada ya en Gn 3, 15).

    Como elementos trinitarios particularmente iluminadores para la comprensión del ser, y del humano en concreto, pueden destacarse:  el perfeccionamiento del ser va en el sentido de lo vital y lo personal, y el de éste en la línea de lo comunional; una comunión genuina implica una firme consistencia de la identidad personal, no diluye ni homogeneiza las personas pero tampoco las encierra en celdas de incomunicabilidad. El ser de las personas divinas es relación desde lo propio de cada una. Así la unidad de Dios no es superficial, ni su pluralidad personal sólo aparente. Lo “misterioso” de la comunión divina es que la pluralidad se da en la unidad de una misma naturaleza o esencia divina (exclusión de toda forma de politeísmo). La ortodoxia cristiana se afinó progresivamente, por cierto, no en un ambiente tranquilo, sino en medio de controversias y herejías, que radicalizaban hacia uno u otro lado -singular o común- del péndulo.

    En ámbito contemporáneo se ha tendido a radicalizar lo individual y lo común como excluyentes y contrastantes (ideologías liberales y socialistas). Desafío ineludible es conjugar y sintetizar elementos llamados a integrarse en conjuntos, que habrán de ser siempre revisables y perfeccionables. Logrando solidaridad en un mundo aguijoneado por los egoísmos individuales y grupales; y “centralidad de la persona” en globalizaciones tendientes a colectivizar y masificar.

    La fe en Dios como Trinidad es necesariamente interpelante. Plantea la comunión como horizonte siempre activo y obligante, sociedad de rostros y convivencia fraterna siempre en construcción. Tiene sentido entonces plantearse, como retos, una economía, una política, una cultura de comunión. No como simple fantasía el Papa Pablo VI habló, a propósito de una nueva sociedad, de la “civilización del amor”.


lunes, 30 de mayo de 2022

¿PARA QUÉ EL SACERDOCIO MINISTERIAL?

 

Giro copernicano es una expresión que se utiliza para señalar un cambio radical o de suma importancia en el planteamiento de una determinada cuestión, al invertir los factores que entran en juego. Fue lo que planteó el astrónomo polaco sobre el protagonismo solar en relación con la rotación de la tierra, la cual, en vez de centro de referencia, pasó a ser satélite.

Las presentes líneas tienen por objeto considerar el cambio eclesiológico y pastoral en la relación sacerdocio ministerial-sacerdocio común, fruto de la renovación que tuvo en el Concilio Vaticano II expresión, maduración y ulterior impulso. Dicho cambio fue asumido por el Concilio Plenario de Venezuela (2000-2006)[1] y formulado en los siguientes términos, que justifican la calificación de giro copernicano en la materia:

La Iglesia es el nuevo Pueblo de Dios, cuya novedad se define por su íntima relación con Cristo y su proyecto: el Reino; Él “la estableció y mantiene continuamente” como “Iglesia santa, comunidad de fe, de esperanza y de caridad” (LG 8), sacramento de comunión salvífica universal (Cf. Ibid. 9). Cristo la ha hecho partícipe de su dignidad y misión profética, sacerdotal y regia; y para que (cursiva nuestra) el Pueblo de Dios realice su ser sacramental y su misión evangelizadora, le ha dado un ministerio pastoral dotado de una profecía, un sacerdocio y una realeza calificados (cursiva nuestra), que son presencia y actuación de Cristo-Cabeza de la Iglesia (OPD 1).

Este texto, luego de exponer varios elementos fundamentales eclesiológicos (íntima relación constituyente de Cristo con el nuevo Pueblo de Dios y la naturaleza sacramental comunional de éste), expone la gradación de lo profético, sacerdotal y regio en el siguiente orden: 1. Cristo, 2. Pueblo de Dios, 3. Ministerio pastoral. Gradación que invierte la tradicional, “clásica” (1, 3, 2) Cristo-Ministerio pastoral-Pueblo de Dios. La preposición para que expresa bien la finalidad, “funcionalidad”, del ministerio con respecto a la realización efectiva del sacerdocio común en el tiempo del peregrinar.  La inversión, nada secundaria o accidental, responde a razones teológicas de fondo y tiene múltiples y hondas consecuencias. Manifiesta un verdadero giro copernicano.  En la eclesiología pre-Vaticano II no era extraño aún ignorar el sacerdocio común para simplificar lo sacerdotal en el binomio Cristo-jerarquía. Lo de jerarcocentrismo y clericalismo era efecto inevitable de una tal interpretación, así como el encierro de lo sacerdotal en lo cultual.



[1] El Concilio Plenario de Venezuela, realizado con ocasión de los quinientos años de evangelización del país (1498-1998), aprobó, entre sus diez y seis documentos, el número 9 sobre el ministerio pastoral titulado Obispos, presbíteros y diáconos al servicio de una Iglesia en comunión, el cual, justo en su número inicial, expone sintéticamente una interpretación del papel que juega el sacerdocio ministerial respecto del común.

 

Para leer más, debe hacer clic aquí   Sacerdocio Ministerial

viernes, 20 de mayo de 2022

¿CÓMO VAMOS, VENEZUELA?


    Preguntarse por el futuro de un conjunto societario es un interrogante bien complejo. En efecto, así como para explicar el ser humano individual es preciso tener presente varios componentes, lo mismo y más sucede cuando se considera el conglomerado social.  Es la razón de las múltiples explicaciones propuestas tanto desde el punto de vista científico, como filosófico e ideológico.

    A la caída del Muro de Berlín se patentizó la crisis del materialismo histórico, de un lado, y del otro, se abrió la ilusión de un fin de la historia con la síntesis de libre mercado y sistema democrático. La historia posterior ha demostrado que la realidad no es tan simple y que en el decurso de la humanidad intervienen más factores de los que se piensa ordinariamente. El desarrollo de un marxismo cultural, que diversifica sus prioridades saliendo del encajonamiento clasista tradicional, así como los cuestionamientos que generan un liberalismo tocado de libertinismo y un economicismo deshumanizado, son factores que impulsan a interpretaciones más integradoras y flexibles del quehacer humano.

    El ”microcosmos” humano se resiste a reduccionismos antropológicos. Un humanismo genuino plantea una concepción pluridimensional de la persona humana y de la convivencia que ésta construye. Y la reconoce abierta a factores que le vienen de otros ámbitos más trascendentes. Un ejemplo de esto lo constituye algo que la tradición judeocristiana reconoce como un ingrediente lamentablemente clave y omnipresente en el hombre histórico: su condición de pecador. Hiroshima-Nagasaki, Holocausto y Gulags, son ejemplos salientes de que el devenir humano no sólo registra vaivenes de racionalidad o tecnociencia, sino también de perversidad.

    Cuando se plantean preguntas como la que titula estas líneas, la invitación es clara para un análisis y una valoración multifactoriales. En este sentido ayuda la consideración de los varios ámbitos antropológicos y societarios de desarrollo humano, como los que explicita la conocida tríada de lo económico, lo político y lo ético-cultural. Un desarrollo o liberación auténticamente humanistas no podrá menos de atender a lo que sucede en estos tres campos, aplicados a la sociedad en sus varios círculos de asociación, desde el primero e inmediato de la familia hasta el internacional o global.              

    Algunas enseñanzas de Jesús vienen muy directas al presente tema, como las siguientes, una que relativiza lo económico, “no sólo de pan vive el hombre” (Mt 4,4); y otra, que relativiza aún lo temporal, “¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si arruina su vida?” (Mc 8, 36).

    Últimamente han surgido voces acerca de una recuperación del país y para ello se alegan algunos índices y se exhiben extrañas burbujas. Pero ¿qué significa eso con respecto al conjunto, al país en su integralidad? El desastre del país es global, económico, político, ético-cultural. La recuperación del país exige ser acometida, consiguientemente, en su integralidad -por eso se habla de refundación nacional-, aunque todo no pueda ser hecho a la vez. Es indispensable priorizar bien y planificar mejor.

    Algo que debe valorarse debidamente desde el comienzo, para no dejarlo para lo último, es la recuperación en el ámbito ético-cultural. Esto subraya la importancia de lo educativo y lo comunicacional, y la necesidad de un apoyo muy serio de instituciones como las religiosas, que pueden y deben contribuir muy seriamente en esta tarea. Porque además del económico y político, el daño antropológico ético espiritual es muy grande. La metástasis de la corrupción está a la vista, así como la masificación-aplastamiento del ciudadano, la multitudinaria emigración forzada y la debacle en materia de derechos humanos.

    Pero Venezuela, con todo, tiene grandes reservas materiales y especialmente humanas. Yo soy miembro del partido de la esperanza. Porque soy cristiano y quiero este país, mi país, Hay gente capacitada y buena que está dispuesta a la refundación de Venezuela. Es la hora de juntar buenas voluntades y conjugar esfuerzos.

martes, 10 de mayo de 2022

DICTADURA NO, TOTALITARISMO

     El Episcopado nacional ha sido claro y directo al identificar el régimen imperante en Venezuela. Analizando la gravísima crisis nacional afirmó: “La raíz de los problemas está en la implantación de un proyecto político totalitario, empobrecedor, rentista y centralizado que el gobierno se empeña en mantener” (Exhortación del 12.7.2016, citado en la del 12. 1. 2018). Ulteriormente ratificó la calificación, subrayando el aspecto opresivo: “Vivimos en un régimen totalitario e inhumano en el que se persigue a la disidencia política con tortura, represión violenta y asesinatos (…)” (Carta fraterna del 10.10.2020).

    Esta naturaleza del Socialismo del Siglo XXI ha sido denunciada de modo repetitivo por la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV). Su Presidencia afirmó: “la nación se ha venido a menos, debido a la pretensión de implantar un sistema totalitario, injusto, ineficiente, manipulador, donde el juego de mantenerse en el poder a costa del sufrimiento del pueblo, es la consigna” (Mensaje del 19.3.2018). Posteriormente en plenaria puntualizó: “el régimen se consolida como un gobierno totalitario, justificando que no se puede entregar el poder a alguien que piense distinto” (Exhortación 10 julio 2020). Este ha sido el mismo tono al juzgar el Plan de la Patria e iniciativas como la frustrada Asamblea Nacional Constituyente, enderezadas en la línea del “sistema totalitario, militarista, policial, violento y represor, que ha originado los males que hoy padece el país” (CEV, Comunicado del 5. 5. 2017).

    El Episcopado, pronto, explícitamente y sin ambages identificó el proyecto del Régimen; cosa no hecha por el liderazgo político, con efectos nefastos previsibles en lo táctico y estratégico y, obviamente, en cuanto a resultados (pensemos en los de “diálogos” y protestas públicas). Politólogos han propuesto caracterizaciones del régimen, que han diluido la substancia del mismo y no han favorecido soluciones efectivas.

Estamos frente no a una dictadura y sistemas semejantes, sino a un proyecto totalitario, que, como su nombre mismo subraya, apunta a la totalidad societaria y, por tanto, no se reduce a lo político y económico, sino que incluye lo cultural en su sentido más propio. Esto, lo cultural, es lo más hondo y definitorio humano, pues toca el ser y no sólo el tener y el poder, afectando lo ético y espiritual de un pueblo, su identidad más profunda. Por ello el totalitarismo enfila sus baterías privilegiadamente al control de la educación y de la comunicación, para modelar conciencias y valoraciones (no por nada el marxismo cultural está reformulando la relación estructura-superestructura para insistir en lo ideológico).                  

    Totalitarismo implica unificación centralizadora del poder (Montesquieu queda desempleado). La reciente recomposición del Tribunal Supremo de Justicia se ubica en esa línea, así como la partidización de la Fuerza Armada y la neutralización de las organizaciones de la sociedad civil. Cambian los códigos, también los estéticos: lo feo, inapropiado y repugnante recibe carta de ciudadanía revolucionaria. Se reescribe la historia y se cortan sus raíces para que el árbol sea otro. Escudos y nombres tradicionales van al paredón. Se poda el árbol genealógico. El “hombre nuevo” deberá surgir de cenizas.

    El ejemplo de Cuba -modelo seguido y a seguir- es patente: homogeneización del pensamiento, masificación societaria, feroz estatización, amedrentamiento colectivo, militarización ambiental, emigración inducida, nomenklatura privilegiada y culto de la personalidad individual o grupal.

    Identificar bien al que se tiene en frente es conditio sine qua non para un actuar apropiado. Análisis inadecuados, valoraciones incompletas y decisiones erradas conducen a frustraciones y desesperanzas. Base seria tiene el Episcopado al urgir la refundación del país.

    La raíz de la voluntad está en el entendimiento. Previo a una buena praxis está un buen juicio. No identificar totalitarismo con simple dictadura es un buen comienzo.

 

viernes, 22 de abril de 2022

MENSAJE CRISTIANO ARTICULADO

     Cuando el ser humano comenzó a filosofar de modo sistemático -porque la razón implica ya un filosofar espontáneo o connatural- por allá en el Asia Menor, unos seis siglos ante de Cristo, una de las primerísimas preguntas planteadas fue sobre la unidad de las cosas, ante su perceptible multiplicidad.

    Las respuestas se fueron a extremos: afirmación de lo real como pura anarquía y fugacidad o como un todo homogéneo y permanente. Parménides y Heráclito fueron se radicalizaron en uno y otro lado. Luego gente como Aristóteles, al afirmar una unidad análoga (convergente “en cierto modo”) lograron identificar lo uno en lo múltiple.

    Lo cierto es que el ser humano no se conforma con la sola aceptación de lo plural o diverso; se esfuerza en descubrir o señalar nexos, relaciones, coincidencias, conjuntos, en esa variedad. El problema está en encontrar puntos de encuentro razonables y objetivos y no apenas unificar elementos de manera arbitraria o subjetiva.

    Todo lo anterior sirva de introducción a la propuesta de una noción o categoría unificante del entero mensaje cristiano, que contiene elementos doctrinales, como los que se expresan en el credo, y también orientaciones y normas para la praxis, como las del Decálogo y el Sermón de la Montaña. La planteó la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (Puebla, México, 1979) y la asumieron los obispos de nuestro país con vista al Concilio Plenario de Venezuela (2000-2006). Un verdadero descubrimiento de consecuencias invalorables no sólo para dichos encuentros y los documentos que produjeron, sino para la Iglesia universal y su misión evangelizadora. Y más allá de esto, para la interpretación de la realidad en perspectiva cristiana.

    El hallazgo consistió, por cierto, en algo muy simple: identificar una categoría y, en concreto, comunión, como noción enucleante, eje articulador del entero mensaje cristiano: se la denominó línea teológico-pastoral (LTP). Un modo fácil de entender la función de ésta es ponerla como respuesta a la pregunta “qué es”, con respecto a los elementos fundamentales doctrinales y prácticos de dicho mensaje, comenzando por interrogantes primordiales como son los relativos a la divinidad misma - ¿Qué es Dios? - y a la voluntad divina sobre la actuación libre de sus creaturas - ¿Qué prescribe el mandamiento máximo? - La respuesta en ambos casos es comunión. Porque Dios lo es, en cuanto Trinidad, unión interpersonal del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; y su voluntad sobre sus creaturas es amarlo a él y al prójimo, es decir, comunión humano-divina e interhumana (comunión y amor son equivalentes, si bien éste acentúa un matiz operativo y por ello decimos que el amor teje la comunión). Otros ejemplos son la definición de la Iglesia como signo e instrumento de comunión humano-divina e interhumana, dada por el Concilio Vaticano II (ver LG 1), y la calificación de “civilización del amor” que el Papa Pablo VI asignó a la sociedad que el cristiano ha de contribuir a edificar. Puebla y el episcopado venezolano al plantear su LTP acompañaron comunión de las nociones participación y solidaridad, respectivamente, para recalcar frutos o requisitos de la comunión.

    El conjunto de verdades y lineamientos operativos que se proponen al creyente no se quedan, por tanto, en un agregado o inventario de elementos, sino que forman un conjunto armónico estructurado en torno a una categoría que los integra e interrelaciona, articulando también lo negativo (el pecado es anti-comunión y la exclusión de la Iglesia, excomunión).

    Comunión como eje articulador teórico-práctico no se circunscribe a lo “religioso”; está abierta a lo amplio secular y a una aplicación sin fronteras, desbordando aún lo interpersonal, como cuando el Papa Francisco utiliza analógicamente el término “comunión universal” (Laudato Si´220) hablando de ecología.

    El mensaje cristiano no es, pues, un listado de doctrinas y normas. Conforma un corpus articulado en torno a la categoría comunión, que responde a la pregunta ¿qué es? respecto de los elementos doctrinales y prácticos que organiza.

sábado, 9 de abril de 2022

SUBSIDIARIDAD, DESCENTRALIZACIÓN Y FEDERALISMO

    Nuestra Carta Magna afirma en su Preámbulo: “El pueblo de Venezuela (…) con el fin supremo de refundar la República para establecer una sociedad democrática (…) en un Estado de justicia, federal y descentralizado (…) en ejercicio de su poder originario (…) decreta la siguiente Constitución”. Y entre los Principios Fundamentales, que siguen de inmediato, encontramos los siguientes: “Artículo 4. La República de Venezuela es un Estado federal descentralizado” y “Artículo 6. El gobierno de la República Bolivariana de Venezuela y de las entidades políticas que la componen es y será siempre (…) descentralizado”.

    El lema oficial tradicional “Dios y Federación” era bien significativo del carácter cuasi dogmático que el federalismo adquirió desde los inicios de la segunda mitad del siglo XIX.  Pero la bandera federalista se quedó prácticamente en pura formalidad, porque la descentralización no llegó a cuajar de veras en la realidad política. Varios 20 de febrero durante mi servicio episcopal en Coro presencié los festejos del grito libertario federal lanzado allí en 1859 por Tirso Salaverría. La federación habría de costar mucha sangre, pero ésta no llegó a vitalizar el cuerpo de la nación.

    La necesaria reforma del estado emprendida a finales del siglo pasado se quedó a medio camino y fue eclipsada por el monopolizante Socialismo Siglo XXI de tipo totalitario, que ha llevado al clímax la concentración del poder. Miraflores redacta sentencias del Tribunal Supremo de Justicia, dirige la Asamblea Nacional, cocina los datos del Consejo Nacional Electoral, controla los partidos, amaestra las universidades, cuela los presupuestos municipales, expatria a su antojo, fija sueldos y salarios, encarcela y suelta presos políticos, detalla precios de la canasta básica, maneja los MCS hegemonizados… ¿Qué es lo que no resuelve?

     El ocaso del sueño, intento y lema de federación-descentralización, es la razón por qué ahora cuando se maneja el tema de la refundación del país- llamado del Episcopado nacional el año pasado-, uno de los puntos de agenda para la reconstrucción de Venezuela es precisamente el de una efectiva descentralización, la cual necesita expresarse, entre otras cosas, en la de impuestos y presupuestos y en una audaz municipalización, que empodere de verdad  a las comunidades (lo cual no se identifica en modo alguno con un falso “poder comunal”, que maneja los cuerpos intermedios como simples anillos transmisores de una cadena de dominación central).

    Esta descentralización y el reclamo federalista son aplicaciones o consecuencias de un principio fundamental de la Doctrina Social de la Iglesia: la subsidiaridad. Ésta tiene íntima conexión con otro principio que es el de la participación, los cuales junto con la solidaridad constituyen una triada fundamental para una nueva sociedad.

    El soberano no ha de exhibirse sólo en eventos constituyentes. Ha de actuar cotidianamente su protagonismo mediante su participación desde las comunidades menores donde el pueblo conoce directamente sus necesidades concretas y puede actuar soluciones acertadas y factibles ¿Por qué se ha de esperar que Caracas repare un aire acondicionado en un ambulatorio provinciano? ¿Por qué los impuestos del interior tienen que ser engullidos por la administración central? ¿Por qué los municipios son escasos y lejanos a los problemas de las comunidades (el caso de Libertador es paradigmático). “Pueblo al poder” debe traducirse “poder al municipio”.

    El Concilio Plenario de Venezuela en su documento 3 sobre nueva sociedad expresa: “la Iglesia postula el ejercicio de la subsidiaridad en la vida social y en la comunidad política. Este principio exige que las personas, las familias y las comunidades pequeñas o menores, conserven su capacidad de acción ordenándola al bien común, y que el Estado y las diversas ramas de éste, realicen sólo lo que aquellas no estén en capacidad de ejecutar” (CIGNS  106).

    Cuando se habla de la necesidad de refundar el país a través de una intervención constituyente del soberano, ciertamente lo de subsidiaridad-descentralización y, en concreto, la municipalización, ha de ser un punto sobresaliente.  Va de por medio algo básico de una genuina democracia.