sábado, 5 de junio de 2010

3.5.10
A DIEZ AÑOS DE CONCILIO PLENARIO
Ovidio Pérez Morales
Este año se cumple el primer decenio de la solemne inauguración del Concilio Plenario de Venezuela, el primero en los cinco siglos de evangelización de nuestro país. El 26 de noviembre de 2000, en pleno puente de siglos y milenios, comenzó ese trascendental encuentro llamado a concretizar la “nueva evangelización” de nuestro pueblo.
El marco histórico del Concilio Plenario no ha podido ser menos desafiante. En medio de un salto histórico-cultural de la ecumene, en pleno Bimilenario de la Encarnación del Hijo de Dios, y todavía fresco el V Centenario del anuncio de su buena nueva en el Continente. En Venezuela, prácticamente coincidiendo con los quinientos años de la primera siembra del Evangelio en esta “tierra de gracia”, se estaba en los comienzos de un “proceso revolucionario” de índole socialista-marxista contrario a nuestra genuina identidad nacional y a un auténtico humanismo.
El Concilio inició sus reuniones tras cuatro años de preparación. Sus sesiones de trabajo se prolongaron por un sexenio. La participación fue amplia. Y no sólo por parte de quienes se congregaron en el encuentro sinodal: una doscientas cincuenta personas pertenecientes a los tres sectores del Pueblo de Dios, de las cuales una cuarentena de obispos.
Resultado visible del Concilio Plenario: un corpus de diez y seis documentos contentivos de un Ver-Juzgar-Actuar relativo a las varias tareas fundamentales de la misión de la Iglesia, que es la evangelización.
¿Importancia del Concilio? La acaba de subrayar la Conferencia Episcopal Venezolana: “nuestra Iglesia cuenta con un conjunto doctrinal sólido proporcionado por el Concilio Plenario de Venezuela, el cual constituye el fundamento de un proyecto evangelizador pastoral de gran alcance para su renovación en función de un mejor servicio a nuestro pueblo. Urge, por consiguiente, su puesta en práctica, decidida y responsable, a lo ancho y largo del país” (Carta Pastoral Sobre el Bicentenario de la Declaración de Independencia de la República, 12 de Enero de 2010).
El Concilio Plenario clausuró sus sesiones el 7 de Octubre de 2006. Sus decisiones entraron en vigencia el 6 de Enero del año siguiente. Cinco meses después tuvo lugar en Aparecida (Brasil) la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe (13-31 de mayo de 2007). Para nosotros, en Venezuela, esta Conferencia ha venido a confirmar, reforzar y, en algunos puntos, a enriquecer el Concilio Plenario, el cual queda, en palabras de nuestro Episcopado, como “el fundamento” del proyecto pastoral de la Iglesia en Venezuela para los próximos años y décadas.
¿Qué estamos haciendo y nos proponemos hacer del Concilio Plenario? Es una pregunta bien interpelante para toda nuestra Iglesia. Los Obispos venezolanos en la citada Carta Pastoral han expresado: “como Pastores manifestamos nuestra decisión de impulsar una decidida puesta en práctica de las decisiones conciliares”. Pero la aplicación del Concilio no es cuestión de los solos Obispos. Concierne a todo el Pueblo de Dios, que peregrina en Venezuela, en virtud de la corresponsabilidad de todos los ciudadanos de ese Pueblo, como bautizados y creyentes. Alguien dijo, y muy certeramente, al concluir el Concilio: “¿A quien toca aplicarlo? A mí, aquí y ahora”. Este “a mí” tiene que personalizarlo todo(a) laico(a), consagrado(a) y ministro ordenado, que sienta en lo vivo de su espíritu y de su sangre la misión evangelizadora encomendada por el Señor y conferida en el bautismo.
A diez años de iniciado el Concilio urge robustecer y, donde sea necesario, lanzar la puesta en práctica del Concilio. Algo que la situación nacional, con su agravarse, exige todavía más. Pero no nos sentemos a esperar que nos pongan la mesa servida para ocuparnos del asunto. Tratándose de algo tan decisivo para la Iglesia y tan importante para el país, cada quien ha de tomar la iniciativa para conocer, profundizar y aplicar el Concilio. Por cierto que la mayor parte de lo él recomienda o pide, no necesita de ninguna decisión a nivel superior para ser puesta en práctica. Esto lo digo pensando de modo especial en los laicos (quienes, de paso sea dicho) constituyen la extra grande mayoría o casi totalidad de los miembros de la Iglesia.
El Episcopado venezolano, luego de referirse al compromiso de la Iglesia (comunidad y miembros) con respecto a la construcción y reconstrucción del país, enfatiza: en la puesta en práctica del Concilio Plenario “está en juego todo lo relativo a valores como la defensa y promoción de los derechos humanos; lo tocante a la superación del empobrecimiento, la exclusión y las hegemonías, mediante la promoción de la justicia, la participación y la subsidiaridad; así como el fortalecimiento de la democracia y la sociedad pluralista, la educación libre hacia un desarrollo compartido y el dinamismo cultural orientado a una calidad espiritual de vida”.
El Concilio busca, integralmente, promover la comunión con Dios y la comunión-solidaridad con los hermanos, el encuentro vivo con Jesucristo y la fraternidad con el prójimo que lo “presencializa” en nuestro mundo concreto. Por ello, la aplicación del Concilio interesa no sólo a la Iglesia, sino también a la entera nación, con la variedad de confesiones y convicciones que comprende.

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