domingo, 15 de diciembre de 2024

PESEBRE TRINITARIO

 


    El pesebre, cuya historia se remonta a una feliz iniciativa de san Francisco de Asís, es una de las expresiones salientes de la religiosidad popular cristiana en nuestro país, de cuyo inventario merecen citarse dos corianas: la Feria Popular del Pesebre, que se celebra en los inicios del tiempo de Adviento y el Museo del Pesebre, único en Venezuela.

    La configuración del pesebre es multiforme, desde los grandes que ocupan a veces toda una casa o amplios espacios públicos, hasta los micro pesebres, de reciente aparición, colocados también de modo permanente en oficinas y lugares más privados.

    En décadas recientes han proliferado los árboles de Navidad, costumbre importada del norte, el cual ha arraigado bastante entre nosotros y que no debería excluir el pesebre, sino más bien-como está sucediendo a menudo- incorporarlo armónicamente.

Como una feliz novedad comienza a difundirse el llamado pesebre navideño, en dos modalidades: micro y macro. Lo específico del mismo consiste en la introducción del triángulo equilátero como símbolo del Dios revelado por Cristo: la Santísima Trinidad, es decir, el uno y único Dios en la comunión de las personas de Padre, Hijo y Espíritu. Dentro de las religiones monoteístas, el cristianismo se identifica por la fe en esa interrelación personal, bellamente sintetizada por la definición del apóstol y evangelista Juan: “Dios es amor” (1Jn 4,8).

    Volviendo a lo de modalidades, el micro pesebre trinitario es una representación muy pequeña de la Sagrada Familia y su entorno inmediato dentro de un diminuto triángulo. La elaboración de las figuras sigue las formas artísticas tradicionales, pero también está ofreciendo otras más estilizadas. Es un pesebre que se suele conservar en pequeños espacios como se dijo más arriba y desafía a una hábil creatividad. El macro pesebre trinitario es el de la flexible amplitud tradicional, en el cual lo nuevo y específico consiste en que la gruta se enmarca en un triángulo equilátero.

    La presente información del pesebre trinitario se ofrece non sólo como información de algo novedoso, sino como viva recomendación de algo conveniente y, más aún, necesario ¿Por qué? La razón es el carácter trinitario (trinitariedad) de la Navidad. Jesucristo no se entiende solo: es el Hijo de Dios venido a este mundo como Salvador y dador, junto con el Padre, del Espíritu Santo.  La salvación y plenitud definitiva de la humanidad es obra de la Trinidad. Y Jesús es el regalo máximo de Dios Amor.

    La Navidad con su explicitación trinitaria ayuda a profundizar con mayor hondura en el misterio de Dios, cuya comprensión quedó muy empobrecida por el Iluminismo o Ilustración (pensamiento dominante en el siglo XVIII), que reducía a Dios, a un Infinito omnipotente solitario, creador, pero lejano, ajeno a la historia. También en el ámbito mismo de la Iglesia la Trinidad se quedó en una aceptación de principio, en la confesión de fe manifestada en la oración del Credo, pero ordinariamente sin mayores desarrollos y consecuencias.  Una de las manifestaciones de la renovación teológica en nuestro tiempo es lo que suele denominarse -aunque impropiamente- como “recuperación” de la Trinidad. Expresiones concretas de ello han sido la exposición del Concilio Vaticano II sobre la Iglesia como Pueblo de Dios congregado por la Trinidad, junto al desarrollo ulterior de una teología y una espiritualidad “de comunión”. En el marco de la fe en Dios Trinidad-Amor se entienden el porqué del mandamiento máximo explicitado por Jesús, las exigencias solidarias de la Doctrina Social de la Iglesia y la naturaleza societaria de la plenitud definitiva (polis santa de la Jerusalén celestial).

    El pesebre trinitario se justifica, pues, no como un discreto enriquecimiento de la tradición milenaria, sino como una intelección y expresión integrales del pesebre en cuanto representación completa del misterio de la salvación, que es la intervención liberadora y comunional de Dios Trinidad en la historia de la humanidad.

miércoles, 4 de diciembre de 2024

ANIVERSARIO ESTIMULANTE

 


 El presente artículo inaugura al inicio del tiempo de Adviento una serie que cubrirá todo el año 2025, conmemorativo del XXV aniversario de inicio del Concilio Plenario de Venezuela (CPV), que abrió el siglo XXI y el III milenio cristiano, tiempo particularmente desafiante.

    El Episcopado venezolano precisó como sentido y finalidad del CPV: “a cinco siglos del inicio de la evangelización de nuestro país, trazar un conjunto de orientaciones y normas que ayuden a concretar la nueva evangelización, que nuestra Iglesia está emprendiendo y desea desarrollar” (Carta pastoral colectiva, Guiados por el Espíritu Santo, 10 enero 1998). La presente página XXV ANIVERSARIO se propone destacar aspectos de particular significación de dicho Concilio, el único plenario en la Iglesia universal en lo que va de siglo y milenio y uno del trío post Vaticano II. El CPV fue un efectivo y eficaz emprendimiento sinodal en un tiempo en que esta categoría, bajo el impulso del Papa Francisco, habría de adquirir peculiar relieve

    A propósito de sinodal es bueno recordar que en el CPV con sus dos centenas y medio de participantes estuvieron representados los tres sectores eclesiales (ministerio ordenados, laicado y vida religiosa) y en sus más variadas condiciones -obispos, presbíteros diocesanos y religioso(a)s, diáconos permanentes, personas consagradas, miembros de múltiples instituciones y tareas, laicos y laicas de los más distintos niveles sociales y culturales, así como de muy variados movimientos evangelizadores y encargos eclesiales. Pueblo de Dios multicolor y polifónico. En este sentido fue un buen adelanto de lo que ahora se trata de promover a nivel de Iglesia universal.

    Propósito de esta página será animar el debido aprovechamiento y aggiornamento del CPV (2000-2006), de patente actualidad y necesidad, cuya importancia fue en algún modo neutralizada en sus inicios por la inmediata celebración de la Conferencia de Aparecida (mayo 2007). Los 16 documentos del CPV responden a importantes desafíos en las seis dimensiones de la evangelización y la metodología del ver-juzgar-actuar facilita la ulterior y enriquecida aplicación. La línea teológica pastoral (feliz y oportunamente se asumió la descubierta por la Conferencia de Puebla) asegura e ilumina la unidad y coherencia teológico-pastoral de la profundización y puesta en práctica actualizada del CPV.

    Intención fundamental de estas líneas es estimular -por no decir urgir- el necesario aprovechamiento del CPV a sus 25 años de feliz realización.