martes, 13 de noviembre de 2012

LA FE: ENCUENTRO TRANSFORMADOR

8.11.2012 LA FE: ENCUENTRO TRANSFORMADOR Ovidio Pérez Morales Fundamento de la existencia cristiana y de la Iglesia. Así se puede definir la virtud teologal de la fe, que constituye el inicio de una real vida nueva. Nuestro Concilio Plenario en su primer documento, La proclamación profética del Evangelio de Jesucristo en Venezuela (PPEV), ofrece un texto muy ilustrativo sobre la fe. De acuerdo con la metodología seguida por el Concilio, el Documento se estructura en tres partes: Ver-Juzgar-Actuar. En la segunda, consistente en una iluminación teológico-pastoral de la realidad nacional en materia de anuncio evangélico, encontramos una sección titulada Jesucristo es la respuesta a los interrogantes y aspiraciones de los hombres; allí se desarrolla el tema de la fe, en una perspectiva que acentúa lo personal-relacional y la dinámica del compromiso creyente. Los textos teológicos y los catecismos hasta los tiempos del Vaticano II al hablar de la fe insistían en su contenido (verdades) y en el motivo de la aceptación del mismo (autoridad de Dios revelante). Veamos, por ejemplo, la siguiente definición:”Fe es el asentimiento que damos a lo que Dios dice, porque sabe y dice lo que es verdad”. Esta noción ciertamente no es errónea, pero sí, pudiéramos decir, es pobre e incompleta. El marco actual de la reflexión teológico-pastoral asume los aportes de corrientes filosóficas como el “personalismo”, que superando consideraciones teñidas de un pensamiento objetivista, demasiado abstracto e intelectualista, subrayan lo existencial, dialogal y proactivo. Veamos, en cambio, cómo el Concilio Plenario entiende la fe. En primer lugar recuerda lo recalcado por Pablo VI en su exhortación Evangelii Nuntiandi de 1975: “el anuncio no adquiere toda su dimensión más que cuando es escuchado, aceptado, y cuando hace nacer en quien lo ha recibido una adhesión de corazón. Adhesión a las verdades que en su misericordia el Señor ha revelado, es cierto. Pero más aún, adhesión a la persona de Cristo y al programa de vida -vida en realidad ya transformada- que Él propone. En una palabra, adhesión al reino, es decir, al mundo nuevo, al nuevo estado de cosas, a la nueva manera de ser, de vivir, de vivir juntos, que inaugura el Evangelio” (EN 23). El Concilio Plenario asume, pues, la fe como adhesión cordial a Jesús y su proyecto de vida, es decir, como encuentro, y subraya de inmediato la novedad que acarrea, las exigencias y el compromiso que implica: “El encuentro con Jesús es transformador y exige conversión personal y colectiva. No podemos pretender creer en Jesucristo y vivir en la indiferencia, en la permisividad y sin compromiso alguno. Este encuentro lleva a un compromiso de vida: ‘encontrar a Cristo vivo es aceptar su amor primero, optar por Él, adherirse libremente a su persona y a su proyecto, que es el anuncio y realización del Reino de Dios’(EA 68). Jesucristo es camino de conversión (personal, comunitaria y social), de comunión eclesial y de solidaridad con los más débiles” (PPEV 76). La Conferencia de obispos latinoamericano en Aparecida habría de sintetizar poco después (mayo 2007), en dos términos, lo que la fe hace de los auténticos creyentes: “discípulos-misioneros” de Jesucristo. La fe implica, obviamente, un contenido de verdades y una autoridad que las respalda. Todo esto, sin embargo, no es lo más significativo de ella. La fe es, fundamentalmente, un encuentro, una comunión que se establece con Jesús el Señor y, mediante éste, con Dios el Unitrino. El “Interlocutor Divino” del creyente “no es soledad, sino familia. Dios es comunidad de amor” afirma el Concilio Plenario (PPEV 80). La fe es una comunión incipiente, que habrá de abrirse en esperanza y florecer en caridad, amor. Esto nos hace comprender también cómo se es creyente en-con una comunidad de creyentes, superando así una noción estrecha, individualista de la fe. La proclamación profética del Evangelio de Jesucristo en Venezuela es un excelente documento, que los católicos hemos de estudiar, profundizar, meditar y aplicar en nuestro país, en este tiempo declarado por Benedicto XVI como Año de la Fe. Conforma una especie de tronco, en el cual podemos injertar todo lo que de instancias eclesiales continentales y de la Santa Sede nos venga en relación a tan importante acontecimiento. La fe es algo muy vivo y comprometedor. Al fin y al cabo es el inicio, la raíz y el fundamento de la vida cristiana y eclesial.

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