miércoles, 9 de diciembre de 2015

ATENTOS AL SOBERANO


Para los creyentes el soberano con  mayúscula es Dios. Su señorío tiene una amplitud universal, cósmica.

Pero en el ámbito de la polis, a raíz de la revolución democrática, se suele y debe hablar  de un soberano, que es el pueblo, es decir, la gente, todos nosotros. Así el  artículo 5 de nuestra Carta Magna establece: “La soberanía reside intransferiblemente en el pueblo, quien la ejerce directamente en la forma prevista en esta Constitución y en la ley, e indirectamente, mediante el sufragio, por los órganos que ejerce el Poder público”.

El pueblo en el ejercicio sabio, libre, solidario y pacífico de  su soberanía encuentra en el Soberano divino, iluminación, ayuda, estímulo y reclamo. Es el sentido del Salmo 127 (o 126), que me gusta rezar: “Si el Señor no construye la casa, en vano se afanan los constructores: si el Señor no guarda la ciudad, en vano vigila la guardia”.

Estas reflexiones me vienen a la mente y, sobre todo, al corazón, con ocasión de lo que acaba de suceder el 6D. El pueblo ha expresado de modo clamoroso su voluntad respecto de lo que quiere para el país: unión en la que  todos juntos –no a pesar de nuestras diferencias, sino precisamente por y con ellas-   construyamos a Venezuela como casa común, mediante la laboriosidad, el emprendimiento, el estudio; cultivando una fraterna convivencia; actuando en corresponsable protagonismo ciudadano y ejercicio cuidadoso de la autoridad pública; promoviendo un clima de  libertad y justicia, de solidaridad y paz. Y en todo esto, guardando una delicadeza especial hacia los más necesitados.

Una lección sumamente importante del 6D es la concerniente a la relación entre el poder y el pueblo, la cual no ha de ser de aprovechamiento y manipulación, sino de respeto y servicio. En las dos últimas décadas del pasado siglo se usó bastante el término “cogollos” para designar las cúpulas partidistas, que reducían la controversia política y electoral a un juego de maquinarias autosuficientes manejadas por un pequeño grupo de líderes. Al pueblo se lo entendía como masa votante pasiva y obediente. En 1998 los cogollos se mordieron la cola. Lamentablemente en el tiempo que vino después, el “cogollismo” se concentró con pretensiones omnipotentes en  una “vanguardia iluminada” político-ideológica, con al frente una especie de “mesías”; el pueblo venía después, como justificación de un proyecto y beneficiario de los regalos de la Nomenclatura; las organizaciones populares  se estructuraban como simples correas de transmisión del poder y, por tanto, sin centralidad y protagonismo efectivos.

Se ha dicho  que el pueblo nunca se equivoca. No comparto esta afirmación. Pero sí estoy convencido de que el pueblo es mucho más inteligente y sensible,  de lo que sus líderes o autoridades suelen pensar. De allí las sorpresas, que de tanto en  tanto,  brinda la gente común  a sus dirigentes. El “revolcón”  electoral del 6D es claro al respecto.

¿Lección? Cuidar la sintonía afectiva y efectiva de quienes ejercen el poder y ostentan liderazgos, con la ciudadanía. No abusar de la confianza de la gente. No entender la lealtad en sentido unidireccional e inmutable. No olvidar que el poder es para servir, no para servirse. El Evangelio relata que una vez el Señor Jesús, al  escuchar una  discusión entre sus discípulos acerca de quién entre ellos era el más importante, les recalcó: “El que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro esclavo” (Mt 20, 26-27).  

El soberano es el pueblo. El 6D el soberano venezolano emergió con fuerza peculiar, expresando su inconformidad ante maltratos y manipulaciones. Reclamó, con voz fuerte, corrección de rumbos en la conducción del Estado. Subrayó su protagonismo. Tarea de los gobernantes y de los dirigentes  políticos es cambiar sinceramente en la línea de esa interpelación, sin enredarse suicidamente en malabarismos hermenéuticos.

¡Atención al soberano, porque así como vota, bota!

 

      

 

                                                  

lunes, 7 de diciembre de 2015

MISERICORDIA ES COMUNIÓN


El Papa Francisco ha convocado un “Jubileo Extraordinario de la Misericordia como tiempo propicio para la Iglesia, a fin de que haga más fuerte y eficaz el testimonio de los creyentes”.   Escogió el 8 de diciembre 50º,  aniversario de la conclusión del Vaticano II, para la apertura de la Puerta Santa jubilar, con el fin de “mantener vivo este evento” (XXI Concilio Ecuménico), inicio para la Iglesia de “un nuevo período de su historia (…) Derrumbadas las murallas  que por mucho tiempo habían recluido  la Iglesia en una ciudadela privilegiada, había llegado el tiempo de anunciar el Evangelio de un modo nuevo” (MV 4).

Propósito del presente trabajo es favorecer la integración de este Año Santo dentro del tiempo postconciliar -del Vaticano II y del Plenario de Venezuela-, en lo tocante a doctrina y praxis. Ello favorecerá una “pastoral de conjunto”, no sólo superando lo que sería un agregado o sucesión de realizaciones, sino, sobre todo, propiciando una labor evangelizadora más coherente, integradora y prospectiva.

El trabajo se divide en dos partes. La primera recoge temas fundamentales, que la Bula Misericordiae Vultus expone y organiza en torno a la categoría misericordia. La segunda interpreta la temática de dicho documento en la línea teológico-pastoral de comunión, noción ésta que envuelve la de misericordia y es la clave de la Eclesiología del Vaticano II (cf. LG 1),  que ha eclosionado en Teología de Comunión en su sentido más amplio (inclusiva de lo moral, pastoral y espiritual). Esa Teología fue asumida y articulada por la Conferencia de Puebla con su línea teológico-pastoral, la cual el Concilio Plenario de Venezuela adoptó y definió técnicamente (CCCS 18).

I.                    TEMAS FUNDAMENTALES DE MISERICORDIAE VULTUS

 

1.      Dios Trinidad. “Misericordia: es la palabra que revela el misterio de la Santísima Trinidad” (MV 2).

 

2.      Reino de Dios. “(…) la misericordia como signo del Reino de Dios que está ya presente en medio de nosotros” (MV 5). Misericordia “es la palabra clave para indicar el actuar de Dios hacia nosotros” (MV 9). “Dios va más allá dela justicia con la misericordia y el perdón” (MV 21).

 

3.      Jesucristo.  “Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre “ (MV 1). “Jesús de Nazaret con su palabra, con sus gestos y toda su persona revela la misericordia de Dios” (MV 2). “La misericordia )…)  dimensión fundamental de la misión de Jesús” (MV 20). En sus parábolas sobre la misericordia “encontramos el núcleo del Evangelio y de nuestra fe” (MV 9).

 

4.      Iglesia.  “La Iglesia sentía (en el Vaticano II) la responsabildad de ser en el mundo signo vivo del amor del Padre” (MV 4) “La Iglesia tiene la misión de anunciar la misericordia de Dios (…) en la nueva evangelización, el tema de a misericordia exige ser propuesto una vez mas con nuevo entusiasmo y con una renovada acción pastoral. Es determinante para la Iglesia y para la credibilidad de su anuncio que ella viva y testimonie en primera persona la misericordia” (MV 12).

 

5.      Liturgia. (…) el sacramento de la reconciliación (…) nos permite experimentar en carnepropia la grandeza de la misericordia” (MV 16). Vivamos intensamente el Jubileo pidiendo al Padre el perdón de los pecados y la dispensación de su indulgencia misericordiosa” (MV 22).

 

6.      Conversión. (…) la llamada a experimentar la misericordia no deje a ninguno indiferente (…) Pienso en modo particular hombres y mujeres que pertenecen a algún grupo criminal (…) La misma llamada llegue también a todas las personas promotoras o cómplices de corrupción (…) ¡Este es el tiempo oportuno para cambiar de vida!.

 

7.      Mandamiento máximo. (…)  justicia y misericordia. No son dos momentos contrastantes entre sí, sino dos dimensiones de una única realidad que se desarrolla progresivamente hasta alcanzar su ápice en la plenitud del amor (…) es muy significativa la referencia que Jesús hace al profeta Oseas –yo quiero amor, no sacrificio (6,6).  Jesús afirma que de ahora en adelante la regla de vida de sus discípulos deberá ser la que da el primado a la misericordia ” (MV 20).  “ Es mi deseo vivo que el pueblo cristiano reflexione durante el Jubileo sobre las obras de misericordia corporales y espirituales (…) los pobres son los privilegiados de la misericordia divina )…) (cfr Mt 25-31-45) (…) No olvidemos las palabras de san  Juan de la Cruz: En el ocaso de nuestras vidas,  seremos juzgados en el amor” (MV15).

 

8.      Diálogo. “La misericordia (…) nos relaciona con el judaísmo y el islam, que la consideran uno de los atributos más calificativos de Dios (…) Este Año Jubilar vivido en la misericordia pueda favorecer el encuentro con estas religiones y con las otras nobles tradiciones religiosas” (MV 23).

 

9.      María. “Madre de la Misericordia” (MV 24).

A modo de conclusión

“La Iglesia sabe que la primera tarea, sobre todo en un momento como el nuestro (…) es la de introducir a todos en el misterio de la misericordia de Dios, contemplando el rostro de Cristo. La Iglesia está llamada a ser el primer testigo veraz de la misericordia, profesándola y viviéndola como el centro de la Revelación de Jesucristo. Desde el corazón de la Trinidad (…) brota y corre sin parar el gran río de la misericordia” (MV 25).

 

II.                  MISERICORDIA, AMOR DE PECULIAR ACENTO  QUE TEJE LA COMUNIÓN

 

Amor (agápe) y comunión (koinonía)son términos equivalentes - así se afirma que Dios Unitrino es Amor y Comunión, si bien  puede decirse que  amor subraya lo operativo y comunión destaca lo entitativo. El amor teje la comunión.

 

La misericordia es amor.  Pero un amor caracterizado por un acento o tinte de particular delicadeza y ternura hacia el otro , necesitado de peculiar asistencia , compasión y perdón.  La Bula MV exhibe un mosaico de textos vetero y neotestamentarios, que muestran a Dios rico en misericordia y a Jesús, revelador y agente por excelencia de esa misericordia divina. (Dios, amor en sí –Trinidad inmanente-, con-desciende como  amor misericordioso -Trinidad económica-en su manifestarse a la humanidad concreta, que es, no sólo limitada y frágil, sino también pecadora).

 

Ahora bien, la Bula  plantea un desarrollo teológico-pastoral en torno a  la noción de misericordia,  que no puede considerarse, sin embargo, como  paralelo o substitutivo de otro, articulado por la categoría de comunión –ausente ésta, prácticamente, en el documento-. En efecto, la misericordia,  constituye  un acento o tinte del  amor-comunión, el cual adquiere especial resonancia en el escenario actual, particularmente dramático,del mundo y de la Iglesia. Es el acento  o tinte del gran proyecto  liberador-unificante del Reino o Reinado de Dios y, en este marco, de la sacramentalidad de Cristo y su Iglesia respecto de dicho plan salvador. La misericordia da una tonalidad peculiar a la misión evangelizadora del Pueblo de Dios y al  mandamiento máximo del Señor en relación al prójimo, especialmente el más necesitado.

 

El Jubileo de la Misericordia se ha de desarrollar, por consiguiente, no como “un Año más”, agregado o yuxtapuesto,  en la secuencia pastoral de la Iglesia; ha de acentuar, sí, en la práctica orgánica y planificada de la nueva evangelización, la  conversión a La Trinidad Misericordiosa y el testimonio de compasión, reconciliación, perdón por parte de cada miembro de la Iglesia y del Pueblo de Dios en su conjunto, al interior de la comunidad eclesial y desde ésta hacia el ancho y vasto mundo en solidaridad y diálogo.  El Jubileo ha de alentar y fortalecer  la pastoral de comunión y solidaridad en los diversos niveles o instancias eclesiales, subrayando una más lúcida y efectiva  atención a las “obras de misericordia” materiales y espirituales  en sus diferentes aspectos o niveles, asistencial, promocional y de cambio estructural.

 

Con respecto a la Liturgia –la dimensión evangelizadora de mayor densidad- la Bula ofrece orientaciones sobre el sacramento de la Reconciliación y la Indulgencia; la Eucaristía, considerada aquí más de bien de paso,  requiere un desarrollo correspondiente a su carácter de culmen y fuente de la vida y misión de la Iglesia peregrinante y, por ende, de su sacramentalidad misericordiosa en Cristo (cf  encíclicas del Papa Francisco PF 44 y LS 236). En la liturgia y la piedad popular  a María, Madre de Jesús y Madre de la Iglesia, se la venera , con razón, como Madre de la Misericordia.

 

En Venezuela serán de gran servicio en este Año las orientaciones del Concilio Plenario y, en la línea de éste, las  de la reciente Asamblea Nacional de Pastoral, cuyas Conclusiones en materia de Compromiso Social pueden encontrarse en Anexo. 

 

Caracas, noviembre de 2015.

 

 

ANEXO

ASAMBLEA NACIONAL DE PASTORAL

COMPROMISO SOCIAL

  1. Las diversas  Instancias eclesiales  de formación Incorporen en sus procesos, el análisis de la realidad social, el diseño de estrategias y el estudio de la Doctrina Social de la Iglesia, para una mejor incidencia en la transformación de la realidad.
  2. La Comisión de Laicos y Ministerios y la Pastoral Social, promoverán  iniciativas de formación permanente para animar liderazgos políticos y sociales en clave cristiana.
  3. La Instancias eclesiales sociales impulsarán en los miembros del pueblo de Dios más vulnerables, la capacitación laboral y el emprendimiento a través de las instituciones eclesiales existentes para este fin.
  4. Las Diócesis fortalecerán  las capacidades humanas, técnicas y socio pastorales de los servidores de la caridad.
  5. Las Diócesis y las parroquias, con la ayuda de Caritas de Venezuela, promoverá y fortalecerá la acción socio-pastoral de la comunidad eclesial, a través de la conformación de las Cáritas Diocesanas y Parroquiales.
  6. Las Diócesis, a través de su Pastoral social, fortalecerá y facilitará la participación ciudadana en el ámbito del voluntariado social de la Iglesia, en alianza con otras iniciativas, ONG, presentes en la sociedad, con programas de acompañamiento y formación.
  7. Las Diócesis con sus instancias de servicio social, promoverá la pastoral social especializada (Salud, Cárceles, Indígenas, migrantes, afrodescendientes, medio ambiente), que privilegie la atención a los más pobres desde la propia realidad diocesana o parroquial.
  8. La CEV y las Diócesis en su servicio de comunión, promoverán espacios de encuentro y dialogo con diversos sectores sociales (Educativo, Laboral, Salud, Frontera, Ambiente, Indígena, MCS, Empresarios, Gobiernos y otros) iluminados por la palabra y el Magisterio de la Iglesia.
  9. Las Diócesis con un sentido pastoral, promuevan la celebración  de acontecimientos significativos que marcan la vida del pueblo (Día de duelo nacional por las víctimas de la violencia, Eucaristía por la vida)

martes, 1 de diciembre de 2015

AMANECER


IIN15

Ovidio Pérez Morales

En la noche del 6D festejaremos el amanecer de un nuevo país. El que construiremos juntos en esta casa común, regalo de Dios, que es nuestra patria.

¿Cómo ha de ser ese nuevo país? Los obispos venezolanos en su exhortación pastoral de julio pasado expusieron nueve notas, que lo han de caracterizar y las cuales conforman un anhelo- imperativo para quienes hemos nacido aquí o se han sembrado en esta tierra.  En vísperas de la jornada electoral, que está a las puertas, estimo obligante y sumamente grato recordar esas notas con miras a alentar la unión de todos para el cambio de rumbo nacional.

Lo que queremos-debemos construir es un país:

- que ame la paz, donde haya seguridad para trabajar, producir y compartir, donde se destierre la prédica estéril y dañina de catalogarnos por las diferencias, por el odio de clases, por la exaltación del enfrentamiento, idealizando el nacionalismo vacío, la violencia o la guerra, en el que la fuerza puede más que la razón.

- que promueva la unión de las familias divididas, enfrentadas, dolidas por la ausencia de los seres queridos que han tenido que emigrar, o que han sido víctimas de la violencia y ya no están entre nosotros. Es posible el abrazo que sana heridas, devuelve la sonrisa y tiende la mano generosa.

- en el que la sociedad considere y respete a los maestros y profesores, desde el preescolar hasta la universidad. Que haya la convicción de que la clave está en el desarrollo del talento de su población y para lograrlo hay que contar con la familia y con escuelas de calidad que premien la superación y no la mediocridad. Toda la sociedad debe crear esa conciencia pues es la mejor inversión para formar hombres y mujeres capaces de ser competentes en cualquier campo.

- que entienda la política como el arte de armonizar lo diferente para buscar caminos de consenso y el bienestar común de todos los venezolanos. No empecinarse en erigir la polarización, las diferencias, la negación a reconocer al otro y dialogar con el arma del poder.

- donde se respete y cultive la autonomía e independencia de los poderes públicos para que el poder ejecutivo no los concentre y domine. La experiencia también enseña que los regímenes, de corte populista y excluyente, favorecen el abuso del poder y la corrupción.

- que promueva la actividad económica abierta, en el que la iniciativa privada con responsabilidad social, sea motora de desarrollo y progreso, lejos del estatismo que ha fracasado en el mundo entero, antes y ahora.

- que destierre de raíz la cultura de la muerte, la épica del armamentismo y militarismo, la imposición de una única forma de ver el mundo. No hay nada más absurdo y sin sentido que buscar la solución de los conflictos con la violencia. Son muchos los héroes civiles, algunos de ellos anónimos, mujeres y hombres trabajadores, inventores, promotores de todo lo bueno que deben ser iconos referenciales para la promoción de una cultura de la vida y de la solidaridad.

- que asuma la naturaleza que Dios nos ha regalado, la cuide y la proteja. Que cultive la tierra y la haga producir, asegurando alimentos para toda la población. Que cuide los recursos naturales, el agua, los bosques, la vegetación, asegurando la belleza de la casa que Dios nos regaló para vivir en ella. Que los recursos no renovables como el petróleo, se siembren para mejorar la calidad de la educación, la salud, la vialidad, y no sean usados para ganancias políticas que no benefician en nada a la población.

- que se enorgullezca de ir con la verdad por delante, porque es el único camino que genera confianza y credibilidad, pues sólo “la verdad nos hace libres” (Jn 8,32). El uso de la mentira, de las medias verdades, de la manipulación, degrada al ser humano y lo convierte en promotor de inequidad e injusticia, y no ayudan a la credibilidad y confianza que todos hemos de tener en quienes deben representar y defender a todos los ciudadanos sin distinción.

El 6D votaremos por caída de muros y apertura de puertas hacia la construcción de un nuevo país. Amanecer venezolano.

lunes, 2 de noviembre de 2015

RENOVACIÓN ECLESIAL A LA LUZ DEL CONCILIO PLENARIO DE VENEZUELA



DIEZ PUNTOS CLAVE

Introducción

El número inicial del primero de los diez y seis documentos del Concilio Plenario (CPV), titulado La proclamación profética del Evangelio de Jesucristo en Venezuela, luego de referirse a los quinientos años de la evangelización en nuestro país, señala que la Iglesia desde 1498 “no ha cejado en su empeño de cumplir la misión fundamental que Jesús confió a sus discípulos: anunciar el Evangelio a toda criatura”. Y agrega:

 La Iglesia en Venezuela, hoy, quiere continuar esta misión examinándose a sí misma, haciendo suyas las angustias y esperanzas del pueblo venezolano para comunicarle con mayor eficacia la buena noticia de Jesucristo y su proyecto salvador, a través de una Nueva Evangelización, que exige nuevo ardor, nuevos métodos y nueva expresión (PPEV 1).

El presente trabajo ofrece, como un servicio a esta “nueva evangelización”, una breve síntesis  de diez elementos claves del Concilio Plenario:

  1. Núcleo articulador
  2. Misionera o no es Iglesia
  3. No presuponer la fe
  4. Eucaristía: sacramento del peregrinar
  5. Laico: de colaborador a protagonista
  6. Reformulación y diversificación del ministerio
    7.   Parroquia: comunidad de comunidades y movimientos
    8.   Dimensión social de la evangelización
    9.   Evangelizar la cultura
    10. Diálogo: actitud y tarea


Para continuar leyendo el trabajo:  Renovación Eclesial a la Luz del Concilio Plenario de Venezuela, haz clic en el enlace


https://drive.google.com/file/d/0BxOAgXdJltC2VWlROV8tNE1VWUE/view?usp=sharing

viernes, 30 de octubre de 2015

6D, APERTURA





El 6D será la caída del muro venezolano, que tiene encerrado al país en un proyecto ideológico-político inviable y en un ámbito en que imperan el desabastecimiento, la corrupción, el autoritarismo, la inseguridad y lo narco en diversas formas.

La jornada electoral de diciembre constituirá, por tanto, la apertura nacional a un efectivo y solidario desarrollo económico, a una convivencia política democrático-pluralista, a una auténtica recuperación ético-cultural.

Como un aporte a la actitud con que, de modo positivo y comprometido, hemos de afrontar esa trascendental jornada, expongo a continuación cinco elementos fundamentales.

Primero, oración. Quienes creemos en Dios invoquemos su amorosa y fuerte asistencia, a fin de que los venezolanos nos reencontremos para construir juntos esta patria, que nos ha regalado. Él nos hizo libres y nos ha planteado la historia como tarea, pero no es menos cierto lo que dice el salmo  127: “Si el Señor no construye la casa, en vano se afanan los constructores; si el Señor no guarda la ciudad, en vano vigila la guardia”. Misteriosa paradoja: pidamos lo que debemos hacer. A  la oración individual –a la cual  hemos de unir el ayuno y obras de misericordia- juntemos la comunitaria, también en expresiones ecuménicas e interreligiosas.

Segundo. Voto. Acudamos todos a votar, convencidos de que la alternativa puesta al país es extremadamente grave, dramática. Se trata de escoger entre proyecto totalitario o democracia; desarrollo integral o empobrecimiento global; progreso económico, o parálisis improductiva y hambreadora; estado de derecho o reino de la arbitrariedad;  respeto de la persona y sus derechos fundamentales o masificación deshumanizante;  cultura de calidad  ética y espiritual o dogmatismo y praxis de signo materialista.

Tercero. Entusiasmo. Vivir y difundir júbilo por lo que traerá de positivo y esperanzador esa jornada. Alentar un clima de contagiosa alegría, de confianza en la capacidad de los venezolanos para grandes causas. Que corran aires de compartir, de encuentro colectivo, y resuenen consignas no ya de enfrentamiento, odio y retaliación, sino de reconocimiento fraterno y disposición a un caminar juntos el futuro nacional. La caída del Muro de Berlín  fue fruto de un tsunami festivo, de una multitudinaria alegría.

Cuarto. Fortaleza. Disponernos con lucidez, vigilancia y entereza para que la jornada transcurra y concluya con seriedad, respeto mutuo y estricto cumplimiento de la escogencia libre ciudadana. Participar de modo responsable y eficaz para asegurar una secuencia pacífica, desde la conformación de las mesas de votación hasta la  proclamación de los legítimos resultados. No se trata simplemente de emitir el voto, sino de garantizar su efecto. A la Fuerza Armada le impone la Constitución una estricta coherencia institucional, consciente de que a quien se deben los militares, no es a un partido, una cúpula, un gobierno, sino al soberano, a la República. El proceso ha estado plagado, lamentablemente, de vicios, abusos y corruptelas oficiales, pero eso, antes que debilitar  el espíritu ciudadano tiene que  fortalecerlo.

Quinto. Trabajo. Los venezolanos debemos entender que el 6D es el inicio de un proceso de apertura y no la exhibición del producto acabado. Inaugura un tiempo muy exigente, en el que estamos obligados a echar adelante corresponsablemente el país con sabiduría, constancia, coraje y paciencia. Se requerirá gran generosidad, disponibilidad y espíritu de servicio. Quienes estén al frente de órganos de poder, partidos, organizaciones, asociaciones y comunidades han de entender que la suerte del pueblo, especialmente del más débil y necesitado, les exige una gran dosis  de solidaridad, entrega y sacrificio.

El 6D será la apertura de puertas y ventanas hacia el futuro de Venezuela, “casa común” de y para todos los aquí nacidos o sembrados. Venezuela una y unida, no “a pesar de” nuestras diferencias, sino “precisamente por y con” ellas.  Con sus diversos rostros. Multicolor. Polifónica.

domingo, 18 de octubre de 2015

6D CAÍDA DEL MURO






Berlín estuvo dividido por un muro durante 28 años (13 agosto 1961-9 noviembre 1989). No sólo la ciudad como espacio geográfico (calles, parques, plazas), sino, lo realmente grave, como convivencia humana (familias, amistades, comunidades de variada índole).

Cuando en 2011 se conmemoraron en múltiples formas los 50 años del inicio de la construcción del Muro, tuve la oportunidad de apreciar allí mismo lo que esa barrera ignominiosa había significado para la población, tanto de dicha ciudad  como de Alemania entera. Coronas fúnebres en lugares simbólicos eran memoriales de  intentos de fuga hacia la libertad pagados al más alto precio.

La caída del Muro no fue el producto de una operación concertada, sino de la avalancha de berlineses del sector comunista hacia el libre, ante la noticia de que sus autoridades habían ampliado la posibilidad de comunicación entre ambas partes de la ciudad. El desmantelamiento del Muro comenzó de inmediato y de modo espontáneo; en ello contribuyeron, sorpresivamente, contagiados por el entusiasmo general, miembros de los cuerpos armados rojos encargados de la vigilancia. Le reunión de berlineses y alemanes se consumó sin enfrentamientos ni derramamiento de sangre; los miembros de la esfera  oficial comunista no desaparecieron; los habitantes  de uno y otro lado del Muro se entretejieron ¿Qué  pasó? De allí en adelante la secuencia de los acontecimientos se aceleró hasta la completa reunificación de Alemania.

Las características de la caída del Muro –unidas a las de cambios semejantes- han sido para mí fuente de honda y variada reflexión. Y de exhortación a no simplificar hipótesis respecto de mutaciones políticas de envergadura.

Confieso que la eliminación del Muro, la reunificación alemana y el desmoronamiento del bloque comunista no constituían para mí real problema. No les veía, en efecto,  soportes de solución. Destacaban como puras incógnitas, que yo remitía a un por-venir indeterminado; histórico, obviamente, pero tan lejano como para no convertirse en causa  de pre-ocupación. Tendía más bien a imaginarme su acontecer en términos “apocalípticos” como conflagraciones- mortandades macro, extraordinarias intervenciones de lo alto. (Alguien se atrevió a fabricar esta paradoja: “Lo que más cabe esperar es lo inesperado”)

Ciertamente me alentaba el pensar que la racionalidad y la bondad, la búsqueda de justicia y libertad  humanas no se podían extinguir, así como la activa presencia de Dios en la historia; también que la naturaleza inhumana de proyectos totalitarios como el comunista llevan en sí los gérmenes de su descomposición; y que los sistemas proclamados para perdurar mil años han demostrado ser castillos de naipes. El Altísimo “dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes” cantó  la Madre de Jesús en su Magnificat (Lc1, 51-52).  

Frente a la situación nacional y a las puertas de las elecciones parlamentarias del  6D  ha venido a mi mente, mi corazón y mi oración que dicha jornada puede ser- deberá ser- será la de la caída del “muro venezolano”, que divide la entraña nacional. Jornada de la re-unión, del re-encuentro de los venezolanos para re-constituir la convivencia nacional, democrática pluralista, la cual, multicolor-polifónica, habite, “no a pesar de” “sino con” sus diferencias, esta Patria, llamada a ser “casa común” de todos los nacidos aquí o que se han venido a sembrar en nuestra tierra. Se tendrán así la unidad que la Constitución establece y la fraternidad que Dios exige.

Sin Muro no  se hablará más de apátridas y patriotas, de juventud expulsada a otros países por una madre que no la  reconoce, de presos   por pensar con su propia cabeza, de “listas” de subhumanos. Se tendrá la relegitimación del poder y  la reinstitucionalización de la República según los dictados de la Constitución. Es lo que tantos queremos al plantear la necesidad de un Gobierno de transición-unión-salvación nacional.

6D sea-será la caída del “Muro de Venezuela”.    

jueves, 1 de octubre de 2015

FRANCISCO FRENTE AL PODER





   El Papa Francisco dejó claras ciertas cosas en la ONU, que tienen particular resonancia en Venezuela. Se trata de los límites y la distribución del poder. Abordó éstos temas desde la soberanía del derecho y en el contexto de la relación justicia-fraternidad.

En primer lugar el Papa recordó la necesaria  limitación del poder.  Expresó que ésta  “es una idea implícita en el concepto de derecho. Dar a cada uno lo suyo, siguiendo la definición clásica de justicia, significa que ningún individuo o grupo humano se puede considerar omnipotente, autorizado a pasar por encima de la dignidad y de los derechos de las otras personas singulares o de sus agrupaciones sociales”.

Apliquemos esta afirmación del Papa a la actuación de la autoridad pública en el  hoy de  nuestra política nacional. Pues bien, si algo ha caracterizado en este siglo el ejercicio del poder en Venezuela, ha sido la pretendida omnipotencia de los gobernantes, iniciada por la del  significativamente denominado “comandante eterno” y continuada por quienes enarbolan la “Revolución”  como principio y criterio máximos de la conducción del país. Esto constituye un retroceso hacia el absolutismo regio, la sacralización del poder político y  la identificación de la suerte del Estado con la una ideología, un grupo partidario o una persona. Como prototipo histórico de una tal tendencia  ha quedado  el  monarca francés Luis XIV (+1715) con su definición “El Estado soy yo”. Y como expresión de  “omnipotencia” criolla el anecdotario nacional registrará el “exprópiese”  del comandante temporal, cuando  decidía alegremente el destino de bienes que no eran suyos. 

Con ínfulas de  “omnipotente”, el régimen del  SSXXI pasa por encima de los Derechos Humanos, de los imperativos de la Constitución, de los reclamos de  organismos internacionales y -last but non least- de fundamentales exigencias  de la cortesía y la delicadeza humanas. En línea de “omnipotencia” busca imponer en nuestra patria un proyecto totalitario; lo ha denunciado repetidas veces  la Conferencia Episcopal Venezolana. En nombre de una ideología con pretensiones de fatalidad histórica se pone a todo un pueblo al servicio de fórmulas  y programas, que aplastan los reales intereses de la  gente de carne y hueso. Resultado: el pueblo es servidor de la elite gobernante y no lo contrario. En consecuencia, poco importan la opinión,  los sentimientos, los sufrimientos de los ciudadanos, frente a la  conservación  y el acrecentamiento del poder de la cúpula gobernante.     

En segundo lugar Francisco asumió y amplió lo que desde Montesquieu se viene subrayando para la configuración de un Estado: “La distribución fáctica del poder (político, económico, de defensa, tecnológico, etc.) entre una pluralidad de sujetos y la creación de un sistema jurídico de regulación de las pretensiones e intereses, concreta la limitación del poder”.

Nuestra  Constitución dedica amplio articulado para establecer un Estado de derecho con  pluraridad de poderes  enderezada a garantizar una efectiva convivencia democrática. No los separa para contraponerlos, sino para que, en constructiva  interrelación y mutuo control,  contribuyan a una efectiva salvaguarda de los derechos de los ciudadanos  y del progreso global de la nación. Lamentablemente, bajo la consigna de “un solo poder”, se operado en estos últimos años una concentración de los poderes en el Ejecutivo, en la cual la culpabilidad del Tribunal Supremo de Justicia se ha exhibido de modo vergozoso.  Expresión patente de esto han sido  condenas jupiterianas de inocentes por parte  del monarca-presidente, mecanografiadas ulteriormente por juzgados de papel.     

El Papa Francisco recordó en la enseñanza que he comentado, elementos básicos de la Doctrina Social de la Iglesia como son la dignidad-centralidad de la persona humana y el poder como servicio, así como los principios de  participación y subsidiaridad, indispensables para la edificación de una “nueva sociedad”.