domingo, 6 de septiembre de 2026

SOBERANO EXTRAVIADO

     En la Constitución de 1999  el artículo 5 reza así: “La soberanía reside intransferiblemente en el pueblo, quien la ejerce directamente en la forma prevista en esta Constitución y en la ley, e indirectamente, mediante el sufragio, por los órganos que ejercen el Poder Público”.

     El Concilio Vaticano II subrayó que “la comunidad política y la autoridad pública se fundan en la naturaleza humana, por lo mismo, pertenecen al orden previsto por Dios, aun cuando la determinación del régimen político y la designación de los gobernantes se deje a la libre designación de los ciudadanos. Síguese también que el ejercicio de la autoridad política, así en la comunidad en cuanto tal como en las instituciones representativas, debe realizare siempre dentro de los límites del orden moral para procurar el bien común” (Gaudium et Spes 74). En el siglo XVIII, de novedad democrática, Rousseau formuló en su Contrato social la soberania popular como expresión de la voluntad general, que no puede ser ni alienada ni dividida (1.II, 4). Para el creyente la soberanía a nivel absoluto remite al Creador y su ejercicio humano tiene un encuadre ético.

     La soberanía como poder supremo del Estado con respecto a los ciudadanos conforma una autoridad  indispensable en la comunidad política y tiene como sentido la búsqueda del bien común, que “abarca el conjunto de aquellas condiciones de la vida social con las cuales los hombres, las familias y las asociaciones pueden lograr con mayor plenitud y facilidad su propia perfección” ( Juan XXIII en la encíclica Mater et Magistra 417).

     El soberano como concepto constituye una abstracción, cuyo correspondiente real es el conjunto de los ciudadanos agrupados en una unidad social reconocida con autonomía política en el escenario internacional. De este significado concreto derivan serias consecuencias para la interpretación, aplicación y vivencia efectivas de la soberanía, tanto en el ámbito político estricto, como en el más amplio ético-cultural. Pensemos, por ejemplo, en lo que significa concebir la soberanía popular como sola formalidad o en perspectiva nominalista, o asumida como simple praxis  de ciudadanos con escasa o nula educación cívica. No puede  hablarse de una auténtico ejercicio de la soberanía popular en un régimen de fuerza,  en un sistema de procesos electorales manipulados. Y hablando en positivo, una genuina expresión soberana postula una educación cívica elemental, un real estado de derecho y un comportamiento responsable de los ciudadanos en materia política y moral. 

     La experiencia venezolana de las últimas décadas constituye una grave interpelación. A la actual situación de desconcierto social, fragilidad institucional, vacío democrático, marginación constitucional no se ha llegado por fatalidad natural sino por irreponsabilidad histórica. Por fallas en los sujetos de la polis. Hay una frase que a menudo se usa como burladero:  “no somos suizos”. No se toma conciencia de que éstos son “tales”, no por el lugar de nacimiento y causas naturales, sino por factores culturales tales como educación, tradición, estado de derecho, solidez institucional.

     El citado artículo 5 de la CRBV en la realidad  nacional aparece como colgado en el aire. Comenzando por la inconstitucionalidad reinante y porque al soberano se lo tiene amordazado, paralizado; aparte del descuido formativo para su actuar responsable, en lo cual buena parte ha tenido el liderazgo político partidista.  Se ha entendido el poder de modo preponderante como instrumento de lucro, prestigio y dominación, al igual que fruto privilegiado de astucia operativa.

     El soberano real somos los venezolanos de carne y hueso. Esto urge una pedagogía responsable de las instituciones civiles, los entes educativos, las agrupaciones religiosas y partidistas,  con miras a formar a sus miembros para un responsable protagonismo democrático, soberano. A las entidades religiosas les corresponde una obligación especial; pienso de modo particular en la Iglesia católica, por congregar a la gran mayoría de los venezolanos y disponer de un instrumento valioso como es la Doctrina Social de la Iglesia.

jueves, 20 de agosto de 2026

CONVERSIÓN Y CAMBIO POLÍTICOS

 

    Están en marcha conversaciones con respecto a cambios que urge el país, hacia un modelo bien diferente -por no decir en las antípodas- del que ha sufrido en lo que va de siglo. El proceso no es nada fácil por la naturaleza impositiva del Régimen.

     Exigencia fundamental en reuniones del género es la apertura a modificar posiciones propias con el fin de lograr entendimientos en asuntos fundamentales para una genuina convivencia. El término diálogo es exigente para calificar este tipo de intercambios, pues entraña disposiciones éticas y espirituales no pequeñas, como ponerse en el lugar del otro; experiencias cercanas que lo han malbaratado  han llevado a marginar el  empleo de aquel vocablo. Hablando de acuerdos hacia una sociedad emancipada y de justicia social se cuenta con iluminaciones valiosas como las de Jurgen Habermas y su teoría crítica.   

    En cuanto a categorías que ayuden en la presente materia tenemos dos que ofrecen, en perspectiva antropológica,  un denominador común, pero guardando notable distinción: cambio y conversión.  La primero es genérica, y la segunda específica, por lo que toda conversión es cambio, pero no todo cambio es conversión. Aquél toca comportamientos, actuaciones, algo bien observable,  mientras que ésta va más en profundidad e implica orientación de la conciencia.

     Un ejemplo vivo de conversión es lo que  la Biblia narra  sobre lo acaecido con el judío Saulo (Pablo), quien de encarnizado perseguidor de cristianos paso a ser el evangelizador por excelencia en el ámbito helenístico. Otro caso notable es el de Agustín de Hipona como testimonian sus Confesiones. En la contemporaneidad tenemos a la filósofa Edith Stein, judía, carmelita, mística y fenomenóloga, mártir del nazismo en el campo de Auschwitz.

     En la conversión se produce una mudanza radical en la tabla de valoraciones. No se trata, en efecto, de un cambio de traje o de modales, un resituar la silla en una mesa de conversaciones, sino de una revisión existencial, redireccionando la brújula personal y reformulando horizontes. Algo no fácil, pero tampoco insólito  en un ser humano,  que es consciente y libre aparte de contar con el auxilio de Dios. En cuanto a construir entre distintos una sociedad libre y solidaria es iluminadora la  propuesta de Jurgen Habermas con su teoría crítica y su insistencia en la confluencia a través del lenguaje y el diálogo.

     Bajando a lo concreto situacional venezolano, se hace obligante e imprescindible un viraje en profundidad, económico, socio político y ético cultural, hacia una convivencia institucional democrática, luego del largo predominio de un proyecto -Socialismo del Siglo XXI- que el Episcopado ha calificado, sin ambages, de totalitario. El cambio exige una reorientación ciudadana, la más amplia y honda posible,  en la línea de un efectivo compromiso para  construir de una “nueva sociedad”. Ello exigirá en no pocos una verdadera conversión democrática. Cosa nada fácil cuando por dos décadas la orientación oficial se ha vaciado en módulos impositivos, inquisitoriales, excluyentes. Jóvenes generaciones han respirado sólo aires políticos represivos.

     Las conversaciones para la transición hacia una polis pluralista se dificultan por cuanto uno de los interlocutores está dominado por una mentalidad unilateral, excluyente, que cede sólo ante la presión de tutores o la inevitabilidad de alternativas. Está siempre a la defensiva de lo adquirido antes que en positiva búsqueda de nuevos caminos de convivencia. La convergencia es fruto entonces, no de convicción sino de foránea imposición o de forzada concesión. Ejemplos concretos en la actualidad nacional es la liberación, sólo por cuotas, de presos políticos, y, de migajas apenas de la hegemonía comunicacional.

     Una sociedad democrática tiene la debilidad-fortaleza que es la de registrar en su ciudadanía grupos y personas de mente no democrática. Y permanecerá democrática en la medida en que éstos no alcancen el poder. Por eso una sociedad como la formulada en nuestra Constitución ha de estar atenta a 1)  educar al soberano en una libertad responsable, 2) crear elementos de protección de supervivencia libre y 3) estar vigilante ante “cantos de sirena” populistas y lobos con piel de oveja.

martes, 11 de agosto de 2026

ENCUENTRO FUNDACIONAL

 

    El libro bíblico del Éxodo (12) narra la institución de la Pascua, con la cena celebrativa central judía en que el sacrificio de un cordero celebra el paso liberador de Dios. El ritual define la pregunta que hacen los hijos a sus padres sobre el  significado de  lo que que se  festeja. El padre da el motivo: la liberación del pueblo de Israel dominado por el Egipto del Faraón y el inicio del Éxodo hacia la tierra prometida.

     Una canción coriana inspirada en ese diálogo refiere el encuentro fundacional de Venezuela, tejido por el conquistador español don Juan de Ampíes y el cacique caquetío Martín Manaure, caballeros los dos según la apreciación del cronista versificador don Juan de Castellanos. A  la sombra de un cují,  bajo el cual se tuvo la celebración de la primera Misa en la región, se dio  el nacimiento de lo que sería nuestro país, mestizo y católico, muy pronto constituido como provincia y también como diócesis (la primera que se creó, formó y perseveró en América del Sur).  La canción relata: “¨Por aquí comenzó, de médanos y sol, el cují nos dio la Cruz y El Carrizal una flor. Don Martín y don Juan, caballeros los dos, en Coro se encontraron, Venezuela comenzó”. La Cruz, elaborada con madera del histórico cují, se conserva  en monumento erigido en la Plaza San Clemente, en el corazón de la zona colonial; y la  flor simboliza la Virgen de Guadalupe, de quien  una pintura representativa recaló  a comienzos del siglo XVIII en playa cercana a La Vela y desde entonces se venera en el vecino poblado de El Carrizal (ahora, desde 1928, como Patrona diocesana).

     El citado cronista ilustra lo amistoso del encuentro: el ibero, viendo en el caquetío “persona tan urbana (...) diole noticia de la fe cristiana” y lo preparó al bautismo, que recibió junto con la familia.  Fue un inicio pacífico, bien distinto del belicoso y paralizante que había fracasado en el oriente cumanés. El “por aquí” coriano ubica las bases estructurales de Venezuela en su provincia y diócesis (1531)  primeras.

     Se avecina el quinto centenario de la fundación de “Nuestra Señora Santa Ana de Coro” (26 julio 1527). El acontecimiento reclama una digna celebración, no sólo regional, sino también nacional. Fue el origen de una ciudad y con ella de un país, nuestro país.

     El escenario criollo de la conmemoración es desafiante. El encuentro amistoso fundacional interpela a los venezolanos de hoy,  en seria confrontación, de la cual palmaria expresión  constituyen a) la cuarta parte de la población forzadamente emigrada b) centenares de presos por disentir de lo que los gobernantes piensan y quieren y c) una hegemonía comunicacional tendiente a la homogeneización ideológica del pensamiento ciudadano.

     Felizmente el tiempo humano es, en perspectiva de lo disponible y operable, sólo un fugaz presente en apertura dinámica a un porvenir, que pasajero también, encierra posibilidad y entraña corresponsabilidad. Lo que pudo haber sido y no fue se queda en simple posibilidad, lamento o advertencia. Lo que  interesa es sacar lecciones para la construcción de un futuro consistente, deseable u obligante. San Pablo da a este propósito un sabio consejo: “lo que sí hago es olvidarme de lo que queda atrás y esforzarme por alcanzar lo que está delante, para llegar a la meta” (1 Cor 3, 13-14).

     Todo proceso de cambio entraña cosas de las cuales es preciso responsabilizar y responsabilizarse.  Pero la actitud rectora ha de ser eminentemente proactiva, constructiva. El Episcopado venezolano ha subrayado, ante la grave crisis, la necesidad de una refundación nacional, de un reencuentro venezolano en profundidad, apelando a lo mejor de nuestra tradición histórico cultural y de la herencia cristiana.

     Un factor negativo resaltante y causa patente del desastre venezolano ha sido un dañino nominalismo institucional, jurídico y, específicamente, constitucional. Nuestra Constitución, perfectible ciertamente,  constituye un conjunto apto para regir ordenada y democráticamente el país. Basta leer su Preámbulo y sus Principios Fundamentales, y, como muestra, el artículo 6. Pero esos textos se han quedado en palabras vacías, simples nomina. Junto a la declaración suprema de derechos-deberes ha  dominado el panorama en estas últimas décadas un proyecto que el Episcopado no ha dudado en calificar de totalitario.

     A cinco siglos del encuentro nacional fundante de los caballeros don Martín y don Juan, la mejor celebración sería el hacer de esta tierra de gracia un país reconciliado consigo mismo en verdad y libertad, justicia y fraternidad.  

 

 

  

 

 

 

 

 

viernes, 24 de julio de 2026

PROPUESTA DE NUEVA SOCIEDAD

     Hablar de una nueva sociedad es referirse a una sociedad deseable, que responda a las varias exigencias del ser humano como persona y en su convivencia ciudadana. Dada la condición histórica del hombre, en continuo devenir, no se puede pensar en una estructura política definitiva, terminal, sino en una configuración siempre abierta a un ulterior desarrollo. El movimiento puede pensare aquí entonces como en dinámica asintótica, como proceso hacia un término siempre en cercanía.

     El Concilio Plenario de Venezuela (2000-2006) -asamblea pastoral la más importante en los quinientos años de la comunidad eclesial nacional- produjo un documento (el 3o. de 16) precisamente con el título  de Contribución de la Iglesia a la gestación de una nueva sociedad y el cual, por su metodología de ver-juzgar-actuar, constituye una especie de manual de Doctrina Social de la Iglesia (DSI) aplicada a nuestro país. Hablar de ésta constituye, sin duda,  un tema de particular importancia en la actual circunstancia de nuestra nación, golpeada por terremotos y aquejada por una crisis global tan grave que urge una refundación nacional, como lo ha planteado repetidas veces el Episcopado.

     La referida crisis ha envuelto no sólo las instituciones de tipo constitucional, sino también  las estructuras económicas, políticas y ético-culturales, como consecuencia de la aplicación de un proyecto de corte totalitario denominado Socialismo del Siglo XXI. Éste ha llevado, entre otras cosas, a la eliminación, absorción, fraccionamiento y manipulación de partidos y otras organizaciones políticas en el marco de una estatización centralizada. Ello se dio luego de un pragmatismo empobrecedor y del vacío de una   educación cívica en los últimos tiempos de la llamada “etapa democrática”.

     En medio de la actual incertidumbre y de ambiguas y contradictorias propuestas,  se abren, sin embargo, horizontes de cambio que generan esperanza y animan el compromiso ciudadano. En este sentido, el pueblo  -“soberano”(CRBV 5)-  manifestó en su última decisión electoral (28. 7. 2024) qué camino, constitucional, quiere para el país en línea pluralista, reconciliadora, democrática. Una vía distinta de la impuesta en lo que va de siglo por un régimen opresivo monopolizador.

     En este escenario se revela de gran valor, utilidad y necesidad,  lo que la Doctrina Social de la Iglesia ofrece para la construcción de una nueva sociedad venezolana, especialmente luego de la exposición actualizada y animadora hecha por el Papa León XIV en su encíclica Magnifica Humanitas.

      Antes de cualquiera otra observación valga recalcar los puntos siguientes: 1) La DSI no constituye un proyecto o programa político, sino que sirve de herramienta o material para ello; 2) no es propiedad   exclusiva de  ningún partido o movimiento, pues constituye propuesta abierta; 3) no conforma un conjunto teórico u operativo cerrado, sino en continua progresión y actualización; 4) es de la Iglesia, pero no confesional, doméstica, sino abierta “a todos los hombres de buena voluntad”  en  línea humanizadora, servicial. Sobre si es “ideología” o no, la respuesta queda abierta por la equivocidad de dicho vocablo.

     No es del caso  exponer aquí los fundamentos y principios de la DSI. El citado documento del Papa es bien claro, sintético y pedagógico al respecto, especialmente en sus dos primeros capítulos; y bien actualizado por su lúcida ubicación en la nueva era digital. Sí quisiera subrayar la utilidad y oportunidad de dicha enseñanza en esta Venezuela que urge reencontrarse consigo misma para entrar sólida y eficazmente en el nuevo siglo y el nuevo milenio.

     La DSI,  abierta al mundo, interpela, sin embargo, en primer término, a los católicos, cristianos, que creemos en un Dios Trinidad, Amor, que ha creado al ser humano para amar.  Es bastante diciente lo que subrayó el Concilio Plenario de Venezuela: “ “Los cristianos no pueden decir que aman, si ese amor no pasa por lo cotidiano de la vida y atraviesa toda la compleja organización social, política, económica y cultural. Por ello se tiene que promover  la civilización del amor como fuente de inspiración de un nuevo modelo de sociedad” (Doc. 3, 90).

 

 

sábado, 11 de julio de 2026

¡ABAJO CADENAS!

 La cercanía del 5 de Julio invita a una reflexión sobre libertad y esclavitud.

     León XIV en su reciente encíclica Magnifica Humanitas (MH) aborda el tema  propósito de la salvaguarda de la persona humana en estos tiempos de inteligencia artificial. Esto evidencia que esclavizar no es sólo una mancha del pasado, sino amenaza permanente durante el peregrina humano.   

     Con notable retraso la sociedad y la Iglesia condenaron esa terrible práctica, aceptada en Venezuela hasta la época de los Monagas en el XIX, siglo en que el flagelo encontró de parte de la Iglesia, “una condena formal, absoluta y universal” en particular con el Papa León XIII (ver MH 176). Es bien significativo que desde tiempos remotos la esclavitud había sido  institucionalizada, como lo demuestra la estructura triádica social de los griegos: ciudadanos/otros (extranjeros, comerciantes, artesanos/-esclavos.

     Lamentablemente la vergonzosa realidad humana de la esclavitud no se restringió a un ordenamiento formal, estamental, de la sociedad; se trataba, en efecto, de un relacionamiento  inhumano  manifestado de múltiples maneras y reflejo de la condición,no sólo débil e imperfecta, sino también pecadora, malvada, del ser humano. El filósofo Hobbes (+1679) llegó hasta formular la agresiva definición del “homo homini lupus” (el hombre, lobo para el prójimo), tratamiento extendido desde la relación persona-a-persona hasta lo  macropolítico. El egoísmo humano está tentado siempre de apetencias esclavistas, cuya manifestación  ha asumido en nuestro tiempo también el ominoso aparataje de redes, carteles y asociaciones mafiosas del más diverso género, que se tejen con la  gerencia de trata de personas y  comercio de órganos, para no hablar de los mercados de armas y una “normalización” de la guerra.

     La interpretación cristiana de la historia no es una  panglosiana evasión del conlicto, pero tampoco la de una interpretación trágica de cierre de horizontes. Desde el Génesis la historia se muestra como tensión, lucha entre el egoísmo y la comunión. La victoria total y definitiva de Cristo se entiende como horizonte de un peregrinaje histórico, que junto a lo mejor va inventariando también una crónica de lo peor.

     En el ámbito político y ético-cultural se puede hablar de tendendencias, mentalidades, ideologías esclavizantes. Éstas se podrían ejemplificar fácil y dolorosamente en la contemporaneidad con los totalitarismos nazi-fascista y comunista, de los cuales el Holocausto y los gulags quedaron como símbolos máximamente expresivos.

     Pero lo de esclavitud no se reduce a sus manifestaciones más aparatosas como las mencionadas; tiene formas más sutiles y maquillajes de imposición que la presentan como inofensiva y hasta conveniente. La manipulación y el dominio inhumanos se revisten de atractivos mediante mecanismos populistas, argumentos de necesidad y conveniencia. La esclavización tiende a transformarse en ambiente, que envuelve y transforma de modo sutil a personas y grupos sociales. El documento pontificio arriba citado Sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial ofrece al respecto advertencias de suma importancia. Esclavizar es una tentación omnipresente: en personas y colectividades, ciudadanos y estados. Concierne a todos los ámbitos sociales; económico, político y ético-cultural.

     Bajando a tierra y circunstanciando ideas en lo acaecido en Venezuela durante este siglo y milenio podemos identificar  hechos y tendencias manifiestamente esclavistas de parte oficial. Símbolos patentes son la hegemonía comunicacional, los presos políticos, el estatismo económico, el silencionamiento del soberano y el monopolio ideológico educativo. Todo ello contradiciendo preceptos constitucionales, exigencias del estado de derecho y requerimientos básicos de derechos humanos. No sin razón el Episcopado Venezolano calificó en repetidas ocasiones al régimen del Socialismo del Siglo XXI como proyecto de corte totalitario. 

     Liberar de la esclavitud, llamado del himno patrio, es una consigna que tiene sentido en la  Venezuela actual, desafiada para constituirse como nación genuinamente democrática.

 

domingo, 28 de junio de 2026

DEMOCRACIA Y ECOLOGÍA

 

    Lo ecológico en un tema emergente de primera importancia en materia de compromiso personal y social. Y de tal magnitud que ha llegado a sugerirse su incorporación como  complemento del título mismo de la Doctrina Social de la Iglesia . 

     Un documento de sumo valor en este campo constituye la encíclica del Papa Francisco Laudato Si´(24. 5. 2015,en que, de modo sistemático e integral, aborda desde la razón y  la fe, esta problemática en su multiforme dimensión, económica, política y ético-espiritual cultural. Llega hasta ampliar el término comunión, de raigambre típíca interpersonal, para identificar también el relacionamiento humano con el ambiente inmediato y cósmico. El Papa León XIV ha puesto igualmente de relieve la vasta comprensión de lo ambiental en su reciente documento Magnifica Humanitas, donde habla de una ecología de la comunicación, particularmente por los nuevos retos que pone la inteligencia articial.

     Democracia es un un vocablo de muy amplio sentido. De una significación inicialmente restringida a poder del pueblo, se ha ampliado para comprender también todo lo que implica servicio, participación, interés, bien, de la comunidad humana. Por ello la elección de gobernantes y la conformación de partidos políticos conforman sólo aspectos, muy importantes por lo demás, de una sociedad democrática. Es en este marco en que cabe hablar de la relación democracia- ecología.

 

Hay situaciones dramáticas en que este binomio resalta con carácter de urgencia. Es el caso de la devastación ambiental y antropológica producida por la criminal voracidad minera en el Sur del Orinoco en un escenario nacional de quiebre democrático. Se revelan allí en Guayana, de modo patente, las dañinas consecuencias del maltrato ecológico con el deterioro y muerte también de humanos explotados y explotadores. Aquí se aplica aquella advertencia de Jesús: “Pues ¿de qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? (Mt 16, 26).

     Ahora bien, al cuido ambiental no se lo debe ver y manejar desde el solo ángulo de la mala praxis, sino, sobre todo, en perspectiva positiva del aprecio y mejoramiento; y no apenas, en lo conocido de aire, vegetación o contaminantes, sino también en otros aspectos como el urbanístico y el relacional de la convivencia. Abundan, en efecto, los depósitos de gente en aglomeraciones humanas sin lugares de encuentro y esparcimiento en marcos ambientales amigables. Más que las personas interesan los metros cuadrados comercializables y el aprovechamiento pragmático del espacio. Un genuino humanismo en seres in-corporados exige una correspondiente planificación urbanística  en perspectiva ecológica.

         Recuerdo con satisfacción y agradecimiento que en la escuela primaria de mi pueblo andino nos enseñaron tres consejos: no matar pajaritos, no desgajar plantas y ayudar a los ancianos a pasar la calle. Eso en tiempos en que de ecología no se conocía ni la palabra. Ello me invita siempre a remachar la necesidad de una educación ambiental en su sentido más amplio, como parte de una formación social y cívica, la cual en un tiempo existió, para luego desaparecer sin dolientes.

 

La democracia ecológica o ecología democrática exige variadas cosas de las cuales podrían mencionarse las siguientes: legislación favorable a la protección del ambiente con una administración que asegure su aplicación; educación ambiental en los varios niveles  pedagógicos; servicios o secciones  ad hoc en las más diversas entidades (gubernamentales, partidos políticos, instituciones sociales y religiosas); promoción del cuido ambiental en las familias y las organizaciones vecinales. Todo ello tendiente a la promoción de una cultura ambiental.

     La democracia a más de sistema de organización política constituye un ambiente. No se reduce, por tanto a estructuras y procedimientos, sino que está llamada a conformar una atmósfera como compartir de libertades hacia el bien común de la polis. Ello exige el reconocimiento de las personas con su dignidad y derechos;  delicadeza y  solidaridad; sano pluralismo y efectiva participación. Y, por supuesto, una indeclinable lucha contra  males como corrupción administrativa, manipulación del prójimo, populismo, hegemonía partidista y  totalitarismos francos o maquillados.

     La democracia como  delicada planta requiere afectuoso cuido.

 

 

     

 

 

 

 

miércoles, 17 de junio de 2026

Democracia y verdad

 

“La verdad los hará libres”. (Jn 8,32).Frase lapidaria de Jesucristo.

 

    Con respecto a la verdad conviene recordar varias de sus significaciones: 1) concordancia de lo que lse dice con la realidad de las cosas,como cuando expreso “llueve” y està lloviendo; 2) correspondencia de lo que se afirma con lo que se piensa, lo contrario es la mentira; 3) acuerdo de la cosa con su denominación,como cuando se recalca que una joya es oro de verdad.Tenemos entonces un triple sentido de verdad: lógico,ético y ontológico. En la ordinaria comunicacion no es raro combinarlos. La  citada frase del Señor envuelve esos distintos significados, así como los envolvieron la tentación y el pecado originales de que habla el Génesis( 3). Jesús, por cierto, calificó al demonio como padre de mentira (Jn 8,44 ).

     Lo anterior nos enseña que la consistencia  de una sociedad y el bien de la humanidad  han de tener como norte la verdad. Las faltas contra ésta y particularmente la mentira, que algunas vecese toma la forma de cinismo, es fuente de opresiones y esclavitudes.

     El binomio verdad-libertad tiene una aplicación inmediata en la relación democracia-verdad. Resulta muy oportuna la enseñanza del Papá León XIV en su encíclica Magnífica Humanitas: La búsqueda de la verdad es un elemento esencial para la democracia, que es en sí misma un instrumento de participación en el bien común. Cuando la pregunta sobre lo que es verdadero pierde interés y se impone un pragmatismo que se conforma con lo que parece útil o eficaz, la vida democrática se debilita. Esta, en efecto, no se sustenta únicamente en normas y procedimientos, sino, ante todo, en una relación leal con los hechos y en una orientación real hacia el bien de las personas y del conjunto de la sociedad. El desinterés por la verdad conduce lenta pero inexorablemente hacia el totalitarismo (MH 134)

     Factor sobresaliente en el desastre nacional, ha sido la ausencia de la verdad, particularmente en su sentido ético. De modo especial con el cinismo del asi llamado Socialismo del Siglo XXI, pero también con un pragmatismo empobrecedor en los años precedentes. Resulta indispensable para una reconstrucción del país reeducar en materia de transparencia, coherencia,sinceridad y  otras virtudes fundamentales.Ejemplos patentes de faltas contra la verdad han sido la Constitución reducida a pura letra,la imposición ideológica con la hegemonía comunicacional, la disfrazada exhibición de graves violaciones de derechos humanos. Podrían añadirse las falsas promesas y la distorsión de los resultados electorales.

 

La inteligencia y la voluntad,facultades fundamentales del espíritu humano,no se dan en el peregrinar histórico en estado puro por razones antropológicas e históricas (pensemos en los condicionamientos de la corporeidad terrena y en la congénita concupiscencia). Los pecados capitales, comenzando por la soberbia y la avaricia, constituyen amenazas permanentes.

     La convivencia democrática, tejido de decisiones económicas, politicas y culturales,  es obra de humanos concretos, ciudadanos limitados en su entender y expuestos en su decidir. “Veo y apruebo lo mejor, pero sigo lo peor” es una sentencia que un antiguo tocayo romamo  plasmó en Las metamorfosis. Una vision cristiana enriquece lo que en este campo se puede decir y y se debe realizar en perspectiva humanista. Sinceridad,rectitud, humildad, servicio, son, entre otras, virtudes de los ciudadanos que quieren construir el bien común y el futuro deseable de la polis, como “nueva sociedad”, “civilizacion del amor”.

      Una educación ciudadana es, indispensable  para una genuina democracia. La política exige discreción, reserva, sinceridad, comportamientos que exigen la marginación de la mentira y mucho más, del cinismo. La formación cívica ha de favorecer un espíritu critico y y una gran aprecio a la libertad, la justicia y la fraternidad.

     La democracia es una planta muy delicada,que es preciso cuidar porque no tiene seguro de vida.Se deteriora con la falsedad y la inautenticidad de los gobernantes , asi como con el escepticismo e indiferencia de los ciudadanos. La primera escuela de la verdad es la familia, la cual en Venezuela es sumamente frágil. Es preciso recuperar y fortalecer el valor y la dignidad de la política, considerada lamentablemente por no pocos como ámbito de egoista promoción e hipocresía.

     Una sociedad de contextura y vocación democráticas exige una búsqueda esforzada y un incansable cuido de la verdad en su triple sentido. Procurando abrevar y fortalecerse en la fuente divina de la verdad.